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En este blog comparto en primera persona cómo fue mi salida de España, qué me llevó a ello y como conseguí llegar a mi primer destino: Las Islas Maldivas. Tras un par de años de idas y venidas, mil aventuras y muchos sentimientos encontrados, mudarme a Australia se convierte en mi siguiente meta. Mi historia de amor y la superación a mí misma me llevan a concluir una maravillosa etapa en Sydney, y tras pasar por Singapur y España comienzo una nueva vida en Shanghai, China.

Esta es mi historia, es mi propia experiencia, y viajar por todo el mundo se ha convertido en mi día a día. En este blog narro viajes, aventuras y los itinerarios que he seguido, siempre elaborados por mi misma. Espero que os guste mi aventura por el mundo... y recuerda: ¡que no te lo cuenten!
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Encuentro en Malasia... Todo un cambio en nuestras vidas

Cuando me iba de Maldivas, la situación en mi departamento era un poco caótica ya que mi jefa se había ido un par de meses antes al igual que mi compañera y mejor amiga Iryna. Teníamos a una persona que hacía lo que podía para dirigir nuestro departamento pero no había un sólo día que los sofocos no saliesen a la luz. Nos invadía una grandísima desorganización, y eso se veía reflejado en el carácter de cada uno. A eso le sumaba que yo estaba contando los días para marcharme de aquellas islas, y el tiempo cada vez iba más lento si es que aquello era posible. 

Había contactado con la agencia con la que hablé hacía ya dos años acerca de irme a Australia, todo seguía estando ahí, aún era posible, y sólo tenía que decidirme por la escuela donde quería estudiar, el tiempo que quería quedarme y la zona donde quería vivir. La misma chica maja de hacía dos años me ayudó en todo, sus consejos me sonaban a dulce melodía y toda la información que me facilitaba llegaba a mí en forma de pequeños cohetes de colores a los cuales me moría de ganas por sentir de cerca. Apliqué por mi visado, pagué una importante suma de dinero a la escuela australiana y casi me quedé sin ahorros para empezar esta nueva aventura, pero confiaba en que todo iba a salir bien... se dice que quien no arriesga no gana, y yo iba a seguir arriesgando, porque en experiencia, mi ganancia era incontable. 

Presenté mi dimisión en el hotel de Maldivas, al subdirector general ya que el director general era aún demasiado nuevo y me sentía más cómoda hablando con Matt. Matt es un chico australiano por cierto, muy simpático y noble, el cual si podía echar una mano, siempre estaba disponible. La noticia de mi marcha no le hizo mucha gracia, y obviamente quería saber mis razones. ¡BINGO! Yo no me había preparado esa respuesta en inglés... así que dejé que mi corazón hablase, me expresé lo mejor que pude y le dije que yo suponía que soy una persona ambiciosa y que sentía que en aquel lugar ya no podía aprender más... y quería ir un paso más adelante, ahora que ya el idioma no era una barrera, quería formarme académicamente para mejorar, para poder alcanzar metas mas altas... y allí me sentía atada... allí ya no podía escalar mas alto. Además de eso comenté la situación de desorden que había en mi departamento y que lo había decidido, me marchaba y era una decisión irreversible. 

En seguida vino el Director General y haciendo bromas me ofrecieron quedarme en un puesto superior. incluso me aconsejaron hacerme pareja de alguno de los chicos que hablaban inglés nativo y de esa manera no necesitaría estudios superiores... absurdo, sentí que todo aquello era absurdo, así que no les hice demasiado caso y me marché de la oficina. Yo daba por hecho que mi dimisión estaba presentada, y tenía fecha de salida... ellos podían seguir bromeando todo lo que quisiesen, pero la única chica que hablaba español se les marchaba ... lloviese o cayesen truenos. 

