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En este blog comparto en primera persona cómo fue mi salida de España, qué me llevó a ello y como conseguí llegar a mi primer destino: Las Islas Maldivas. Tras un par de años de idas y venidas, mil aventuras y muchos sentimientos encontrados, mudarme a Australia se convierte en mi siguiente meta. Mi historia de amor y la superación a mí misma me llevan a concluir una maravillosa etapa en Sydney, y tras pasar por Singapur y España comienzo una nueva vida en Shanghai, China.

Esta es mi historia, es mi propia experiencia, y viajar por todo el mundo se ha convertido en mi día a día. En este blog narro viajes, aventuras y los itinerarios que he seguido, siempre elaborados por mi misma. Espero que os guste mi aventura por el mundo... y recuerda: ¡que no te lo cuenten!
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Escapada de chicas en Madrid

Era 16 de Enero, después de unas navidades en familia, cosa que hacía mucho tiempo que no disfrutaba... y rumbo a Madrid después de un autobús y un tren de alta velocidad, me puse a pensar.

Mike y yo tenemos nuestra propia cuenta atrás siempre que nos separamos, es triste si lo pienso, pero eso nos mantenía vivos, ansiosos hasta el próximo reencuentro. 48 días quedaban cuando estaba sentada en ese tren rumbo a Madrid, él dormía por la diferencia horaria con Singapur... yo debería hacer lo mismo y descansar, pero... tenía entre mis manos un libro que hablaba del matrimonio, del matrimonio entre familias convencionales, entre familias no tan convencionales, matrimonio entre extranjeros, y matrimonios que llegan a su fin.

Me alegraba infinito de que mi hermana, después de más de 10 años de noviazgo con su pareja, hiciese realidad su sueño de casarse. Se merecía tener un día como ese, toda mujer sueña con ese día alguna vez en la vida, incluso las que no quieren casarse. Eso me puso feliz, saber que el gran día de mi hermana estaba a punto de llegar y ella estaría radiante. Como una princesa.

Al llegar tendría unos días de relax antes de ponerme a trabajar, eso me tranquilizaba. Hace un par de años que cada vez que vuelvo a Madrid, me quedo en casa de mis hermanas postizas, casa de las Rodriguez Carrrasco. Son 4 hermanas, con muy poca diferencia de edad entre ellas, y que siempre me han tratado como una hermana más, y sus padres como una hija.
Lo primero que hice al llegar, fue reponer fuerzas...
¡Mi ansiada Mixta de Mahou!


Y lo segundo, irme con Fernando Mendieta, jefe y amigo, a hacer un tour por Madrid para ver las novedades y cambios que la gran capital estaba experimentando en la gastronomía gourmet que es donde nosotros nos movíamos.

Fue esa tarde cuando descubrí la azotea del Corte inglés de Gran Vía, entre otros sitios. Impresionantes vistas.



En un par de días recibía visita de una amiga a la que quiero muchísimo y que nunca pensé que fuera ser mi amiga, por como y donde nos conocimos. Pasaría conmigo un par de días después de un par de años sin vernos... y hablar casi a diario.

¡Que vida esta! Deseando estaba recibir a Carol ...

Cuando la loca de mi amiga llegó, que nunca había estado en Madrid aparte de trabajando, nos lo pasamos como enanas.

Madrid es como mi segunda casa, pues he vivido muchos años aquí, así que le enseñé todo lo que me dio tiempo de todo aquello que me gusta de esta tierra. Y... aunque a mi no me guste, ¡también nos fuimos de compras!

Sólo de pensarlo ya me duele la barriga de la risa, ¡vaya días sin parar de reír y de charlar!
Fue genial la verdad.

Aprovechamos que estábamos de relax para quedar con unas muy buenas amigas mías, andaluzas, a las que adoro y admiro por diferentes razones: Geno y Bibi.

Hice uso de mis antiguos contactos de la noche de Madrid y nos fuimos de fiesta las 4 chicas ¡por todo lo alto! Sólo decir que disfrutamos de lo lindo, bailando y bebiendo...













Y después de ir de compras, salir de marcha, hacer turismo y pasar un fin de semanas súper divertido 100% de chicas... me tocaba trabajar, que para eso había venido a Madrid. Pero eso ya, en el siguiente post ...

