En este blog comparto en primera persona cómo fue mi salida de España, qué me llevó a ello y como conseguí llegar a mi primer destino: Las Islas Maldivas. Tras un par de años de idas y venidas, mil aventuras y muchos sentimientos encontrados, mudarme a Australia se convierte en mi siguiente meta. Mi historia de amor y la superación a mí misma me llevan a concluir una maravillosa etapa en Sydney, y tras pasar por Singapur y España comienzo una nueva vida en Shanghai, China.
Esta es mi historia, es mi propia experiencia, y viajar por todo el mundo se ha convertido en mi día a día. En este blog narro viajes, aventuras y los itinerarios que he seguido, siempre elaborados por mi misma. Espero que os guste mi aventura por el mundo... y recuerda: ¡que no te lo cuenten!
Las fiestas sucedieron sin altibajos, navidades en casa y fin de año en casa de mis tíos en Sevilla porque aunque pensé que eso no pasaba en la vida real ¡a mi tío le tocó un pellizco de la lotería!
Nos fuimos casi toda la familia a celebrarlo a Sevilla con él y el día de año nuevo, el resacón fue monumental... ¡empezamos de nuevo en enero!
Y como tenía mono de los más pequeños de la casa, decidí irme a pasar la semana de reyes a Córdoba con ellos, ya que mi hermana vive en un pueblo de esta provincia. Me apetecía levantarme con los niños, abrir sus regalos, ver sus caras y fotografiarlas... lo disfruté como una enana. Les echaba tanto de menos...
Yo había traído regalos para todos desde varias partes del mundo, había estado juntando uno a uno y la verdad es que diría que incluso se aburrieron de abrir regalos... cosa que decidí no volver a hacer más, pues aunque yo disfruté muchísimo, hay mejores formas de regalar.
De Córdoba nos fuimos a Málaga, a la casita de verano que tiene mi hermana y su marido y que aún yo no había visitado... pasamos unos días muy buenos en familia antes de irme a Madrid una temporada para seguir con mi proyecto.
¡¡¡Parece mentira que fuese enero!!! y es que, que me perdone el resto pero Andalucía da gusto. Concretamente esto es en Benalmádena, Málaga. En la Cala de la Viborilla que llaman la playa que está justo abajo del residencial que muestro en la foto. Precioso y súper tranquilo... perfecto para vacaciones todo el año.
Una cosa que me llamó mucho la atención es que absolutamente todo está en inglés, y es que tienen muchísimo turismo extranjero, se respira un ambiente muy internacional.
Y después de esta semanita de relax en Málaga, me volvía a mi tierra, a Cádiz... donde empezaban los eventos gastronómicos y carnavaleros, mi fiesta favorita por excelencia. Después de casi 4 años sin carnavales ¡este año lo pienso disfrutar de lleno!
Llegar a casa por Navidad, como el turrón... ¡que bien sienta! Casi año y medio sin ver a los míos y allí estaban todos... familia, amigos y cientos de caras conocidas. Me encantan los reencuentros, y para lo que odio las despedidas, supongo que está compensado.
Llegar a mi tierra, Cádiz, Chipiona... mmmm que alegría cuando sales del coche y huele a brisa, huele a mar, huele limpio y fresco... huele a ¡hogar!
Yo reconozco que soy de buen comer, me encanta, y en España lo que se dice comer, comemos muy bien. Sigo con mis tostadas con jamón, mis zumos de naranja natural, salmorejo, pescaíto frito, puchero... ¡ay que hambre!
Y el comer y el beber, si es en compañía mejor, y de eso, en diciembre ¡todos sabemos mucho!
Mi gran amigo Manrique y su preciosa mujer Pamela, me llevaron a catar el que dicen que es el mejor mosto de Sanlúcar de Barrameda. Nosotros lo disfrutamos muchísimo, y ya que estábamos pues catamos también unos pepitos de ternera, y es que con esta pareja, sólo se va a buenos sitios. No entiendo como los dos se mantienen en la línea.
Siempre he escuchado que los verdaderos amigos, aunque pasen los años y exista una distancia real entre ellos, mantienen esa amistad de por vida. En ese aspecto me siento bastante afortunada, creo que es lo que me hace una persona de las más afortunadas que conozco, mis amigos. A veces pienso que no merezco el trato que recibo por parte de ellos, que nuestra amistad está descompensada... y me encantaría hacer mucho más por todos ellos y vivir muchas más cosas con ellos. La vida es la que es, y la situación de momento no va a cambiar, así que siempre intento disfrutar al máximo de ellos, de los que se dejan y de los que me apetece por supuesto.