Después de una sencilla despedida con mis compañeros y amigos y un regalo maravilloso de manos de mi amiga Karen, llegó el día... tenía que decir adiós a Maldivas y aunque me daba pena, mi corazón estaba feliz... había superado una etapa muy dura de mi vida de una forma muy bonita... ¿El balance de mi paso por las islas? Ya lo haré en otro momento... no es hora de ponerse a pensar... 

Mi 28 cumpleaños se acercaba y no quería pasarlo sola en Australia o sin la opción de poder hacer algo diferente en Maldivas, así que como también necesitaba hacer unas compras antes de mudarme a Sydney donde era invierno, decidí pasar unos días en Kuala Lumpur en Malasia y luego irme a casa de Mike en Singapur. Le propuse a él que viniese a Malasia, y me acompañara esos días... desde Singapur esta cerca y así pasábamos mas días juntos, yo me marchaba por una larga temporada y al fin y al cabo, él y yo estábamos muy unidos. Mike aceptó, pero antes me habló de sus sentimientos, de lo que yo significaba para él  y que aunque siempre había estado ahí para apoyarme y para lo que necesitara, lo que él sentía por mí no había dejado de crecer y que sería conveniente que me decidiese acerca de nosotros. 

Lo que a mi me ocurría con Mike es que cuando le conocí yo seguía enamorada de mi ex, y me dirigía a España a reencontrarme con él aunque aquello fuese lo más estúpido que he hecho en mi vida y sólo sirviese para hacerme aún más daño. Mike me gustó desde el primer momento que le conocí, recuerdo que en nuestro primer encuentro estuve con una sonrisa permanente en la cara que hacía años que no me asomaba... Es divertido, atento, caballero... y con él no se puede parar de reír en ningún momento. Me devolvió aquello que perdí ... conocer a Mike me hizo ver que sí que hay gente maravillosa en el mundo y que por qué tenía que seguir soportando aquel calvario en el que yo vivía. 
Aún así... siempre mi respuesta fueron negativas, nunca acepté estar con él, porque desde el primer momento le fui sincera... no oculté mis sentimientos... y le dije que aunque no estuviese con mi pareja, mi corazón estaba destrozado y no era capaz de sentir nada por él ni por nadie. Necesitaba recuperarme de aquello... 

Mike siempre me respetó, y esperó meses y meses... más de un año... hasta que cuando nos reencontramos en Malasia, en aquel hotel de Kuala Lumpur donde le esperé a que llegara de un vuelo con retraso, supe que no quería separarme nunca más de él en cuanto le vi al abrir la puerta. Nos fundimos en un abrazo en el que los besos, las caricias y las caras felices por reencontrarnos de nuevo me hicieron sentir el corazón más fuerte y más vivo que nunca. Sabía que le quería... y sabía que quería estar a su lado... me sentía protegida, cuidada, aliviada, feliz, en paz... Y me limité a disfrutar de él todo lo que pude. 


Mike no daba crédito a lo que tenía... le costó mucho asimilar que era cierto que yo quería estar con él, que después de ser mi amigo más de un año, y quererme en la distancia obteniendo sólo negativas por mi parte, por fin mi corazón estaba sano y fuerte y le amaba. Fue entonces cuando empezamos nuestra historia de amor correspondida... disfrutando de unos días maravillosos en las calles de Kuala Lumpur donde la felicidad nos rebosaba por cada poro de nuestra piel... 


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Vuelta a España, que no a casa...

