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En este blog comparto en primera persona cómo fue mi salida de España, qué me llevó a ello y como conseguí llegar a mi primer destino: Las Islas Maldivas. Tras un par de años de idas y venidas, mil aventuras y muchos sentimientos encontrados, mudarme a Australia se convierte en mi siguiente meta. Mi historia de amor y la superación a mí misma me llevan a concluir una maravillosa etapa en Sydney, y tras pasar por Singapur y España comienzo una nueva vida en Shanghai, China.

Esta es mi historia, es mi propia experiencia, y viajar por todo el mundo se ha convertido en mi día a día. En este blog narro viajes, aventuras y los itinerarios que he seguido, siempre elaborados por mi misma. Espero que os guste mi aventura por el mundo... y recuerda: ¡que no te lo cuenten!
Mostrando entradas con la etiqueta comida. Mostrar todas las entradas
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Vuelvo a casa por Navidad... ¡como el turrón!

Llegar a casa por Navidad, como el turrón... ¡que bien sienta! Casi año y medio sin ver a los míos y allí estaban todos... familia, amigos y cientos de caras conocidas. Me encantan los reencuentros, y para lo que odio las despedidas, supongo que está compensado. 

Llegar a mi tierra, Cádiz, Chipiona... mmmm que alegría cuando sales del coche y huele a brisa, huele a mar, huele limpio y fresco... huele a ¡hogar! 

Yo reconozco que soy de buen comer, me encanta, y en España lo que se dice comer, comemos muy bien. Sigo con mis tostadas con jamón, mis zumos de naranja natural, salmorejo, pescaíto frito, puchero... ¡ay que hambre!

Y el comer y el beber, si es en compañía mejor, y de eso, en diciembre ¡todos sabemos mucho! 



Mi gran amigo Manrique y su preciosa mujer Pamela, me llevaron a catar el que dicen que es el mejor mosto de Sanlúcar de Barrameda. Nosotros lo disfrutamos muchísimo, y ya que estábamos pues catamos también unos pepitos de ternera, y es que con esta pareja, sólo se va a buenos sitios. No entiendo como los dos se mantienen en la línea.



Siempre he escuchado que los verdaderos amigos, aunque pasen los años y exista una distancia real entre ellos, mantienen esa amistad de por vida. En ese aspecto me siento bastante afortunada, creo que es lo que me hace una persona de las más afortunadas que conozco, mis amigos. 

A veces pienso que no merezco el trato que recibo por parte de ellos, que nuestra amistad está descompensada... y me encantaría hacer mucho más por todos ellos y vivir muchas más cosas con ellos. La vida es la que es, y la situación de momento no va a cambiar, así que siempre intento disfrutar al máximo de ellos, de los que se dejan y de los que me apetece por supuesto. 








En mi tierra, como en muchas partes de España, las semanas previas a la Navidad son todo una fiesta, a mi me gusta incluso más que las propias navidades. Fui a conciertos, barbacoas y eventos varios que estaban planeados y otros que surgieron. Estas son las cosas que más echo de menos estando fuera, los míos. El pasar ratitos tan a gusto como los que te proporcionan los que te quieren. 



Que soy amante de los carnavales y fan número uno de los carnavales de mi tierra, no es ninguna novedad, pero poder asistir, como en los viejos tiempos, a los ensayos de las comparsas, que ya por diciembre están afinando el trabajo de muchos meses anteriores... pfffff son sentimientos a los que no puedo poner palabras. ¡Que grande es Cádiz señores! ¡Que grande y cuanto arte hay en esta esquinita del mundo!

Y aquí os dejo la reflexión con la que entré en las Navidades... Navidades que después de varios años, volvieron a ser entre familia y amigos, a pesar de la ausencia de mi amor, al que dejé en Singapur. 

El año pasado no empece con buen pie, ni siquiera sentí que fuesen Navidades, alejada de los míos y de cualquier sentimiento positivo. A pesar de todo, este año ha sido un gran año para mi, lleno de proyectos, trabajo y estudios, experiencias inolvidables y teniendo a una persona en mi vida que me ha devuelto la felicidad y las ganas de seguir adelante. 
A todos mis amigos, mi familia de la que tantísimo estoy disfrutando, los que me conocéis y habéis estado conmigo al pie del cañón apoyándome en todo... Os deseo un fabuloso año nuevo desde lo más profundo de mi alma. Yo seguiré viviendo, luchando y disfrutando... 
Porque al fin y al cabo, de eso es lo que se trata la vida
!!! Feliz año a todos!!!





