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En este blog comparto en primera persona cómo fue mi salida de España, qué me llevó a ello y como conseguí llegar a mi primer destino: Las Islas Maldivas. Tras un par de años de idas y venidas, mil aventuras y muchos sentimientos encontrados, mudarme a Australia se convierte en mi siguiente meta. Mi historia de amor y la superación a mí misma me llevan a concluir una maravillosa etapa en Sydney, y tras pasar por Singapur y España comienzo una nueva vida en Shanghai, China.

Esta es mi historia, es mi propia experiencia, y viajar por todo el mundo se ha convertido en mi día a día. En este blog narro viajes, aventuras y los itinerarios que he seguido, siempre elaborados por mi misma. Espero que os guste mi aventura por el mundo... y recuerda: ¡que no te lo cuenten!
Mostrando entradas con la etiqueta Australia. Mostrar todas las entradas
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Welcome to Cairns, Australia

Tal y como llegué al aeropuerto de Sydney, me dirigí a casa de mi amiga Carolina para cambiar las cosas que había utilizado en Nueva Zelanda, y meter lo que usaría en Cairns en la maleta. Todo estaba preparado, así que fue fácil. 

Carol y yo teníamos el vuelo a las 2pm desde Sydney y después de 3 horitas estaríamos en el clima tropical del norte de Australia. Volábamos con Virgin Blue y los billetes nos salieron unos 280€ por persona ida y vuelta. Los compramos con un mes de antelación, no estaba mal.






Llegamos al aeropuerto y sentimos esa bofetada de calor que no esperábamos en absoluto… ¡era como llegar a México o Jamaica! así que eso nos animó bastante, pues nos apetecía mucha playa, sol y risas.

Cogimos un taxi hasta la dirección de la casa que habíamos alquilado. A diferencia de la buena experiencia que tuvimos cuando hicimos lo mismo en Gold Coast y Surfers Paradiste, esta vez tuvimos bastante mala suerte y lo pasamos francamente mal.

Nos subimos a un taxi y le indicamos donde vamos, el taxista nos pregunta si estamos segura de la dirección y nosotras confirmamos. Pasamos por varios sitios de muchísima vegetación, precioso, todo muy verde. Sentíamos la humedad y el calor de Cairns y eso nos gustaba.

Cuando llegamos a la zona donde estaba la casa empezamos a ver gente de muy muy mala pinta andando por las calles, casas destrozadas y bastante suciedad. Nos cambió la cara de repente… y llegamos a la entrada de la casa. El taxista se largó y nosotros entramos, no había nadie. El perro empezó a ladrar y encontramos una nota en la que nos indicaba cuál era nuestro dormitorio y algunas cositas más que nos sorprendieron mucho.

Mapa de la cocina
     
    
Lista de tareas
Nuestra habitación



















El mapa de la cocina nos dejó un poco aturdidas, pues no sabíamos que fuese tan complicado manejarse en ella… aunque cuando la vimos lo entendimos todo. Pero y ¿la lista de tareas? ¡Ni que nos alojase gratis y este fuera nuestro método de pago! 

Habíamos alquilado esta habitación a través de una agencia, habíamos hablado con la dueña personalmente por teléfono y parecía súper maja e incluso nos dijo que se animaría a venir a bucear con nosotros a la Gran Barrera de Coral… pero… todo aquello era simplemente demasiado, no esperábamos en absoluto ni las condiciones de la zona, ni el estado de la casa y mucho menos que tuviésemos que hacer ¡las tareas del hogar o alimentar a sus mascotas! ¡Nos cobró unos 40€ la noche!

La zona donde estaba la casa, es Manoora, por si a alguien se le ocurre alojarse por allí que se dé por avisado y la casa era simplemente UN DESASTRE. La dueña era una mujer de unos 40 años, súper hippie y súper dejada. Tenía a su hijo en la casa, en frente de una enorme pantalla jugando a un videojuego con unos auriculares enormes puestos en sus oídos. El chico no se enteró ni que estábamos en la casa… nos dimos una ducha, y dimos una vuelta por toda la vivienda y el pequeño de unos 10 años ni se percató. 

Carol y yo estábamos bastante preocupadas, pues no queríamos quedarnos allí ni un minuto… nos daba bastante asquito y tenemos que admitirlo, incluso miedo. Con el móvil empezamos a buscar hoteles u hostales en diferentes zonas y empezamos a llamar pero no tuvimos suerte. Así que decidimos dejar las maletas en la casa, coger un taxi al centro y buscar personalmente algún sitio para dormir. 

Salimos de la casa y empezamos a andar para buscar un taxi. Fue el peor momento del viaje sin duda. Yo me considero una chica valiente, más de lo normal… pero sentí miedo. Y lo peor fue que como Carol es más blandita que yo, pues no podía demostrarle que yo tenía miedo, y tuve que tirar de ella para que no entrara en pánico. Fue horrible. Dos hombres de color, sin camiseta ni zapatos nos seguían, Carol quería correr, yo quería desaparecer… y no podíamos hacer nada. Los taxis pasaban de nosotras, ¡eso fue lo peor! Taxis están obligados a recoger a la gente y más en una zona o situación de peligro como aquella. Lo pasamos francamente mal. 

Salimos a una gran avenida, llena de coches que iban en todas direcciones y donde no paraba ni un solo taxi. Encontramos una vieja gasolinera y le pedimos al chico que nos llamara a un taxi, nos dijo que a esta zona no venían los taxis… mmmmm ¿¿¿Qué??? Quería llorar… Nos dio el teléfono de los taxis para que probásemos suerte y después de varias discusiones y reclamaciones, porque efectivamente están obligados a dar el servicio independientemente de la zona en la que sea, ¡conseguimos un taxi!

El conductor nos preguntó qué hacíamos solas y desprotegidas por aquella zona, que era muy peligroso. Nosotros alucinábamos… no teníamos ni idea de dónde nos habíamos metido pero nos habíamos informado antes de llegar y no vimos nada de peligro en la zona donde nos alojábamos. 

El taxista nos dejó junto al puerto, y allí encontramos una agencia turística y entramos a preguntar… la chica lo primero que hizo fue lamentarse por lo que nos había pasado, se portó genial con nosotras. Llamó a hostales, hoteles, incluso albergues… nada, ni una cama libre para aquella noche. Reservamos 2 camas en una habitación de 6 en el famoso backpackers de Gilligan´s a partir del siguiente día, por lo que teníamos que regresar a la casa aquella y pasar una noche como fuese. Después de todo, lo teníamos pagado. 







Fuimos a un restaurante chino a cenar… arroz tres delicias y rollitos de primavera. Pedimos tanto que nos tuvimos que llevar las sobras. Estaba riquísimo y por supuesto que nosotras le añadimos sentido del humor a la situación, porque después de todo, teníamos que dar gracias de estar bien y de que estuviésemos juntas… todo quedaría en una anécdota. 

Andamos un poco por la calle peatonal, había muchísimos hippies y aborígenes que deambulaban por las calles y que no nos daban ninguna seguridad. Nos paraban a menudo, preguntándonos por dinero, tabaco, o comida. La situación nos desbordó un poco y comenzamos la búsqueda de taxi para volver a la dichosa casa. 

