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En este blog comparto en primera persona cómo fue mi salida de España, qué me llevó a ello y como conseguí llegar a mi primer destino: Las Islas Maldivas. Tras un par de años de idas y venidas, mil aventuras y muchos sentimientos encontrados, mudarme a Australia se convierte en mi siguiente meta. Mi historia de amor y la superación a mí misma me llevan a concluir una maravillosa etapa en Sydney, y tras pasar por Singapur y España comienzo una nueva vida en Shanghai, China.

Esta es mi historia, es mi propia experiencia, y viajar por todo el mundo se ha convertido en mi día a día. En este blog narro viajes, aventuras y los itinerarios que he seguido, siempre elaborados por mi misma. Espero que os guste mi aventura por el mundo... y recuerda: ¡que no te lo cuenten!
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De turismo en Sydney

Era la primera vez que Mike venía a Australia y teníamos pensado pasar unos días en Sydney, donde yo había vivido unos 6 meses mientras estudiaba y trabajaba y luego haríamos un viaje de dos semanas por toda la isla sur de Nueva Zelanda en autocaravana ¡estaba deseando!



Lo primero que hicimos fue ir paseando hasta el rincón que para mi mostraba las mejores vistas del Ópera House y del Harbour Bridge (El Puente de la Bahía de Sydney). Allí empecé a probar mi cámara nueva y Mike como no, a fotografiarme con la suya, pero lo pasamos bien. 

Dejo aquí algunas fotos de todo el paseo, pues vimos lo más emblemático de la zona antes de irnos a cenar que teníamos preparada fiesta con algunas de mis amigas, incluida mi ex jefa y su chico. Me apetecía mucho que por fin conocieran a Mike. 

Harbour Bridge

Opera House




Aquella noche cenamos en el restaurante mexicano porque a Mike como a mi, le encanta esta comida… esperamos a que mis amigas acabaran de trabajar y nos fuimos a bailar a la zona de King Cross. A mi personalmente no me gusta nada esta zona para salir, pero nos limitamos a ir a donde el resto elegía, pues al fin y al cabo, era nuestra despedida con mis amigos. 

La zona de King Cross es famosa por la fiesta, y hay muchos lugares de todo tipo para beber y bailar. Si algo abunda en esta zona son las prostitutas, sus chulos, venta de droga y peleas… y por supuesto a todo esto lo acompañan sus respectivos equipos de seguridad, oficiales y no oficiales. Así que os invito a dar rienda suelta a vuestra imaginación para visualizar lo que puede ser una noche de fiesta en King Cross de Sydney. 

Dicho lo cual, nosotros entramos en un sitio donde ponían música negra, el ambiente era relajado, y aunque hacía demasiado calor, bailamos y bebimos sin ningún percance. Las bebidas en Sydney como casi todo, es caro. Los chupitos salen a unos 15€ al cambio y las copas pues entre 20 y 25€ depende de lo que se pida. Por suerte nosotros habíamos bebido bastante margarita durante la cena y no gastamos gran cosa luego de fiesta. 

Como íbamos con Mike que es un chico grande, cuando nuestros amigos franceses se marcharon, nosotros caminamos hasta Town Hall para que Carolina cogiese un taxi hasta su casa y seguimos caminando hasta nuestro apartamento al final de Kent Street, unos 3kms para que se nos pasara un poco la borrachera. ¡Caímos rendidos!

Al siguiente día con la resaca nos fuimos a tomarnos un gran desayuno en una cafetería cerca del edificio "Queen Victoria". Si hay algo que destacaría de los australianos es lo bien que saben desayunar … caro, pero exquisito. Unos 15€ por desayuno pero sin duda los mejores de toda mi vida.

Con las pilas cargadas fuimos a hacer el recorrido por las playas que yo había hecho días antes y que me había encantado. Cogimos un autobús desde Hyde Park hasta Bondi Beach y allí empezamos nuestra ruta, os dejo un par de fotos de este día, pero podéis ver el post completo que escribí sobre esta maravillosa ruta aquí, ya que es un paseo muy agradable con preciosas vistas que merece la pena hacer cuando estéis en Sydney. 