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Nueva Zelanda (Parte I)

Nuestro vuelo desde Sydney salía a las 9:30 de la mañana y nosotros, precavidos como siempre, llegamos con unas 3 horas de antelación ¡que nos vinieron fenomenal por el lío que allí tuvimos!

Resulta que mi visado de estudiante para Australia caducaba al día siguiente de mi salida hacia Nueva Zelanda y como mi vuelo era ida y vuelta, no me dejaban embarcar por no tener otro visado vigente que me permitiera volver a Australia. ¡Llevábamos preparando este viaje 4 meses y ahora no me dejaban volar! Sólo quería llorar, miraba a Mike y no sabía que decir, sólo quería llorar. A él también se le notaba en la cara la preocupación y el disgusto que nos llevamos. 

La chica que nos atendió fue muy desagradable y pedimos hablar con alguien superior, una señora más mayor que sólo era amable con Mike, a mi me miraba como si fuese alguien sin patria ni bandera... me hizo sentir fatal pero me mantuve callada pues le estaba diciendo a Mike la única manera que teníamos para solucionar aquel problema y no perder nuestro viaje. El caso es que nos hicieron comprar otro billete de avión con otro destino diferente para garantizar que yo tenía otro sitio al que ir después de Nueva Zelanda, porque a Australia no podía volver con mi visa de estudiante caducada. La broma nos costó unos 300€ (el vuelo Sydney - Nueva Zelanda nos había costado 250€ ida y vuelta por persona).

Después de rigurosos y exagerados controles de seguridad en el que nos tiraron media bolsa de aseo y abrieron absolutamente todo, finalmente nos dejaron subir al avión. Tuvimos que correr desesperados por todo el aeropuerto porque todo el trámite de mi vuelo nos retuvo más de 2 horas. Una vez sentados en el avión, pudimos respirar tranquilos, nos miramos y empezamos a reírnos ¡Nueva Zelanda... allá vamos! 

Tras 5 horas de vuelo, llegamos a Christchurch International Airport. Lo primero que hicimos fue conectarnos a internet para solicitar online un visado de turista para Australia, ya que yo volvía a Sydney y tenía otro viaje preparado. No pude adjuntar ninguna documentación pero al menos la solicitud estaba realizada y si me la concedían llegaría a tiempo. 

Antes de salir del aeropuerto compramos 6 botellas entre vino y champán para todo el viaje (está permitido coger hasta 6 por persona) y luego cogimos un taxi hasta la oficina donde teníamos reservada nuestra autocaravana. El taxi nos cobró unos 15€ al cambio por 5 minutos de recorrido, pues el sitio estaba justo a la salida del aeropuerto, pero hay que tener en cuenta el suplemento.

Habíamos alquilado una autocaravana mediana con baño y ducha además de la cocina. ¡que ilusión! Nos costó unos 500€ al cambio para una semana, ya que teníamos alguna noche de hotel reservada para el final del trayecto y la devolveríamos antes. Se pueden alquilar por menos dinero, o con menos prestaciones, pero a nosotros nos pareció perfecto. Nunca antes habíamos viajado en autocaravana y tengo que reconocer que yo no tenía mucha fe en que aquello me fuese a gustar. 




Nos asignaron nuestra casa con ruedas, pusimos el equipaje dentro y el jovencísimo pero lento recepcionista, nos explicó todo el funcionamiento de la autocaravana y nos dio varios mapas y guías de dónde alojarnos o poder acampar, sitios que ver, carreteras que coger y demás. Esto nos vino genial aunque Mike tuviese casi memorizada la ruta que íbamos a seguir. 

Lo primero fue conducir hasta un supermercado en el mismo pueblo, pues teníamos que comprar provisiones y además teníamos hambre. En Australia como en casi el resto del mundo, se come sobre las 12 del mediodía y ya eran más de las 3 de la tarde. 

Llegamos al sitio que nos había indicado el chico y al lado había un sitio pequeño con una cola muy larga de gente, sin sillas, ni mesas… ¡ni siquiera menú para ver lo que tenían! Nos preguntaron qué queríamos y como no teníamos ni idea, pedimos lo mismo que los anteriores… dos hamburguesas completas con patatas fritas por menos de 6€ todo. 
Sentados justo en frente en una fuente, saciando el hambre con aquellas riquísimas hamburguesas envueltas en una especie de papel kraft y más felices que dos niños pequeños, empezamos nuestra aventura. Lo primero, deshacer equipaje y colocar la comida en los pequeños espacios de la autocaravana. 