... de Madrid al cielo dicen ¡aunque en Cai hay que morir!

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De Singapur a Australia

Durante mi estancia en Singapur, aproveché para visitar el zoológico, que según tenía entendido tiene la mejor selva tropical del mundo. El día anterior me informé de los horarios de los autobuses, de los precios y allí que me fui, cámara en mano a disfrutar de un día en el zoo a pesar de la lluvia con la que amanecimos. 

El autobús ida y vuelta al zoológico desde el hotel cuesta unos 5€ al cambio, y allí mismo te venden un ticket de entrada al zoo + tren ilimitado por menos de 14€ los adultos, más barato que comprar la entrada en la web o en la puerta del parque. Comer un trozo de pizza con un refresco, cuesta unos 7€ y aparte de algún que otro menú de comida típica de la zona, tienen poca variedad para comer. 

Tengo que admitir que el Zoo me encantó, todo estaba limpísimo y cuidado, súper bien organizado... nada comparado con los zoológicos que he podido ver hasta ahora. El tren pasa continuamente por todos los puntos estratégicos, lo que era de agradecer dadas las fuertes lluvias que nos acompañaban. Además de más de 400 especies de animales, tienen jardines con decenas de frutas y plantas muy inusuales, con unas vistas al río impresionantes. Se puede montar en elefante por unos 3€ ¡toda una experiencia! 

Tigre blanco observando a los turistas que le observan a él

Dragón de Quasimodo

Rinocerontes jugando en el barro

Lo que más me gustó del Zoo fue disfrutar del tigre blanco y su familia, observar la cantidad de monos, gorilas y chimpancés mientras desayunan y hacen su día a día, ver bañarse los elefantes y encontrarme a los verdaderos "Timón y Pumba" de la preciosa película del Rey León... Además pude presenciar a dos rinocerontes jugar con el barro, y ver los dragones de Quasimodo.

Disfruté mucho mi visita, y conocí a una chica que iba con sus dos niños pequeños y pasamos un día muy divertido. Ir al zoológico con niños, siempre es más emocionante.




Aunque ya había ido de compras en Malasia, también quise dar una vuelta por uno de los centros comerciales que más me gustan de Singapur, el City Hall. Hay tiendas de todo tipo, y por supuesto una variedad increíble de sitios para comer. A mi me encantan los libros, escribir y leer es una de mis grandes pasiones, y en este lugar tienen un par de tiendas con todo tipo de artículos de papelería, para confeccionar tus propias tarjetas, puedes hacer todo tipo de manualidades, jamás vi algo similar, es increíble la de cosas que puedes hacer por tí misma para decorar cualquier cosa, se puede personalizar todo con un gusto exquisito.

Descubrí que PANDORA, la marca de las pulseras que tanto me gusta, aquí eran un poco más caras. Como me había comprado una pulsera con una bolita en Malasia, aún no tenía la necesidad de añadir ninguna bolita más, por lo que preferí no gastar dinero.

Fui al supermercado internacional del centro comercial, me encantó, y aproveché para hacer alguna compra, me apetecía muchísimo comer a mi manera después de haberlo pasado tan mal en cuanto a la comida en Maldivas. Antes de irme, pasé por una pequeña cafetería donde hacían cientos de donuts diferentes. El olor inundaba toda la planta y no me pude resistir, me compré uno de aquellos deliciosos dulces repletos de azúcar y me fui andando hasta la estación de metro para volver a casa. Pero, en el camino, decidí hacerle caso a uno de esos chicos que se ponen en las puertas de los centros de belleza para cazar clientes... la verdad es que necesitaba hacer algo con mi pelo, después de vivir en las islas tanto tiempo bajo el sol, estaba encrespado, sin brillo y mejor no mencionar el estado de mis puntas, así que decidí entrar.

Me costó 20€ al cambio lavar, cortar las puntas y peinarme la melena con rizos. Comparado al precio que manejamos en los resorts de las Islas Maldivas, esto era todo una ganga. Se que tengo mucho pelo y muy largo, el chico que me peinó disfrutaba como un enano mientras le daba forma a mi melena. La atención es muy buena, el masaje que me dieron previamente en la cabeza, súper relajante y algo que me pareció muy curioso y de agradecer, fue el té que me dieron después del masaje, antes de pasar a peinarme.