Después de varios intentos fallidos, un señor aceptó llevarnos hasta allí pero una vez en la calle nos dijo que no, que no llegaba hasta la puerta ¡nos queríamos morir! ¿como no nos llevas hasta la puerta criatura del señor? … era de noche, ni una luz en la calle y el taxista nos quería dejar plantadas allí. Sacamos nuestro carácter y nos plantamos, y conseguimos que llegase hasta la puerta, pero salió pitando en cuanto abrimos la cancela de la casa. ¡Que barbaridad!

El taxista nos contó que por aquella zona, quemaban los coches, atracaban a diestro y siniestro y que había muchas peleas. Así que no querían entrar, genial. 

La chica seguía sin estar en la casa, aquello era cuanto menos, extraño. Nosotras nos duchamos, y nos metimos en la cama vestidas… deseando cerrar los ojos y que amaneciese un nuevo día para salir pitando de aquella casa sanas y salvas. 

Para mí había sido un día larguísimo, 27 horas para ser exactos. Había pasado por 3 aeropuertos y pasado del frío de las montañas de Nueva Zelanda al calor tropical del norte de Australia. La despedida de Mike, el cargar con el equipaje todo el día de un lado a otro, los vuelos, la tensión del miedo que pasamos, la búsqueda de alojamiento… el shock … Por suerte tenía a mi queridísima amiga Carol conmigo a mi lado, y juntas la verdad es que al menos las risas no faltaron. 

"Buenas" noches Cairns …. 







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Despedidas y … ¡El esperado reencuentro en Sydney!

Este post lo empiezo con la foto de Jessi, la que fue mi jefa en el restaurante mexicano en el que tanto me gustaba trabajar. Disfruté muchísimo gracias a ella y a la mayoría de mis compañeros y esta foto es el momento en el que Jessi estaba haciendo el cuadrante para la siguiente semana y tuvo que borrarme porque yo ya no estaría en el equipo. 


Es duro dejar un trabajo y un grupo de gente con el que te sientes realmente a gusto, pero por alguna razón, mi vida seguía moviéndome de un sitio a otro y yo aprendí a que las despedidas no fuesen despedidas, sino unos "hasta luego" que no sabes cuando se hará realidad. 

Durante la última semana que pasaría en Sydney no estaban la mayoría de mis amigas, así que anduve bastante sola y algo triste por la situación. Me dediqué a disfrutar al máximo de todo aquello que me gustaba de la ciudad, y el día antes de que Mike cogiese su vuelo en Singapur para venir a verme, me fui a uno de mis restaurantes favoritos: "EN CASA", un restaurante español en el número 423 de Pitt street. 

Echaba mucho de menos España, y mi gente, mi comida. Más de año y medio sin pisar mi país y este sitio me animaba mucho pues aparte de la rica comida, los camareros en su mayoría eran andaluces, y siempre me lo pasaba bien cuando iba. Aquí dejo foto del último homenaje que me di en este lugar.


Otra de las cosas que hice fue comprarme algunas cosillas que me recordaran mi paso por Australia, aquí dejo un resumen ilustrativo y la foto que me mandó Mike en el ascensor de su edificio en Singapur cuando se iba al aeropuerto para coger el vuelo. 
¡¡¡¡Que nervios!!!!



Yo había dejado mi apartamento porque después de tantos meses separados, el reencuentro no iba a ser nada romántico si tiene lugar en un apartamento compartido con otras 7 personas, por no hablar de mi cuarto… ¡4 chicas! Cómo no había intimidad ninguna, yo dejé el piso el mismo día que Mike llegaba, e hice check-in en un apartamento que alquilé para 3 noches y así podíamos disfrutar Mike y yo solos y hacer turismo por Sydney antes de continuar nuestros planes. 

Estábamos súper nerviosos, él llegaba y no tendría móvil así que le di las indicaciones para que llegara hasta el apartamento (tengo razones de peso por las que no le recogí en el aeropuerto :p ). Había pedido pizzas y comprado champán, llegaba al medio día, así que después de todo un ritual de belleza los nervios empezaron a apoderarse más y más de mi. Quería darle una sorpresa, así que me fui del apartamento justo en el momento que él llegaba y le vi salir del taxi desde un rincón escondida… no podía con los nervios, quería saltar a sus brazos, pero tenía un plan, y me tocaba ser paciente. 

Esperé 10 minutos, tiempo suficiente para que él pudiese hacer el check-in y se metiera en la ducha. Esto son ventajas de conocer tan bien a tu pareja, lo primero que Mike hace cuando llega de un vuelo, no importa si es corto o largo, y si está en un hotel o en casa de alguien, es ¡darse una larga ducha!

Fue ese momento el que elegí para entrar, preparé una sorpresa y yo me preparé para ello… abrió la puerta del cuarto de baño para pasar al dormitorio y ¡casi le da un ataque al corazón al verme! Aún me pongo nerviosa al recordarlo, nos faltaban manos y fuerzas para abrazarnos, para sentirnos. ¡Nos habíamos echado tanto de menos! 

Después de comer Mike me dijo que tenía un regalo para mi, serían nuestros regalos de Navidad por adelantado. A mi no me gusta darnos las cosas fuera de fecha, pero él insistía que tenía que ser así al menos por esta vez. Empezó a poner regalos sobre la mesa y el primero que me dio fue de broma, me regaló un minibloso de leopardo roto y usado y me dijo que era una reliquia. A Mike le encantan las bromas y jugar, así que yo súper educada le dije que no era mi estilo pero que lo guardaría como oro en paño viniendo de él. No podía parar de reírse claro.

Y entonces me dio la otra caja ¡una cámara réflex digital! Él sabe que yo adoro hacer fotografías y por alguna razón que aún no entiendo muy bien, vendí mi anterior réflex digital al irme de Maldivas. Se la vendí a una compañera que no tenía opción de comprarla (por el tema de salir de Maldivas) y yo pensé que ya me compraría otra. ¡Me encantó! 

Mike es tan detallista que además de la cámara, como me la había traído de EEUU, había comprado aparte el manual de instrucciones en español, por si tenía alguna duda y quería jugar más con ella… todo un amor. 


Esta es la primera foto juntos que nos hicimos después de muchísimo tiempo… fue en el ascensor cuando salíamos a pasear por Sydney. 

La felicidad nos salía por cada uno de los poros de la piel ¡Por fin juntos! 



Antes de salir del apartamento, Mike tenía otra sorpresa preparada y estaba sudando. Me dijo que me encerrara en el baño porque necesitaba como 15 minutos para prepararlo. Le hice caso y cogí mi teléfono y me senté en el baño a esperar. Le escuchaba hacer ruidos con bolsas, las sillas… ¿Qué estaría haciendo? y ¿Por qué tardaba tanto?

