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En este blog comparto en primera persona cómo fue mi salida de España, qué me llevó a ello y como conseguí llegar a mi primer destino: Las Islas Maldivas. Tras un par de años de idas y venidas, mil aventuras y muchos sentimientos encontrados, mudarme a Australia se convierte en mi siguiente meta. Mi historia de amor y la superación a mí misma me llevan a concluir una maravillosa etapa en Sydney, y tras pasar por Singapur y España comienzo una nueva vida en Shanghai, China.

Esta es mi historia, es mi propia experiencia, y viajar por todo el mundo se ha convertido en mi día a día. En este blog narro viajes, aventuras y los itinerarios que he seguido, siempre elaborados por mi misma. Espero que os guste mi aventura por el mundo... y recuerda: ¡que no te lo cuenten!

Igual lloro que igual me río

Algo que siempre recuerdo es que cuando el segundo grupo de españoles estaba aquí, hubo una mañana que me desmoroné. Fui al restaurante donde se sirve el desayuno, me había pasado toda la noche en vela discutiendo con mi ex, era imposible controlar el hecho de saber acerca de él, y al final alguien acaba comentándote que lo ha visto durante el fin de semana, que le ha oído decir tal cosa o simplemente te pregunta que es lo último que se de él. En definitiva, todo seguía igual, como si ambos tuviésemos un papel en la vida del otro pero no compartiésemos absolutamente nada. Se me hacía tremendamente duro estar a casi diez mil kilómetros de él, no verle, no estar a su lado, no sentirle. Aquella mañana cuando el chef del resort, un italiano que desde el principio se interesó bastante en que estuviese bien, simplemente me preguntó como estaba, me eché a llorar sin poder contenerme. Sin duda había sido una mala noche. Una de tantas. 

Cuando me fui de España quería poder dejarle, necesitaba estar sola y dedicarme tiempo, volver a recuperar la confianza en mi misma. Durante nuestra relación, me fui viendo cada vez mas pequeña hasta que no me veía capaz de hacer nada yo sola. Era hora de dedicarme tiempo, de aclarar mis sentimientos, de empezar a ser egoísta, de intentar ser feliz por otro camino que fuera el suyo. 

En Maldivas llovía mucho, extrañaba a mis amigos, esa es otra de las cosas que el estar lejos de casa me ha hecho valorar. Me di cuenta de la gente que realmente tengo a mi lado y empecé a necesitarles mucho. Empecé a hacer nuevos amigos en la isla, a compartir cosas con gente de todas partes del mundo, a reírme, ir a la playa, explorar este nuevo lugar, dejarme enseñar...




Casi sin darnos cuenta hicimos un grupo en el que estaba mi compañera de casa, Iryna, el chef italiano Umberto, Brynn, un chico de Sudáfrica que era el jefe del departamento de reservas, Alexander, el alemán director de restauración y Martin, el director de Housekeeping, de India.

Quedábamos algunas veces juntos, escuchábamos música, veíamos películas y hablábamos y reíamos acerca de los cotilleos de la isla. Lo pasamos bien, y nos apoyamos mucho uno a los otros, ya que cada uno tenía su situación personal y al fin y al cabo, todos estamos solos en este lugar. 

Umberto es un chico de unos 40 años que parece ser viene de familia de dinero, ama su trabajo pero debido a que por su físico no tiene mucho éxito en el aspecto sentimental, intenta conseguir el afecto a través de ofrecer los beneficios que le otorga ser el chef, recuerdo que la comida que se sirve a los trabajadores aquí deja mucho que desear, especialmente para los que somos de fuera de Asia.

Brynn es un año más joven que yo, un chico deportista, entusiasta, trabajador y con buen físico. Una persona con muy buen fondo, un corazón enorme. Siempre quiere hacer cosas, avanzar, crecer profesionalmente y viajar le apasiona.

Alex está casado con una chica filipina y tiene dos hijos pequeños, ellos viven en el país de su madre y a Alex se le hace durísimo no verles crecer y compartir el día a día con ellos. Él y yo conectamos desde el principio y nos hemos hecho muy buenos amigos, ha sido una de las poquísimas personas con las que me he desahogado y he compartido todo lo que me estaba pasando mientras estaba aquí. 

Y Martin... pues sólo pensar en él me saca una sonrisa, siempre se está riendo, el alma de la fiesta. A todo le saca el lado positivo, un desastre en su trabajo, pero una persona con la que a todo el mundo le encanta estar. Su mujer es una japonesa que trabaja en el Spa del Resort, una pareja extraña donde las haya, ya que ella es todo lo opuesto a Martin.

Todo empezaba a encajar en su sitio, parecía que empezaba a tener una nueva vida. En mi día libre me iba a la playa a ponerme morena, pasaba tiempo con mis nuevos amigos, estudiaba, trabajaba y conocía gente nueva cada día. Adaptarme a este lugar empezaba a ser algo posible, y no solo eso, era real.




En mi departamento hay una chica de Filipinas que se llama Mechelle, una chica peculiar donde las haya, muy inocente y divertida. Como filipina que es, comparte algunas palabras del español y empezó a llamarme "bonita", otros compañeros preguntaban el significado y así fue como tuve mi primer apodo en el resort... Sandra bonita. A ella le dedico la foto de este post, es la chica del centro. 




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