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En este blog comparto en primera persona cómo fue mi salida de España, qué me llevó a ello y como conseguí llegar a mi primer destino: Las Islas Maldivas. Tras un par de años de idas y venidas, mil aventuras y muchos sentimientos encontrados, mudarme a Australia se convierte en mi siguiente meta. Mi historia de amor y la superación a mí misma me llevan a concluir una maravillosa etapa en Sydney, y tras pasar por Singapur y España comienzo una nueva vida en Shanghai, China.

Esta es mi historia, es mi propia experiencia, y viajar por todo el mundo se ha convertido en mi día a día. En este blog narro viajes, aventuras y los itinerarios que he seguido, siempre elaborados por mi misma. Espero que os guste mi aventura por el mundo... y recuerda: ¡que no te lo cuenten!
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Un fin de semana en Filipinas, Bantayan Island

Al aterrizar en Cebu, la segunda ciudad más importante tras Manila (capital) de Filipinas, los paisajes eran terribles, una pobreza desmesurada, suciedad por todos lados, fuertes olores, gestos tristes en sus habitantes... sus miradas eran tan penetrantes que incluso algunos daban miedo. 

Al parecer es una ciudad bastante importante en Filipinas donde se concentran muchos parques empresariales, negocios, centros de educación y sanidad... pero puede que el recorrido que yo hice desde el aeropuerto hasta la estación de autobuses para dirigirnos al puerto ya bien entrada la noche, no fuese el más apropiado. Suerte que iba con Mike, un gigante con cara de buena gente con el que me sentía súper protegida y de todo hacíamos un chiste. 

Teníamos hambre pero en la estación de autobuses no había absolutamente nada que comprar, y lo poco que había daba literalmente grima incluso de tocarlo. Así que nos subimos al autobús y nos disponíamos a cruzar la isla hasta el otro lado para coger un barco por la mañana y llegar hasta una isla donde pasaríamos el fin de semana. El camino fue duro, nos caíamos del sueño, y el autobús era viejo y entraba y salía gente todo el rato. Los baches y curvas en manos de aquel imprudente conductor, suponían un verdadero riesgo y en definitiva, no fue una travesía agradable. Quería matar a Mike, aquello no empezaba con buen pie, con lo a gusto que estábamos en Singapur. 

Al llegar al puerto era casi por la mañana y buscamos un sitio para desayunar, pero al igual que en la estación de autobuses, todo lo que había realmente era incomible. Los puestos estaban llenos de pollo cocinado y seco al que se le pegaban las moscas, y las mujeres te lo ofrecían como auténticos manjares por 2 dólares. No gracias, esperaré a llegar a la isla. Deseé con todas mis fuerzas que aquella impresión se quedase allí en Cebu, no aguantaría un fin de semana rodeada de todo aquello. Los niños se te acercaban pidiendo dinero una y otra vez, los ancianos más de lo mismo y las mujeres intentaban vendernos de todo. Fueron un par de horas largas de espera hasta que llegó el barco. Compramos los tickets para ir en primera clase, una risa. Primera clase eran unos asientos que en vez de ser dura madera, iban forrados con espuma y poliéster, de manera que no te los clavabas, todo un lujo que nos vino fenomenal para poder cerrar los ojos el tiempo que duró el trayecto, que no recuerdo cuanto fue.  

Por fin llegamos a Bantayan Island, una isla de unos 11 Kilómetros que pertenece a Cebu. Alrededor de Bantayan hay muchísimas otras hermosas islitas, aquello realmente era precioso, algo hermoso a la vista. Arena blanca y agua turquesa en algún sitio perdido en medio de la nada donde no había más que locales dispuestos a hacerte pasar un fin de semana increíble y una naturaleza indescriptible. 

Nada más llegar, un chico local llamado Jerry, nos subió a una furgoneta para llevarnos al hotel y nos pidió el dinero para pagar la tasa de salida del puerto. Nos llevó y nos enseñó todas las clases de habitaciones que tenía, y elegimos una, la mejor. Una habitación sobre el mar, en primera línea, con balcón y bastante amplia... no lujos materiales, pero sin lugar a duda un privilegio poder ver aquella preciosidad cuando me levantase por la mañana. Me empezaba a encantar la idea de pasar allí el fin de semana... aunque tendríamos que discutir la forma de volver al aeropuerto. 

