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En este blog comparto en primera persona cómo fue mi salida de España, qué me llevó a ello y como conseguí llegar a mi primer destino: Las Islas Maldivas. Tras un par de años de idas y venidas, mil aventuras y muchos sentimientos encontrados, mudarme a Australia se convierte en mi siguiente meta. Mi historia de amor y la superación a mí misma me llevan a concluir una maravillosa etapa en Sydney, y tras pasar por Singapur y España comienzo una nueva vida en Shanghai, China.

Esta es mi historia, es mi propia experiencia, y viajar por todo el mundo se ha convertido en mi día a día. En este blog narro viajes, aventuras y los itinerarios que he seguido, siempre elaborados por mi misma. Espero que os guste mi aventura por el mundo... y recuerda: ¡que no te lo cuenten!
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Despedidas y … ¡El esperado reencuentro en Sydney!

Este post lo empiezo con la foto de Jessi, la que fue mi jefa en el restaurante mexicano en el que tanto me gustaba trabajar. Disfruté muchísimo gracias a ella y a la mayoría de mis compañeros y esta foto es el momento en el que Jessi estaba haciendo el cuadrante para la siguiente semana y tuvo que borrarme porque yo ya no estaría en el equipo. 


Es duro dejar un trabajo y un grupo de gente con el que te sientes realmente a gusto, pero por alguna razón, mi vida seguía moviéndome de un sitio a otro y yo aprendí a que las despedidas no fuesen despedidas, sino unos "hasta luego" que no sabes cuando se hará realidad. 

Durante la última semana que pasaría en Sydney no estaban la mayoría de mis amigas, así que anduve bastante sola y algo triste por la situación. Me dediqué a disfrutar al máximo de todo aquello que me gustaba de la ciudad, y el día antes de que Mike cogiese su vuelo en Singapur para venir a verme, me fui a uno de mis restaurantes favoritos: "EN CASA", un restaurante español en el número 423 de Pitt street. 

Echaba mucho de menos España, y mi gente, mi comida. Más de año y medio sin pisar mi país y este sitio me animaba mucho pues aparte de la rica comida, los camareros en su mayoría eran andaluces, y siempre me lo pasaba bien cuando iba. Aquí dejo foto del último homenaje que me di en este lugar.


Otra de las cosas que hice fue comprarme algunas cosillas que me recordaran mi paso por Australia, aquí dejo un resumen ilustrativo y la foto que me mandó Mike en el ascensor de su edificio en Singapur cuando se iba al aeropuerto para coger el vuelo. 
¡¡¡¡Que nervios!!!!



Yo había dejado mi apartamento porque después de tantos meses separados, el reencuentro no iba a ser nada romántico si tiene lugar en un apartamento compartido con otras 7 personas, por no hablar de mi cuarto… ¡4 chicas! Cómo no había intimidad ninguna, yo dejé el piso el mismo día que Mike llegaba, e hice check-in en un apartamento que alquilé para 3 noches y así podíamos disfrutar Mike y yo solos y hacer turismo por Sydney antes de continuar nuestros planes. 

Estábamos súper nerviosos, él llegaba y no tendría móvil así que le di las indicaciones para que llegara hasta el apartamento (tengo razones de peso por las que no le recogí en el aeropuerto :p ). Había pedido pizzas y comprado champán, llegaba al medio día, así que después de todo un ritual de belleza los nervios empezaron a apoderarse más y más de mi. Quería darle una sorpresa, así que me fui del apartamento justo en el momento que él llegaba y le vi salir del taxi desde un rincón escondida… no podía con los nervios, quería saltar a sus brazos, pero tenía un plan, y me tocaba ser paciente. 

Esperé 10 minutos, tiempo suficiente para que él pudiese hacer el check-in y se metiera en la ducha. Esto son ventajas de conocer tan bien a tu pareja, lo primero que Mike hace cuando llega de un vuelo, no importa si es corto o largo, y si está en un hotel o en casa de alguien, es ¡darse una larga ducha!