La primera parada sería en Hamner springs, unas termas naturales a casi dos horas de donde estábamos. Ya era un poco tarde pero teníamos la esperanza de que estuviese abierto y que tuviésemos suficiente tiempo como para disfrutar de aquella naturaleza. 

Llegamos y vimos que cerraban a las 9 de la noche ¡genial! nos pusimos los bañadores dentro de la caravana, lo que nos provocó muchas risas porque claro, acabábamos de llegar, aún no teníamos todo organizado, no controlábamos el espacio y además hacía frío. Fue muy divertido. 

La entrada eran 12€ al cambio para los adultos y si comprábamos los dos juntos pues 20€, así que una vez dentro nos dedicamos a disfrutar mucho muchísimo de aquello. Piscinas en plena montaña que tenían agua a diferentes temperaturas pero la mayoría calientes o muy calientes. Unas eran pequeños jacuzzis instalados en las cavidades de la propia tierra, otras auténticas piscinas… pero todas me parecieron increíbles ¡Que bonito y qué placer!


Lo que menos me gustó fue el frio que pasábamos mientras nos movíamos de una piscina a otra… pues nos habíamos olvidado nuestras toallas en la autocaravana y no quisimos alquilarlas (costaban apenas 3€) porque no pensamos que aquello iba a ser así. 

Dejo algunas fotos de aquella parada en Hammer Springs.




















Y después de este maravilloso comienzo en Nueva Zelanda recorrimos pocos kilómetros más y aparcamos dentro de un camping para cocinar la cena y pasar la noche. Abrimos una botella de vino, hice costillas que salieron riquísimas y una gran ensalada con varios quesos.


¡Menudas vacaciones nos esperan!




Y sin saber muy bien donde estaba el camping donde habíamos aparcado, nos pusimos a cenar, beber vino, a hablar y a reírnos todo lo que pudimos y más … 


¡Buenas noches desde nuestra pequeña casita con ruedas!







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Mi trabajo en Sydney … ¡Empieza la cuenta atrás!

Como ya he comentado en anteriores posts, en Sydney tenía dos trabajos. Me había arriesgado a que el gobierno me pillara haciendo "unas cuantas" horas de más, ya que por mi visado de estudiante, sólo se me permitía trabajar 20 horas semanales. Pero es que días antes de encontrar un trabajo de lo mío, me salió poder trabajar como "hostess" en un restaurante mexicano, donde desde el principio me sentí genial, me hice íntima amiga de mi jefa y tenía más libertad que en el hotel. 

En el hotel tenía un puesto de "Guess Relations Agent", casi lo mismo que hacía en Maldivas, pero esta vez el hotel era un sitio de negocios, todo lo contrario a mi anterior destino. Aquí la gente se alojaba por trabajo, la mayoría de los clientes repetían y venían de todas partes de Australia, había muy poco extranjero y en definitiva cuando estos clientes llegaban al hotel era por la tarde-noche después de una larga jornada de trabajo, con muy poca paciencia, cansados y sin ganas si quiera de sonreír. Así que no, no me gustaba mucho ir al hotel, ni siquiera mis compañeros eran majos, a excepción de uno de mis jefes (un chico más joven que yo de Nueva Zelanda), la encargada de mi departamento que tenía sus días (una alemana con todo lo que eso conlleva) y un chico tailandés que no soy capaz siquiera de pronunciar su nombre, trabajaba de botones, majísimo. 

El resto, pues había quien no me tragaba porque no era australiana, había quien no me tragaba porque venía de trabajar dos años en Maldivas, había quién no me tragaba porque era mona, y había quien no me trabaja ¡porque era nueva! Hubo días duros, hubo días que incluso me hicieron llorar. Mi chico siempre estaba ahí apoyándome cuándo esto pasaba… en la distancia claro. 

Así que como el hotel me sirvió para coger más experiencia profesional en otro continente, aprender mucho acerca de como trabajar bajo presión y sin compañerismo alguno y otros aprendizajes varios… voy a centrarme mejor en el restaurante, donde además de descubrir un nuevo sector, me lo pasé francamente bien y disfrutaba en cada jornada. 


Jessie, ella es una de las principales razones por la que me gustase tanto trabajar en aquel restaurante. Tiene un par de años menos que yo y es francesa… seria y profesional pero muy cariñosa y divertida. Me encantaba ir con ella de compras en nuestros pequeños descansos (por internet porque no daba tiempo a irnos lejos) y formábamos buen equipo en las horas de más trabajo. Compartíamos la misma opinión acerca de los otros trabajadores y en definitiva, fuimos amigas desde el principio. 