En mi tierra, como en muchas partes de España, las semanas previas a la Navidad son todo una fiesta, a mi me gusta incluso más que las propias navidades. Fui a conciertos, barbacoas y eventos varios que estaban planeados y otros que surgieron. Estas son las cosas que más echo de menos estando fuera, los míos. El pasar ratitos tan a gusto como los que te proporcionan los que te quieren.
Que soy amante de los carnavales y fan número uno de los carnavales de mi tierra, no es ninguna novedad, pero poder asistir, como en los viejos tiempos, a los ensayos de las comparsas, que ya por diciembre están afinando el trabajo de muchos meses anteriores... pfffff son sentimientos a los que no puedo poner palabras. ¡Que grande es Cádiz señores! ¡Que grande y cuanto arte hay en esta esquinita del mundo!
Y aquí os dejo la reflexión con la que entré en las Navidades... Navidades que después de varios años, volvieron a ser entre familia y amigos, a pesar de la ausencia de mi amor, al que dejé en Singapur.
El año pasado no empece con buen pie, ni siquiera sentí que fuesen Navidades, alejada de los míos y de cualquier sentimiento positivo. A pesar de todo, este año ha sido un gran año para mi, lleno de proyectos, trabajo y estudios, experiencias inolvidables y teniendo a una persona en mi vida que me ha devuelto la felicidad y las ganas de seguir adelante. A todos mis amigos, mi familia de la que tantísimo estoy disfrutando, los que me conocéis y habéis estado conmigo al pie del cañón apoyándome en todo... Os deseo un fabuloso año nuevo desde lo más profundo de mi alma. Yo seguiré viviendo, luchando y disfrutando... Porque al fin y al cabo, de eso es lo que se trata la vida !!! Feliz año a todos!!!
Gardens by the Bay son los jardines que están en al complejo de Marina Bay Sands y se expanden sobre unas 100 hectáreas. En total son tres jardines frente al mar que se inauguraron en 2005 y que el gobierno de Singapur pretende que sea un icono del país.
La entrada va desde 7€ hasta 16€ dependiendo si accedemos a uno, dos o los tres jardines y está abierto prácticamente todo el día.
Mike había ido anteriormente con su madre y la verdad es que ambos estaban encantados. Esta vez fui yo testigo en primera persona de lo impresionante que son las instalaciones y el lugar que más me gustó sin duda alguna es uno al que llaman "Cloud mountain", dentro del "bosque nublado".
En este lugar hay especies del sur y centro de Asia que viven en la más absoluta humedad, razón por la que a 35 metros en la montaña, tienen una cascada espectacular que a la vez sirve como sistema de riego a las plantas que se encuentran a nivel del suelo. Las flores y la vegetación en general de este jardín son increíbles.
Nosotros tuvimos la suerte de ir en Navidad, por lo que en otro de los jardines: "Flower Dome", pudimos ver aparte de las impresionantes especies que tenían de todos los rincones del mundo ¡una preciosa decoración!
Había pingüinos y muñecos de nieve hechos con flores, sillones hechos con troncos y un sin fin de detalles que hacían sentir al visitante como si estuviese en una película de Navidad.
No es que sea una atracción turística, pero a mi personalmente me gustó mucho. Singapur ya me lo conocía bastante bien por todo el tiempo que había pasado en aquella ciudad/país, y este rinconcito hizo que aún me gustara mas... todo tan limpio, tan cuidado al detalle, tan perfecto....
Al final del hermoso recorrido, hay una especie de proyección en la que nos explican la auto-sostenibilidad de estos jardines y todas sus funciones ecológicas. Por ejemplo yo me quedé con que funcionan con energía solar y eliminan cualquier materia vegetal para el enfriamiento de los espacios, lo que me parece alga muy interesante cuanto menos.
Lo que quizás resulte más impresionante de estos jardines, está fuera al iré libre. Son unas especies de árboles inmensos a lo largo de los casi 130 metros de pasarela que conectan las dos cúpulas. Están a más de 20 metros del suelo y ofrecen unas de las mejores vistas de la zona.
Y como no, las vistas de mi amada piscina suspensa en las tres torres de Marina Bay Sands... ¡como me gusta este lugar!
Aunque faltaban un par de meses para navidad, yo había decidido que quería pasar esas fechas en familia, ya que las últimas dos navidades las pasé en Maldivas trabajando y las anteriores tampoco las pasé en familia, por diferentes razones. El caso es que me apetecía mucho volver en casa por navidad, como el turrón, y así lo había acordado con Mike, al que dejaría completamente sólo en Singapur. Pero llevaba casi dos años sin ir a España, ya era hora.