No se como explicarlo y las únicas 2 fotos que tengo no reflejan muy bien lo que hizo, pero Mike me había hecho a mano unos lazos con trenzas, marcos con frases y fotos de unos 12 metros de largo con un "follow me" (sígueme) en el principio para que siguiera la cinta hasta el final. A lo largo de la cinta me ponía cosas como "Porque me encanta tu sonrisa" y el siguiente marco era una foto mía sonriendo, "porque me encanta tu estilo" y el siguiente era una foto mía vestida de alguna manera que a él le parecía sexy, "me encanta tu forma de ser" y una foto mía haciendo algo que a él le gusta que haga… no se, cosas así extendido por todo el apartamento, en las 3 habitaciones. Estaba alucinando. Al final de todo, después de poner como 30 fotos mías con cosas que le gustan de mi, me pone "por todo esto y muchas cosas mas" y sigo avanzando. La última frase la hizo en 3 diferentes marcos, por lo que estaba atacada de los nervios, y me preguntó que si sería su novia sin separarnos nunca más. Si yo contestaba "si" había una cinta que llevaba a dentro de un cajón y si decía que no, la cinta acababa vacía. Por supuesto abrí el cajón y ahí había una cajita, envuelta en lazos rosas con un precioso anillo dentro que él me explicó que como estamos siempre separados, era una manera de que me sintiera unida a él, un anillo de novia. Me pareció increíble y lo más dulce que nadie había preparado para mi…




Bueno y con esta dosis de amor, nos fuimos a enseñarle la ciudad de Sydney a Mike, a que conociera algunos de mis amigos, el apartamento donde había vivido todo este tiempo y los compañeros que quedaban viviendo en él y dónde había trabajado.

Pero eso lo dejo para el siguiente post  :p


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Mi trabajo en Sydney … ¡Empieza la cuenta atrás!

Como ya he comentado en anteriores posts, en Sydney tenía dos trabajos. Me había arriesgado a que el gobierno me pillara haciendo "unas cuantas" horas de más, ya que por mi visado de estudiante, sólo se me permitía trabajar 20 horas semanales. Pero es que días antes de encontrar un trabajo de lo mío, me salió poder trabajar como "hostess" en un restaurante mexicano, donde desde el principio me sentí genial, me hice íntima amiga de mi jefa y tenía más libertad que en el hotel. 

En el hotel tenía un puesto de "Guess Relations Agent", casi lo mismo que hacía en Maldivas, pero esta vez el hotel era un sitio de negocios, todo lo contrario a mi anterior destino. Aquí la gente se alojaba por trabajo, la mayoría de los clientes repetían y venían de todas partes de Australia, había muy poco extranjero y en definitiva cuando estos clientes llegaban al hotel era por la tarde-noche después de una larga jornada de trabajo, con muy poca paciencia, cansados y sin ganas si quiera de sonreír. Así que no, no me gustaba mucho ir al hotel, ni siquiera mis compañeros eran majos, a excepción de uno de mis jefes (un chico más joven que yo de Nueva Zelanda), la encargada de mi departamento que tenía sus días (una alemana con todo lo que eso conlleva) y un chico tailandés que no soy capaz siquiera de pronunciar su nombre, trabajaba de botones, majísimo. 

El resto, pues había quien no me tragaba porque no era australiana, había quien no me tragaba porque venía de trabajar dos años en Maldivas, había quién no me tragaba porque era mona, y había quien no me trabaja ¡porque era nueva! Hubo días duros, hubo días que incluso me hicieron llorar. Mi chico siempre estaba ahí apoyándome cuándo esto pasaba… en la distancia claro. 

Así que como el hotel me sirvió para coger más experiencia profesional en otro continente, aprender mucho acerca de como trabajar bajo presión y sin compañerismo alguno y otros aprendizajes varios… voy a centrarme mejor en el restaurante, donde además de descubrir un nuevo sector, me lo pasé francamente bien y disfrutaba en cada jornada. 


Jessie, ella es una de las principales razones por la que me gustase tanto trabajar en aquel restaurante. Tiene un par de años menos que yo y es francesa… seria y profesional pero muy cariñosa y divertida. Me encantaba ir con ella de compras en nuestros pequeños descansos (por internet porque no daba tiempo a irnos lejos) y formábamos buen equipo en las horas de más trabajo. Compartíamos la misma opinión acerca de los otros trabajadores y en definitiva, fuimos amigas desde el principio. 

Mi función en el restaurante era dar la bienvenida a los clientes, sentarlos y explicarles el menú. No te das cuenta de lo poco conocido que es algo, hasta que te alejas de su lugar de origen, me explico: La comida mexicana es algo conocido mundialmente, y a casi todo el mundo le gusta. En este restaurante descubrí, la auténtica comida mexicana, ya que nuestro chef Gustavo venía de México. Pero es cierto que muchos platos se adaptan al paladar de los que viven en el país al que traes tu cultura. La comida que Gustavo se preparaba para él mismo, era mucho más picante, por poner un ejemplo, que la que servía en el restaurante. Me pareció muy curioso que tuviésemos cosas españolas como churros o chorizo a la llama en el menú… ¿o es que acaso no son propios de nuestra cocina?



Sea como fuese, trabajar en el restaurante además me permitía gastar poco en comida, ya que siempre me llevaba la cena a casa, y cuando hacía jornada completa desayunaba y comía allí. Todo un alivio para mi bolsillo, ya que Sydney es caro no, carísimo para comprar. Por poner un ejemplo, una mini barra de pan cuesta unos 7€ al cambio… claro está que dejé de comer pan durante mi estancia en Australia.

Pero volviendo a mi trabajo, además tengo que decir que incluso salí varios días de fiesta con mis compañeros, teníamos un ambiente muy bueno.  Uno de mis favoritos era Oskan, un chico turco un poco mayor que yo, alto y atractivo. Trabajaba en la cocina, súper tímido a la vez que gracioso. Era como un niño pequeño, muy inocente, me encantaba hablar y reírme con él. Siempre intentaba agradar a todo el mundo, súper dulce. También tenía a su novia fuera de Australia, por lo que a veces compartíamos aquellos sentimientos que los que nos rodeaban no entendían. 

Y sin darme cuenta se acercaba la hora. Apenas tuve 3 semanas sin clases hasta que viniese Mike, pero no dejé de trabajar hasta el día anterior. Avisé con 15 días de que me iba, en ambos sitios, y del hotel pues no tengo nada que destacar, ya que simplemente me quitaron de la plantilla y punto, apenas hablé con nadie de mis planes o de mi salida del equipo, así era la "buena" relación que teníamos allí. 

Pero del restaurante… del restaurante me podría pasar escribiendo días y días. Unas semanas antes de yo decir que me iba, les recomendé a mi amiga Natt para que se viniera a trabajar como camarera, pues una de las chicas se iba y necesitábamos a alguien. Fue un periodo de cambio que casi nos vuelve a todos locos, el restaurante cambió de dueño, el chef ya no mandaba en la cocina, el director pasó a mandar sobre los empleados y apenas teníamos personal. Todo aquello repercutió en los clientes e inevitablemente en todos nosotros, así que sinceramente, me fui en el mejor momento. 