Al llegar a casa pude hacer una deliciosa cena: Tortilla de patatas, ensalada con queso azul y tomates y uno de mis platos preferidos gracias a mi madre, filetes en salsa al ajillo. ¡Lo disfrutamos mucho! Y a Mike empezó a gustarle mucho la comida española. Tanto que antes de irme de Singapur me pidió que le dejara hechas algunas tortillas, que le dejé 4, y un bote enorme de una especie de salmorejo, ya que con los ingredientes que encontré en Singapur, el sabor varía de nuestro salmorejo andaluz.

        

Mis últimos días en Singapur estuvieron marcados por la tensión de mi alojamiento en Sydney, Australia. Ya que supuestamente iba a quedarme a vivir con una mujer que conocí en Maldivas, y con la cual compartí días de buceo, y nos hicimos bastante colegas. Ella me contó que vive relativamente cerca del centro, y que vivía sola. Es dueña de una compañía de transporte internacional que opera desde bastante cerca del aeropuerto y que me podría alquilar una habitación en su casa, ya que así empezaba esta aventura con el apoyo de alguien de Australia y me ahorraba dinero, porque al parecer el alquiler en Sydney es algo bastante caro. 

Estuve esperando su confirmación durante días, y no llegaba, por lo que decidí reservar un hotel para mis dos primeras noches en Sydney y buscar alojamiento una vez desde allí. Los hoteles en Sydney son muy caros, así que me gasté un dinero que no planeaba gastarme... empezaba a ponerme de mal humor. 

Justo el día que volaba, mi amiga australiana contestó, disculpándose porque ella ya daba por hecho que yo iba a vivir en su casa, y que no creyó necesario ninguna confirmación. Ella pasaría a recogerme al aeropuerto, cosa que me pareció genial y se lo agradecí muchísimo, y ya me quedé bastante más tranquila, aunque hubiese reservado el hotel para nada. 

Mike estuvo conmigo hasta el final, me llevó al aeropuerto y lidiamos con los ya conocidos trámites de equipaje en el aeropuerto. Siempre pasa lo mismo, un kilo más por aquí, uno más por allá... y como yo volaba con una compañía Low Cost bastante nueva, tuve suerte de que no comprobaran el peso de mi equipaje de mano, ya que ahí decidí colarme un poco ... 

Mi vuelo duró 7 horas y media, Singapur-Sydney y los sitios en el avión eran bastante amplios. Al ser una compañía Low Cost, cualquier comida o manta si la necesitaba, se paga aparte. Llegando a Sydney se ve agua por todos lados, mucho verde, rocas y montañas... mucha naturaleza. Precioso desde el cielo y deseando comprobarlo desde la tierra. 

Al llegar al control de inmigración, la verdad es que fueron bastante majos. No podían leer mi pasaporte, cosa que me preocupó bastante pues tenía mi visa y todos mis documentos en regla, y sabiendo lo difícil que es el acceso a este país, me asusté. Pero en seguida me pasaron a otro mostrador y una señora muy amable, utilizó otro mecanismo y me plasmó el sello de Sydney en mi pasaporte, cada vez más lleno de sellos. 

Australia.... ¡Aquí estoy dispuesta a comenzar otra nueva etapa! 


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Malasia, vuelta a una vida "normal"

La primera tarde en Malasia la pasé sola... pues Mike llegaba por la noche. Pero como mi vuelo había sido nocturno y aterricé muy pronto en Kuala Lumpur, decidí poner la habitación del Hotel Istana a oscuras y meterme dentro de la cama como si fuese de noche, así podría descansar. No se cuantas horas pasaron hasta que desperté, pero tenía calor y hambre... así que me vestí, cogí un taxi en la puerta del hotel y me dirigí a uno de los centros comerciales que mi jefa de Maldivas, de origen malayo, me había recomendado. 