Durante mi estancia en Singapur nos dedicamos a disfrutar mucho uno del otro, a comer bien y yo personalmente a disfrutar de esta ciudad. Aunque era la quinta vez que pasaba por aquí, Singapur es muy especial para mi.
Aunque fuera de tiempo, nosotros celebramos nuestra navidad juntos, en pareo y con regalos… además recibimos un paquete desde Estados Unidos de la madre de Mike, donde nos regalaba nuestros primeros calcetines para Papá Noel como pareja. Tenían nuestras iniciales y nos hizo muchísima ilusión.
Además de los regalos y diferentes adornos navideños, disfrutamos mucho del momento porque sabíamos que nos volveríamos a separar de nuevo por más de 3 meses, aunque esta vez esperábamos que fuese la última.
En diciembre fuimos a Zoukout, que es un festival de música que se hace en la playa, en la isla de Sentosa en Singapur desde 1991. Es un festival a lo bestia donde van unas 30 mil personas cada año y uno de los regalos que recibí en nuestras "Navidades anticipadas" fueron los tickets para ir (unos 52€ al cambio).
En este festival han participado genios reconocidos mundialmente como Avicii, Paul van Dyk, 2ManyDJS, Armin van Buuren, Carl Craig, Masters at Work, Gilles Peterson, Richie Hawtin, Sven Väth, David Guetta, Tiësto … y este año que íbamos nosotros pues los grandes eran Avicii, Above & Beyond, Paul van Dyk, Kaskade y Hardwell, aunque había más de 30 Dj´s.
Mike estaba muy ilusionado, y compramos lazos de colores para adornarnos y como no, una botella de tequila, limón y sal para empezar la fiesta. Quedamos con sus amigos allí y nos sentamos a beber a modo de chupitos ¡hasta que acabamos la botella!
¿Alguna idea de como acabamos aquella noche? Yo no soy capaz de recordar más allá de estar poniéndome pulseritas luminosas en las muñecas y los tobillos para irnos a la zona del Dj a bailar.
¡Vaya dineral tirado a la basura! Mike tuvo que hacerse cargo de mi y no le dejé disfrutar del festival … nos despedimos de sus amigos, cogimos taxi y ¡vuelta a casa antes que cenicienta! jajajaja que pena, pero bueno, de experiencias se aprende. El tequila y yo desde entonces nos tenemos mucho respeto y sólo tenemos una relación cordial y respetuosa :p
Al día siguiente por supuesto ¡me quería morir! y Mike ¡me quería matar! jajajajjajajajajaja
La sensación se sobre volar de nuevo esas paradisiacas islas es indescriptible, tanta belleza, tanta maravilla, tan especial... Sentía que volvía a casa. Sentía que volvía donde fui capaz de recuperar una vez mi sonrisa, donde recuperé mis ganas de seguir luchando, donde casi me recuperé a mi misma. Y esta vez sería definitivo, ahora ya lo tenía todo claro... con las profundas heridas aún en mi corazón, sabía que aquello significaría un paso adelante, esta vez estaba segura que no iba a dejarme pisar más, el daño que sentía, era sencillamente insufrible, aquello tenía que acabar y mi regreso a Maldivas lo haría posible. Llegue dispuesta a centrarme sólo y exclusivamente en mi felicidad... y yo, todo lo que me propongo, es para conseguirlo.
Curiosamente, a los pocos días de llegar, en unas charlas que nos dieron en la compañía para enseñarnos el valor de hacer las cosas diferentes y siempre lo que uno desea, me pusieron un video que describía exactamente como me sentía en aquel momento. Una chica japonesa, sorda, aprendiendo a tocar el violín y su profesora al ver lo difícil que le resultaba, la humillaba, le reprochaba el que no lo hiciera bien y le decía que se dedicara a otra cosa. Y esa chica encontró a un humilde señor que tocaba el violín en la calle, que puso todo su empeño y confianza en ella y en su música, y ella, utilizando como motivación todo ese sentimiento negativo que tenía en su interior, se demostró a ella misma y al resto del mundo de que no sólo era buena tocando el violín, sino que era capaz de conmover al resto con su música, con la manera que ella expresaba la fuerza y el amor que llevaba dentro. Aquí os pongo el enlace de ese video, porque sin duda, es precioso y me hizo aún tener más ganas de intentarlo.