Durante mi viaje había estado en contacto con mi ex casi a diario... y no puedo decir que fue algo positivo, pues como había mencionado antes, había algo extraño en todo esto, su actitud me mostraba de todo menos felicidad, entusiasmo... y eso a mí me hacía sentir triste, muy triste. En el aeropuerto de Dubai mientras esperaba mi vuelo a España, el cual se supone que me haría sentir feliz y con fuerzas, recibí un e-mail suyo. Un e-mail en el que me decía que por él, no volviese a España, que ya nada importaba, que todo se había acabado y que yo podía hacer con mi vida lo que quisiera. Me pasé llorando prácticamente las 8 horas que duró el vuelo. ¿Cómo era capaz de haberme escrito algo así? Sabía que volaba de todas formas, que había dejado mi trabajo en Maldivas y que me había alquilado incluso una habitación en la ciudad donde él vivía para estar más cerca suyo pero no lo suficiente como para llegar a agobiarle. No me entraba en la cabeza que le pudiese agobiar, habíamos estado separados casi un año, se supone que ahora querríamos recuperar todo el tiempo perdido, pero no. Cuando hablamos de volver me dijo que si regresaba a España, nos veríamos escasas veces y compartiríamos limitadas cosas y yo aún así lo acepté y me fui. Me fui a intentar recuperar mi relación, recuperarle a él, recuperar la felicidad que hacía tanto que no hacía acto de presencia en mi vida. Y me alquilé una habitación en una ciudad donde apenas conocía a nadie, donde los pocos conocidos eran amigos suyos, donde la gente en su mayoría es muy artificial y superficial, donde seguiría sin tener a mis amigos y familia cerca, y donde estaba dispuesta a volver a hacer un sacrificio más por recuperarle. 

Aquel e-mail que recibí en el aeropuerto me descolocó muchísimo, no entendía nada... iba de camino, no podía evitar mi llegada, no podía dar marcha atrás, ¿que se supone que debía hacer? llorar, eso es lo que hice, y durante horas. Antes de embarcar avisé a mi mejor amigo Tomy, de que había algunos cambios de planes y necesitaría que él me recogiera en Madrid, pues iba muy cargada y mi ex no vendría a recogerme. Al llegar al aeropuerto, cansada del viaje y con los ánimos destrozados, ahí estaba Tomy, con su habitual sonrisa en la cara, esperándome con los brazos abiertos y un sin fin de cariño que sin duda me alivió el alma. Se llevó todo mi equipaje en su coche hacia Valencia, donde yo me había alquilado la habitación, pues él tenía un evento importante allí y me ayudo con el traslado de los trastos. Yo había organizado una cena con mis mejores amigas en Madrid, a las que estaba deseando ver y a las que en un principio les oculté incluso mi plan de vivir en Valencia, en la situación en la que me movía, por aquello de evitar "¿Estas loca?"

Mientras me arreglaba en la habitación del hotel en Madrid, los nervios me recorrían todo el cuerpo. Tenía una mezcla de alegría, tristeza, sentimiento de culpabilidad y un sin fin de dudas, que en definitiva me sentía muerta del miedo. 

Llegue al restaurante, y las esperé por bastante tiempo, pues como buenas chicas que son, siempre llegan tarde. Me sentía ridícula, pues en Madrid hacía frío aunque era mayo y yo iba con un vestido blanco y sandalias de tacón... Conjuntaba perfecto con el moreno de piel que traía, pero la gente de alrededor me miraba pensando de donde vendría y si me habría perdido. En fin, la primera en llegar fue Graciela... embarazadísima de Alejandra... gordita gordita y como siempre con un sentido del humor que se contagia nada mas verla, Graciela fue el alma de la fiesta, una alegría tremenda verla y unas risas impagables. Recuerdo que iba al baño cada 20 minutos, que se moría del hambre y no paraba de burlarse de ella misma para hacernos reír todo el tiempo. Me encanta el carácter de Graciela, si algo destaco de ella, es que incluso cuando las cosas van mal, ella siempre saca un chiste. He vivido con ella momentos muy tensos y complicados desde que la conozco y siempre, ha sido un placer tenerla a mi lado. 

Luego vino Lucía, mi adorable Lucía, la chica que me llevó de la mano cuando comenzó toda esta aventura de intentar separarme de mi ex. Una niña preciosa por dentro y por fuera que conocí mientras trabajé en el despacho de abogados de Garrigues en Madrid. Sensata y frágil, delicada y sentimental... Inteligente y divertida, una de las personas que más orgullosa estoy de tener como amiga. Y por último llego Lydia, mi niña querida, lista y rebelde donde las haya. Siempre con los pies en el suelo y sin pelos en la lengua, otra que hace un chiste de cualquier cosa. Que alegría me dio verla y abrazarla... ¡y que bonita es! No cabía en mí del gozo, de la felicidad que me producía estar con ellas, tenerlas sentadas en la misma mesa donde nos disponíamos a ponernos las botas, me sentí muy afortunada de tener las amigas que tengo, a las que quiero muchísimo y no pienso perder nunca. 