Fue ese momento el que elegí para entrar, preparé una sorpresa y yo me preparé para ello… abrió la puerta del cuarto de baño para pasar al dormitorio y ¡casi le da un ataque al corazón al verme! Aún me pongo nerviosa al recordarlo, nos faltaban manos y fuerzas para abrazarnos, para sentirnos. ¡Nos habíamos echado tanto de menos! 

Después de comer Mike me dijo que tenía un regalo para mi, serían nuestros regalos de Navidad por adelantado. A mi no me gusta darnos las cosas fuera de fecha, pero él insistía que tenía que ser así al menos por esta vez. Empezó a poner regalos sobre la mesa y el primero que me dio fue de broma, me regaló un minibloso de leopardo roto y usado y me dijo que era una reliquia. A Mike le encantan las bromas y jugar, así que yo súper educada le dije que no era mi estilo pero que lo guardaría como oro en paño viniendo de él. No podía parar de reírse claro.

Y entonces me dio la otra caja ¡una cámara réflex digital! Él sabe que yo adoro hacer fotografías y por alguna razón que aún no entiendo muy bien, vendí mi anterior réflex digital al irme de Maldivas. Se la vendí a una compañera que no tenía opción de comprarla (por el tema de salir de Maldivas) y yo pensé que ya me compraría otra. ¡Me encantó! 

Mike es tan detallista que además de la cámara, como me la había traído de EEUU, había comprado aparte el manual de instrucciones en español, por si tenía alguna duda y quería jugar más con ella… todo un amor. 


Esta es la primera foto juntos que nos hicimos después de muchísimo tiempo… fue en el ascensor cuando salíamos a pasear por Sydney. 

La felicidad nos salía por cada uno de los poros de la piel ¡Por fin juntos! 



Antes de salir del apartamento, Mike tenía otra sorpresa preparada y estaba sudando. Me dijo que me encerrara en el baño porque necesitaba como 15 minutos para prepararlo. Le hice caso y cogí mi teléfono y me senté en el baño a esperar. Le escuchaba hacer ruidos con bolsas, las sillas… ¿Qué estaría haciendo? y ¿Por qué tardaba tanto?

No se como explicarlo y las únicas 2 fotos que tengo no reflejan muy bien lo que hizo, pero Mike me había hecho a mano unos lazos con trenzas, marcos con frases y fotos de unos 12 metros de largo con un "follow me" (sígueme) en el principio para que siguiera la cinta hasta el final. A lo largo de la cinta me ponía cosas como "Porque me encanta tu sonrisa" y el siguiente marco era una foto mía sonriendo, "porque me encanta tu estilo" y el siguiente era una foto mía vestida de alguna manera que a él le parecía sexy, "me encanta tu forma de ser" y una foto mía haciendo algo que a él le gusta que haga… no se, cosas así extendido por todo el apartamento, en las 3 habitaciones. Estaba alucinando. Al final de todo, después de poner como 30 fotos mías con cosas que le gustan de mi, me pone "por todo esto y muchas cosas mas" y sigo avanzando. La última frase la hizo en 3 diferentes marcos, por lo que estaba atacada de los nervios, y me preguntó que si sería su novia sin separarnos nunca más. Si yo contestaba "si" había una cinta que llevaba a dentro de un cajón y si decía que no, la cinta acababa vacía. Por supuesto abrí el cajón y ahí había una cajita, envuelta en lazos rosas con un precioso anillo dentro que él me explicó que como estamos siempre separados, era una manera de que me sintiera unida a él, un anillo de novia. Me pareció increíble y lo más dulce que nadie había preparado para mi…




Bueno y con esta dosis de amor, nos fuimos a enseñarle la ciudad de Sydney a Mike, a que conociera algunos de mis amigos, el apartamento donde había vivido todo este tiempo y los compañeros que quedaban viviendo en él y dónde había trabajado.