Cuando se lo dije a Jessie no se lo podía creer, me abrazó y nos emocionamos mucho, me había convertido en un gran apoyo para ella… tanto que debido a la situación en la que estaba el restaurante, ella se fue a las pocas semanas de mi salida y me pidió consejo acerca de como escribir su carta de dimisión y qué papeleo tenía que gestionar.

Yo solo me quedo con lo positivo, pues hice grandes amigos, comí fenomenal, aprendí muchísimo y en definitiva me lleve una gran experiencia. 

Una de las mañanas antes de dejar el trabajo, iba en el autobús camino de la playa de Bronte Beach para encontrarme con mis amigas Natt y Camila. Íbamos a pasar un día de playa de chicas y me apetecía muchísimo. En aquel momento me pasó algo curioso… llevaba mucho tiempo sin saber de mi ex, y justo esa mañana se interesó por mi, me dijo que se había enterado que tenía pareja y que se alegraba mucho por mi y que me deseaba lo mejor, pero que por favor no volviésemos a tener contacto, pues aquello le haría daño. 

Tengo que reconocer que me dolió mucho escucharle, pues jamás quise hacerle daño y él ha significado todo para mi durante muchos años de mi vida, pero … yo estaba feliz, quería a Mike y estaba segura de que era lo que quería, no había sido tan feliz desde no recuerdo cuando. Así que no le pude decir otra cosa que por supuesto contara conmigo si lo necesitaba y que no mantendríamos contacto alguno, sería lo mejor para ambos. Me invadió una tristeza enorme cuando colgué aquel teléfono, pues le notaba mal, pero su tren ya había pasado y yo lo había intentado todo. Tenía que quitarme cualquier pensamiento de mi ex porque no era justo para mi, y mucho menos para Mike. 

Estaba llegando a la playa cuando recibí un mensaje, el cual prefiero plasmar aquí: 



Mike había pedido a nuestra gente, a algunos de mis amigos, a su propia madre… que le mandaran una foto con un 10 y me hizo esto… ¡10 días para vernos! Recuerdo que me puse a llorar como una idiota y  me di cuenta por qué y cuánto quiero a este hombre. 


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Estudios y escapadas … Nielsen Park Beach

Mis días en Sydney pasaban volando, y mis mañanas de estudio las aprovechaba al máximo. Me encantaba estar estudiando Business en mi escuela porque cada semana tenía que entregar un proyecto acerca de cualquier negocio que se me ocurriera, de repercusión internacional y aquello me sirvió mucho para ampliar mis conocimientos. 

Lo que más me gustaba era que los viernes, mi clase se trasladaba a "The State Library of New South Sales", la biblioteca que teníamos junto a Hyde Park. En esta foto muestro la colección privada de Mitchell, todo súper organizado, limpio... con un ambiente perfecto. La segunda foto es de la Catedral St. Marys en Hyde Park.



El día 8 de Septiembre es el día de muchas patronas en España, entre ellas la de mi pueblo, Chipiona. Este coincidió con una fiesta que hacían unos amigos a la española en casa de uno de ellos, y mi amiga Natt y yo aprovechamos la oportunidad y decidimos ir. Después de trabajar me recogí el pelo y pinté los labios de color rojo, unos grandes pendientes… 

y ala! allí me presenté a lo andaluz… y pasamos un rato estupendo donde nos reímos, conocimos mucha gente y nos acercamos en cierta manera a nuestros hogares… estando tan lejos como estábamos. 

A los pocos días de aquella fiesta española, fuimos a cenar a casa de nuestra amiga Carolina, pues despedíamos a su queridísima amiga Luisa. Vivir fuera tiene sus ventajas y sus desventajas… pues conoces mucha gente, y haces amigos. En el caso de Luisa, me daba mucha pena pues es una niña muy linda, como Carol, y fue triste despedirse de ella, nunca sabré si la volveré a ver. 

Mi día a día transcurría sin altibajos, trabajo y estudios y alguna que otra escapada. El ambiente en casa era bueno, nos convertimos un grupo de amigos y la verdad es que disfrutaba mucho de la experiencia a pesar de que viviésemos 8 personas en aquella casa, y compartiese mi cuarto con otras 3 chicas más. Fue divertido, a pesar de no tener nada de intimidad en ningún momento del día. 

Una noche a las 4 de la mañana saltó una fuerte alarma en la casa que nos levantó a todos de un gran susto. Aquella voz no paraba de repetir que saliésemos del edificio y que no usásemos las escaleras. La voz cada vez sonaba mas fuerte y nosotros cada vez estábamos más asustados. En el salón nos vimos los 8 compañeros y los primeros en bajar nos llamaron para que nos quedásemos dentro de la casa, pues habían bloqueado las escaleras. Pasamos mucho miedo, y tengo que admitir que no fue ni agradable ni divertido. 

Había salido ardiendo el piso 38 de nuestro edificio y por suerte no pasó nada, ningún daño mayor. Una noche loca de la cual saco otra anécdota para contar. 

Al día siguiente salía con mi clase de excursión. Estaba muy cansada, pues apenas había dormido un par de horas. Era la primera excursión que hacíamos y me apetecía mucho, pues coincidiría de nuevo con mis amigos Pablo y Lucas, los que hicieron conmigo el examen de acceso. Me vestí y me fui hasta Circular Quay, donde me esperaban mis compañeros y mi profesora para coger un ferry hasta otra isla y andar hasta Nielsen Park Beach. El día era soleado, no hacía frío y éramos un montón de estudiantes… así que lo pasamos genial, aquí pongo algunas fotos. Fijaros como las playas tienen redes para que los tiburones no ataquen a los bañistas… increíble. 









Mis días en Australia llegaban a su fin, apenas me quedaban dos meses en aquel país y mi chico vendría a verme antes para viajar a Nueva Zelanda… tenía un mes más de clase y aquella aventura había acabado ¡Tenía que aprovecharlo al máximo!

El mes de septiembre fue una locura, pues tenía mucho trabajo y además estaba preparando los finales y los proyectos para mi escuela. Acababa a mediados de octubre y como mis estudios fueron mi objetivo número uno y la razón de venirme a Australia, me esforcé muchísimo para hacerlo lo mejor posible… 


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Haciendo planes … ¡Manly Beach!

Agosto se acababa y aunque llevaba poco tiempo en Sydney, ya tenía un hueco hecho. Trabajaba, ganaba dinero, estudiaba y me encantaba, tenía mi grupo de amigos, y de vez en cuando hacía alguna actividad extra a todo esto, que me mantenía activa e ilusionada. ¡Me encanta Australia!

Contando que hasta final de año estaría en este país y que luego iba a estar una temporada con mi chico en Singapur, no tenía posibilidad de ir a España hasta las navidades como pronto. Lo que sería más de año y medio sin pasar por casa, lo máximo que he estado hasta ahora. Hablé con Mike y la verdad es que me hubiese encantado pasar las navidades con él, pues se quedaba sólo en Singapur, pero después de una etapa dura en Maldivas, el paso por Australia y Singapur... sentí que me habían pasado demasiadas cosas y había vivido mucho sin haber pasado tiempo en casa. Quería volver a España, y quería estar con mi familia y mis amigos. 