Durante la cena reímos sin parar, hablamos de mis viajes y aventuras, de toda la gente que había conocido, de lo contenta que me sentí en tantos de esos lugares, de todo lo que había aprendido... Ellas hacían bromas porque al no haber hablado español por mucho tiempo, me quedaba bloqueada a veces y hacía traducciones que ellas se morían de la risa... pasamos un rato muy divertido y las echaba mucho de menos. ¡Estaba súper feliz! 

De ahí nos fuimos a tomar unas copas y mi amiga Helga se unió a nosotras. Helga es adorable, súper graciosa y guapísima... hacía mucho que no la veía y me hizo mucha ilusión que viniese, lo pasamos genial. Y en mitad de la noche, la gran sorpresa…

¡¡Mi amiga Rosa!!

 Eran mas de las 2 de la mañana y se presentó allí después de trabajar para verme, no contaba con aquel gesto... estaba que no cabía en mí misma, era la chica mas afortunada del mundo por tener los amigos que tenía. Incluso mi amigo Sergio, de Sevilla, que estaba en Madrid esos días se vino a celebrar mi vuelta a España y estuvo riéndose con nosotras hasta que casi se hizo de día... 

Aunque tengo muchas anécdotas y más cosas que compartir sobre este primer contacto con España, al no ser todo tan agradable, hablaré en líneas generales... mi visita a Madrid la reduzco a amigos, felicidad y buenos momentos. 





























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Visita a España ¡me quedo a vivir en Maldivas!

Una vez se fueron los grupos de españoles y el resort recibió los comentarios y opiniones de los clientes, recuerdo que el director de Recursos Humanos me llamó para que le fuese a visitar a su oficina, tenían algo que ofrecerme y después de hablar con Claudia, la Directora General, decidí aceptar un puesto fijo en la empresa, con mejores condiciones económicas, opciones de ascenso y seguir aprendiendo el idioma ya que aunque podía comunicarme, mi nivel de inglés era mínimo. 

Así que en uno de esos momentos de subidón, llamé a mi ex para contárselo, lo había estado pensando mucho y ya lo había decidido, aceptaría el puesto fijo. A él la noticia le sorprendió bastante. Fuera como fuese, le dije que estaría en España en una semana y que estaría unos días recorriéndome todo el país ya que iba con la finalidad de recoger todos los certificados y papeles necesarios para tramitar mi visado de residente en Maldivas.

A pesar de lo que mi ex me pudiese haber hecho sentir, el apoyo que recibí de mis amigos fue inmenso. Me llegaron los ánimos de todos ellos, todos querían verme, pasar conmigo aunque sea una hora y charlar sobre mi nueva vida, ponerme al día sobre las suyas, aprovechar cada minuto que me tuvieran cerca porque sabían que me volvería a marchar sin saber por cuanto tiempo. Me sentí muy querida, muy valorada y una vez más mis amigos me demostraron lo afortunada que soy por tenerles en mi vida. Supe que los que creían en mí, lo hicieron incluso cuando yo misma dejé de hacerlo.



Llegué a España un viernes a mediados de Enero... hacía frío, mucho frío y yo no tenía ropa de invierno, tan sólo una chaqueta vaquera que combiné con mis pantalones blancos de lino y mis sandalias a juego. Sentía que me congelaba en el aeropuerto de Barajas. 

