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En este blog comparto en primera persona cómo fue mi salida de España, qué me llevó a ello y como conseguí llegar a mi primer destino: Las Islas Maldivas. Tras un par de años de idas y venidas, mil aventuras y muchos sentimientos encontrados, mudarme a Australia se convierte en mi siguiente meta. Mi historia de amor y la superación a mí misma me llevan a concluir una maravillosa etapa en Sydney, y tras pasar por Singapur y España comienzo una nueva vida en Shanghai, China.

Esta es mi historia, es mi propia experiencia, y viajar por todo el mundo se ha convertido en mi día a día. En este blog narro viajes, aventuras y los itinerarios que he seguido, siempre elaborados por mi misma. Espero que os guste mi aventura por el mundo... y recuerda: ¡que no te lo cuenten!

Encuentro de españoles … ¡SURF EN CRONULLA BEACH!

A tan sólo ¡10 días! de que Mike viniese a encontrarse conmigo en Australia, el tiempo pasaba cada vez más rápido, y es que quería hacer todo aquello que no hice durante mi estancia en Sydney debido a mis estudios y el trabajo. 


Pasear e ir de compras con las chicas, tomar deliciosos Milkshakes de caramelo a todas horas o tumbarnos al sol en las maravillosas playas de Bondi o Coogee... fueron mis principales actividades además de empaquetar, regalar la ropa que no me podía llevar, y por supuesto cerrar cuentas bancarias, declarar las tasas de mi trabajo, liquidar el alquiler, y ¡preparar la llegada de mi chico!




Durante esos días, además pasaba algo que me hacía muchísima ilusión. Quique Nemesio es un valenciano al que no conocía personalmente pero al cual seguía por internet ya que estaba dando la vuelta al mundo y a mi me encantaba leer todas sus aventuras. Aparte de esta fascinante razón, Quique es el primo de un muy buen amigo mío y en definitiva, teníamos gente muy querida en común. Por lo que por una cosa y otra, habíamos intercambiado algún que otro mensaje de apoyo en nuestras diferentes andaduras por el mundo.

El caso es que Quique Nemesio pasaba por Sydney apenas tres o cuatro días antes de que yo me fuese, y estaba a punto de finalizar su viaje y volver a España. Nos pareció maravilloso y decidimos vernos para charlar de cosas en común.

Quique no tenía teléfono móvil, como era lógico ya que estaba dando la vuelta al mundo, cambiaba de país probablemente con la misma frecuencia que lo hacía de camiseta (no en el sentido literal por supuesto, que Quique olía estupendamente). Dicho lo cual, me escribió cuando tuvo wifi y quedamos en el embarcadero número 3 de Circular Quay. Fue emocionante, porque no nos conocíamos físicamente pero nos unían un montón de cosas y en cuanto nos vimos nos dimos un enorme abrazo como si de mi propio hermano se tratara. ¡Que grande Quique!




















Nos sentamos en el paseo y nos tomamos unos "fish&chips" famosos de la zona y algo más que no recuerdo exactamente, pero todo estaba riquísimo. Lo que es imposible de olvidar es ¡cuánto hablamos! Y es que teníamos tantas cosas en común y tantas vivencias que compartir… que el reloj fue nuestro peor enemigo sin lugar a dudas.

Salí corriendo porque trabajaba a las 6, o al menos eso pensaba yo y a las 5:30 mi jefe me llamó hecho un ogro que el restaurante estaba sólo y que no podía abrir, ¡me esperaba a las 5! Que desastre… menos mal que no me podían despedir porque me iba al siguiente día… igualmente no lo hice con esa intención, sólo que se me fue el santo al cielo. Quique… que grande.

Otra de mis mayores satisfacciones antes de dejar Australia fue aprender a surfear. Camila y yo habíamos estado hablando de elegir una empresa y probar, nunca antes lo habíamos hecho, pero al menos sería divertido. Encontré unos chicos que organizaban una excursión a Cronulla Beach y que además de 4 horas de surf con tutor y algo de tiempo libre, proporcionaban todo el material y hacían una barbacoa en la playa para la hora de comer. El día nos salió por menos de 50€ cada una: transporte, material, profesor y comida incluidos. No se si aprenderíamos a surfear o no pero divertirnos, era seguro que nos íbamos a divertir.