Y después de este paseo por las playas, nos tomamos unas famosas "Fish&Chips"y cogimos un autobús hacia el centro de Sydney, donde visitamos Hyde Park y la catedral que se encuentra en el parque, y caminamos por El jardín Botánico. Estos jardines son enormes y están súper bien cuidados, la gente hace picnics con amigos y es genial para practicar actividades al aire libre. Los jardines también ofrecen vistas de "Ópera House" y "Harbour Bridge" que sin duda merecen la pena. 

Hicimos una parada en las numerosas terrazas junto a "Ópera House" para tomarnos unas cervezas antes de volver a nuestro apartamento y salir a cenar. En esta zona siempre hay gente, el ambiente es maravilloso. 

St. James de fondo, en Hyde Park
St. James en Hyde Park

Opera House desde Los Jardines Botánicos
Terrazas bajo Opera House
Y después de cenar en uno de mis sitios favoritos, tomarnos unas copas en Shark Hotel y preparar nuestro equipaje, al día siguiente por la mañana muy temprano hicimos check out en nuestro apartamento junto a Circular Quay, por el que habíamos pagado unos 120€ al cambio por noche, y que por zona y prestaciones habíamos quedado súper contentos.

Cogimos un taxi sobre las 6am camino del aeropuerto de Sydney, rumbo…. ¡NUEVA ZELANDA! Nuestra siguiente aventura iba a ser sin duda uno de los grandes viajes de nuestra vida… os lo contaré todo en el siguiente post. 




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Un fin de semana en Filipinas, Bantayan Island

Al aterrizar en Cebu, la segunda ciudad más importante tras Manila (capital) de Filipinas, los paisajes eran terribles, una pobreza desmesurada, suciedad por todos lados, fuertes olores, gestos tristes en sus habitantes... sus miradas eran tan penetrantes que incluso algunos daban miedo. 

Al parecer es una ciudad bastante importante en Filipinas donde se concentran muchos parques empresariales, negocios, centros de educación y sanidad... pero puede que el recorrido que yo hice desde el aeropuerto hasta la estación de autobuses para dirigirnos al puerto ya bien entrada la noche, no fuese el más apropiado. Suerte que iba con Mike, un gigante con cara de buena gente con el que me sentía súper protegida y de todo hacíamos un chiste. 

Teníamos hambre pero en la estación de autobuses no había absolutamente nada que comprar, y lo poco que había daba literalmente grima incluso de tocarlo. Así que nos subimos al autobús y nos disponíamos a cruzar la isla hasta el otro lado para coger un barco por la mañana y llegar hasta una isla donde pasaríamos el fin de semana. El camino fue duro, nos caíamos del sueño, y el autobús era viejo y entraba y salía gente todo el rato. Los baches y curvas en manos de aquel imprudente conductor, suponían un verdadero riesgo y en definitiva, no fue una travesía agradable. Quería matar a Mike, aquello no empezaba con buen pie, con lo a gusto que estábamos en Singapur. 

Al llegar al puerto era casi por la mañana y buscamos un sitio para desayunar, pero al igual que en la estación de autobuses, todo lo que había realmente era incomible. Los puestos estaban llenos de pollo cocinado y seco al que se le pegaban las moscas, y las mujeres te lo ofrecían como auténticos manjares por 2 dólares. No gracias, esperaré a llegar a la isla. Deseé con todas mis fuerzas que aquella impresión se quedase allí en Cebu, no aguantaría un fin de semana rodeada de todo aquello. Los niños se te acercaban pidiendo dinero una y otra vez, los ancianos más de lo mismo y las mujeres intentaban vendernos de todo. Fueron un par de horas largas de espera hasta que llegó el barco. Compramos los tickets para ir en primera clase, una risa. Primera clase eran unos asientos que en vez de ser dura madera, iban forrados con espuma y poliéster, de manera que no te los clavabas, todo un lujo que nos vino fenomenal para poder cerrar los ojos el tiempo que duró el trayecto, que no recuerdo cuanto fue.  

Por fin llegamos a Bantayan Island, una isla de unos 11 Kilómetros que pertenece a Cebu. Alrededor de Bantayan hay muchísimas otras hermosas islitas, aquello realmente era precioso, algo hermoso a la vista. Arena blanca y agua turquesa en algún sitio perdido en medio de la nada donde no había más que locales dispuestos a hacerte pasar un fin de semana increíble y una naturaleza indescriptible. 