Sin apenas dormir ni descansar, nos bajamos a la playa a comer, había un solo bar en la arena, con mesas y hamacas donde estábamos nosotros y otra pareja más en la tranquilidad más absoluta. Nos disponíamos a disfrutar de aquello al máximo, y eso fue lo que hicimos. 

Jerry estaba todo el tiempo pendiente de nosotros y nos facilitó el poder alquilar una moto grande para recorrer la isla y nos enseño varios sitios muy chulos que teníamos que ver y disfrutar. 

Aquella noche fuimos a una pizzería a pie de playa, muy sencilla, toda de madera pero podría decir que comí una de las mejores pizzas de toda mi vida y los precios eran ridículos. Conocimos al dueño del sitio, un sueco bastante mayor que iba con su pelo largo y sus pantalones vaqueros, que se había casado con una Filipina, cayó enamorado de aquel lugar y había construido aquel pintoresco restaurante. Un señor muy especial con el que me encantó cruzar aquellas cuatro palabras. Es increíble como el ser humano al final busca su hueco y la infinidad de diferentes huecos que pueden llegar a existir. Aquel hombre era súper feliz allí y yo, sinceramente, lo entendí perfectamente e incluso me planteé la posibilidad de seguir sus pasos cuando yo fuese una adorable señora mayor. 

Aquella noche nos fuimos a tomarnos una copa a un bar que había al lado del hotel, de unas amigas de Jerry, este chico estaba en todos lados, trabajaba tanto en el bar, como en el hotel, como en el sitio donde alquilaban las motos... era un buscavidas y su trabajo lo hacía muy pero que muy bien.

Me pedí un vodka con Sprite, el precio al cambio era 1€, 60 pesos filipinos, de risa. Al coger el menú del bar, nos dimos cuenta que con 5€ nos iríamos borrachos de aquel lugar sin esfuerzo alguno, era sencillamente ridículo.


Coincidimos con dos chicas Australianas que estaban de vacaciones y nos pasamos un buen rato con ellas bebiendo, ¡incluso hice el intento de enseñarle a bailar flamenco! recuerdo que canté un par de fandangos y algún pasodoble de las grandiosa comparsa de Jesús Bienvenido de hace muchos años. Sí, eran síntomas claros de que había bebido bastante, pero por primera vez en mucho tiempo, me sentía en mi salsa, estaba genial, disfrutando muchísimo aquello, y muy a gusto. 












En esta foto os muestro a todos: El personaje de Jerry, las dos divertidísimas australianas, y nosotros dos, sin duda lo pasamos genial aquella noche y aquel sitio se convertiría en uno de nuestros sitios favoritos de la isla.

Al día siguiente cogimos la moto y nos fuimos a recorrer Bantayan de norte a sur. Primero paramos en una especie de mercado, donde yo necesitaba comprar unas sandalias, ya que no llevaba ninguna y no podemos olvidar que yo iba camino de Maldivas, donde viviría mínimo un año, y las chicas de allí son tan pequeñitas que la ropa y zapatos de mi talla eran imposibles de conseguir. En el mercado había de todo: comida, bebidas, ropa, juguetes, regalos... de todo y a precios de risa. Pero nosotros no íbamos de compras, no habíamos facturado equipaje, y sinceramente yo ya iba bien cargada. Igualmente disfruté mucho de ver todo aquello... era algo diferente y peculiar.









Desde el año 1500 los españoles han tenido una grandísima presencia en Filipinas, y eso se puede ver en el país y ellos admiran mucho España. Tienen palabras en su idioma que son propiamente españolas, y la religión que existe en Filipinas es el cristianismo, gracias a todos esos misioneros que viajaron a esta República que se hizo independiente en el siglo XX, muy pocos años atrás, pasando antes por manos de los estadounidenses, que dirigieron Filipinas después de los españoles durante un corto período de tiempo.
Igualmente es un sitio que aún esta muy atrás en el tiempo, pero es muy auténtico y especial, su gente es súper amigable y servicial, simpáticos y alegres... ¡y sus paisajes son bellísimos!



