Esa semana en España sería una locura... y apenas lo recuerdo con claridad. Estuve con Álvaro, mi amigo al que llamamos "El Chuches", me ayudó con el alquiler de un coche para moverme por el país y me llevó a comer un rico cocido madrileño a un bar muy típico de la ciudad. Sólo pase una noche en Madrid, y la pasé descansando. Y al día siguiente conduje hasta Valencia, donde me encontraría con mi ex. En aquel momento sentimos una mezcla de emociones y sentimientos que no sabria valorar como positivo o negativo. El hecho de que estuviese en España, no significaba que estuviésemos juntos, el hecho de que nos viésemos, no significaba que estuviésemos juntos... solo quería hablar con él en persona, ya que estando en Maldivas nos pasábamos horas al teléfono y maldecíamos estar tan lejos el uno del otro y no poder hablar cara a cara. Quizás yo estaba equivocada, quizás nuestros puntos de vistas no coincidían.



La noche que llegué a Valencia, quedé con mi amiga Mensina y MªPaz para cenar. Me apetecía muchísimo verlas, contarles, que me pusieran al día, reírnos... ¡¡¡como las había echado de menos!!! Fue una noche muy divertida, cenamos en un restaurante italiano, sentadas en la terraza junto a un calentador y bebiendo vino. 


Fue una cena fantástica... y decidimos ir a tomar unas copas a un sitio que Mensina propuso, del cual no recuerdo el nombre.

Estuvimos bebiendo, bailando y riéndonos un larguísimo rato y se unió a nosotros el hermano de mi ex. Yo le aprecio muchísimo, nos llevamos genial y es una persona a la que valoro bastante porque me río mucho con él, y es genial tenerle como amigo. Aquella noche me acompañó al hotel, y me fui a la cama bastante contenta por haber pasado un tiempo genial con mis amigos, y reflexione bastante sobre el poco sentido común que se tiene a veces, y la falta de escrúpulos que tienen algunas personas. Sinceramente me fui a la cama sorprendida y con la intención de despertar al día siguiente sin recordar algunas cosas de las que pasaron aquella noche... en fin. 

Al día siguiente mi ex vino al hotel, le encontré en la recepción y cuando le vi nos sonreímos y le abrace. Estuvimos hablando bastante, hasta que decidió llevarme a visitar a sus padres, cosa que me hizo muy feliz en aquel momento. Adoro a sus padres, les quiero muchísimo y cuando les vi rompí a llorar como una niña pequeña. Les echaba de menos, la forma en la que me había ido de aquella casa unos meses antes, todo lo que había vivido con ellos... cientos de emociones que florecieron con sus abrazos. Fue una comida donde Maldivas y mi nueva vida era el principal tema de conversación. Su padre no paraba de hacer bromas y se reía con cada cosa divertida que yo contaba... me encanta el espíritu de ese hombre. Me encantaría mirar a la vida con sus ojos y reírle con su alma. 

Mi ex decidió acompañarme en mi viaje por España... tenía que ir a Cádiz a ver a mi familia, hacer papeles, ir a Córdoba a visitar a mi hermana y a mis sobrinos y volver a Madrid para coger el vuelo de vuelta a las islas. Yo no se lo impedí, no estaba segura de si sería una buena idea, pero pensé que si en algún momento queríamos arreglar lo nuestro, no era negativo hacer este viaje juntos. Para mi no iba a cambiar nada, pues tenía la ruta trazada, tenía mis ideas en la cabeza y sabía a lo que iba y lo que tenía que hacer. Pero él, se sintió incómodo y me echó en cara que cuando hablaba con mi familia y mis amigos sobre mis próximos planes, no le incluía y pensaba estar lejos por bastante tiempo. Lo que le ponía a él fuera de lugar y le hacía sentir como un idiota, allí plantado a mi lado mientras yo contaba todo lo que tenía en mi mente por hacer y con la felicidad que lo expresaba. 