Nada más llegar, un chico local llamado Jerry, nos subió a una furgoneta para llevarnos al hotel y nos pidió el dinero para pagar la tasa de salida del puerto. Nos llevó y nos enseñó todas las clases de habitaciones que tenía, y elegimos una, la mejor. Una habitación sobre el mar, en primera línea, con balcón y bastante amplia... no lujos materiales, pero sin lugar a duda un privilegio poder ver aquella preciosidad cuando me levantase por la mañana. Me empezaba a encantar la idea de pasar allí el fin de semana... aunque tendríamos que discutir la forma de volver al aeropuerto. 

Sin apenas dormir ni descansar, nos bajamos a la playa a comer, había un solo bar en la arena, con mesas y hamacas donde estábamos nosotros y otra pareja más en la tranquilidad más absoluta. Nos disponíamos a disfrutar de aquello al máximo, y eso fue lo que hicimos. 

Jerry estaba todo el tiempo pendiente de nosotros y nos facilitó el poder alquilar una moto grande para recorrer la isla y nos enseño varios sitios muy chulos que teníamos que ver y disfrutar. 

Aquella noche fuimos a una pizzería a pie de playa, muy sencilla, toda de madera pero podría decir que comí una de las mejores pizzas de toda mi vida y los precios eran ridículos. Conocimos al dueño del sitio, un sueco bastante mayor que iba con su pelo largo y sus pantalones vaqueros, que se había casado con una Filipina, cayó enamorado de aquel lugar y había construido aquel pintoresco restaurante. Un señor muy especial con el que me encantó cruzar aquellas cuatro palabras. Es increíble como el ser humano al final busca su hueco y la infinidad de diferentes huecos que pueden llegar a existir. Aquel hombre era súper feliz allí y yo, sinceramente, lo entendí perfectamente e incluso me planteé la posibilidad de seguir sus pasos cuando yo fuese una adorable señora mayor. 

Aquella noche nos fuimos a tomarnos una copa a un bar que había al lado del hotel, de unas amigas de Jerry, este chico estaba en todos lados, trabajaba tanto en el bar, como en el hotel, como en el sitio donde alquilaban las motos... era un buscavidas y su trabajo lo hacía muy pero que muy bien.

Me pedí un vodka con Sprite, el precio al cambio era 1€, 60 pesos filipinos, de risa. Al coger el menú del bar, nos dimos cuenta que con 5€ nos iríamos borrachos de aquel lugar sin esfuerzo alguno, era sencillamente ridículo.


Coincidimos con dos chicas Australianas que estaban de vacaciones y nos pasamos un buen rato con ellas bebiendo, ¡incluso hice el intento de enseñarle a bailar flamenco! recuerdo que canté un par de fandangos y algún pasodoble de las grandiosa comparsa de Jesús Bienvenido de hace muchos años. Sí, eran síntomas claros de que había bebido bastante, pero por primera vez en mucho tiempo, me sentía en mi salsa, estaba genial, disfrutando muchísimo aquello, y muy a gusto. 












En esta foto os muestro a todos: El personaje de Jerry, las dos divertidísimas australianas, y nosotros dos, sin duda lo pasamos genial aquella noche y aquel sitio se convertiría en uno de nuestros sitios favoritos de la isla.

Al día siguiente cogimos la moto y nos fuimos a recorrer Bantayan de norte a sur. Primero paramos en una especie de mercado, donde yo necesitaba comprar unas sandalias, ya que no llevaba ninguna y no podemos olvidar que yo iba camino de Maldivas, donde viviría mínimo un año, y las chicas de allí son tan pequeñitas que la ropa y zapatos de mi talla eran imposibles de conseguir. En el mercado había de todo: comida, bebidas, ropa, juguetes, regalos... de todo y a precios de risa. Pero nosotros no íbamos de compras, no habíamos facturado equipaje, y sinceramente yo ya iba bien cargada. Igualmente disfruté mucho de ver todo aquello... era algo diferente y peculiar.









Desde el año 1500 los españoles han tenido una grandísima presencia en Filipinas, y eso se puede ver en el país y ellos admiran mucho España. Tienen palabras en su idioma que son propiamente españolas, y la religión que existe en Filipinas es el cristianismo, gracias a todos esos misioneros que viajaron a esta República que se hizo independiente en el siglo XX, muy pocos años atrás, pasando antes por manos de los estadounidenses, que dirigieron Filipinas después de los españoles durante un corto período de tiempo.
Igualmente es un sitio que aún esta muy atrás en el tiempo, pero es muy auténtico y especial, su gente es súper amigable y servicial, simpáticos y alegres... ¡y sus paisajes son bellísimos!



