Pero eso lo dejo para el siguiente post  :p


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Un par de paradas en el camino ... Singapur

Todo listo... decenas de bikinis, ropa de verano, películas y series para ver en inglés, medicamentos básicos, cámaras de fotos y decenas de pequeñas cosas que iba a necesitar allí... y como no, casi 15 kilos de ibéricos y quesos que me ayudarían a pasar mi estancia en Maldivas, donde yo casi no podía comer y se me hacía francamente duro. 












Antes de instalarme en Maldivas, pasaría unos días en Singapur, en casa del amigo de mi amigo, con el que había mantenido el contacto mientras estaba en España, y me había estado ayudando muchísimo en la distancia. Mike es una persona maravillosa a la que le estaba cogiendo mucho cariño, pues se portaba fenomenal conmigo y no se cómo lo hacía pero siempre conseguía que mi sonrisa apareciera una y otra vez de manera que casi resultaba imposible borrarla de mi cara. Sin duda, me apetecía muchísimo volver a verle. 


Cada visita a Singapur hacía que aquel sitio me gustara más... ¡que preciosidad de ciudad! Sus edificios altos rodando el río le dan una magnitud impresionante y es que Singapur es diferente a todo el resto de Asia, en Singapur todo es posible, incluso importan arena de países de alrededores para crecer en suelo.

Como no podía faltar fuimos a visitar por segunda vez la increíble piscina de Marina Bay Sands... y disfruté una vez más como una enana de aquellas vistas. La verdad es que los días en Singapur fueron geniales. 





Una tarde fuimos a una fiesta en la playa, que se hacía en la Isla de Sentosa y fuimos con compañeros del máster de Mike, así que nos juntamos gente de todas partes. Las chicas en seguida me trataron como una más del grupo, me sentía súper cómoda con ellas, y lo pasé genial. Estuvimos bebiendo y bailando en uno de los clubs de la playa donde se mezclaban gente de todas partes del mundo. Algunos estaban de vacaciones, otros por trabajo, otros simplemente vivían allí ... y la mezcla era muy divertida. 


Yo conocí a una chica, Enma, con la cual no sé por qué, desde el principio estuvimos hablando un montón. Ella estaba con un par de amigos y yo con el grupo de Mike, pero cada ratito yo iba a saludarla y a decirte cualquier tontería. En definitiva me lo pasé genial. 





En aquel viaje aproveché para conocer mejor las zonas que no había dado tiempo a ir anteriormente, como China Town o Little India. Sitios que me descolocaron un poco dentro de lo europeizada que está Singapur. En el barrio de Little India, había suciedad y mal olor por todos lados, fruta y comida por cada rincón y gente de la India a doquier. No es que no me guste, porque India es un país de los que más me llaman la atención y que quiero conocer algún día, pero aquello estaba demasiado desordenado, por describirlo de alguna manera. Lo que me llamó la atención en el lado positivo fue todo el colorido que existían en aquellas calles, la cantidad de especias para cocinar que se podían encontrar y la henna. Podías comprar henna baratísima en cualquier parte, o bien hacerte los tatuajes allí mismo súper barato. Eso me encantó y por supuesto, que me hice con un par de cartuchitos de henna para alguna ocasión que me apeteciera llevar este tipo de decoración en el cuerpo. 

Mike me tenía preparada una sorpresa, una escapada de fin de semana para la cual me dijo que necesitaría bañador, ropa cómoda y algo más arreglado por si acaso. Para ser sincera no me acuerdo muy bien de exactamente lo que me dijo que tenía que llevar, pero no tenía mucho sentido. En cualquier caso, él fue el que se encargó de coger mis cuatro trapos y meterlos en su mochila para adentrarnos en la aventura. La noche anterior recuerdo que me enfadé muchísimo porque aquella incertidumbre se estaba haciendo insoportable y yo volaba a Maldivas en 3 días, por lo que no me quería arriesgar y presioné tanto como pude para obtener la información de a donde me llevaba, pero no hubo manera. 