Ahí llegaba yo, con mi corazón roto y lleno de tiritas, como aquella chica se presentó en el teatro con su violín hecho pedazos a causa de otro...
Cuando mi barco llegó a la isla donde había vivido antes, estaban mis dos grandísimas amigas Iryna y Karen, a las que no veía el momento de abrazar... y con ellas estaba mi jefa, Kin, a la que admiro y quiero muchísimo. Me dieron una calurosa bienvenida, me llenaron de abrazos y todas coincidían que no se creían que volvía hasta que me vieron... Fue un momento tremendamente bonito que siempre llevaré en mi corazón, el reencuentro con personitas tan especiales como ellas.
Esta vez viviría con Iryna en la misma casa, juntas y solas. Y mi jefa se había encargado de que tuviese un pequeño frigorífico en la habitación porque sabía que venía cargada de comida de España y que para mí era un problema grande lo de la alimentación en aquella isla. La felicidad que sentí aquel día es una de las razones por las que me siento afortunada de tener a la gente que tengo a mi alrededor.
En las mismas clases donde me habían puesto aquel estupendo video, me pidieron que compartiera mi experiencia personal con el resto de asistentes, todos nuevos trabajadores en la empresa venidos de todas partes del mundo. Pensaron que como yo había vuelto, y lo había hecho por decisión propia, tendría algo importante que aportar a aquella gente y sin duda lo fue. Me emocioné muchísimo hablando de lo que aquella empresa, aquellas personas, aquellas islas, significaban para mi. Fueron 20 minutos hablando en inglés donde hice asomar alguna lágrima de gente que me vio llegar el año anterior cuando no hablaba inglés, cuando no podía incluso quejarme de la comida, cuando no tenía amigos y andaba cabizbaja sin querer ni tan siquiera integrarme en aquel entorno. ¡Estaba de vuelta y estaba dispuesta a ser feliz de nuevo!
A la semana de estar trabajando, recibimos un grupo de personas mayores que venían de Barcelona, por lo que ninguno hablaba inglés y muchos de ellos incluso ni hablaban castellano. Una señora de unos 65 años se cayó en frente de uno de nuestros restaurantes y se rompió la cadera, por lo que me pidieron acompañarla hasta el hospital junto con su marido ya que no se podrían comunicar con nadie y la pareja estaba muy asustada. Me puse en lugar de ellos y quise ayudarles lo máximo posible. La señora estaba aterrada, dolorida y quería irse a España a operarse, pero para eso había que inmovilizarla, preparar un sitio para ella de 12 plazas de un avión que volara hasta Barcelona y el seguro tenía que gestionarlo todo. Aquello les llevó una semana, 7 dias que me pase yendo desde mi isla hasta la capital donde esta el hospital a las 6.30 de la mañana y volviendo en el último barco ya bien entrada la noche. Días en los que le cocinaba con lo que podía o encontraba por la ciudad, la escuchaba, la limpiaba, le traducía todo en cuanto decían... fueron días muy difíciles y de mucha tensión. Finalmente María y Antonio pudieron volar a Barcelona, después de unos días duros lejos de los suyos y en una situación crítica. Se pudo operar, me llamaron y agradecieron todo lo que hice por ellos, les mandé un ramo de flores a su casa deseándoles su pronta recuperación y al igual que ellos, yo también les recordaré para siempre.
Y parece que yo no empezaba con buen pie, después de ese grupo, vino otro... gente de todas partes de España que viajaban gracias a un viaje de incentivos que organizaba su empresa. Pasamos unos días estupendos y fue ahí cuando empecé a notar los cambios en sentido negativo que los jefes de mi resort estaban llevando a cabo. Sin querer darle demasiada importancia, me limité a disfrutar de mi trabajo y hacerle a toda esa gente que venía de mi país al que tanto añoro, pasar unas maravillosas vacaciones.
El día que se fueron los españoles, me caí porque llovía a mares y yo iba corriendo de un lado a otro, así que me pasé unos días en cama con un esguince en el pie derecho. Aquello me sirvió para descansar, pero también tuve tiempo para pensar, reflexionar... y entristecí mucho en aquellos días. Y en seguida llegó la Navidad... y a pesar de que aquel año me habían elegido como Mama Noel para que entregara los regalos a los pequeños por todas las cabañitas que tenemos repartidas por las islas, yo emocionalmente no estaba pasando mi mejor momento.
Disfrute mucho la experiencia y pase muy buenos y entrañables momentos. Eché demasiado de menos a mi familia y amigos, mucho más que el año anterior y como también trabajé el doble, aquellas navidades no estaban siendo agradables precisamente. Ni siquiera pude cenar en noche buena y noche vieja de lo terrible que es allí la comida. ¡Ni siquiera el día de navidad! Es lo que tiene estar en un país musulmán... pero había que adaptarse.