La Isla de Bantayan se divide en 3 zonas: Bantayan, Madrilejos y Santa Fé. Nosotros nos lo recorrimos en pocas horas y descubrimos en nuestro camino preciosos lugares y peculiares situaciones, como por ejemplo el hecho de tener a los gallos como mascotas, amarrados en sus jardines, ya que las peleas de gallo en Filipinas sigue siendo legal y además un hecho muy practicado. Vimos incluso un pequeño estadio donde se celebraban dichos encuentros.




Después de nuestro recorrido en moto por toda la isla, disfrutar del entorno, aprender sobre los filipinos un poquito más y un par de baños en sus cristalinas playas, nos volvimos a nuestro hotel, donde teníamos sin duda la mejor playa de toda la isla, que ya podíamos decir que lo habíamos comprobado. Tarde de relax, largas charlas en el agua o tumbados en la arena, risas, comida...









Aquella noche nos fuimos de nuevo al bar de la noche anterior, pero esta vez pasábamos de las copas y nos compramos directamente una botella de tequila, que no fue solo una, ¡sino casi dos! Lo pasamos genial y bailamos casi con todo el mundo allí. Había un matrimonio mayor que venían de Australia y se habían jubilado en Bantayan. Así que vivían sin estrés ni preocupación alguna en esta preciosa isla del Sureste Asiático. Hablamos con ellos un buen rato, bebimos e incluso sacamos al hombre a bailar, sin duda fue una noche de risas difícil de olvidar.


En la noche pasamos por un local de travestis donde nos tomamos los correspondientes tequilas y disfrutamos del espectáculo. Fuimos a un karaoke donde nuestro guía Jerry nos dedicó unas canciones y luego nos compramos unos calamares fritos y nos fuimos al hotel a dormir la mona. Al siguiente día era el gran viaje de vuelta a casa, y aunque esta vez habíamos contratado un taxi desde el puerto hasta el aeropuerto, el viaje iba a ser largo, teniendo en cuenta la resaca que nos esperaba a la mañana siguiente. 


 Así que efectivamente, después de un poco de relax en la playa, algo de comida para nuestros destrozados cuerpos y despedirnos del estupendo personal del hotel, nos pusimos en marcha... alquilamos uno de esos taxi bicis hasta el puerto, y allí nuestro guía Jerry nos acompañó en el barco hasta Cebu y allí estaba uno de sus "hermanos" esperándonos para llevarnos al aeropuerto.















La gente allí se peleaba por llevarnos, nos ofrecían precios que casi no lo creíamos pero nos sentíamos más seguros con la opción que había planteado Jerry, aunque estaba claro que su comisión sería importante... pero como he dicho antes, los precios en Filipinas son muy bajos para absolutamente todo. Y con esto, pongo un punto y final a nuestra aventura en Bantayan Isla, Filipinas, donde disfruté como una enana, una vez mas. Ahora ya nada más llegar a Singapur tenía apenas unas horas para dormir y emprendía mi viaje a Maldivas...


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Dubai Parte I : Asombrada por el lujo y la historia

Volé de Singapur a Dubai un domingo de mayo de madrugada... triste por dejar atrás aquel maravilloso lugar y feliz de haber estado allí. Sin duda alguna, aquel no era el final de mi historia en Singapur.

Antes de llegar a Dubai, mi queridísima amiga Fátima me dijo que su hermano Fran vivía allí y que podría aprovechar para visitarle y así él me enseñaba Dubai y me llevaba por ahí a conocer sitios que merecieran la pena. Yo conozco a  Fátima desde que me mudé a Madrid en el 2007, coincidimos trabajando para Mahou, la cerveza y desde entonces nos hemos hecho muy amigas. Así que sin dudarlo, su hermano y yo, planeamos un encuentro en Dubai. 

