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En este blog comparto en primera persona cómo fue mi salida de España, qué me llevó a ello y como conseguí llegar a mi primer destino: Las Islas Maldivas. Tras un par de años de idas y venidas, mil aventuras y muchos sentimientos encontrados, mudarme a Australia se convierte en mi siguiente meta. Mi historia de amor y la superación a mí misma me llevan a concluir una maravillosa etapa en Sydney, y tras pasar por Singapur y España comienzo una nueva vida en Shanghai, China.

Esta es mi historia, es mi propia experiencia, y viajar por todo el mundo se ha convertido en mi día a día. En este blog narro viajes, aventuras y los itinerarios que he seguido, siempre elaborados por mi misma. Espero que os guste mi aventura por el mundo... y recuerda: ¡que no te lo cuenten!

Experimentando, disfrutando ...

Cuando llegué a Maldivas, una de las cosas que mejor recuerdo fue una noche en la que quedé con Alex, el Director de Restauración del Resort, con el que he hecho muy buena amistad. Fui a su casa, cosa que está prohibida y mal vista aquí, pero aun así, era algo que hacía de vez en cuando. Estuvimos charlando durante un par de horas, nos bebimos una botella de vino y le puse al día de mi viaje a España. No entendió muy bien la finalidad de haber hecho el viaje con mi ex, pero por supuesto que me apoyó, me escuchó y me animó frente a cualquier decisión que yo fuese a tomar. 

Empezaba a sentirme muy cómoda en Maldivas, tenía mis amigos, mi trabajo me gustaba y empecé a disfrutar más profundamente de este paraíso, nunca mejor dicho. 

Cuando llegué, lo de hablar español con compañeros era complicado por no decir imposible. Pero en realidad, si que había alguno, aunque no fuesen de mi empresa, convivíamos en el mismo lugar y podía compartir con ellos algunos ratos libres. Era el equipo del centro de deportes acuáticos y buceo que trabajaba en nuestro resort. Aquafanatics está dirigido por Rodolfo, un chico argentino con parte de su vida hecha en España, por lo que cambia de nacionalidad según sopla el viento. Un chico joven y simpático con el que apenas crucé palabra desde el principio de mi estancia. Tengo que decir que cuando aún estaba en España haciendo las entrevistas para mudarme a Maldivas, él fue el que me llamó e intermedió entre la empresa y yo para poder llegar a un acuerdo y empezar a trabajar en el resort, ya que yo no hablaba inglés. Me ayudó bastante, y al llegar por supuesto que me ofreció su apoyo. Con él, en el centro de buceo estaba Marta, una chica de Mallorca a la que conocí mas tarde porque cuando llegué ella estaba de vacaciones. 

A la semana de yo llegar, recuerdo que me dijeron que venía una española más a su empresa, una madrileña llamada Karen. Ella y yo nos hicimos amigas desde el principio, Karen es una chica bastante despistada y apasionada de la vida. Ha vivido bastante y le apasiona su trabajo. Habla varios idiomas y cuando la vi por primera vez, desesperadamente me pegué a ella como si fuese una lapa para poder entender algo más de lo que a mi alrededor pasaba. Karen y yo desde entonces, nos hemos hecho inseparables.


Pues el contacto con ellos, y ver a mis compañeras de casa estudiando siempre un libro azul de buceo, me despertó el interés y empecé a sumergirme en las aguas cristalinas de las Islas Maldivas, historia de amor que no había hecho más que empezar. El primer buceo fue tranquilo, algo fácil, donde estaba más concentrada en hacer bien los ejercicios de respirar bajo el agua y compensar la presión que de disfrutar el entorno. Lo que peor llevaba era mantener la flotabilidad en una línea recta, fue muy divertido a la misma vez que aparatoso. Disfruté muchísimo con mis primeras inmersiones. 

Otro español que trabajaba en el centro de buceo es Joan, un chico de Bélgica y medio alicantino con una templanza sorprendente y del que escuchaba numerosos buenos comentarios de todos nuestros clientes. Cuando vas a bucear por primera vez, es bastante el miedo o respeto que te surge a lo desconocido. Joan es una persona que por la forma en la que daba sus explicaciones, el tipo de respuestas que daba y en conjunto, como buceaba, consigue que prácticamente todos sus alumnos quedasen encantados con la experiencia de haber probado el buceo en Maldivas. Yo tuve la suerte de bucear con él un par de veces durante mi curso. Entre Joan y Karen me enseñaron el increíble mundo que hay en el fondo del mar de estas paradisíacas islas del Océano Índico. 

Al principio de mi vuelta de España, yo estaba muy contenta, animada con todo lo que estaba haciendo y echaba de menos a mi familia y amigos en la justa medida, al igual que a mi ex. Él y yo hablábamos a diario, discutíamos lo mínimo y empezamos a idear la forma de volver a estar juntos, pasando por alto todas las mentiras que por su parte habían hecho mella en nuestra relación, y mis continuas crisis de desconfianza hacia él. Todo lo que hizo que poco a poco lo nuestro se fuese al garete, o al menos la parte light de todo aquello...

En definitiva, empezaba a ser feliz de nuevo, me entusiasmaba mi vida... y esa sensación me gustaba. 

A mediados de febrero conocí a Ana y David, una pareja de Madrid con la que tenía amigos en común y venían a mi resort a pasar sus vacaciones. Son una pareja joven que les apasiona viajar por todo el mundo, empapándose de las culturas de los diferentes lugares y disfrutando al detalle cada lugar. Me encantó pasar con ellos los ratitos que pasamos juntos. Son muy divertidos y unas personas encantadoras. Incluso pedí permiso para ir a cenar con ellos una noche ya que en el resort tengo prohibida cualquier actividad extra laboral. 




Fuimos al restaurante tailandés Baan Huura. Situado sobre el puente que separa la isla privada de Naladhu y la Isla de Veli, un restaurante espectacular con una cocina fabulosa, unas vistas impresionantes y un servicio exquisito. Disfruté muchísimo de aquella cena, que además tengo que decir que fue mi primer contacto con la comida tailandesa, cosa que tengo que agradecerle a ellos porque he descubierto nuevos sabores y combinaciones que a menudo tengo la oportunidad de disfrutar. 
Durante su estancia en el resort, fuimos a hacer kayac, snorkel, y disfrutamos juntos de unos días estupendos. Ellos me habían traído varios paquetes de patatas fritas de España, porque sabían lo mucho que me gustan, así que me hicieron un poquito mas feliz mi estancia. 

Cuando Ana y David se fueron, me salió un herpes horrible en el ojo, era la segunda vez en mi vida que me salía y esta vez no tenía ni la mas remota idea del motivo. Tuve que estar sin trabajar varios días, dolía muchísimo y apenas podía abrir el ojo derecho. Estuve bastante decaída por eso y los días sin salir de mi habitación se me hicieron larguísimos. En mi isla, si no estás en tu habitación, no hay muchos sitios para poder ir. La cantina donde como su nombre indica, es para ir a comer o tomar un café, y la habitación de alguna compañera para charlar un poco y volverte a la tuya. Los días que no estuve trabajando se me hicieron muy pesados, pero por suerte no fueron muchos. 



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