Me senté junto a un gran ventanal de una pequeña cafetería dentro del centro comercial y me pedí una ensalada y un sandwich mixto a la plancha con una coca-cola con mucho hielo ya que necesitaba refrescarme un poco. Mientras disfrutaba de mi comida, observaba a mi alrededor la cantidad de mujeres con burka que había a mi alrededor. Aunque Malasia sea un país libre de culto, el que no sea musulmán se encuentra con serios problemas en cuanto a leyes y vida cotidiana ya que la gran mayoría y sobre todo los que tienen poder en el país son enteramente musulmanes. 

Tenía en la cabeza una pequeña lista de las cosas que necesitaba comprar para irme a vivir a Sydney, Australia, donde en julio, estarían en pleno invierno y teniendo en cuenta que yo venía de las islas Maldivas y un eterno verano, lo que encabezaba mi lista era... ropa de invierno! y como no, una maleta donde meter mis cosas, ya que envié la mía con mis cosas de verano a España aprovechando la visita de los padres de mi amiga Karen a Maldivas. 

Después de una tarde de compras en el centro comercial "The Gardens"conseguí la mayoría de las cosas que necesitaba... aunque como me quedaban dos días mas en Kuala Lumpur, probablemente me diese tiempo a comprar algunas cosas más. 

Cargada de bolsas fui a coger un taxi para volver al hotel y cual fue mi sorpresa que ninguno quería llevarme. El caso es que desde la dirección en la que me encontraba era muy corto el trayecto y no les merecía la pena... así que tuve que pagar el precio como si me llevasen a la otra punta de la ciudad para evitar ir cargada con todas las compras y el calor sofocante por calles que además no conocía. Tengo que decir que igualmente fueron apenas 5€ al cambio.

Una ducha fresquita y revisar lo que había dentro de cada bolsa me mantuvieron distraída hasta que mi estómago pedía comida... era tarde y faltaba poco para que Mike llegase desde Singapur... esperé hablando con mis compañeros de Maldivas por internet... pero como no llamaba nadie a la puerta empezaba a preocuparme por momentos. Llamé a recepción varias veces, pero no había llegado nadie preguntando por mi, comprobé el estado de su vuelo y había aterrizado aunque con retraso... me tranquilicé un poco pero al rato, seguía sin aparecer y estaba nerviosa. Quizás se había cansado de esperarme, quizás habían sido demasiadas negativas por mi parte, quizás ya no me veía tan interesante como para seguir esperándome de manera incondicional y sin esperanza alguna a que yo le dijese que quería estar con él... quizás había dejado de quererme y no había cogido ese avión.

No se el tiempo que pasó hasta que Mike llamó a la puerta y di un salto a abrirle... me fundí en sus brazos, le besé sin cese y le agarraba la cara comprobando que estaba bien y que en su mirada aún había esos sentimientos que vi desde el principio.




Al día siguiente continuamos con mis compras, esta vez en el centro comercial Pavillion, el más moderno de Kuala Lumpur y además estaba cerca de toda la zona de ocio, y pasamos un día maravilloso. Comimos en un restaurante español, el cual disfrutamos como enanos... yo parecía una salvaje... a lo último en Maldivas había pasado hambre y todas aquellas opciones de comida se me antojaban sencillamente irresistibles.





En aquel momento se estaba jugando la Eurocopa y la final la jugaban España e Italia.. y estaban todas las calles ambientadas con los colores de las respectivas banderas. Fue muy divertido ser española al otro lado del mundo cuando tu país es representado por todos lados y gente de todos los colores y culturas apoyan o critican nuestro futbol, aunque tengo que admitir que salvo un par de casos aislados, la gran mayoría estaba con la roja.

Aquella noche salimos a cenar a un restaurante súper bonito llamado "Le Midi", situado en la tercera planta de un edificio desde el que se verían las famosas Torres Gemelas de Kuala Lumpur... y yo estrené uno de los vestidos que me había comprado esa tarde, con sus respectivos taconazos, aquellos que por vivir en Maldivas había abandonado completamente y ni siquiera recordaba la sensación de ir andando sobre 10 o 12 centímetros de elegante tacón. Mike se lo pasó genial haciéndome fotos mientras me vestía... el ritual que para una mujer es casi cotidiano de peinarse, maquillarse, vestirse, usar tacones... para mí era un ritual que había quedado obsoleto... y disfruté mucho preparándome para salir a cenar con Mike...