Ciertamente era así, yo no le incluí en mis planes. No tenía por que. Él me dijo que si teníamos que volver a estar juntos, lo estaríamos y que hiciese mi vida sin contar con él, ya que de otra manera, nunca avanzaría yo como persona. Y tenía toda la razón del mundo. Y eso hice, en eso estuve trabajando en Maldivas, en recuperarme a mí misma. Ahora si él quería estar conmigo, tendría que ser él, el que se sacrificara, mover hilos o montañas para estar a mi lado. Y por supuesto que no era algo fácil... pero para amar a una rosa, hay que aprender a amar sus espinas. 

En el Sur disfruté muchísimo... comí la deseada comida de mi madre, nuestro puchero con su huevo duro, jarrete de jamón y taquitos de pan frito. Pescaíto frito, todo tipos de queso, pan recién hecho... podría pasarme horas recordando cada sabor en aquellos días. ¡Cuánto disfruté el Sur!

Después de pasar un día fabuloso con mis sobrinos, disfrutar de sus abrazos y sus besos todo el tiempo y saborear la rica comida de mi hermana, nos pusimos en marcha para volver a Valencia. Tenía que hacer algunas compras y habíamos decidido pasar el máximo tiempo posible juntos. Recuerdo que a la mañana siguiente cuando me despedí de él, lo hice llorando, subida a mi coche alquilado y sin poder dejar de temblar para empezar a conducir. Me dijo que me cuidara... y que me quería, y me alejé. 

Paré el coche unos metros más hacia delante, no podía dejar de llorar. Él significaba demasiado para mi y me estaba volviendo a alejar de su lado. Pero esta vez lo hacía feliz, lo hacía porque yo quería, no huía de nada, me sacrificaba porque la oportunidad que me habían ofrecido en Maldivas era algo que no podía rechazar y donde aprendería muchísimo a nivel personal y profesional. Y de corazón, él no se merecía que yo siguiera sacrificando mi vida por aparentar compartir la suya. 

Cuando llegué a Madrid, hubo un problema con mi visado y no me enteré hasta que no estaba en la ventanilla de la compañía aérea para embarcar. Recursos Humanos en mi empresa, funciona así de bien. No me habían notificado que mi visa iba con retraso y me quedaba en España una semana más. Por lo que estaba contenta, pero no tenía la necesidad de haber corrido tanto y darme la paliza de viaje que me di para poder hacerlo todo en esos pocos días. Tomé un tren de vuelta a Valencia y me quedé unos días más. 

Antes de volverme a Maldivas fui a ver a mi amiga Belén, mi adorable Belén. Ella tenía unas pulseras que para mi significaban mucho y quería tenerlas conmigo. Tenía muchas ganas de verla, y fui a su oficina, y a almorzar juntas a un sitio donde servían comida casera de Madrid y donde nos pusimos al día de todo y compartimos nuestras inquietudes y planes en común. Ella es una niña con la que me siento bastante identificada, tenemos gustos similares y compartimos afición por muchas cosas. La encontré bellísima como siempre y trabajando, contenta y feliz.


Me encantó verla aunque fuese por poco tiempo... siempre es un placer compartir momentos con gente con la que estas a gusto. 

Y después de casi dos semanas en España... tomé mi vuelo con destino a Maldivas, la maleta cargada de ilusiones y contenta. Cosa casi imposible en los últimos años para mi.  


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¡Bienvenidos a Anantara!

Uno a uno se fueron bajando de los barcos, saludando a la fila de managers que les esperaban en el embarcadero de nuestra preciosa isla y recibiendo una toallita fría con olor a limón para que se refrescaran de las altas temperaturas que teníamos en Maldivas por esas fechas. ¡Bienvenidos a Anantara! Y tras pronunciar esas palabras, se quedaban parados a mi lado, ¿hablas español? a lo que contestaba, "soy española". Estaba feliz, mi sonrisa venía directamente del corazón, sinceramente disfrutaba con aquello. Tener tantos españoles en aquel diminuto lugar del mundo era como traer un poco de mi hogar a donde tan lejos me había ido.


