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En este blog comparto en primera persona cómo fue mi salida de España, qué me llevó a ello y como conseguí llegar a mi primer destino: Las Islas Maldivas. Tras un par de años de idas y venidas, mil aventuras y muchos sentimientos encontrados, mudarme a Australia se convierte en mi siguiente meta. Mi historia de amor y la superación a mí misma me llevan a concluir una maravillosa etapa en Sydney, y tras pasar por Singapur y España comienzo una nueva vida en Shanghai, China.

Esta es mi historia, es mi propia experiencia, y viajar por todo el mundo se ha convertido en mi día a día. En este blog narro viajes, aventuras y los itinerarios que he seguido, siempre elaborados por mi misma. Espero que os guste mi aventura por el mundo... y recuerda: ¡que no te lo cuenten!

Visita a España ¡me quedo a vivir en Maldivas!

Una vez se fueron los grupos de españoles y el resort recibió los comentarios y opiniones de los clientes, recuerdo que el director de Recursos Humanos me llamó para que le fuese a visitar a su oficina, tenían algo que ofrecerme y después de hablar con Claudia, la Directora General, decidí aceptar un puesto fijo en la empresa, con mejores condiciones económicas, opciones de ascenso y seguir aprendiendo el idioma ya que aunque podía comunicarme, mi nivel de inglés era mínimo. 

Así que en uno de esos momentos de subidón, llamé a mi ex para contárselo, lo había estado pensando mucho y ya lo había decidido, aceptaría el puesto fijo. A él la noticia le sorprendió bastante. Fuera como fuese, le dije que estaría en España en una semana y que estaría unos días recorriéndome todo el país ya que iba con la finalidad de recoger todos los certificados y papeles necesarios para tramitar mi visado de residente en Maldivas.

A pesar de lo que mi ex me pudiese haber hecho sentir, el apoyo que recibí de mis amigos fue inmenso. Me llegaron los ánimos de todos ellos, todos querían verme, pasar conmigo aunque sea una hora y charlar sobre mi nueva vida, ponerme al día sobre las suyas, aprovechar cada minuto que me tuvieran cerca porque sabían que me volvería a marchar sin saber por cuanto tiempo. Me sentí muy querida, muy valorada y una vez más mis amigos me demostraron lo afortunada que soy por tenerles en mi vida. Supe que los que creían en mí, lo hicieron incluso cuando yo misma dejé de hacerlo.



Llegué a España un viernes a mediados de Enero... hacía frío, mucho frío y yo no tenía ropa de invierno, tan sólo una chaqueta vaquera que combiné con mis pantalones blancos de lino y mis sandalias a juego. Sentía que me congelaba en el aeropuerto de Barajas. 

Esa semana en España sería una locura... y apenas lo recuerdo con claridad. Estuve con Álvaro, mi amigo al que llamamos "El Chuches", me ayudó con el alquiler de un coche para moverme por el país y me llevó a comer un rico cocido madrileño a un bar muy típico de la ciudad. Sólo pase una noche en Madrid, y la pasé descansando. Y al día siguiente conduje hasta Valencia, donde me encontraría con mi ex. En aquel momento sentimos una mezcla de emociones y sentimientos que no sabria valorar como positivo o negativo. El hecho de que estuviese en España, no significaba que estuviésemos juntos, el hecho de que nos viésemos, no significaba que estuviésemos juntos... solo quería hablar con él en persona, ya que estando en Maldivas nos pasábamos horas al teléfono y maldecíamos estar tan lejos el uno del otro y no poder hablar cara a cara. Quizás yo estaba equivocada, quizás nuestros puntos de vistas no coincidían.



La noche que llegué a Valencia, quedé con mi amiga Mensina y MªPaz para cenar. Me apetecía muchísimo verlas, contarles, que me pusieran al día, reírnos... ¡¡¡como las había echado de menos!!! Fue una noche muy divertida, cenamos en un restaurante italiano, sentadas en la terraza junto a un calentador y bebiendo vino. 


Fue una cena fantástica... y decidimos ir a tomar unas copas a un sitio que Mensina propuso, del cual no recuerdo el nombre.

Estuvimos bebiendo, bailando y riéndonos un larguísimo rato y se unió a nosotros el hermano de mi ex. Yo le aprecio muchísimo, nos llevamos genial y es una persona a la que valoro bastante porque me río mucho con él, y es genial tenerle como amigo. Aquella noche me acompañó al hotel, y me fui a la cama bastante contenta por haber pasado un tiempo genial con mis amigos, y reflexione bastante sobre el poco sentido común que se tiene a veces, y la falta de escrúpulos que tienen algunas personas. Sinceramente me fui a la cama sorprendida y con la intención de despertar al día siguiente sin recordar algunas cosas de las que pasaron aquella noche... en fin. 