Serían las primeras Navidades que volvería a pasar en casa después de 4 o 5 años, si la memoria no me falla. Mike lo aceptó y decidimos que tendríamos unas pequeñas navidades en Singapur "fuera de fecha" para que él no se sintiera tan sólo y luego yo volaría a casa justo a tiempo por Navidad. Sé que iba a ser duro, sabía lo que era estar sola en Navidades a miles de kilómetros de casa y sin los tuyos, y me dolía mucho dejar a Mike en esa situación. Las ganas de ir a España después de tanto tiempo, por esta vez me pudieron y compré mis billetes para mediados de diciembre... ¡Otra cuenta atrás había comenzado!

En una de esas tardes que podía conseguir libre cada 2 semanas aproximadamente, mi amiga Carolina me propuso ir a tomar algo a Manly Beach y conocer a unas amigas australianas suyas que eran muy majas. Estaba cansada y prefería quedarme en casa, pero si no me apuntaba a estas cosas en los pequeños ratillos que me quedaban, sentía que mi estancia en Sydney se me iba a pasar volando y no habría hecho nada. Así que quedé con Carol en Circular Quay y cogimos el ferry hasta Manly, donde nos esperaba su amiga Sally, un trayecto corto pero precioso…

Lo que más me gusta de Australia es la combinación de verde y azul que hay, me refiero a vegetación y mar... además rocoso. Precioso. 
















Al llegar a Manly, Sally nos esperaba con su prima, ambas súper simpáticas y muy rubias y con ojos azules, perfil totalmente australiano. No paraban de hablar, en todo momento nos contaban mil detalles de Manly, querían que lo viésemos todo, enseñarnos lo que hacen, donde viven, presentarnos a sus amigos… fueron majísimas y me quedo corta.

Fuimos andando desde el puerto, lleno de bares y terrazas, hasta uno de los rincones poco visibles que quedan junto al mar. Allí había un club privado, en el que había que identificarse y rellenar una hojita de papel en la que te comprometes a respetar el orden y demás y ya podíamos entrar, porque íbamos con ellas, claro está.

Dentro había mucha gente, sobre todo gente joven tomando cervezas, vinos… empezaría a atardecer en breve y el paisaje era alucinante, espectacular. Sally escogió una mesa grande y empezó a saludar gente. Unos y otros fueron pasando y saludando, algunos se quedaban, otros se iban… pero todos, y no exagero ni un poco, todos fueron encantadores, simpáticos y la mayoría hasta guapos. Me encantaba aquella sensación, y Carolina y yo nos mirábamos muchas veces para decir: "sí, esto está pasando". La verdad es que fue una tarde maravillosa… y aquello sólo había hecho empezar.

Sally decidió pedir un par de botellas de champán para empezar a tomar algo… Carol y yo alucinábamos, pensé que me dejaría allí el dinero del sueldo de mi semana, pues Australia es un país carísimo en todos los aspectos. De momento, pagaba nuestra amiga, éramos sus invitadas, la siguiente ya era cosa nuestra.











Se nos hizo de noche, y entre presentaciones, risas e historias varias, nuestros nuevos amigos nos llevaron a otro lugar… el caso es que seguíamos la fiesta en otro lado, y esto era ¡un día cualquiera en pleno invierno!

En el grupo había otra chica, amiga de Sally, nuestra anfitriona. Esta chica conoció a Sally a causa de una desgracia. Tras un terrible accidente de tráfico, el hermano de Sally y el marido de esta chica recién casada (tiene nuestra edad) quedaron en una silla de ruedas sin poder hablar, comer, andar, ni nada que implicase acción, por ellos mismos para el resto de sus vidas.

Esta chica tenía la tristeza en su mirada, y proyectaba una fuerza alucinante. No perdían la sonrisa casi en ningún momento, a mi personalmente me impactó bastante la vida que esta chica tenía a diario, recién casada y tan enamorada de su marido como el primer día. Por lo visto la cosa la alargamos debido a que ella nunca podía salir de casa, y era una ocasión especial… que sin duda todos nos unimos a celebrar.




Lo pasamos genial, y estuvimos hasta que el último ferry cruzaba a Sydney City, estiramos al máximo y Sally nos acompañó hasta el puerto. Estábamos agotadas, llegamos a media noche a casa y caí en la cama después de más de media hora andando, como un bebé … disfrutaba mucho aquellos momentos, aquellas escapadas, aquellos descansos… y había tenido la suerte de conocer a un grupo de gente encantadora, con la que hablamos de hacer planes futuros… pero la verdad es que yo tenía muy poco tiempo libre, me encantaría volver a verles.

Y mi amiga Carol me hacía reír mucho, lo pasábamos genial juntas, una personita muy querida, como ella acostumbra a decir, como colombiana que es.


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Mi nueva familia en Sydney: Mis amigos

El ritmo que estaba llevando en Sydney era agotador. Dos trabajos y la escuela, no tenía tiempo para absolutamente nada más, incluso me faltaban horas de descanso. Mi semana era una locura: de lunes a miércoles tenía clases de 8:30am a 1:30pm y entraba en el hotel a las 2 pm y salía a las 11:30 de la noche, directa a casa y a estudiar porque jueves y viernes eran días de entregas de trabajos y exámenes en la escuela. Jueves y viernes seguía teniendo clases, pero por la tarde tenía algo de tiempo para estudiar, ya que hasta las 5pm no entraba a trabajar en el restaurante. Y sábados y domingos trabajaba desde las 11 de la mañana hasta que cerrábamos, sobre las 2 de la madrugada... ¡Matador! Todos los días así durante meses, me organizaba para coger un día o una tarde libre cada 2 o 3 semanas. Mi cuerpo me lo pedía de vez en cuando.

En la nueva casa ya vivíamos las 4 chicas, 2 brasileñas y Natt y yo de España. Teníamos muy buen rollo y nos llevábamos súper bien, así que en ese aspecto, fue genial. Poco a poco se incorporaron los chicos, los que habitaron la segunda habitación de la casa, otros 4. Empezamos con un francés del cual ya ni siquiera recuerdo su nombre, parecía majo al principio, pero resultó ser un niñato arrogante sin experiencia alguna en convivir con más gente o vivir fuera de su casa, y se convirtió en un ser molesto. Aunque a mi personalmente no me afectaba para nada porque apenas estaba en casa, sé que incluso llegó a insultar a mis compañer@s. 

Además del francés teníamos en la misma habitación al jefe de nuestra casa, un coreano que iba todo el día en chandal y que era insoportable, ¡que persona más pesada! Intentaba todo el día sacar conversación de cualquier cosa, pero a la vez todo le parecía mal, daba consejos gratuitos y en definitiva, como además era el que recogía el dinero del alquiler, ninguno de nosotros le tenía especial cariño. 
Otro de los chicos era amigo del francés, vino después... un chico muy grande, y muy simpático. Era muy gracioso y buena gente, daba gusto tenerle en casa, respetuoso y siempre dispuesto a echar una mano. Muy trabajador también, apenas paraba en casa. 