La cena fue genial... recuerdo la sensación de disfrutar de cada uno de esos sabores al máximo, tener una conversación interesante con aquel hombre al que le había dado la oportunidad de quererme, con el que quería empezar a caminar de la mano... y las risas fueron la estrella de nuestra velada.

Y después nos fuimos a tomar unas copas donde quiera que el taxista nos llevara... al bajarnos del coche, había una calle repleta de clubs con muchas luces y llamativas chicas por todos lados. Entramos en un local llamado "The Beach" y la entrada costó unos 10€ con consumición incluida.

La prostitución es algo que en Malasia está a la orden del día y además el número de transexuales es palpable considerablemente.

Estuvimos bailando en uno de aquellos sitios con música en directo, fue divertido y lo pasamos muy bien, aunque teníamos que estar siempre pendiente porque tanto chicas como chicos venían a preguntarnos el coste de que cambiásemos de pareja como si nosotros también nos prostituyésemos... Sin duda fue una experiencia que siempre recordaremos, y que nos lo tomamos  risa, pero en Malasia hay que tener mucho cuidado con el tema sexual.

Antes de llegar al hotel nos dimos un buen paseo por la ciudad, hablamos de muchas cosas y nos reímos bastante, cosa que con una persona como él es prácticamente imposible no hacer.



Volver en taxi al aeropuerto nos costó unos 25€ previamente pactados, si pillas un taxi en la calle, puedes pagar unos 20€. A nosotros nos intentaron cobrar 35€ por ir en un taxi más grande, pero no funcionó. El trayecto hasta el aeropuerto fueron 45 min.

Una curiosidad es que en Kuala Lumpur me compré la pulsera que tanto quería de Pandora, que es una pulsera que vas montando tú misma a tu gusto añadiéndole cuentas, que las hay de todos los diseños, colores y tamaños. Aquí cuesta la mitad que en España, por lo que aproveché la oportunidad y me hice mi "autoregalo" de cumpleaños como cada año acostumbro a hacer. Mike me regaló una de las cuentas, la primera que coloqué en mi pulsera.





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Un fin de semana en Filipinas, Bantayan Island

Al aterrizar en Cebu, la segunda ciudad más importante tras Manila (capital) de Filipinas, los paisajes eran terribles, una pobreza desmesurada, suciedad por todos lados, fuertes olores, gestos tristes en sus habitantes... sus miradas eran tan penetrantes que incluso algunos daban miedo. 

Al parecer es una ciudad bastante importante en Filipinas donde se concentran muchos parques empresariales, negocios, centros de educación y sanidad... pero puede que el recorrido que yo hice desde el aeropuerto hasta la estación de autobuses para dirigirnos al puerto ya bien entrada la noche, no fuese el más apropiado. Suerte que iba con Mike, un gigante con cara de buena gente con el que me sentía súper protegida y de todo hacíamos un chiste. 

Teníamos hambre pero en la estación de autobuses no había absolutamente nada que comprar, y lo poco que había daba literalmente grima incluso de tocarlo. Así que nos subimos al autobús y nos disponíamos a cruzar la isla hasta el otro lado para coger un barco por la mañana y llegar hasta una isla donde pasaríamos el fin de semana. El camino fue duro, nos caíamos del sueño, y el autobús era viejo y entraba y salía gente todo el rato. Los baches y curvas en manos de aquel imprudente conductor, suponían un verdadero riesgo y en definitiva, no fue una travesía agradable. Quería matar a Mike, aquello no empezaba con buen pie, con lo a gusto que estábamos en Singapur. 

Al llegar al puerto era casi por la mañana y buscamos un sitio para desayunar, pero al igual que en la estación de autobuses, todo lo que había realmente era incomible. Los puestos estaban llenos de pollo cocinado y seco al que se le pegaban las moscas, y las mujeres te lo ofrecían como auténticos manjares por 2 dólares. No gracias, esperaré a llegar a la isla. Deseé con todas mis fuerzas que aquella impresión se quedase allí en Cebu, no aguantaría un fin de semana rodeada de todo aquello. Los niños se te acercaban pidiendo dinero una y otra vez, los ancianos más de lo mismo y las mujeres intentaban vendernos de todo. Fueron un par de horas largas de espera hasta que llegó el barco. Compramos los tickets para ir en primera clase, una risa. Primera clase eran unos asientos que en vez de ser dura madera, iban forrados con espuma y poliéster, de manera que no te los clavabas, todo un lujo que nos vino fenomenal para poder cerrar los ojos el tiempo que duró el trayecto, que no recuerdo cuanto fue.  