Llegamos al aeropuerto e hicimos cola frente a un mostrador que ponía "CEBU". A saber donde estaba aquello... ¡ni idea! El caso es que pasamos el control de pasaportes, y una vez sentados en el avión ya me enteré que íbamos al país de Filipinas, aterrizábamos en Cebu, pero de allí cogeríamos un barco hasta una de las cientos de islas filipinas a pasar un increíble fin de semana en la playa.... ¿Que había hecho yo para merecer aquello? No lo se, pero sinceramente... estaba contentísima con mi sorpresa y me disponía a disfrutarla ¡¡¡al máximo!!! 


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Bangkok, Thailandia - Altísimos contrastes

Mi última noche en Phuket coincidía con el día de la madre en España... después de felicitar a la mía, me llamó a Skype y estuvimos hablando durante un buen rato. De mi madre he heredado entre otras cosas la pasión por la comida, por lo nuevo, por el querer aprender de todo un poco y ser tan curiosa como soy. Por eso durante la llamada disfrutamos mucho mientras le contaba todos esos nuevos sabores y sensaciones que estaba experimentando desde que dejé España. Y cuando ya mis ojos se cerraban casi sin advertencia, mi madre empezó a cantarme una nana que me dejó dormida plácidamente hasta el siguiente día, que por cierto volaba a Bangkok, la ciudad más importante de Tailandia.

La frase que me llevo de Phuket es: 

El sitio para que la mente descanse, es el silencio del corazón ...

Mi vuelo a Bangkok salía de noche, y como estaba tan a gusto en el resort, me pasé el día entre la piscina y la playa, disfrutando de los masajes y de la maravillosa comida tailandesa. Cuando cayó el sol, el chófer me llevó al aeropuerto y en apenas hora y media, estaba en Bangkok, la capital. 




 Había leído que el taxi no es nada caro en esta ciudad, así que como era de noche e iba cargada, me fui en taxi a Centre Point Petchburi, donde tenía alquilado un apartamento en una de las torres más altas del centro de la ciudad. Había pensado en todo, y como era el meridiano de mi viaje, necesitaría lugar para lavar mi ropa, por eso cogí ese apartamento, el cual disfruté muchísimo cuando descubrí que la ciudad de Bangkok no me gustaba y no me sentía cómoda casi en ningún sitio. 



La noche que llegué estaba hambrienta, por lo que salí a buscar algún sitio donde cenar que no estuviese lejos del hotel para poder irme a descansar pronto. Cuando salí a la calle me encontré con pequeños puestos de comida uno pegado al otro donde vendían todo tipo de carnes y pescados en forma de pincho moruno o bien frutas tropicales, que ofrecían cortadas y metidas en bolsitas transparentes con una pinta deliciosa. Opté por la fruta y como el olor a comida, polución, humanidad... en general en cualquier calle era tan fuerte, me fui rápido al hotel. 





A la mañana siguiente disfruté de un suculento desayuno al lado de la piscina, que aunque estaba al aire libre, debido a la altura del edificio, apenas se sentían los fuertes olores de la ciudad. Fue entonces cuando entendí que en muchos lugares de Asia llevan las mascarillas en la nariz y boca, para mi fue algo insoportable. 



Después de darme un baño en la piscina, me puse ropa cómoda y me fui a visitar templos... cosa que me apetecía mucho hacer. La religión budista me llama mucho la atención, y los monjes vestidos con sus túnicas naranjas y sus cabezas rapadas transmiten un aire de superioridad positiva, que es muy agradable pasar un ratito observando como adoran a sus dioses. Lo que más me llama la atención del budismo además de que tienen varios dioses y que su ética se basa principalmente en no hacer daño y no aferrarse a nada, es que es una religión que nunca ha sido forzada, no conoce la guerra santa, no ha entrado nunca en conflicto con otras religiones... la paz y el bienestar son las principales características que yo, una ignorante del budismo, destaco de ellos.