Nos recogieron a las 9 am en un hostal cerca de nuestra casa, en pleno centro de Sydney. Llegaron tarde pero cuando les vimos las pintas… lo entendimos todo. Nos subimos a la furgoneta, que estaba decorada al más puro estilo surfero y condujeron por carreteras y yo que sé cuantos caminos hasta llegar a la playa de Cronulla. Estaba bastante apartada de la ciudad pero nos prometían tranquilidad absoluta y olas, era todo lo que necesitábamos. En el grupo había una chica francesa que iba sola, estaba de visita en Sydney y se apuntó a hacer surf porque su amiga trabajaba todo el día, majísima, nos reímos mucho con ella. El otro que también hizo migas con nosotros fue un chico europeo pero no recuerdo exactamente de donde, muy mono y aunque tímido, era un encanto. Los demás eran un chico de apenas 18 años que venía solo y iba de listillo y algunos chicos más. ¡Ah! Y una pareja que estaba de luna de miel en Australia y se habían animado a surfear… pero se les dio fatal y se pasaron el día tumbados en la arena, tampoco fue mal plan. 



 Mientras el instructor más mayor nos daba las primeras clases, el instructor joven (en la segunda foto), preparaba la barbacoa… que gente más simpática y agradable, impresionante. Todo eran sonrisas y buen rollo. Lo pasamos genial.

Primero aprendimos un poco de teoría y nociones básicas en cuanto a los movimientos a realizar, todo en la arena. Y luego cogimos las tablas y nos lanzamos al agua en busca de olas. No había mucho movimiento, por lo que fue genial para principiantes como nosotros. ¡No me imaginaba que aquello requería tanto esfuerzo! Ahora entiendo por qué mi amigo Louis siempre me decía que me pusiera a surfear, que iba a tener un cuerpazo súper tonificado, ¡no es para menos! Acabe con agujetas y rozaduras de la tabla por todas partes.

En la primera mitad de la lección, no conseguí levantarme en la tabla, así que mucho menos, avanzar subida en ella. Conseguí tragar mucha agua, reírme de mí y de mis compañeros y como he dicho, muchos golpes que al final ya, ni me dolían.

Paramos para la esperada barbacoa, que pintaba genial. Este chico hizo ensalada, salchichas, patatas fritas, bacon, trajo aceitunas y algo de pan ¡Nos supo a gloria!




Después de comer volvimos a las tablas. Tengo que hablar de los instructores, y es que uno de ellos era bastante bastante peculiar. Era un señor de más de 60 años, con mejor forma física que todos los que estábamos allí juntos y con una energía inagotable. Nos daba consejos y lecciones como si de un libro o un ordenador se tratara ¡qué máquina! Aunque he de reconocer que a veces se le iba la pinza y mostraba un mal carácter de cuidado… nos reímos a lo largo y ancho. Disfrutamos como enanas.





La última foto es del instructor joven, no es que fuese muy guapo, pero físicamente estaba genial y lo más importante es que a simpático no le ganaba nadie. Que persona más agradable y que sonrisa más bonita… Pues este chico, que tampoco recuerdo su nombre, hizo posible ¡que me levantara! Sí, la misma que viste y calza se puso de pie en la tabla y se mantuvo en ella hasta la orilla surfeando una ola. No me lo podía creer, que emoción, que sensación más placentera y que bien me sentí en aquel momento. No dejaba de gritar, y ya a partir de ahí no me baje de la tabla intentando seguir en ese mismo ritmo. No se me dio nada mal teniendo en cuenta que fue mi primera vez.



A partir de ahí seguí surfeando todo lo que pude, y estoy deseando de volver a tener la oportunidad, ya que siendo de Cadiz y con un novio californiano, no creo que sea muy complicado esto de querer ser surfera. Os dejo las últimas fotos del día, donde me lo pasé en grande con mi amiga Camila y Miriam, la chica francesa. Toda una experiencia y por supuesto altamente recomendable a todo el que tenga la oportunidad de probarlo.







Como curiosidad, añadir que el instructor más mayor se llama Tony Spanos y se ofreció para darnos lecciones de surf gratis, porque él defendía el concepto de surfear como una religión, un deporte que servía como terapia. Yo que siempre voy más allá de lo que veo y le busco las cuatro patas a los bancos, me dio por hacer mi pequeña investigación y resulta que este hombre había sido millonario y ahora estaba en la más absoluta pobreza y efectivamente, enseñaba a surfear por pasión. ¡Que pena que ya me fuese de Sydney!

Aquí os dejo una web donde se refleja quién es Tony Spanos, el hombre que tuve la suerte de que me enseñara a surfear y que aún está en las rocas de Bondi Beach saltando a las olas cada vez que se lo pide el alma, y apuesto a que pasa más tiempo en el agua que fuera de ella. http://tonyspanos.com/


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