La Isla de Bantayan se divide en 3 zonas: Bantayan, Madrilejos y Santa Fé. Nosotros nos lo recorrimos en pocas horas y descubrimos en nuestro camino preciosos lugares y peculiares situaciones, como por ejemplo el hecho de tener a los gallos como mascotas, amarrados en sus jardines, ya que las peleas de gallo en Filipinas sigue siendo legal y además un hecho muy practicado. Vimos incluso un pequeño estadio donde se celebraban dichos encuentros.




Después de nuestro recorrido en moto por toda la isla, disfrutar del entorno, aprender sobre los filipinos un poquito más y un par de baños en sus cristalinas playas, nos volvimos a nuestro hotel, donde teníamos sin duda la mejor playa de toda la isla, que ya podíamos decir que lo habíamos comprobado. Tarde de relax, largas charlas en el agua o tumbados en la arena, risas, comida...









Aquella noche nos fuimos de nuevo al bar de la noche anterior, pero esta vez pasábamos de las copas y nos compramos directamente una botella de tequila, que no fue solo una, ¡sino casi dos! Lo pasamos genial y bailamos casi con todo el mundo allí. Había un matrimonio mayor que venían de Australia y se habían jubilado en Bantayan. Así que vivían sin estrés ni preocupación alguna en esta preciosa isla del Sureste Asiático. Hablamos con ellos un buen rato, bebimos e incluso sacamos al hombre a bailar, sin duda fue una noche de risas difícil de olvidar.


En la noche pasamos por un local de travestis donde nos tomamos los correspondientes tequilas y disfrutamos del espectáculo. Fuimos a un karaoke donde nuestro guía Jerry nos dedicó unas canciones y luego nos compramos unos calamares fritos y nos fuimos al hotel a dormir la mona. Al siguiente día era el gran viaje de vuelta a casa, y aunque esta vez habíamos contratado un taxi desde el puerto hasta el aeropuerto, el viaje iba a ser largo, teniendo en cuenta la resaca que nos esperaba a la mañana siguiente. 


 Así que efectivamente, después de un poco de relax en la playa, algo de comida para nuestros destrozados cuerpos y despedirnos del estupendo personal del hotel, nos pusimos en marcha... alquilamos uno de esos taxi bicis hasta el puerto, y allí nuestro guía Jerry nos acompañó en el barco hasta Cebu y allí estaba uno de sus "hermanos" esperándonos para llevarnos al aeropuerto.















La gente allí se peleaba por llevarnos, nos ofrecían precios que casi no lo creíamos pero nos sentíamos más seguros con la opción que había planteado Jerry, aunque estaba claro que su comisión sería importante... pero como he dicho antes, los precios en Filipinas son muy bajos para absolutamente todo. Y con esto, pongo un punto y final a nuestra aventura en Bantayan Isla, Filipinas, donde disfruté como una enana, una vez mas. Ahora ya nada más llegar a Singapur tenía apenas unas horas para dormir y emprendía mi viaje a Maldivas...


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Phuket (Thailandia) por la puerta grande

Como no era difícil de imaginar, al llegar al aeropuerto de Kuala Lumpur en Malasia para volar hacia Phuket en Thailandia, llevaba exceso de equipaje. El vuelo apenas me había costado 60 euros así que aunque prefería ahorrármelo, me tocó pagar unos 200 euros para mandar 20 Kgs de ropa a España. 

En Malasia había estado comprando muchísimo pues las cosas están tiradas de precio, pero si a eso le sumaba lo que ya traía de Maldivas, no era muy complicado tener que pagar un extra por mandar un paquete a casa por servicio de mensajería, ya que era mas barato que pagar el exceso de equipaje con la compañía aérea (Airasia). En una hora llegaba al aeropuerto de Phuket y allí me esperaba el transfer del hotel, que esta vez me había cogido un hotelazo a pie de playa en la zona de Surín. Aunque suene a caro, Thailandia es baratísimo y pagué unos 60 Euros la noche y tuve la buena suerte de que cuando llegue, me hicieron upgrade a una suite con piscina privada de la que disfruté como una princesa durante toda mi estancia. Manathai Resort & Spa, ahí es donde una servidora paso unos dias maravillosos.