Llegué antes de que amaneciera... el aeropuerto de Dubai es francamente impresionante, uno de los aeropuertos que más me han llamado la atención de los muchos que he visto. Aunque en la foto no se refleje, es algo extraordinario. 
Hice algo de tiempo conectada a internet y subiendo las fotos de mi viaje a Singapur porque como ni siquiera había amanecido, me daba cosa de salir fuera, coger un taxi, y moverme por un país árabe al que llegaba por primera vez siendo de noche. 
Quería visitar Dubai porque además de estar en plena expansión, tiene muchas cosas que son "la más grande del mundo" y aunque suene chistoso, esto hace el país sinceramente grandioso. 


Al salir el sol, me dirigí a la parada de taxi, cual fue mi sorpresa cuando un chico que dividía la cola de gente a su antojo, me señaló una fila donde sólo había chicas que viajaban solas. Me pareció un gesto machista que no entendí muy bien, pero cuando llegó mi turno, me quedé boquiabierta y tengo que reconocer que encantada con la idea de que aquella cola de chicas fuese para coger los taxis para chicas. La mayoría de los coches eran del tipo Porsche Cayenne, color rosa palo, tapicería crema y los accesorios en gris. Las conductoras eran mujeres que cubrían su pelo con hermosos tocados y uniformes color crema y rosa, perfectamente maquilladas y ¡guapísimas! Yo iba encantada... me pareció algo muy especial, aunque esto llevase detrás razones religiosas con la que pueda o no estar de acuerdo. 

Algo muy curioso en Dubai es que las calles no tienen nombre... las direcciones van por nombre de sitios populares cercanos a donde quieras ir. Si eso lo sumas a que es la primera vez que visitas el país, que conduce una mujer (que por lo general tenemos menos sentido de la orientación que los hombres) y que el alfabeto árabe para nosotros es como leer los garabatos de un niño... tardé mas de una hora en llegar al hotel, que se encontraba a 7 Km del aeropuerto. La chica me quiso cobrar todo el trayecto, a lo que me negué y le di algo mas de la mitad, en el fondo me daba pena, y me lo había pasado bien en el trayecto, pero no lo consideré justo. 


Me alojaba en el Landmark Riqqa Hotel, un precioso hotel céntrico de 4 estrellas con piscina y sauna, por el cual pagué apenas 40€ la noche, con desayuno incluido. Llegué sobre las 6:30 de la mañana al hotel, por lo que no pude entrar hasta pasadas 3 horas. Yo estaba muy cansada del viaje, así que me quedaba dormida en uno de los sofás de recepción, y ellos me llamaban todo el tiempo la atención para que no durmiese allí, estaba mal visto. En fin, pasadas las 10 de la mañana entré en mi maravillosa habitación, y me metí en la cama hasta por la tarde... Menuda estaba liando con los horarios... Salí a ver un poco los alrededores, los famosos "souks" que están por todos lados y tantear un poco hasta donde empieza y acaba la libertad de ir como turista por estos lares árabes.


En mi primera salida no vi mucho más que altísimos e impresionantes edificios; mujeres cubiertas de tobillos a cabeza dejando solo sus ojos al descubierto en su mayoría; hombres elegantemente vestidos con las túnicas llamadas thawb y los pañuelos en la cabeza de cuadros al que llaman ghutra; bazares y tiendas a doquier y un sin fin de souks en todo el litoral del río que separa el Dubai antiguo del Dubai nuevo. En estos souks se vende en su mayoría oro, piezas de oro de todas las calidades, tamaños y estilos, algo impresionante de ver. También venden algo de ropa y zapatos artesanales propios de la cultura árabe y muchas especias. El oro allí se vende muy barato, por las enormes cantidades que disponen, pero como nunca sabes si te engañan o no, y yo no soy muy amante de este metal, preferí pasar del tema y no correr ningún riesgo. 


Cuando me pedí la cena en la terraza de un restaurante cerca de mi hotel, no entendía absolutamente nada de lo que ponía en el menú, así que pedí algo que parecía que tenía aceitunas y una ensalada. Algo ligerito y que supuestamente no daría lugar a sorpresas cuando el camarero me lo trajera.




Pues lo que supuestamente llevaba aceitunas era una fuente repleta de aceitunas con pimiento que obviamente no pude acabarme porque era imposible y la ensalada no era más que un montón de hojas verdes sin gracia ninguna ni aliño más que un gajo de limón para darle sabor, así que ni la toqué. ¡Encima los del restaurante me miraban raro!