Y el último, Nelson. Sólo recordar su nombre se me dibuja una sonrisa. Que chico más majo, más buena persona, y más de todo. Nelson tendría unos 36-37 años, más inocente que un niño de 16 hoy en día, colombiano y rubio de ojos azules. Nelson me llamó a mi móvil una tarde cuando me iba a trabajar, porque no hablaba inglés y no se podía comunicar con nuestro casero, acababa de llegar a Sydney y quería alquilar una habitación, pero el pobre no entendía ni una palabra. Así que le expliqué las condiciones y demás, y a los pocos días, teníamos a Nelson en casa. 

Al conocerle me contó su historia, tenía a su pareja en Colombia y una familia que le quería mucho. Al parecer tienen negocios familiares y les va bien en su país, cosa que me alegraba profundamente. Un chico muy noble y muy religioso, siempre tenía a dios en la boca, y sus acciones eran todo para y por los demás. Un placer tenerle en casa como decía. Nelson había sido víctima de un terrible accidente y tenía bastantes secuelas, de hecho muchas cicatrices hablan por si solas cuando le miras a la cara. al sobrevivir y recuperarse, decidió que quería vivir cosas nuevas, explorar más mundo y si se tenía que ir mañana, al menos irse sabiendo que no se quedó en el rinconcito en el que nació sabiendo lo que le tocaba aprender y no más. Quiso viajar a Australia, aprender otro idioma y crecer como persona y en experiencias... no importaba su edad, la opinión de sus amigos y familia, o si le iba costar mucho trabajo y mucho dinero. Tenía claro que no se quedaría de brazos cruzados ante el aviso que la vida le había dado. Y así es como dejó Colombia a sus espaldas y se vino a Sydney... siendo nosotros los afortunados de compartir con él nuestra casa y al fin y al cabo, nuestra vida. 

Aquí dejo una foto de un lunes o un martes si no recuerdo mal, que fui al restaurante mexicano donde trabajo, para cenar con mis amigos, de izquierda a derecha: Santiago de Colombia, amigo de Carolina, la que está a mi otro lado. Ella es una de mis mejores amigas aquí en Sydney junto a Natt y con la que me fui a Brisbane. Camila es una de las brasileñas con la que comparto habitación y que resultó siendo otra de mis buenas amigas en Sydney, y a la derecha del todo, Nelson, de Colombia.















Estos son algunos de los que forman mi grupo de amigos, mi familia, aquí en Sydney, y a los cuales adoro, por razones diferentes y comparto mi día a día, sea bueno o sea malo. 

Como decía antes, el ritmo de trabajo que llevaba era agotador, y compaginarlo con la escuela me suponía todo un reto. En el nuevo curso superior (EAPB) el nivel era mucho más alto y yo tenía mucho más trabajo que hacer. Tengo que reconocer que a veces Mike, desde Singapur, me resolvía dudas dadas las altas horas en las que yo me podía poner a estudiar. Con mucho esfuerzo y muchas ganas seguía un día y otro día… y lo llevaba tan bien, que decidí arriesgarme y no dejar ningún trabajo. Como no pensaba estar en Australia más de 6 meses, no sería tiempo suficiente para que el gobierno me pillara por trabajar "unas cuantas" horas más de las que me permitían, pues al fin y al cabo, yo pagaba mis impuestos como todo el mundo, y declaraba las horas que trabajaba, pagando por todas y cada una de ellas. 


Hubo gente que me aconsejó que no lo hiciera, pues si me pillaban me cancelaban la visa y tenía que abandonar Australia y no podía volver en no se cuántos años…. y otros me decían que somos unos cuantos en este país y que si no pienso prolongarlo demasiado en el tiempo, el gobierno no tenía manera de ver que yo estaba trabajando más horas de las permitidas. Así que compaginé una empresa y la otra, me conciencié de que tenía que esforzarme mucho más en clase para ir al ritmo de los demás, y supe que no podría dormir más de 5 o 6 horas diarias. Además por supuesto le dije adiós todo tipo de evento social, como salir de fiesta, ir al cine, o pasear por la bahía una tarde de domingo. 


No me pesaba en absoluto, pues a eso había venido a Australia, y me encantaba como lo estaba llevando… Aquí pongo una foto con una compañera de clase, en uno de los descansos.




Y como no todo iba a ser trabajar y estudiar, en los pequeñísimos huecos que me quedaban los jueves y viernes entre la escuela y el restaurante, a veces podía coincidir con mis amigas Natt y Carol y aprovechábamos para darnos un paseo por Ópera House, deleitarnos con los maravillosos paisajes, echarnos unas risas y en definitiva, desconectar un poco antes de ponerme manos a la obra de nuevo. Estos descansos apenas duraban un par de horas ¡pero me sentaban fenomenal!






En el Hotel las cosas cada día eran más complicadas, pues cada vez me daban más información y tenía más responsabilidades. Metí la pata un par de veces y sentía que nadie era majo conmigo. Mis compañeros de trabajo, exceptuando un par de ellos no me gustaban, ni creo que yo les gustara a ellos… lo que lo hacía todo un poco más difícil. 


Mi jefa se llama Christine, una chica físicamente no muy agraciada y creo que también debería tener problemas en su vida sexual, porque todos con lo ella debía estar lidiando  lo estrellaba contra nosotros. No he conocido a nadie más ridículo que esta chica. Pero como al fin y al cabo lo que me importaba era coger experiencia, aprender mucho y ganar dinero… decidí ignorarla, tratar de entenderla y satisfacer al máximo posible sus peticiones, que esto último, es francamente imposible.



Continuará… 

Estudiar,trabajar y vivir en Australia (Parte II)

5 de Agosto, vuelta de nuestras mini vacaciones, aeropuerto de Brisbane. Decido mandarle un mensaje a Sharon, la dueña de la casa donde vivo en Sydney y le confirmo que llego esa misma tarde. Teniendo en cuenta que pocos días antes de irme me había quitado la cama de mi habitación, había dormido en el suelo, tuve que irme a un hotel y las cosas estaban un poco raras en aquella casa, creí conveniente "recordarle" que era ese día cuando ella me dijo que regresara, pues al fin y al cabo, sólo necesitaba mi habitación durante una semana porque recibía visita de unos amigos de Londres. 

Me contestó un simple "ok". En mi mensaje fui bastante cariñosa, y me interesé por ella y por como había ido su semana. La situación me estaba sacando un poco de mis casillas, pues sinceramente no tenía ni idea de lo que pasaba por su mente, pero todas las señales que Sharon emitía, me decían que había cambiado de opinión, y que yo ya no era bienvenida en su casa. Así que hablando con mi amiga Natt, decidí ponerme a buscar un nuevo sitio donde vivir, y tenía que ser lo antes posible, porque la situación me estaba resultando muy incómoda. Además todo aquello me había hecho gastar bastante dinero, y no contaba con ello. Necesitaba encontrar un trabajo cuanto antes, estaba consumiendo mis ahorros. 