Mi función en el restaurante era dar la bienvenida a los clientes, sentarlos y explicarles el menú. No te das cuenta de lo poco conocido que es algo, hasta que te alejas de su lugar de origen, me explico: La comida mexicana es algo conocido mundialmente, y a casi todo el mundo le gusta. En este restaurante descubrí, la auténtica comida mexicana, ya que nuestro chef Gustavo venía de México. Pero es cierto que muchos platos se adaptan al paladar de los que viven en el país al que traes tu cultura. La comida que Gustavo se preparaba para él mismo, era mucho más picante, por poner un ejemplo, que la que servía en el restaurante. Me pareció muy curioso que tuviésemos cosas españolas como churros o chorizo a la llama en el menú… ¿o es que acaso no son propios de nuestra cocina?



Sea como fuese, trabajar en el restaurante además me permitía gastar poco en comida, ya que siempre me llevaba la cena a casa, y cuando hacía jornada completa desayunaba y comía allí. Todo un alivio para mi bolsillo, ya que Sydney es caro no, carísimo para comprar. Por poner un ejemplo, una mini barra de pan cuesta unos 7€ al cambio… claro está que dejé de comer pan durante mi estancia en Australia.

Pero volviendo a mi trabajo, además tengo que decir que incluso salí varios días de fiesta con mis compañeros, teníamos un ambiente muy bueno.  Uno de mis favoritos era Oskan, un chico turco un poco mayor que yo, alto y atractivo. Trabajaba en la cocina, súper tímido a la vez que gracioso. Era como un niño pequeño, muy inocente, me encantaba hablar y reírme con él. Siempre intentaba agradar a todo el mundo, súper dulce. También tenía a su novia fuera de Australia, por lo que a veces compartíamos aquellos sentimientos que los que nos rodeaban no entendían. 

Y sin darme cuenta se acercaba la hora. Apenas tuve 3 semanas sin clases hasta que viniese Mike, pero no dejé de trabajar hasta el día anterior. Avisé con 15 días de que me iba, en ambos sitios, y del hotel pues no tengo nada que destacar, ya que simplemente me quitaron de la plantilla y punto, apenas hablé con nadie de mis planes o de mi salida del equipo, así era la "buena" relación que teníamos allí. 

Pero del restaurante… del restaurante me podría pasar escribiendo días y días. Unas semanas antes de yo decir que me iba, les recomendé a mi amiga Natt para que se viniera a trabajar como camarera, pues una de las chicas se iba y necesitábamos a alguien. Fue un periodo de cambio que casi nos vuelve a todos locos, el restaurante cambió de dueño, el chef ya no mandaba en la cocina, el director pasó a mandar sobre los empleados y apenas teníamos personal. Todo aquello repercutió en los clientes e inevitablemente en todos nosotros, así que sinceramente, me fui en el mejor momento. 

Cuando se lo dije a Jessie no se lo podía creer, me abrazó y nos emocionamos mucho, me había convertido en un gran apoyo para ella… tanto que debido a la situación en la que estaba el restaurante, ella se fue a las pocas semanas de mi salida y me pidió consejo acerca de como escribir su carta de dimisión y qué papeleo tenía que gestionar.

Yo solo me quedo con lo positivo, pues hice grandes amigos, comí fenomenal, aprendí muchísimo y en definitiva me lleve una gran experiencia. 

Una de las mañanas antes de dejar el trabajo, iba en el autobús camino de la playa de Bronte Beach para encontrarme con mis amigas Natt y Camila. Íbamos a pasar un día de playa de chicas y me apetecía muchísimo. En aquel momento me pasó algo curioso… llevaba mucho tiempo sin saber de mi ex, y justo esa mañana se interesó por mi, me dijo que se había enterado que tenía pareja y que se alegraba mucho por mi y que me deseaba lo mejor, pero que por favor no volviésemos a tener contacto, pues aquello le haría daño. 

Tengo que reconocer que me dolió mucho escucharle, pues jamás quise hacerle daño y él ha significado todo para mi durante muchos años de mi vida, pero … yo estaba feliz, quería a Mike y estaba segura de que era lo que quería, no había sido tan feliz desde no recuerdo cuando. Así que no le pude decir otra cosa que por supuesto contara conmigo si lo necesitaba y que no mantendríamos contacto alguno, sería lo mejor para ambos. Me invadió una tristeza enorme cuando colgué aquel teléfono, pues le notaba mal, pero su tren ya había pasado y yo lo había intentado todo. Tenía que quitarme cualquier pensamiento de mi ex porque no era justo para mi, y mucho menos para Mike. 