En el aeropuerto coincidí con dos chicos, pero ya no recuerdo de donde eran. Uno de ellos venía a visitar a unos amigos y el otro iba de mochilero sin alojamiento y aparentemente con poco dinero para conocer todo el Sudeste Asiático. Me preguntó si yo sabía de algo barato donde alojarse y luego me dijo que si yo tenía alojamiento doble que si me importaba que se quedase a dormir en mi hotel, ya que yo había pagado para dos personas.

Al principio pensé en un NO rotundo, pero luego mirando al chico, monísimo que era, parecía majo y total, yo tenía espacio y viajaba sola, me lo pensé. Finalmente decidí decirle que no, pues no sabía que clase de persona era. Me quedé con la duda de si aquello hubiese sido una buena o mala idea, pero como me dijo alguien alguna vez "la decisión correcta es siempre la que se toma" por lo tanto... el chico se quedó en el aeropuerto buscando alojamiento y yo salí fuera donde había un mercedes color crema y un chófer vestido muy elegante que me llevó hasta el hotel con una musiquita agradable de fondo y aire acondicionado, cosa que agradecía mucho debido a la temperatura en el exterior. Thailandia, aquí estoy!!!

Al llegar al hotel me informaron de que había un cocktail para todos los clientes donde podía disfrutar canapés y bebidas gratis durante 2 horas. Así que deje las cosas en la habitación, me di una ducha rápida y salí al Living Room a disfrutar del aperitivo.

La gente que se alojaba en el hotel eran parejas y familias en su mayoría pero también había amigos que viajaban juntos. Fue el caso de unos hermanos franceses que conocí a los pocos minutos de estar allí. Uno de ellos se me acercó, me invitó a unirme a ellos y resulta que con este hablaba en inglés y con su hermano en español, ya que ambos hablaban francés pero uno hablaba inglés y el otro español. Fue un lio pero muy muy gracioso. Después de contarnos el por que nos encontrábamos allí y hacia donde nos dirigíamos,  como ellos llevaban varios dias en el hotel, me aconsejaron ir a comer una mariscada a un restaurante en la playa muy bueno y muy barato. Con ellos me fui hasta el sitio en cuestión y efectivamente era un sitio espectacular. Las mesas estaban literalmente en la playa, había velas y farolillos de colores por todos lados y aunque era un sitio muy sencillo, la comida era riquísima y muy barata. Pedimos marisco, verduras, noodles y fruta de postre si no recuerdo mal; vino blanco para mi y cerveza para ellos dos... 15 euros al cambio por cabeza fue lo que pagamos. 

De ahí nos fuimos a un pub en la playa, todo blanco, precioso... con musica para bailar y la verdad es que aunque no les conocía de nada, los franceses me parecían estupendos, me reí muchísimo y estaba mucho mas protegida que yendo sola, esto me permitía poder salir a tomarme algo.

Como en Maldivas el alcohol esta prohibido y yo apenas bebí en mi estancia allí, con 3 copas de vino yo iba algo perjudicada. Cuando mire a mi alrededor después de una hora bailando, me vi rodeada de todo un equipo de béisbol que venían de diferentes sitios de Europa, eran la selección europea de Béisbol!!! Bueno, sin duda la noche se ponía cada vez mas interesante. Y tal y como precedía, la acabamos todos en la piscina de nuestro hotel, bebiendo hasta altas horas de la madrugada. Las chicas europeas acabaron con mi minibar, los chicos con el minibar de los franceses, pedimos mas munición al servicio de habitaciones y aunque yo no pague un céntimo, toda aquella bebida no fue más de 90 o 100 euros.

Sin duda fue una noche muy divertida y diferente de la cual me merecí el esperado descanso en mi maravillosa habitación...


















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