Pasaportes, llaves para las habitaciones, explicación sobre la isla donde iban  a pasar los siguientes días, el itinerario que tenían preparado y contestar muchas preguntas fue lo que hicimos en los primeros treinta minutos. Acto seguido se fueron acercando uno a uno a hacerme la obligada pregunta: ¿De donde eres? ¿Y que hace una gaditana en Maldivas? 


No soy capaz de describir la sensación que tenía, pero me gustaba, me sentía muy cercana a ellos y fueron unos días fabulosos para ambas partes. Trabajé duro, pues me iba a la cama cuando el último decidía que ya era hora, después de tomarse unas copas en el bar de la piscina, y me levantaba cuando el primero quería ver amanecer mientras desayunaba junto al mar en nuestro restaurante de la playa. Españoles, que gran cultura la que propagamos por allá donde vamos. 


Es divertido ver como se ve desde fuera el tipo de persona que damos a entender que somos los españoles. En mi resort, he aprendido algo muy importante y con lo que disfruto muchísimo y es a identificar los rasgos de personalidad de cada nacionalidad. Podría deciros como son la mayoría de los rusos, árabes, turcos, indios, americanos, canadienses, franceses, griegos, italianos, suecos, australianos, alemanes... y un sin fin de nacionalidades que pasan por nuestras playas de coral. Eso me encanta. Sencillamente me parece fascinante poder identificar el carácter de una persona tan solo con mirarles e saber de donde son. Me ayuda a saber como tratarles, a anticiparme a los hechos, a hacerles sentir mejor entendidos en un sitio tan alejado de sus hogares. Y eso, también nos pasa a los españoles...

Tenemos fama de fiesteros, es nuestra etiqueta por excelencia, y de habladores. Gente simpática y gran amantes del fútbol. Muy resumidamente, así es como nos ven fuera de España. ¡Que grandes somos!

Fueron unos días de mucho trabajo, de pocos días de sueño, de correr de un lado a otro y de hacer avances con el inglés... Durante los días que nuestro resort estuvo lleno de españoles apenas tuve tiempo para nada, pero lo disfruté muchísimo. Todos me decían que era muy valiente habiéndome venido tan lejos de casa a empezar esta aventura, me deseaban lo mejor y juntos disfrutamos de unos días estupendos en las Islas Maldivas. Viví historias de amor que empezaban en ese viaje, a manos de los más jóvenes del grupo, conocí matrimonios perfectamente compenetrados que disfrutaban de una vida juntos, vi como parejas fingían ser felices en un entorno de hipocresía, familias unidas que disfrutaban de las vacaciones... y todo aquello me hizo pensar inevitablemente en mi situación personal. Quería ser feliz, quería tener una persona a mi lado con la que compartir mis alegrías, con la que apoyarme en los momentos difíciles, con la que fuese posible disfrutar de los momentos que nos brinda el día a día... empezaba a echar de menos mi vida en España, empecé a echarle mucho de menos a él. 

El contacto con mi ex seguía vivo, hablábamos a menudo, no se si era bueno o malo, pero lo hacíamos. Me sentía como si supiese que no tenía sentido pero como si no pudiese parar de hacerlo. En el fondo siempre deseé que todo cambiase, que todo mejorara, que no me hiciese más daño y que pudiésemos ser felices algún día. Sinceramente creía en ello.


Mientras los días pasaban en Maldivas, los españoles vieron pequeños tiburones de punta negra por todo el atolón, cogían kayac y rodeaban las diferentes playas para hacer esnórquel y disfrutar de los cientos de peces de colores que habitan en el mar, se tostaron bajo un sol abrasador sobre playas de coral, disfrutaron de un agua cristalina y de unas temperaturas envidiables. En definitiva, disfrutaron de las maravillas de las Islas Maldivas, y yo me sentí muy feliz de compartirlo con ellos. 