Desde el Río Chao Phraya, vistas de Wat (templo) Arun, templo budista conocido antiguamente como el Templo de la Oliva, donde se encontraba el Buda de la Esmeralda















Después de varios días viendo templos, comiendo fruta y andando sin parar decidí que Bangkok ya me había enseñado suficiente. ¡Sus olores eran demasiado insoportables! En mi visita a esta capital conocí a una chica de Viena, que viajaba sola, estaba dando la vuelta al mundo y pasamos un día entero juntas... fue interesante. Ella me enseñó un sitio donde vendían pequeños budas de barro hechos por los monjes y que los bendecían para venderlos a aquellos que se sintieran simpatizantes con su religión. Me llevé algunos para repartirlos entre mis amigos y familia, me pareció algo muy especial. 

En los últimos días lo único que hice fue disfrutar de la piscina, hacer algunas compras, leer sobre la cultura tailandesa, y descansar. Bangkok no estaba hecha para mi. No me sentía cómoda andando por las calles, los locales te paraban y te preguntaban donde ibas, y si te notaban perdida o indecisa te ofrecían cientos de opciones que hacer, sitios que visitar, todo claro, utilizando su taxi, el de su primo o el de su vecino por un módico precio. Para mi, sencillamente fue demasiado. Me agobié bastante y decidí pasar el final de mi estancia en Thailandia, disfrutando de la paz de mi apartamento, saliendo al exterior las menos veces posible. 



Bangkok está lleno de mercadillos, hay muchísima vida en la calle y los ciudadanos disfrutan mucho de esto. Es una de las ciudades mas grandes del mundo y esta muy caracterizada por el continente asiático. 






El clima es caluroso y húmedo. Siempre hace calor, por lo que lo que comentaba antes de los olores incluso empeora cuando hay altas temperaturas. 


El transporte en Bangkok esta genial, además de la gran oferta de taxi, el metro, tren, autobús e incluso los barcos que te cruzan al otro lado del río funcionan perfectamente y están por lo general bastante bien organizados. 


No es una ciudad a la que volvería ... aunque me ha gustado mucho la gran presencia que tiene la religión budista. No tanto por la religión en sí sino por la hermosura de sus templos, la majestuosidad de sus monjes, y el gran sentido del equilibrio que tienen sus habitantes en general. 


Un sitio curioso de visitar, pero con un par de días hubiese sido más que suficiente. 




























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...¿ y si me vuelvo a tu lado?

Con temperaturas altísimas en Maldivas y riéndome con mis amigos en España por el frío que estaban pasando en los primeros meses del año, me sentía una persona afortunada. Pues tenía mucha gente que me quería y me apoyaba en esta aventura y que sentía que disfrutaban conmigo cada una de las maravillas que aquí yo viví, y a la misma vez sufrían conmigo el lado negativo de estar viviendo en un sitio como este y en las circunstancias que todo sucedió. Me encantaba aprender cada día, ese era el propósito de haber aceptado el puesto de trabajo... y estaba dispuesta aprovechar la oportunidad. 



Mis escapadas a bucear cada vez eran más frecuentes y me certifiqué como buzo, no todo el mundo puede tener esa licencia emitida en las Islas Maldivas, y cada una de las inmersiones las he disfrutado muchísimo. 




Barcos hundidos, corales de infinidad de colores, cientos de peces de muchas clases, sensaciones tensas cuando veía tiburones, y un largo etcétera que no voy a detallar más porque creo que es algo que se tiene que vivir en primera persona. Alucinante. 

Una mañana me convocaron para una charla que nos daban a todos los empleados sobre sexualidad y enfermedades de transmisión. El tener sexo en un sitio como el que yo me encontraba, para los que vivíamos allí era algo casi impensable. La charla la dieron dos chicas de Sri Lanka, tapadas hasta los tobillos ya que eran musulmanas y en inglés. Me parecía bastante surrealista, los temas que se trataron eran los mismos que a nosotros nos enseñan cuando aún vas al colegio, y es increíble ver como reciben y asimilan cada uno de ellos, la información que se les daba. Cuanto menos, fue una experiencia curiosa.