Estaba llegando a la playa cuando recibí un mensaje, el cual prefiero plasmar aquí: 



Mike había pedido a nuestra gente, a algunos de mis amigos, a su propia madre… que le mandaran una foto con un 10 y me hizo esto… ¡10 días para vernos! Recuerdo que me puse a llorar como una idiota y  me di cuenta por qué y cuánto quiero a este hombre. 


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Un par de paradas en el camino ... Singapur

Todo listo... decenas de bikinis, ropa de verano, películas y series para ver en inglés, medicamentos básicos, cámaras de fotos y decenas de pequeñas cosas que iba a necesitar allí... y como no, casi 15 kilos de ibéricos y quesos que me ayudarían a pasar mi estancia en Maldivas, donde yo casi no podía comer y se me hacía francamente duro. 












Antes de instalarme en Maldivas, pasaría unos días en Singapur, en casa del amigo de mi amigo, con el que había mantenido el contacto mientras estaba en España, y me había estado ayudando muchísimo en la distancia. Mike es una persona maravillosa a la que le estaba cogiendo mucho cariño, pues se portaba fenomenal conmigo y no se cómo lo hacía pero siempre conseguía que mi sonrisa apareciera una y otra vez de manera que casi resultaba imposible borrarla de mi cara. Sin duda, me apetecía muchísimo volver a verle. 


Cada visita a Singapur hacía que aquel sitio me gustara más... ¡que preciosidad de ciudad! Sus edificios altos rodando el río le dan una magnitud impresionante y es que Singapur es diferente a todo el resto de Asia, en Singapur todo es posible, incluso importan arena de países de alrededores para crecer en suelo.

Como no podía faltar fuimos a visitar por segunda vez la increíble piscina de Marina Bay Sands... y disfruté una vez más como una enana de aquellas vistas. La verdad es que los días en Singapur fueron geniales. 





Una tarde fuimos a una fiesta en la playa, que se hacía en la Isla de Sentosa y fuimos con compañeros del máster de Mike, así que nos juntamos gente de todas partes. Las chicas en seguida me trataron como una más del grupo, me sentía súper cómoda con ellas, y lo pasé genial. Estuvimos bebiendo y bailando en uno de los clubs de la playa donde se mezclaban gente de todas partes del mundo. Algunos estaban de vacaciones, otros por trabajo, otros simplemente vivían allí ... y la mezcla era muy divertida. 


Yo conocí a una chica, Enma, con la cual no sé por qué, desde el principio estuvimos hablando un montón. Ella estaba con un par de amigos y yo con el grupo de Mike, pero cada ratito yo iba a saludarla y a decirte cualquier tontería. En definitiva me lo pasé genial. 





En aquel viaje aproveché para conocer mejor las zonas que no había dado tiempo a ir anteriormente, como China Town o Little India. Sitios que me descolocaron un poco dentro de lo europeizada que está Singapur. En el barrio de Little India, había suciedad y mal olor por todos lados, fruta y comida por cada rincón y gente de la India a doquier. No es que no me guste, porque India es un país de los que más me llaman la atención y que quiero conocer algún día, pero aquello estaba demasiado desordenado, por describirlo de alguna manera. Lo que me llamó la atención en el lado positivo fue todo el colorido que existían en aquellas calles, la cantidad de especias para cocinar que se podían encontrar y la henna. Podías comprar henna baratísima en cualquier parte, o bien hacerte los tatuajes allí mismo súper barato. Eso me encantó y por supuesto, que me hice con un par de cartuchitos de henna para alguna ocasión que me apeteciera llevar este tipo de decoración en el cuerpo. 

Mike me tenía preparada una sorpresa, una escapada de fin de semana para la cual me dijo que necesitaría bañador, ropa cómoda y algo más arreglado por si acaso. Para ser sincera no me acuerdo muy bien de exactamente lo que me dijo que tenía que llevar, pero no tenía mucho sentido. En cualquier caso, él fue el que se encargó de coger mis cuatro trapos y meterlos en su mochila para adentrarnos en la aventura. La noche anterior recuerdo que me enfadé muchísimo porque aquella incertidumbre se estaba haciendo insoportable y yo volaba a Maldivas en 3 días, por lo que no me quería arriesgar y presioné tanto como pude para obtener la información de a donde me llevaba, pero no hubo manera. 