Por fin llegamos a Bantayan Island, una isla de unos 11 Kilómetros que pertenece a Cebu. Alrededor de Bantayan hay muchísimas otras hermosas islitas, aquello realmente era precioso, algo hermoso a la vista. Arena blanca y agua turquesa en algún sitio perdido en medio de la nada donde no había más que locales dispuestos a hacerte pasar un fin de semana increíble y una naturaleza indescriptible. 

Nada más llegar, un chico local llamado Jerry, nos subió a una furgoneta para llevarnos al hotel y nos pidió el dinero para pagar la tasa de salida del puerto. Nos llevó y nos enseñó todas las clases de habitaciones que tenía, y elegimos una, la mejor. Una habitación sobre el mar, en primera línea, con balcón y bastante amplia... no lujos materiales, pero sin lugar a duda un privilegio poder ver aquella preciosidad cuando me levantase por la mañana. Me empezaba a encantar la idea de pasar allí el fin de semana... aunque tendríamos que discutir la forma de volver al aeropuerto. 

Sin apenas dormir ni descansar, nos bajamos a la playa a comer, había un solo bar en la arena, con mesas y hamacas donde estábamos nosotros y otra pareja más en la tranquilidad más absoluta. Nos disponíamos a disfrutar de aquello al máximo, y eso fue lo que hicimos. 

Jerry estaba todo el tiempo pendiente de nosotros y nos facilitó el poder alquilar una moto grande para recorrer la isla y nos enseño varios sitios muy chulos que teníamos que ver y disfrutar. 

Aquella noche fuimos a una pizzería a pie de playa, muy sencilla, toda de madera pero podría decir que comí una de las mejores pizzas de toda mi vida y los precios eran ridículos. Conocimos al dueño del sitio, un sueco bastante mayor que iba con su pelo largo y sus pantalones vaqueros, que se había casado con una Filipina, cayó enamorado de aquel lugar y había construido aquel pintoresco restaurante. Un señor muy especial con el que me encantó cruzar aquellas cuatro palabras. Es increíble como el ser humano al final busca su hueco y la infinidad de diferentes huecos que pueden llegar a existir. Aquel hombre era súper feliz allí y yo, sinceramente, lo entendí perfectamente e incluso me planteé la posibilidad de seguir sus pasos cuando yo fuese una adorable señora mayor. 

Aquella noche nos fuimos a tomarnos una copa a un bar que había al lado del hotel, de unas amigas de Jerry, este chico estaba en todos lados, trabajaba tanto en el bar, como en el hotel, como en el sitio donde alquilaban las motos... era un buscavidas y su trabajo lo hacía muy pero que muy bien.

Me pedí un vodka con Sprite, el precio al cambio era 1€, 60 pesos filipinos, de risa. Al coger el menú del bar, nos dimos cuenta que con 5€ nos iríamos borrachos de aquel lugar sin esfuerzo alguno, era sencillamente ridículo.


Coincidimos con dos chicas Australianas que estaban de vacaciones y nos pasamos un buen rato con ellas bebiendo, ¡incluso hice el intento de enseñarle a bailar flamenco! recuerdo que canté un par de fandangos y algún pasodoble de las grandiosa comparsa de Jesús Bienvenido de hace muchos años. Sí, eran síntomas claros de que había bebido bastante, pero por primera vez en mucho tiempo, me sentía en mi salsa, estaba genial, disfrutando muchísimo aquello, y muy a gusto. 












En esta foto os muestro a todos: El personaje de Jerry, las dos divertidísimas australianas, y nosotros dos, sin duda lo pasamos genial aquella noche y aquel sitio se convertiría en uno de nuestros sitios favoritos de la isla.