Llegamos a Sydney casi de noche, y cogimos un taxi las 3 amigas hasta el centro de la ciudad, pues al ser 3, era más rentable que ir en tren, además de más cómodo. Nos reímos hasta el último momento, pues el taxista nos preguntaba acerca de nosotras y le contestábamos... él nos dijo que era australiano, pero físicamente era claramente chino, y su inglés era muy malo. Nosotras nos reíamos y le intentábamos preguntar por su origen, y fue entonces cuando nos dijo que era de "Parramatta", que es un barrio de Sydney. Lo que nos pudimos reír con la pronunciación de la dichosa palabra... claramente el taxista era chino, y de australiano lo único que tenía era su licencia de taxista (si acaso). Fue súper divertido, al menos para nosotras, porque el señor en cuestión tenía tal cabreo que ni siquiera se bajó del taxi a sacarnos las maletas, y nos quiso cobrar de más. Que risas....!

El lunes después de clases me puse a buscar piso, mandé e-mails a todos los anuncios que me interesaron y llamé a otros tantos. Visité cada suburbio que mejor no mencionar. Y me di cuenta de la mafia tan terrible que hay detrás del alquiler en Sydney (en manos de no australianos, claro está). La búsqueda de piso, se unió a la búsqueda de trabajo, y después de preparar mi currículum al estilo australiano, anduve por todo el centro de la ciudad entrando en cada uno de los hoteles que se cruzaban en mi paso. Rellené formularios, hablé con responsables de departamentos, y me pasé horas y horas detrás del ordenador mandando solicitudes a toda oferta que me interesaba.

Una de las brasileñas amigas de Natt, sus actuales compañeras de piso, me habló de un piso nuevo donde nos podríamos mudar todas, pero ellas tendrían que esperar aún una semana para que su actual casero no se quedara con el depósito al irse antes de tiempo. Fuimos a ver el piso, efectivamente era nuevo, aún no tenía camas, ni luz, ni internet... sólo algunos muebles y la cocina. Hablamos de que nos mudábamos las 4 chicas a una de las habitaciones, pero yo me mudaría justo al día siguiente, aunque en el piso no hubiese nada, pues no aguantaba más la situación en casa de Sharon. Cerramos el trato y aquella noche empaqueté mis cosas, lo dejé todo preparado para que Natt, con la excusa de que yo tenía que ir a la escuela, fuera a recoger mis cosas a la casa, y mudarme al sitio nuevo.

Cuando mi amiga fue a la casa, dice que Sharon ni siquiera le abrió la puerta, sino que le dio las bolsas en el porche. Sinceramente no entendía que le pasaba a Sharon, pero estaba contenta de mudarme, de poder tener la tranquilidad y la paz de vivir sin tensión o la preocupación de llegar a casa y que alguien haya decidido quitarte la cama del cuarto y tener que dormir en el suelo.

Las primeras dos noches dormí en el sofá, luego trajeron las literas de la habitación... la ventaja de estar allí la primera fue que pude elegir una de las camas de abajo, y la más alejada de la puerta. Hice algunas compras, iba a la escuela cada día y busqué trabajo sin cesar.

Recibí un e-mail de un hotel al que no recordaba haber ido, y me citaban al día siguiente para una entrevista. Fui después de la escuela, el hotel estaba en York Street, a menos de 5 minutos de donde yo estudiaba, me venía genial y deseé con todas mis fuerzas que me dieran aquel trabajo, así continuaría en la misma línea de lo que venía haciendo en Maldivas: Guest Relations en hoteles de lujo. Iba muy nerviosa y la chica de Recursos Humanos me hizo rellenar un montón de papeles antes de empezar con la entrevista, la burocracia en Australia es impresionante.

Llegó un chico joven de origen indio, alto y muy delgado, poca perilla y una amplia sonrisa. Me extendió su mano y me invitó a pasar a la sala donde me entrevistaría. Me preguntó por mi trabajo en Maldivas, qué es exactamente lo que desempeñaba y qué opinión tenía acerca de mi trabajo. Admitió que era un lujo haber podido trabajar en un resort como en el que trabajé en las islas y me dijo que sintiéndolo mucho, no podrían contratarme debido a mi tipo de visado. Yo tenía visa de estudiante, y por ley sólo me permiten trabajar 20 horas por semana y el puesto que tenían libre requería al menos 48 horas. Se me debió notar la decepción en la cara, pues claramente la entrevista había ido más que bien, el puesto era mío. Salí de la sala, me despedí de aquel chico tan agradable y de la chica que me dio todo el papeleo al llegar... salí del hotel y me fui a mi casa, a mi casa vacía. 

Al llegar recibí un mensaje de una chica llamada Jessie, preguntando si podría ir aquella misma tarde a hacer una prueba a su restaurante, pues se había ido uno de sus camareros y necesitaba a alguien con urgencia. Jamás había trabajado de camarera antes, pero yo obviamente dije que sí, todo el mundo usa estas "mentiras piadosas" una vez en la vida. Yo ya iba por un par de ellas, jajaja. Quedamos en que empezaría a las 6 de la tarde, tenía que llevar ropa negra, me dijo que era un restaurante mexicano y que si lo hacía bien, empezaría al día siguiente a trabajar. Miré la ubicación del restaurante y ... ¡BINGO! a 5 minutos al lado de mi casa, justo después de Hyde Park.

Eran más de las 2 de la tarde y tenía que buscar ropa negra, sinceramente no sabía como ir. Busqué en el armario y cogí leggings, falda y camiseta de manga corta, recuerdo que mi amiga Rosa me dijo que un camarero no puede ir con tirantes. Me presenté en el restaurante con mi abrigo y mi bufanda (aún me resulta raro usar ropa de invierno en Agosto y más viniendo de pasar mis últimos 2 años en Maldivas), Jessie me recibió con una sonrisa, y los chicos de la cocina miraban a través de las rejillas para observar a "la nueva", podía oír las bromas. Me senté con Jessie, tenía un fuerte acento francés, y me explicó el menú del restaurante y como funcionaba todo. Al ser comida mexicana, todo me sonaba bastante, aquello no sería difícil, excepto porque los clientes serían australianos y poco a poco descubrí que tenía que explicar una y otra vez en qué consistían los platos. Fue divertido.

Al parecer no lo hice mal, pues Jessie me dijo que me esperaba al día siguiente y me felicitó por como lo había hecho. Fue genial... y ¡Tenía trabajo!

De regreso a mi casa vi que tenía un par de llamadas perdidas, las devolví y me habían llamado del Hotel donde había hecho la entrevista aquella misma tarde, cosa que me extrañó. Al ser horario fuera de oficina, volví a llamar por la mañana. Realmente no podía creer lo que estaba sucediendo, les gusté tanto que me ofrecieron trabajar como Guest Relations en el hotel, a pesar de no necesitar a nadie. El sueldo era casi el doble de lo que ganaba en el restaurante, y me contrataría las 20 horas que el gobierno me permite trabajar con mi visado, empezaba al lunes siguiente, y tenía que ir a probarme el uniforme y firmar el contrato. Me pasé después de la escuela... estaba muy feliz, pero tenía que decidir qué hacer con el restaurante.