Llegamos al aeropuerto e hicimos cola frente a un mostrador que ponía "CEBU". A saber donde estaba aquello... ¡ni idea! El caso es que pasamos el control de pasaportes, y una vez sentados en el avión ya me enteré que íbamos al país de Filipinas, aterrizábamos en Cebu, pero de allí cogeríamos un barco hasta una de las cientos de islas filipinas a pasar un increíble fin de semana en la playa.... ¿Que había hecho yo para merecer aquello? No lo se, pero sinceramente... estaba contentísima con mi sorpresa y me disponía a disfrutarla ¡¡¡al máximo!!! 


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Duele tanto, que no puedo recordarlo...

Llegué a Valencia con una pequeña maleta, no necesitaba ayuda con el equipaje, pero necesitaba que él hubiese venido a recogerme de la estación... su actitud me estaba pesando demasiado. Esta vez su excusa eran un par de reuniones... sabiendo hacía meses el día exacto de mi llegada, en fin, supongo que todo era mi culpa.

Fue mi amigo Tomy quien una vez mas pasó a recogerme, fuimos primero a casa de un amigo nuestro porque él tenía que hacer unas cosas y luego me llevó a la dirección donde se encontraba la habitación que yo había alquilado. Una casa en un edificio sin ascensor, donde no había aire acondicionado y pegaba el sol durante todo el día y donde viviría con una chica latina a la que no conocía de nada. Pero bueno, era lo que yo quería, y no me importaba, estaba segura de que aquello merecería la pena. Estaba segura. 


Mi amiga Maripaz cuando ya supo que me encontraba en la ciudad en seguida vino a verme, se vino a casa y me llenó de abrazos y besos durante un buen rato. Si algo caracteriza a Maripaz es lo cariñosa que es... un amor de personita. Nos fuimos a tomar un cócktail cerca de casa y nos pusimos al día de todo, ella tampoco entendía por qué yo no veía las cosas como el resto las veía, por qué me empeñaba en recuperar mi relación... 

Y es que yo creía a mi ex, yo creí en su palabra cuando me decía que me quería por encima de todo y más que a nadie en el mundo y que juntos resolveríamos nuestros problemas, que todo iba a cambiar y que seríamos felices. Yo le creí. 

Hasta que no pasaron un par de días, no vi a mi ex. Si, un par de días, no sé que palabra utilizar para describir como me sentía y aún ser correcta. Me puse un vestido de colores, me arreglé el pelo... me había puesto bonita para verle, me moría de las ganas de abrazarle y tenerle en mis brazos. Estaba atacada de los nervios. Y llegó, por fin llegó el momento.

Bajé a la puerta de mi casa y no estaba allí, mire a un lado y a otro y no le veía... entonces pensé que quizás estaba en la calle perpendicular y no en mi puerta. Exacto, su coche estaba parado en la avenida principal, en el lado opuesto de la calle perpendicular a mi casa. ¿Por que digo todo esto? Porque desde que salí de mi puerta hasta que llegué al coche, pudieron pasar 4 o 5 minutos que se me hicieron larguísimos. Estaba muy nerviosa mientras que él me observaba desde el asiento de su coche como llegaba hasta allí y esperaba que los coches dejasen de pasar para cruzar. Una vez llegué, no se bajo del coche. Me incliné para ver por que no salía y me hizo un gesto para que entrara. Lo primero que pensé es ¿Como iba a abrazarle dentro del coche? Todo aquello, me hizo sentir humillada, arrastrada y sin sentido alguno. Me sentía estúpida.

Arrancó el coche y nos fuimos, me preguntó como estaba, y que quería hacer. Yo no quería hacer nada más que permanecer horas frente a él y mirarle, abrazarle... me daba igual el donde y el cuando. Y él me contestó molesto porque yo no proponía ningún plan. En fin, pasamos la tarde juntos, y durante la tarde lloré, me indigné, me invadió la tristeza, el sentimiento de estupidez, el ridículo... pero a la vez sentía que por fin le tenía a mi lado, aunque él no me estuviera aportando nada de lo que yo necesitaba.
Recuerdo incluso que tenía prisa porque se había apuntado con unos amigos a hacer una carrera y llegaría tarde... ridículo. Me hizo sentir ridícula, esa es la palabra. Y lo peor es que yo era consciente de ello y no había sido la primera vez ni dejaría de pasar. 