Me volví al hotel pronto, quería descansar y al día siguiente hacer una visita más en profundidad. Avisé a Fran, el hermano de mi amiga, de que andaba por la ciudad y quedamos al día siguiente para ir a cenar algo y me enseñaría el otro lado de Dubai, donde al parecer viven todos los "expatriados" como ellos se llaman a sí mismos. Son los extranjeros que viven allí, en su mayoría felices y encantados.

Por el día visité algunos de los lujosos centros comerciales que tienen en este país, los más grandes del mundo. Un regalo para la vista, y no tanto para los bolsillos, pero sin duda alguna IMPRESIONANTE.






Fui a una tienda de vestidos de noche porque al llegar a España tenía la boda de unos amigos de Valencia y aproveché la oportunidad para hacerme con un traje diferente. Tengo que reconocer que me enamoré de varios vestidos, nunca y me repito, nunca había visto una tienda con más vestidos bonitos, especiales y diferentes en mi vida. Por lo general eran bastante caros, pero tenían algunas gangas como la que yo me llevé que sin duda merecía la pena. La dependienta era una chica rusa que disfrutaba más que yo misma probándome todos los vestidos, decía que le encantaban como me quedaban... jajaja me lo pasé pipa jugando a que era rica y podría pagar todos aquellos vestidos y que me los mandaran a casa. Hasta que llegó el momento de la verdad, me tenía que decidir... le dije a la chica que me diese algo de tiempo y que al día siguiente volvería para comprarme o no el vestido elegido: un precioso vestido largo rosa fucsia de raso, con algo de cola y un corte muy elegante. Palabra de honor con el escote en forma de corazón y lleno de pedrería en la zona del pecho. Sencillo y lujoso al mismo tiempo, fue amor a primera vista, pero costaba unos 250€ al cambio y yo ya me encontraba al final de mi viaje y no me podía permitir muchos más gastos.


Por la noche quedé con Fran, el hermano de Fátima y me llevó a cenar algo típico a un bar muy local donde no había ni un sólo turista. Comimos un plato riquísimo hecho con arroz y pollo y unas tortas de pan que hacían ellos mismos espectaculares y luego fuimos a una tiendecita pequeña a comprar los famosos dulces hechos con azúcar y frutos secos de los cuales no recuerdo el nombre, riquísimos. Nos los comimos paseando hasta la Mezquita Jumeirah, la más importante de Dubai, que de noche la verdad que estaba desalojada de turistas y se veía preciosa.




Me contó como vivían aquí, el contraste de culturas, y las costumbres y la importancia del gobierno en Dubai, donde domina la monarquía y no existen los partidos políticos ni sindicatos. Claro que todo tiene sus ventajas y desventajas, pero a mi, en términos generales me pareció una situación ideal para que es ciudadano del lugar.






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Singapur Parte I : The princess Pool

Sobre volar Malasya viniendo de Thailandia fue precioso, hectáreas de palmeras atravesadas por riachuelos que desembocan en el gran océano que sujeta la isla de Singapur... tengo vagos recuerdos de esa imagen pues iba adormilada en el avión, pero fue algo impresionante que siempre guardaré en mi retina. Singapur... allá vamos!

Una tarde de invierno en Valencia, viendo la televisión después de comer vi un reportaje de como construían ¨Marina Bay Sands" en Singapur. Tres torres de 55 pisos que sostienen la piscina elevada mas larga del mundo, algo impresionante que captó toda mi atención y recuerdo decir en voz alta: "tengo que ir ahí, no puedo morir sin ver tal maravilla". Y allí estaba, sentada en un avión de Malasya Airlines camino de ver tal obra de arte. Iba súper contenta e ilusionada, pues además mi amigo Louis, el hijo de la que ha sido mi profesora de Sociales y Matemáticas en el colegio cuando era una niña y al que considero como mi hermano mayor, me había puesto en contacto con un amigo suyo de California que vivía en Singapur y que me podría no solo enseñar la ciudad sino además meterme dentro de la piscina a la que luego bautizamos "The princess pool". 





















El alojamiento en Singapur es carísimo, a diferencia con lo que puedes encontrar en el resto de Asia, es una de las ciudades mas caras del mundo, y por eso decidí estar solo unos días. El amigo de Louis, Mike, me había ofrecido su casa pero como ni le conocía ni estaba de humor como para compartir con alguien parte de mi viaje, decidí quedarme en el hotel. Y tengo que decir que accedí a quedar con él ¡porque tenía la forma de llevarme a la piscina! Si, lo reconozco, fui una interesada, pero la noche de hotel en una de esas torres cuesta unos 400€ y para poder subir a la piscina tenías que ser cliente del hotel. Mike conocía a una chica que trabajaba allí y me prometió la visita. Estaba súper entusiasmada, como un niño la noche de Los Reyes Magos. 