Viernes noche, empiezo a trabajar y cada vez me sentía más cómoda. El chef del restaurante es mexicano, se llama Gustavo y es bastante majo. Joven y muy mexicano, jajaja. En la cocina también trabajaba Joe, que mas tarde me enteré que era el novio de Jessie, la jefa. Ambos franceses y de unos 22 o 23 años. También estaba Oskan, un chico turco serio, inocente y reservado, pero a la vez muy gracioso y muy buena persona. Me gustaba aquel sitio, me lo pasaba bien... no quería irme. Trabajé todo el fin de semana y el sábado incluso fui a una fiesta española que unos amigos de Carolina (la colombiana) hacían en una casa.

Fue un buen fin de semana. El miércoles en la escuela hacía por fin la prueba para pasar de nivel y acceder a un curso superior. Estudié lo que pude, pero tengo que reconocer que no me salió muy bien. Aún así estaba contenta por haberlo intentado, y tendría que esperar a la semana siguiente para obtener los resultados. Aquello me produjo insomnio durante toda la semana, fue bastante molesto, y añadiendo el tiempo tan malo que nos estaba haciendo en Sydney, no fue una semana fácil.

El jueves, cuando volvía al restaurante me dijeron que querían que trabajara en el puesto de Hostess, que en vez de ser camarera, lo que haría sería recepcionar a los clientes, explicarles el menú, tomar nota de lo que piden y una vez se hayan marchado, asegurarme de que me cuentan su opinión del restaurante, que se van contentos y que hayan pagado. Empecé a pasármelo realmente bien en aquel trabajo, pues hablaba con nuevos clientes cada día, y me alegraba mucho de los que repetían, fue fantástico y con el equipo en general me llevaba genial.

Y tras el fin de semana ¡se acercaba un gran lunes! En la escuela me dieron los resultados de mi prueba de acceso al curso superior y ¡¡¡me habían aceptado!!! no daba crédito a lo que me estaba pasando y estaba súper orgullosa de mí misma... realmente feliz.

A las 2 de la tarde empezaba a trabajar en el hotel y salía a las 11:30 de la noche. Mi primer día fue duro, pues el volumen de trabajo que hay es tremendo, no se para desde que entras hasta que sales, ni siquiera para beber agua. Al ser un Business Hotel los clientes son muy exigentes y la mayoría vienen de dentro de Australia, el acento que tienen es muy muy fuerte y me encuentro con muchas dificultades para seguir el ritmo.

La chica que me enseña a desempeñar mi trabajo es una alemana llamada Sina, muy maja pero seria y estricta, como buen alemán. Excepto por ella y otra chica llamada Jo-Jo de Nueva Zelanda, no me siento muy a gusto con el resto de compañeros, muy serios y nada de compañerismo. Lo opuesto al ambiente del restaurante, pero el sueldo era el doble... así que estaba en una situación complicada donde tenía que elegir, y tenía que pensarlo muy bien.

Os dejo una foto del primer día de trabajo en el hotel, con mi uniforme nuevo y otra en la escuela, con un snack de Corea que uno de mis compañeros me ofreció en clase. 



Continuará ... 


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Escapada a Brisbane "Gold Coast"


Aquella mañana desayunamos en uno de los muchos sitios que había justo a la playa. Como ya conocíamos, los desayunos en Australia eran increíblemente buenos, y nosotras no los pasábamos por alto bajo ningún concepto.

Fuimos a la playa, una de las más grandes que he visto en mi vida, y aunque el tiempo no invitaba a bañarse, hacía sol y la temperatura era muy agradable. Estuvimos paseando y haciendo el tonto un rato antes de irnos a visitar el Wildlife Park.





Cogimos un autobús que nos llevó hasta Wildlife Park, donde pudimos ver muchos animales y pasar un buen rato entre risas. Nos gustó mucho por fin ver a los koalas tan cerquita y alimentar y jugar con los canguros. Aunque tengo que reconocer, que aunque los canguros estaban en libertad dentro del parque, parecían adormilados, como si estuviesen drogados. Igualmente nosotras lo disfrutamos muchísimo y nos hicimos algunas fotos, son una monada. 

Algo interesante que aprendí es que las mamás canguros tienen embarazos de 33 días!!! Y luego llevan a sus criaturitas durante 190 días en su bolsita... había muchas mamás canguros con sus bebés. Sin duda fue toda una experiencia. 

Koalas en su hábitat

Mamá canguro con su cría 





Aquella noche nos cambiábamos de casa, dormiríamos en la ciudad de Brisbane, y habíamos alquilado una habitación en una casa de una chica que no iba a estar durante nuestra estancia. Un poco lío, pero la comunicación con la casera fue muy buena y nos hizo un mapa para que encontrásemos las llaves y pudiésemos entrar en la casa. 

Aquello fue como buscar un tesoro escondido, dimos muchas vueltas y finalmente descubrimos que la casa tenía un acceso trasero por otra calle, por lo que fue allí donde encontramos la dichosa escalera que la casera mencionaba, con su doble puerta y la cajita donde había dejado las llaves. 

Momento " Abre la puerta que ya no podemos más "
La casa era preciosa, perfecta... y la teníamos para nosotras solas. La verdad es que ¡nos encantó! Aquella noche estábamos tan cansadas que decidimos cocinar algo en casa, tomar vino y pasarnos la noche hablando y riéndonos que se nos daba de maravilla. 


A la mañana siguiente, como estábamos acostumbradas, nos dimos un señor homenaje a la hora del desayuno. Tengo que decir que desayunar en los bares en Australia es cualquier cosa menos barato, y con una media de 15-20€ por plato, nosotros era de lo único que no nos privábamos, al menos en vacaciones. Teníamos programado mucho andar, mucho visitar y turistear la ciudad de Brisbane, así que con las pilas cargadas, nos pusimos en marcha. 

Saliendo de la casa, vimos sitios súper chulos, hasta llegar a una de las céntricas calles donde habían mercadillos con cosas increíbles, tanto nuevas como antiguas... sin duda disfrutamos de lo lindo. 

Empezamos por Orleigh Park, desde donde podíamos ver las viviendas retro de los años 50 - 60 al otro lado del río y pasemos por Davies Park, el parque más antiguo de la zona sur de Brisbane. Cruzamos andando por el puente William Jolly y llegamos a la zona de South Bank. Allí había una piscina artificial y mucha gente pasando el fin de semana. Descansamos un rato tumbadas en el césped hasta que decidimos entrar al cine y ver una película. En Sydney el cine es carísimo y en Brisbane era algo más barato, así que nos compramos unas bolsas gigantes de palomitas y entramos a ver la película de Súper Man. 

Wickham Park 
Wickham Park
William Jolly Bridge






El paseo de vuelta a casa lo hicimos ya de noche... al final los planes de volver a salir de fiesta, cada vez se hacían más débiles, pues aprovechábamos tanto el día, que por la noche, estábamos muy cansadas. Cenábamos en casa, y desayunábamos en la calle... fue un viaje de risas, bromas, buen rollo y amistad. Pasamos unos días estupendos y aunque el último día seguimos haciendo turismo y disfrutando, sólo dejaré algunas fotos más, pues en este viaje si algo no faltaron, fueron fotos. 

Gracias Natt y Carol ¡porque fue un viaje inolvidable!  




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