En esa situación pasé unos cuantos días en Valencia, hasta que volé al sur, a ver a mis amigos, mi familia, mi gente. A coger energía. Hacía mucho que no iba por el sur y me apetecía una barbaridad. Quería también desconectar de él y quien sabe si reuniría fuerzas para de una vez por todas acabar con esta historia.


Mi madre me recibió con mi comida favorita, bueno, con un banquete porque allí podían comer 10 más. Disfruté cada detalle como una niña pequeña... y mis amigos fueron de uno en uno apareciendo haciéndome disfrutar de mi estancia en Cádiz al máximo. Playa, amigos, comida, feria... ¡Carpe Diem!


Me fui con mi amiga Rosa y su amigo Adrián hacia Cádiz desde el Puerto Santa María en catamarán, un trayecto bonito por la costa gaditana y donde no paramos de reír. Disfrutamos como no de nuestra gastronomía y de las playas, de los amigos y de las risas, fue un día increíble. 


Hasta que llamó mi ex y me dijo que lo sentía, que yo no merecía el trato que estaba recibiendo y que quería recuperarme, que iba a anular irse de fiesta con sus amigos el fin de semana y que se vendría al sur conmigo. Suena bien ¿verdad? La realidad era que sabía que era la feria de Sanlúcar, y que yo estaba contando los días para que empezara y disfrutarla con mis amigas como si no hubiese mañana y él quiso estar presente por si acaso yo pensaba que era más feliz sin él, y aunque quedase genial lo de anular su fin de semana con los amigos para estar conmigo, lo que hizo fue cambiarlo para otro fin de semana cuando yo ya había vuelto a su ciudad, así que me lo pasaría en aquella habitación de Valencia sola. ¿Retorcida? En absoluto, esto fue lo que pasó, tal y como lo he contado.

Me volví a Valencia triste, y realmente desubicada y lo peor es que él tenía razón, yo lo había hecho porque quería, estaba allí por decisión propia. Y aunque tenía trabajo y me mantenía ocupada, no era suficiente. Aquello no tenía sentido alguno para mi. Mi amigo Manrique se convirtió en uno de mis grandes apoyos en aquella situación, y reflexioné mucho, muchísimo sobre toda aquella historia.



Aquel verano lloré demasiado... y se tenía que acabar, tenía que poner punto y final y hacer caso a mi cabeza y dejar de seguir lo que mi corazón me decía. Pero a mí todo me seguía haciendo daño.

Él me decía que no venía a mi casa porque como no vivía sola no se sentía cómodo, que además hacía mucho calor en mi casa sin aire acondicionado y que no podía aparcar el coche en mi zona. Yo tampoco podía ir a verle con demasiada frecuencia porque eso significaría que tendría más relación con sus padres y al final pues les haríamos partícipes de nuestra historia, tampoco podíamos hacer muchas cosas extras como pareja porque él estaba muy liado con el trabajo, y cuando tenía libre, necesitaba estar con sus amigos y no tenía sentido que yo fuera con ellos, porque claro, ya no podrían hablar cosas de chicos... Daba igual que nos hubiésemos pasado tanto tiempo separados, no era yo la persona que necesitaba a su lado, estaba claro. Lo sé, todo lo que os pasa por la cabeza, lo sé. 

Sin duda alguna fueron tiempos muy duros, muy difíciles y realmente dolorosos de recordar incluso. Pero yo necesitaba quemar mis últimos cartuchos y quedarme tranquila sabiendo que por mi parte, lo había intentado todo y que no me había quedado nada por hacer. Yo al menos jamás pensaría que hubo algo que podría haber hecho y no hice. Quería acabar con todas mis energías para estar completamente segura de que nuestra historia no tenía sentido alguno.

Y así lo hice, lo alargué muchísimo y hasta que no pude más. Durante el tiempo que estuve allí, me hizo una detrás de otra, el día de mi cumpleaños no lo puedo ni siquiera recordar sin llorar, así que omitiré las decenas de detalles y gestos que tuvo conmigo hasta que llegó el día en el las cosas llegaron demasiado lejos... el día en el que aún cuando lo pienso se me encoge el alma, el día en el que sentí que aquella muerte lenta había llegado a su fin, y yo estaba completamente destrozada... tenía que salir de aquel tormento, tenía que ser fuerte y dejarle. Para siempre, tenía que ser para siempre. No me podré perdonar nunca el daño que permití que me hiciera.

Durante esos meses mis mejores amigos estuvieron siempre ahí, dándome todas aquellas fuerzas que yo había perdido, apoyándome en absolutamente todo y ofreciéndome el cariño que sin duda necesitaba. Nadie fue duro conmigo, nadie me soltó "te lo dije" o "ya lo sabía", tengo los mejores amigos del mundo y aunque esa situación no es fácil para nadie ni agradable, ellos hicieron que pudiese superarla. 