Al día siguiente cogimos la moto y nos fuimos a recorrer Bantayan de norte a sur. Primero paramos en una especie de mercado, donde yo necesitaba comprar unas sandalias, ya que no llevaba ninguna y no podemos olvidar que yo iba camino de Maldivas, donde viviría mínimo un año, y las chicas de allí son tan pequeñitas que la ropa y zapatos de mi talla eran imposibles de conseguir. En el mercado había de todo: comida, bebidas, ropa, juguetes, regalos... de todo y a precios de risa. Pero nosotros no íbamos de compras, no habíamos facturado equipaje, y sinceramente yo ya iba bien cargada. Igualmente disfruté mucho de ver todo aquello... era algo diferente y peculiar.









Desde el año 1500 los españoles han tenido una grandísima presencia en Filipinas, y eso se puede ver en el país y ellos admiran mucho España. Tienen palabras en su idioma que son propiamente españolas, y la religión que existe en Filipinas es el cristianismo, gracias a todos esos misioneros que viajaron a esta República que se hizo independiente en el siglo XX, muy pocos años atrás, pasando antes por manos de los estadounidenses, que dirigieron Filipinas después de los españoles durante un corto período de tiempo.
Igualmente es un sitio que aún esta muy atrás en el tiempo, pero es muy auténtico y especial, su gente es súper amigable y servicial, simpáticos y alegres... ¡y sus paisajes son bellísimos!



















La Isla de Bantayan se divide en 3 zonas: Bantayan, Madrilejos y Santa Fé. Nosotros nos lo recorrimos en pocas horas y descubrimos en nuestro camino preciosos lugares y peculiares situaciones, como por ejemplo el hecho de tener a los gallos como mascotas, amarrados en sus jardines, ya que las peleas de gallo en Filipinas sigue siendo legal y además un hecho muy practicado. Vimos incluso un pequeño estadio donde se celebraban dichos encuentros.




Después de nuestro recorrido en moto por toda la isla, disfrutar del entorno, aprender sobre los filipinos un poquito más y un par de baños en sus cristalinas playas, nos volvimos a nuestro hotel, donde teníamos sin duda la mejor playa de toda la isla, que ya podíamos decir que lo habíamos comprobado. Tarde de relax, largas charlas en el agua o tumbados en la arena, risas, comida...









Aquella noche nos fuimos de nuevo al bar de la noche anterior, pero esta vez pasábamos de las copas y nos compramos directamente una botella de tequila, que no fue solo una, ¡sino casi dos! Lo pasamos genial y bailamos casi con todo el mundo allí. Había un matrimonio mayor que venían de Australia y se habían jubilado en Bantayan. Así que vivían sin estrés ni preocupación alguna en esta preciosa isla del Sureste Asiático. Hablamos con ellos un buen rato, bebimos e incluso sacamos al hombre a bailar, sin duda fue una noche de risas difícil de olvidar.


En la noche pasamos por un local de travestis donde nos tomamos los correspondientes tequilas y disfrutamos del espectáculo. Fuimos a un karaoke donde nuestro guía Jerry nos dedicó unas canciones y luego nos compramos unos calamares fritos y nos fuimos al hotel a dormir la mona. Al siguiente día era el gran viaje de vuelta a casa, y aunque esta vez habíamos contratado un taxi desde el puerto hasta el aeropuerto, el viaje iba a ser largo, teniendo en cuenta la resaca que nos esperaba a la mañana siguiente. 


 Así que efectivamente, después de un poco de relax en la playa, algo de comida para nuestros destrozados cuerpos y despedirnos del estupendo personal del hotel, nos pusimos en marcha... alquilamos uno de esos taxi bicis hasta el puerto, y allí nuestro guía Jerry nos acompañó en el barco hasta Cebu y allí estaba uno de sus "hermanos" esperándonos para llevarnos al aeropuerto.















La gente allí se peleaba por llevarnos, nos ofrecían precios que casi no lo creíamos pero nos sentíamos más seguros con la opción que había planteado Jerry, aunque estaba claro que su comisión sería importante... pero como he dicho antes, los precios en Filipinas son muy bajos para absolutamente todo. Y con esto, pongo un punto y final a nuestra aventura en Bantayan Isla, Filipinas, donde disfruté como una enana, una vez mas. Ahora ya nada más llegar a Singapur tenía apenas unas horas para dormir y emprendía mi viaje a Maldivas...


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