Al día siguiente mi ex vino al hotel, le encontré en la recepción y cuando le vi nos sonreímos y le abrace. Estuvimos hablando bastante, hasta que decidió llevarme a visitar a sus padres, cosa que me hizo muy feliz en aquel momento. Adoro a sus padres, les quiero muchísimo y cuando les vi rompí a llorar como una niña pequeña. Les echaba de menos, la forma en la que me había ido de aquella casa unos meses antes, todo lo que había vivido con ellos... cientos de emociones que florecieron con sus abrazos. Fue una comida donde Maldivas y mi nueva vida era el principal tema de conversación. Su padre no paraba de hacer bromas y se reía con cada cosa divertida que yo contaba... me encanta el espíritu de ese hombre. Me encantaría mirar a la vida con sus ojos y reírle con su alma. 

Mi ex decidió acompañarme en mi viaje por España... tenía que ir a Cádiz a ver a mi familia, hacer papeles, ir a Córdoba a visitar a mi hermana y a mis sobrinos y volver a Madrid para coger el vuelo de vuelta a las islas. Yo no se lo impedí, no estaba segura de si sería una buena idea, pero pensé que si en algún momento queríamos arreglar lo nuestro, no era negativo hacer este viaje juntos. Para mi no iba a cambiar nada, pues tenía la ruta trazada, tenía mis ideas en la cabeza y sabía a lo que iba y lo que tenía que hacer. Pero él, se sintió incómodo y me echó en cara que cuando hablaba con mi familia y mis amigos sobre mis próximos planes, no le incluía y pensaba estar lejos por bastante tiempo. Lo que le ponía a él fuera de lugar y le hacía sentir como un idiota, allí plantado a mi lado mientras yo contaba todo lo que tenía en mi mente por hacer y con la felicidad que lo expresaba. 

Ciertamente era así, yo no le incluí en mis planes. No tenía por que. Él me dijo que si teníamos que volver a estar juntos, lo estaríamos y que hiciese mi vida sin contar con él, ya que de otra manera, nunca avanzaría yo como persona. Y tenía toda la razón del mundo. Y eso hice, en eso estuve trabajando en Maldivas, en recuperarme a mí misma. Ahora si él quería estar conmigo, tendría que ser él, el que se sacrificara, mover hilos o montañas para estar a mi lado. Y por supuesto que no era algo fácil... pero para amar a una rosa, hay que aprender a amar sus espinas. 

En el Sur disfruté muchísimo... comí la deseada comida de mi madre, nuestro puchero con su huevo duro, jarrete de jamón y taquitos de pan frito. Pescaíto frito, todo tipos de queso, pan recién hecho... podría pasarme horas recordando cada sabor en aquellos días. ¡Cuánto disfruté el Sur!

Después de pasar un día fabuloso con mis sobrinos, disfrutar de sus abrazos y sus besos todo el tiempo y saborear la rica comida de mi hermana, nos pusimos en marcha para volver a Valencia. Tenía que hacer algunas compras y habíamos decidido pasar el máximo tiempo posible juntos. Recuerdo que a la mañana siguiente cuando me despedí de él, lo hice llorando, subida a mi coche alquilado y sin poder dejar de temblar para empezar a conducir. Me dijo que me cuidara... y que me quería, y me alejé. 

Paré el coche unos metros más hacia delante, no podía dejar de llorar. Él significaba demasiado para mi y me estaba volviendo a alejar de su lado. Pero esta vez lo hacía feliz, lo hacía porque yo quería, no huía de nada, me sacrificaba porque la oportunidad que me habían ofrecido en Maldivas era algo que no podía rechazar y donde aprendería muchísimo a nivel personal y profesional. Y de corazón, él no se merecía que yo siguiera sacrificando mi vida por aparentar compartir la suya. 

Cuando llegué a Madrid, hubo un problema con mi visado y no me enteré hasta que no estaba en la ventanilla de la compañía aérea para embarcar. Recursos Humanos en mi empresa, funciona así de bien. No me habían notificado que mi visa iba con retraso y me quedaba en España una semana más. Por lo que estaba contenta, pero no tenía la necesidad de haber corrido tanto y darme la paliza de viaje que me di para poder hacerlo todo en esos pocos días. Tomé un tren de vuelta a Valencia y me quedé unos días más. 

Antes de volverme a Maldivas fui a ver a mi amiga Belén, mi adorable Belén. Ella tenía unas pulseras que para mi significaban mucho y quería tenerlas conmigo. Tenía muchas ganas de verla, y fui a su oficina, y a almorzar juntas a un sitio donde servían comida casera de Madrid y donde nos pusimos al día de todo y compartimos nuestras inquietudes y planes en común. Ella es una niña con la que me siento bastante identificada, tenemos gustos similares y compartimos afición por muchas cosas. La encontré bellísima como siempre y trabajando, contenta y feliz.


Me encantó verla aunque fuese por poco tiempo... siempre es un placer compartir momentos con gente con la que estas a gusto. 

Y después de casi dos semanas en España... tomé mi vuelo con destino a Maldivas, la maleta cargada de ilusiones y contenta. Cosa casi imposible en los últimos años para mi.  


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