El último día, madrugué bastante, apenas había salido el sol cuando tenía puesto mi uniforme y estaba sentada en el ferry de las 6 de la mañana para cruzar a Dhigu, la isla donde yo trabajaba. La recepción del resort se fue llenando poco a poco y todos empezaron con las despedidas. ¿Quieres que llevemos algo a España? Pero lo que de verdad necesitaba es que me hubiesen traído algo de nuestro país, como echaba de menos el queso, el pan, el jamón, la tortilla de patatas... No, gracias. Disfrutad de España ¡vosotros que podéis! Volvimos a hacer la fila de managers en el embarcadero y uno a uno fuimos colocándolos en los barcos con destino al aeropuerto. Sinceramente empezaba a gustarme mucho la que sería mi función aquí... empezaba a sentirme muy a gusto con lo que hacía. 

Y pensaba: Gracias por esta oportunidad, la pienso aprovechar al máximo. 

A partir de ahí tenía unas semanas hasta que el siguiente grupo de españoles viniese, así que aprovechaba para estudiar inglés, me pasaba las horas en la "oficina" traduciendo palabras e intentando memorizarlas, le preguntaba a mis compañeros que si podían leerlas, así anotaba como sonaban... apuntaba cada cosa nueva que me decían y su significado. Cuando llegaba a casa, repasaba todas esas notas una y otra vez y siempre con la televisión en inglés de fondo. 


Cuando iba a la cantina con alguno de mis compañeros, simplemente les escuchaba, apenas entendía nada, y ellos intentaban que yo hablase, me pedían que lo intentara, que era la única forma de que pudiese empezar a comunicarme y así lo hice, poco a poco empecé a hablar, a preguntar cosas, incluso a ser yo la que comentaba lo que ellos decían. Fueron tiempos difíciles, pero que ahora los recuerdo con una sonrisa. 

Un día mi compañera Iryna me preguntó con quién me pasaba tanto tiempo hablando en español, y siempre parecía enfadada y que a veces incluso lloraba. Le dije que era difícil de explicarle por mi escaso nivel en el idioma, pero me convenció y me dedicó un larguísimo café en nuestra cantina hasta que le conté el verdadero motivo por el que necesitaba cambiar de aires, poner tierra y agua de por medio y que fuese tal la distancia que aunque tuviese la tentación de volver, me resultara francamente complicado hacerlo.  

Aquella noche lloré mucho, muchísimo, me daba mucha pena todo. Conseguí explicarle como me sentía y las enormes dudas que tenía en mi cabeza. Fue entonces cuando recibí mi primer abrazo, el abrazo que tanto necesitaba en aquel momento. 

Me pasaba noches enteras hablando con él, discutiendo nuestras diferencias, tratando de entendernos, de llegar a un punto de entendimiento, pero no había forma de conseguirlo, éramos demasiado diferentes y nuestras prioridades en la vida parece que eran totalmente opuestas. 

Así fueron mis primeras semanas en Maldivas, estudiando, trabajando, llorando y aprendiendo de un lugar tan maravilloso como son estas islas. Había noches que me pasaba muchísimo tiempo mirando el cielo, nunca he visto más estrellas y con tal brillo como las que veo en el cielo de Maldivas. La luna aquí parece que ilumina tres veces más, tanto es, que hay noches que la única luz es la de la luna y parece que pasee por una avenida sin gente pero con las farolas blancas encendidas. 


Hay algo que me llamó mucho la atención una noche en la playa de Dhigu, cuando ya teníamos el segundo grupo de españoles aquí, y fue que desde el bar de la piscina, veía como una línea muy poco definida, dibujaba la línea de la orilla. Pensaba que me fallaba la vista pero después de un largo rato mirando aquella línea me acerqué a comprobar de cerca de que se trataba: Plancton. Diminutos puntos de luz que se acercaban a la orilla y dibujaban la línea que llamaba mi atención. Las noches son tan cerradas, que cualquier luz parece aún mas fuerte de lo que puede ser... Era plancton, me acercaba a tocar alguna de estas diminutas lucecitas y desaparecían en el inmenso mar... Maldivas, todo un descubrimiento natural. 


Piscina del hotel, de fondo el mar y la hamaca


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