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En este blog comparto en primera persona cómo fue mi salida de España, qué me llevó a ello y como conseguí llegar a mi primer destino: Las Islas Maldivas. Tras un par de años de idas y venidas, mil aventuras y muchos sentimientos encontrados, mudarme a Australia se convierte en mi siguiente meta. Mi historia de amor y la superación a mí misma me llevan a concluir una maravillosa etapa en Sydney, y tras pasar por Singapur y España comienzo una nueva vida en Shanghai, China.

Esta es mi historia, es mi propia experiencia, y viajar por todo el mundo se ha convertido en mi día a día. En este blog narro viajes, aventuras y los itinerarios que he seguido, siempre elaborados por mi misma. Espero que os guste mi aventura por el mundo... y recuerda: ¡que no te lo cuenten!

De Singapur a Australia

Durante mi estancia en Singapur, aproveché para visitar el zoológico, que según tenía entendido tiene la mejor selva tropical del mundo. El día anterior me informé de los horarios de los autobuses, de los precios y allí que me fui, cámara en mano a disfrutar de un día en el zoo a pesar de la lluvia con la que amanecimos. 

El autobús ida y vuelta al zoológico desde el hotel cuesta unos 5€ al cambio, y allí mismo te venden un ticket de entrada al zoo + tren ilimitado por menos de 14€ los adultos, más barato que comprar la entrada en la web o en la puerta del parque. Comer un trozo de pizza con un refresco, cuesta unos 7€ y aparte de algún que otro menú de comida típica de la zona, tienen poca variedad para comer. 

Tengo que admitir que el Zoo me encantó, todo estaba limpísimo y cuidado, súper bien organizado... nada comparado con los zoológicos que he podido ver hasta ahora. El tren pasa continuamente por todos los puntos estratégicos, lo que era de agradecer dadas las fuertes lluvias que nos acompañaban. Además de más de 400 especies de animales, tienen jardines con decenas de frutas y plantas muy inusuales, con unas vistas al río impresionantes. Se puede montar en elefante por unos 3€ ¡toda una experiencia! 

Tigre blanco observando a los turistas que le observan a él

Dragón de Quasimodo

Rinocerontes jugando en el barro

Lo que más me gustó del Zoo fue disfrutar del tigre blanco y su familia, observar la cantidad de monos, gorilas y chimpancés mientras desayunan y hacen su día a día, ver bañarse los elefantes y encontrarme a los verdaderos "Timón y Pumba" de la preciosa película del Rey León... Además pude presenciar a dos rinocerontes jugar con el barro, y ver los dragones de Quasimodo.

Disfruté mucho mi visita, y conocí a una chica que iba con sus dos niños pequeños y pasamos un día muy divertido. Ir al zoológico con niños, siempre es más emocionante.




Aunque ya había ido de compras en Malasia, también quise dar una vuelta por uno de los centros comerciales que más me gustan de Singapur, el City Hall. Hay tiendas de todo tipo, y por supuesto una variedad increíble de sitios para comer. A mi me encantan los libros, escribir y leer es una de mis grandes pasiones, y en este lugar tienen un par de tiendas con todo tipo de artículos de papelería, para confeccionar tus propias tarjetas, puedes hacer todo tipo de manualidades, jamás vi algo similar, es increíble la de cosas que puedes hacer por tí misma para decorar cualquier cosa, se puede personalizar todo con un gusto exquisito.

Descubrí que PANDORA, la marca de las pulseras que tanto me gusta, aquí eran un poco más caras. Como me había comprado una pulsera con una bolita en Malasia, aún no tenía la necesidad de añadir ninguna bolita más, por lo que preferí no gastar dinero.

Fui al supermercado internacional del centro comercial, me encantó, y aproveché para hacer alguna compra, me apetecía muchísimo comer a mi manera después de haberlo pasado tan mal en cuanto a la comida en Maldivas. Antes de irme, pasé por una pequeña cafetería donde hacían cientos de donuts diferentes. El olor inundaba toda la planta y no me pude resistir, me compré uno de aquellos deliciosos dulces repletos de azúcar y me fui andando hasta la estación de metro para volver a casa. Pero, en el camino, decidí hacerle caso a uno de esos chicos que se ponen en las puertas de los centros de belleza para cazar clientes... la verdad es que necesitaba hacer algo con mi pelo, después de vivir en las islas tanto tiempo bajo el sol, estaba encrespado, sin brillo y mejor no mencionar el estado de mis puntas, así que decidí entrar.