Llegué de noche y muy cansada, cogí un taxi desde el aeropuerto y por el camino ya vi de lejos la monumental piscina y una noria gigante que cuando yo la vi aún era la mas grande del mundo, hasta que construyeron la de Pekín en el 2012. Singapur es precioso, me encantó desde que puse mis pies en tierra. 

Me alojaba en el Hotel BLP, céntrico y un precio pagable aunque carísimo comparado con lo que venía pagando en mi viaje. Al llegar a la habitación, llamé a Mike, no había hablado con él por teléfono antes por lo que me daba un poco de cosa de que como es americano, no entendiese mi inglés de pacotilla. Una voz desenfadada y amigable contestó el teléfono y me dijo que me pasaría a recoger al hotel para llevarme a cenar que debía estar hambrienta. El chico tenía razón, mi estómago lo pedía a gritos, así que me metí en la ducha y tal y como me metí di un grito y salí corriendo. Al desdoblar mi toalla salieron dos cucarachas gigantes de dentro y caminaron cerca de mis pies a toda velocidad mas asustadas que yo. Me quise morir del asco, así que llamé a recepción indignada para que me cambiaran de habitación o lo que era mejor, que me devolviesen el dinero que me marchaba. El chino de recepción se negó a hacerme el reembolso pero subió a darme las llaves de la habitación de en frente, me pidió disculpas y como tenía prisa, pues estuve utilizando ambas habitaciones esa noche. 


Me puse unos vaqueros, unos tacones y una camiseta negra y me bajé a la calle donde había quedado con este chico. Le esperaba en la acera cuando unas manos me saludaban desde detrás de una columna sin mostrar su cara. Hizo varias gracias antes de salir de detrás de la columna y se acercó hasta mi diciendo: "Hi! I´m Mike". Un chico enorme, alto y fuerte, con una cara de buena persona que me dio muy buena sensación y sonriendo todo el tiempo. Hablamos cuatro cosas y empezamos a andar hacia un sitio que era como una iglesia antigua donde había varios restaurantes y pubs. 


Me pedí una Pizza y un Gin Martini y mientras cenaba, Mike me pidió mi cámara de fotos y me dijo que se la quedaría él para hacerme muchas fotos en Singapur, ya que como viajaba sola, imaginaba que esto había estado siendo un problema en mis anteriores destinos. Me pareció todo un detalle por su parte, la verdad. Y yo por supuesto, accedí encantada. 


Después de cenar, Mike me llevó a "New Asia Bar" a tomar una copa. Este sitio estaba en el piso 71 de uno de los edificios más altos de la ciudad, las vistas eran impresionantes, y el pub estaba acristalado por todos lados, así que se podía disfrutar del paisaje. New Asia Bar está considerado uno de los 50 mejores pubs del mundo. Sin duda era una pasada aquel lugar.

Fue una noche genial pero como estaba tan cansada del viaje y habíamos bebido unos cuantos Gin Martini, me fui al hotel a dormir... al día siguiente por la mañana Mike vendría a recogerme para ir a la piscina ¡¡¡mi sueño iba a hacerse realidad!!! 

Al día siguiente llegamos a Marina Bay Sands sobre las 11 de la mañana y Mike fue a ver a su amiga y recogió la tarjeta con la que accederíamos a la piscina. Me estaba poniendo nerviosa por momentos. Los edificios sosteniendo la piscina ya son impresionantes desde fuera, las vistas desde la piscina tenían que ser indescriptibles. En todo el complejo hay un casino, un hotel, un centro comercial, centro de convecciones, un museo, dos teatros, seis restaurantes y dos pabellones flotantes. Es uno de los sitios más espectaculares que he visto en mi vida. Y allí estaba yo, dispuesta a pasar un día maravilloso en aquella piscina. 

Al llegar, una chica muy simpática nos trajo dos albornoces blancos y nos dijo que se llamaba Cristina y que ella iba a estar a nuestra disposición para lo que quisiésemos durante nuestra visita. Elegimos dos camas donde dejar nuestras cosas y miré al frente... como sospechaba, una maravilla, una maravilla que no tenía palabras para describir. 