Volviendo al tema de mi ex... nuestras conversaciones cada vez eran más frecuentes y más agradables. Apenas discutíamos y aunque tuvimos un par de fuertes encontronazos debido a algunas cosas que me llegaron desde España, que él me negaba y la impotencia de estar a 10.000 Kms de donde está el problema, nosotros seguíamos con la idea de volver a estar juntos en algún momento. La provisión de ibéricos que me traje de España empezaba a acabarse y las ganas de estar con él aumentaban cada día. Así que la idea de abandonar mi puesto y volver a casa era algo que se me pasaba bastante a menudo por la cabeza. 

Es cierto que creí que había un cambio en él, es cierto que pensé que esta vez todo iba a ser diferente y es cierto que confié en que el amor que yo sentía no podía ser en vano, es la persona que más había amado en mi vida, con la que he compartido momentos maravillosos y francamente terribles. Él es la persona que me ha hecho sentir el amor más grande que jamás había sentido. Y en ningún momento creí que algo tan grande y tan fuerte, se pudiese no valorar, o tirar por la borda sin mas. 

Puede que la sensación que tenía de que todo iba a salir bien no fuese mas que un falso espejismo de lo que mi corazón deseaba que pasase. Fuera como fuese, las ganas de estar juntos incrementaban por día y el malestar que tenía en las islas también. Se me había acabado la reserva de comida, ya no tenía otra alternativa a comer en la cantina, por lo que empecé a no comer regularmente y aquello me influenció en el carácter, en los ánimos y por supuesto en mi forma física. 

Después de pensarlo mucho, fui a la oficina de mi jefa, Kin. Ella me notó nerviosa, preocupada y en seguida se sintió igual. Le conté que tenía fuertes motivos personales para irme de Maldivas y que aunque aún iba a esperar algo más de tiempo para estar segura sobre mi decisión, quería informarle de lo que estaba pensando. Ella se sorprendió muchísimo, no se lo esperaba, fue un jarro de agua fría y recuerdo su mirada clavada en la mía, triste pero acusadora al mismo tiempo, mientras permanecía sentada frente a mi esperando alguna explicación por aquella noticia que le acaba de soltar sin más. 

Sabía que me iba a ir, conozco mi manera de ser y soy una persona de impulsos. No me sentía bien allí, y además seguía con la esperanza de arreglar todo con mi ex y finalmente poder disfrutar de una vida juntos como aquella que ideamos al principio de estar juntos tumbados en la cama mirando al vacío, donde pasábamos horas abrazados hablando de lo feliz que éramos y lo mucho que nos queríamos. 

No puedo evitar llorar cada vez que pienso en nuestra historia. El nudo que me presiona la garganta esta siempre presente cuando pienso en él. Ahora todo me parece absurdo... Pero para mantener un orden en la historia, sigo contando que efectivamente lo había decidido y me marchaba y se lo tenía que decir. Voy a intentar que la parte de mi que está herida por todo lo que paso a partir de entonces, no hable más que mi cabeza, y que el débil de mi corazón no tome protagonismo en estas palabras. 

Le llamé esa misma tarde y le comenté sin darle ninguna razón clara que estaba pensando en marcharme de allí. Su reacción fue de sorpresa y a pesar de que me había repetido numerosas veces que contaba los días para que estuviésemos juntos y felices de nuevo, no parecía muy contento. Me dijo que me pensara bien las cosas, que ante todo por supuesto que lo más importante era mi felicidad, y que si no estaba bien allí pues que por supuesto me volviese y una serie de comentarios entre los que no pude encontrar el que yo ansiosamente esperaba de... ¡Por fin vuelves a mi lado! Incluso me preguntó varias veces si era seguro que no dejaba todo aquello por él, que él no quería ser la razón de mi marcha. Y yo lo entendí, no quería que hiciese nada más por él y que empezara a pensar en mí... pero lo hacía por mi, sinceramente creía que sería mas feliz a su lado que en Maldivas trabajando y aprendiendo todo aquello que no había tenido la oportunidad de aprender antes.

Aquella noche apagué la luz de mi cuarto, cerré los ojos y deseé apagar mi mente aunque fuese por unas horas... 












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