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En este blog comparto en primera persona cómo fue mi salida de España, qué me llevó a ello y como conseguí llegar a mi primer destino: Las Islas Maldivas. Tras un par de años de idas y venidas, mil aventuras y muchos sentimientos encontrados, mudarme a Australia se convierte en mi siguiente meta. Mi historia de amor y la superación a mí misma me llevan a concluir una maravillosa etapa en Sydney, y tras pasar por Singapur y España comienzo una nueva vida en Shanghai, China.

Esta es mi historia, es mi propia experiencia, y viajar por todo el mundo se ha convertido en mi día a día. En este blog narro viajes, aventuras y los itinerarios que he seguido, siempre elaborados por mi misma. Espero que os guste mi aventura por el mundo... y recuerda: ¡que no te lo cuenten!

...¿ y si me vuelvo a tu lado?

Con temperaturas altísimas en Maldivas y riéndome con mis amigos en España por el frío que estaban pasando en los primeros meses del año, me sentía una persona afortunada. Pues tenía mucha gente que me quería y me apoyaba en esta aventura y que sentía que disfrutaban conmigo cada una de las maravillas que aquí yo viví, y a la misma vez sufrían conmigo el lado negativo de estar viviendo en un sitio como este y en las circunstancias que todo sucedió. Me encantaba aprender cada día, ese era el propósito de haber aceptado el puesto de trabajo... y estaba dispuesta aprovechar la oportunidad. 



Mis escapadas a bucear cada vez eran más frecuentes y me certifiqué como buzo, no todo el mundo puede tener esa licencia emitida en las Islas Maldivas, y cada una de las inmersiones las he disfrutado muchísimo. 




Barcos hundidos, corales de infinidad de colores, cientos de peces de muchas clases, sensaciones tensas cuando veía tiburones, y un largo etcétera que no voy a detallar más porque creo que es algo que se tiene que vivir en primera persona. Alucinante. 

Una mañana me convocaron para una charla que nos daban a todos los empleados sobre sexualidad y enfermedades de transmisión. El tener sexo en un sitio como el que yo me encontraba, para los que vivíamos allí era algo casi impensable. La charla la dieron dos chicas de Sri Lanka, tapadas hasta los tobillos ya que eran musulmanas y en inglés. Me parecía bastante surrealista, los temas que se trataron eran los mismos que a nosotros nos enseñan cuando aún vas al colegio, y es increíble ver como reciben y asimilan cada uno de ellos, la información que se les daba. Cuanto menos, fue una experiencia curiosa.

Volviendo al tema de mi ex... nuestras conversaciones cada vez eran más frecuentes y más agradables. Apenas discutíamos y aunque tuvimos un par de fuertes encontronazos debido a algunas cosas que me llegaron desde España, que él me negaba y la impotencia de estar a 10.000 Kms de donde está el problema, nosotros seguíamos con la idea de volver a estar juntos en algún momento. La provisión de ibéricos que me traje de España empezaba a acabarse y las ganas de estar con él aumentaban cada día. Así que la idea de abandonar mi puesto y volver a casa era algo que se me pasaba bastante a menudo por la cabeza. 

Es cierto que creí que había un cambio en él, es cierto que pensé que esta vez todo iba a ser diferente y es cierto que confié en que el amor que yo sentía no podía ser en vano, es la persona que más había amado en mi vida, con la que he compartido momentos maravillosos y francamente terribles. Él es la persona que me ha hecho sentir el amor más grande que jamás había sentido. Y en ningún momento creí que algo tan grande y tan fuerte, se pudiese no valorar, o tirar por la borda sin mas. 

Puede que la sensación que tenía de que todo iba a salir bien no fuese mas que un falso espejismo de lo que mi corazón deseaba que pasase. Fuera como fuese, las ganas de estar juntos incrementaban por día y el malestar que tenía en las islas también. Se me había acabado la reserva de comida, ya no tenía otra alternativa a comer en la cantina, por lo que empecé a no comer regularmente y aquello me influenció en el carácter, en los ánimos y por supuesto en mi forma física. 

Después de pensarlo mucho, fui a la oficina de mi jefa, Kin. Ella me notó nerviosa, preocupada y en seguida se sintió igual. Le conté que tenía fuertes motivos personales para irme de Maldivas y que aunque aún iba a esperar algo más de tiempo para estar segura sobre mi decisión, quería informarle de lo que estaba pensando. Ella se sorprendió muchísimo, no se lo esperaba, fue un jarro de agua fría y recuerdo su mirada clavada en la mía, triste pero acusadora al mismo tiempo, mientras permanecía sentada frente a mi esperando alguna explicación por aquella noticia que le acaba de soltar sin más. 

Sabía que me iba a ir, conozco mi manera de ser y soy una persona de impulsos. No me sentía bien allí, y además seguía con la esperanza de arreglar todo con mi ex y finalmente poder disfrutar de una vida juntos como aquella que ideamos al principio de estar juntos tumbados en la cama mirando al vacío, donde pasábamos horas abrazados hablando de lo feliz que éramos y lo mucho que nos queríamos. 

No puedo evitar llorar cada vez que pienso en nuestra historia. El nudo que me presiona la garganta esta siempre presente cuando pienso en él. Ahora todo me parece absurdo... Pero para mantener un orden en la historia, sigo contando que efectivamente lo había decidido y me marchaba y se lo tenía que decir. Voy a intentar que la parte de mi que está herida por todo lo que paso a partir de entonces, no hable más que mi cabeza, y que el débil de mi corazón no tome protagonismo en estas palabras. 

Le llamé esa misma tarde y le comenté sin darle ninguna razón clara que estaba pensando en marcharme de allí. Su reacción fue de sorpresa y a pesar de que me había repetido numerosas veces que contaba los días para que estuviésemos juntos y felices de nuevo, no parecía muy contento. Me dijo que me pensara bien las cosas, que ante todo por supuesto que lo más importante era mi felicidad, y que si no estaba bien allí pues que por supuesto me volviese y una serie de comentarios entre los que no pude encontrar el que yo ansiosamente esperaba de... ¡Por fin vuelves a mi lado! Incluso me preguntó varias veces si era seguro que no dejaba todo aquello por él, que él no quería ser la razón de mi marcha. Y yo lo entendí, no quería que hiciese nada más por él y que empezara a pensar en mí... pero lo hacía por mi, sinceramente creía que sería mas feliz a su lado que en Maldivas trabajando y aprendiendo todo aquello que no había tenido la oportunidad de aprender antes.

Aquella noche apagué la luz de mi cuarto, cerré los ojos y deseé apagar mi mente aunque fuese por unas horas... 












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