Me costó 20€ al cambio lavar, cortar las puntas y peinarme la melena con rizos. Comparado al precio que manejamos en los resorts de las Islas Maldivas, esto era todo una ganga. Se que tengo mucho pelo y muy largo, el chico que me peinó disfrutaba como un enano mientras le daba forma a mi melena. La atención es muy buena, el masaje que me dieron previamente en la cabeza, súper relajante y algo que me pareció muy curioso y de agradecer, fue el té que me dieron después del masaje, antes de pasar a peinarme.

Al llegar a casa pude hacer una deliciosa cena: Tortilla de patatas, ensalada con queso azul y tomates y uno de mis platos preferidos gracias a mi madre, filetes en salsa al ajillo. ¡Lo disfrutamos mucho! Y a Mike empezó a gustarle mucho la comida española. Tanto que antes de irme de Singapur me pidió que le dejara hechas algunas tortillas, que le dejé 4, y un bote enorme de una especie de salmorejo, ya que con los ingredientes que encontré en Singapur, el sabor varía de nuestro salmorejo andaluz.

        

Mis últimos días en Singapur estuvieron marcados por la tensión de mi alojamiento en Sydney, Australia. Ya que supuestamente iba a quedarme a vivir con una mujer que conocí en Maldivas, y con la cual compartí días de buceo, y nos hicimos bastante colegas. Ella me contó que vive relativamente cerca del centro, y que vivía sola. Es dueña de una compañía de transporte internacional que opera desde bastante cerca del aeropuerto y que me podría alquilar una habitación en su casa, ya que así empezaba esta aventura con el apoyo de alguien de Australia y me ahorraba dinero, porque al parecer el alquiler en Sydney es algo bastante caro. 

Estuve esperando su confirmación durante días, y no llegaba, por lo que decidí reservar un hotel para mis dos primeras noches en Sydney y buscar alojamiento una vez desde allí. Los hoteles en Sydney son muy caros, así que me gasté un dinero que no planeaba gastarme... empezaba a ponerme de mal humor. 

Justo el día que volaba, mi amiga australiana contestó, disculpándose porque ella ya daba por hecho que yo iba a vivir en su casa, y que no creyó necesario ninguna confirmación. Ella pasaría a recogerme al aeropuerto, cosa que me pareció genial y se lo agradecí muchísimo, y ya me quedé bastante más tranquila, aunque hubiese reservado el hotel para nada. 

Mike estuvo conmigo hasta el final, me llevó al aeropuerto y lidiamos con los ya conocidos trámites de equipaje en el aeropuerto. Siempre pasa lo mismo, un kilo más por aquí, uno más por allá... y como yo volaba con una compañía Low Cost bastante nueva, tuve suerte de que no comprobaran el peso de mi equipaje de mano, ya que ahí decidí colarme un poco ... 

Mi vuelo duró 7 horas y media, Singapur-Sydney y los sitios en el avión eran bastante amplios. Al ser una compañía Low Cost, cualquier comida o manta si la necesitaba, se paga aparte. Llegando a Sydney se ve agua por todos lados, mucho verde, rocas y montañas... mucha naturaleza. Precioso desde el cielo y deseando comprobarlo desde la tierra. 

Al llegar al control de inmigración, la verdad es que fueron bastante majos. No podían leer mi pasaporte, cosa que me preocupó bastante pues tenía mi visa y todos mis documentos en regla, y sabiendo lo difícil que es el acceso a este país, me asusté. Pero en seguida me pasaron a otro mostrador y una señora muy amable, utilizó otro mecanismo y me plasmó el sello de Sydney en mi pasaporte, cada vez más lleno de sellos. 

Australia.... ¡Aquí estoy dispuesta a comenzar otra nueva etapa! 


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