Una piscina elevada sobre 200 metros del suelo con un borde invisible con vistas a la hermosa ciudad de Singapur. La capacidad de aquella piscina: 3900 personas, imaginad como de grande es aquello... siento repetirme, pero es que es ESPECTACULAR. 

































Pedimos la comida: unos gigantescos Sandwich Club y un Margarita de fresa. Aquel día la sonrisa de mi cara era parte de mi, no podía dejar de sonreír y estaba feliz, como en muchísimo tiempo no lo había estado. Recuerdo que dije que me sentía como una princesa y entonces Mike me dijo que yo lo era, y que aquella era la piscina de la princesa, literalmente: "The Princess Pool". 

Quizás parezca una tontería pero estar en aquel sitio maravilloso, el cual había soñado tiempo atrás y encontrándome tan llena de fuerzas y energía para conseguir cualquier cosa que me propusiera, me hacía sentirme viva, más viva que nunca. Era feliz. 

Y para muestra un botón!!! 



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Final en Phuket... gozando de tranquilidad

Cuando amanecí en mi hotel de Phuket asombrosamente no tenía resaca alguna. Fui a desayunar con mis amigos los franceses que ya se iban ese dia hacia Singapur y luego me dí un baño en mi piscina y me fuí a pasear por los alrededores.         
Hacía un día precioso, el clima en Phuket es húmedo y hace bastante calor. Tenía hambre así que fui al mismo restaurante donde había cenado la noche anterior con los franceses. Pedí sopa de marisco y tempura de langostinos con salsa agridulce ... ¡estaba todo riquísimo!

Despues de comer me di un paseo por la playa, Surín es una zona muy tranquila comparada con otras zonas de Thailandia o incluso de Phuket. En la playa hay mucha oferta de masajes, de servicios de estética y de comida y bebida. Son gente muy trabajadora y servicial y aunque haga un calor infernal, ellos te ofrecen sus productos con una enorme sonrisa y a precios practicamente de risa.


Durante mi estancia en Phuket me hice muchos masajes, apenas pagaba 8 euros por una hora y la chica venía incluso a mi habitación a dármelos, por lo que es obvio que me dí mas de una decena. Haciendo un poco de turismo, decidí ir a Patong, la zona de más movimiento de Phuket. En la puerta de mi hotel cogí un taxi hasta allí, que costó unos 10 Euros y el trayecto eran unos 20 minutos por montañas y carreteras imposibles. Las vistas son preciosas en cualquier sitio, entre la gran maleza que rodea las carreteras se asoma la mayoría de las veces un mar azul con fondos rocosos y arena limpia. Hay maravillosos paisajes en este lugar.





Llegar a Patong fue, ruído agotador, música alta por donde quieras que vas, gente corriendo y gritando de un lado a otro, cientos de chicas ofreciendo sus servicios a todo turista, y una infinidad de puestos de comida, bebida, ropa y souvenirs por todos lados. Sinceramente es una locura, y después de pasar un par de horas inmersa en este caos, comprarme un par de modelitos tirados de precio y algo de comer, busqué desesperada un medio para volver a la paz de mi hotel cuanto antes.



Fue entonces cuando me subi a uno de los famosos Tuk Tuk de Thailandia. El precio de estos era igual que coger un taxi, y aunque no es que sea muy placentero, pues no es para nada estable hacer esa ruta en uno de estos vehíuclos, es una experiencia divertida.

El resto de mi estancia en Phuquet me la pase descansando, disfrutando de la lectura, la playa, la buena comida, el clima y el maravilloso servico que hay en esta tierra del Sudeste Asiático. Al que sin duda pienso regresar algún día porque me ha encantado. 

Tengo que añadir que al lado de mi hotel había varios modistas que te diseñaban o simplemente copiaban el diseño que les llevaras y te hacían cualquier vestido, traje de chaqueta o un simple trapo que se te antojase por un precio bastante razonable. Aproveché la oportunidad para hacerme un par de trajes de chaqueta de color blanco que tenía ganas de tener hacía mucho tiempo y quedé encantada con mi compra... aunque tengo que decir que debido al ritmo de vida que llevo, aun no he tenido ocasión de estrenarlo. 



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