Prácticamente desde mi llegada a España estuve pensando en marcharme, echaba mucho de menos mi vida en las islas, donde se me valoraba como persona, mi trabajo, mis esfuerzos... todo tenía sentido. Así que una tarde hablando con Kin, la que había sido mi jefa en Maldivas, me ofreció volver y retomar mi puesto, con mejoradas condiciones... así que lo pensé todo y no lo dudé, acepté el puesto y nos tomó unos dos meses tenerlo todo listo para mi vuelta. En ese tiempo, disfruté de amigos, familia, comida, y trabajo, tanto como pude. Con el corazón roto pero el alma viva... 


Hay muchos buenos y terribles momentos de estos meses que no quiero explicar o escribir sobre ellos, en líneas generales fueron tiempos muy duros, muy difíciles y por los que agradezco a todos los amigos que estuvieron conmigo y la gente que me ayudó aún estando en la distancia, todo lo que hicieron por mí. Vosotros sabéis exactamente de lo que hablo, y por ello os quiero tanto. Mi salida de España estaba de nuevo en marcha, y esta vez sí que sería algo definitivo.













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Final en Phuket... gozando de tranquilidad

Cuando amanecí en mi hotel de Phuket asombrosamente no tenía resaca alguna. Fui a desayunar con mis amigos los franceses que ya se iban ese dia hacia Singapur y luego me dí un baño en mi piscina y me fuí a pasear por los alrededores.         
Hacía un día precioso, el clima en Phuket es húmedo y hace bastante calor. Tenía hambre así que fui al mismo restaurante donde había cenado la noche anterior con los franceses. Pedí sopa de marisco y tempura de langostinos con salsa agridulce ... ¡estaba todo riquísimo!

Despues de comer me di un paseo por la playa, Surín es una zona muy tranquila comparada con otras zonas de Thailandia o incluso de Phuket. En la playa hay mucha oferta de masajes, de servicios de estética y de comida y bebida. Son gente muy trabajadora y servicial y aunque haga un calor infernal, ellos te ofrecen sus productos con una enorme sonrisa y a precios practicamente de risa.


Durante mi estancia en Phuket me hice muchos masajes, apenas pagaba 8 euros por una hora y la chica venía incluso a mi habitación a dármelos, por lo que es obvio que me dí mas de una decena. Haciendo un poco de turismo, decidí ir a Patong, la zona de más movimiento de Phuket. En la puerta de mi hotel cogí un taxi hasta allí, que costó unos 10 Euros y el trayecto eran unos 20 minutos por montañas y carreteras imposibles. Las vistas son preciosas en cualquier sitio, entre la gran maleza que rodea las carreteras se asoma la mayoría de las veces un mar azul con fondos rocosos y arena limpia. Hay maravillosos paisajes en este lugar.





Llegar a Patong fue, ruído agotador, música alta por donde quieras que vas, gente corriendo y gritando de un lado a otro, cientos de chicas ofreciendo sus servicios a todo turista, y una infinidad de puestos de comida, bebida, ropa y souvenirs por todos lados. Sinceramente es una locura, y después de pasar un par de horas inmersa en este caos, comprarme un par de modelitos tirados de precio y algo de comer, busqué desesperada un medio para volver a la paz de mi hotel cuanto antes.



Fue entonces cuando me subi a uno de los famosos Tuk Tuk de Thailandia. El precio de estos era igual que coger un taxi, y aunque no es que sea muy placentero, pues no es para nada estable hacer esa ruta en uno de estos vehíuclos, es una experiencia divertida.

El resto de mi estancia en Phuquet me la pase descansando, disfrutando de la lectura, la playa, la buena comida, el clima y el maravilloso servico que hay en esta tierra del Sudeste Asiático. Al que sin duda pienso regresar algún día porque me ha encantado. 

Tengo que añadir que al lado de mi hotel había varios modistas que te diseñaban o simplemente copiaban el diseño que les llevaras y te hacían cualquier vestido, traje de chaqueta o un simple trapo que se te antojase por un precio bastante razonable. Aproveché la oportunidad para hacerme un par de trajes de chaqueta de color blanco que tenía ganas de tener hacía mucho tiempo y quedé encantada con mi compra... aunque tengo que decir que debido al ritmo de vida que llevo, aun no he tenido ocasión de estrenarlo. 



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