Pasaron días, semanas, meses... y yo me iba recuperando por momentos. Tuvimos un grandísimo evento en febrero donde uno de los hombres más ricos del mundo había alquilado casi 4 de nuestras 5 islas en Maldivas para celebrar su cumpleaños. Trajo cantantes y grupos famosos que actuarían sólo para ellos, cocineros, niñeras, y un sin fin de trabajadores que se dedicarían en cuerpo y alma al cumpleaños de este señor y sus no menos importantes invitados. Fueron unos días de muchísima tensión, demasiado trabajo y donde apenas dormíamos 2 o 4 horas por día. Aquello es algo que me gustó vivir, es algo único e irrepetible y aunque trabajé mucho, también disfruté expectante de tal evento.
Al finalizar aquello, la que era directora de mi hotel, no se sabe bien por qué, nos la jugó con los sueldos y se fue a otro resort. Nos dejó "con el culo al aire" y "tirados como una colilla". Los sueldos se vieron reducidos en un grandísimo porcentaje y las condiciones laborales empeoraron bastante; lo que provocó huelga de los locales que pararon el funcionamiento de las islas, que a su vez hizo que el mismísimo dueño del resort, otra persona multimillonaria, se presentara personalmente allí en su avión y barco privados para solucionar y analizar en profundidad las cuentas y el lío que había con los trabajadores. Es una historia bastante larga, complicada y de la que no quiero dar nombres y detalles, por lo que no ampliaré mucho más. Nos llegó un nuevo Director General y con el, y las no mejoras que se habían prometido, empecé a plantearme el marcharme de allí. Maldivas había dejado de ser un sitio donde quería vivir, el trabajo ya no se nos recompensaba, nos habían engañado y la mitad de la plantilla se estaba marchando, uno detrás de otro. Lo que significó que en un período muy corto de tiempo, perdí a muchos amigos y compañeros.
Yo seguí con mis clases de buceo y me hice buzo avanzado. Era la forma de evadirme de todo, de evitar cabrearme... mi válvula de escape. Pero en seguida se hizo imposible parar mi mente, la idea de irme de aquel lugar... en mi departamento la gente había dejado de trabajar y era insoportable aquella carga sin el pilar que suponía mi jefa, que también se había ido después de dos años luchando contra corrientes.
Como cosas positivas y buenos ratos, tengo que decir que me encantó que mis amigos Ana y David viniesen a Maldivas y aunque no teníamos sitio en nuestro hotel, tuve la oportunidad de irme a cenar con ellos en la capital y pasar un rato muy a gusto aunque yo ya no estaba de tan buen humor porque la idea de irme y escapar de aquello me atormentaba demasiado en la cabeza.
Momentos con mi amiga Karen y con mi amiga Iryna han hecho que mi estancia allí fuera más que placentera... disfrutamos todo en cuanto pudimos y con los límites que teníamos... y después de varias duras despedidas, llegó el momento de decidirme yo... porque si me iba de Maldivas... ¿qué es lo que iba a hacer? En España la crisis se estaba convirtiendo en algo demoledor, y todo lo que me llegaba de allí eran palabras para que no volviera, la cosa estaba mucho más complicada de lo que yo apartada del mundo podía leer en las noticias y además en España no estaría a salvo de volver a caer en redes sentimentales que no me llevarían a ningún buen puerto. Tenía que pensar el siguiente paso, pero lo que tenía claro es que no quería estar allí por mucho tiempo más.
Y mientras me lo pensaba y analizaba las diferentes opciones teniendo en cuenta el dinero que había podido ahorrar, las ventajas de cada opción que me planteaba y el tiempo de estar lejos de casa que cada idea suponía, amigos y más compañeros seguían marchándose de las islas, aquella situación no la aguantaron más que los locales, los propios maldivos porque no les quedaba otra.
Viví un golpe de Estado; una alerta de tsunami en la que evacuamos en barcos a más de 1000 personas entre los que había unos 100 bebés viviendo momentos de verdadero pánico; varias huelgas generales e internas que debido a que la gente de allí no puede salir de las islas, fueron violentas... ¿Que más señales quería? Fijé una fecha de salida, hablé con la agencia con la que estuve planeando mi marcha a Australia al principio de mi salida de España hacía ya casi dos años y me puse en marcha...
Evacuación de las 5 islas... más de 1000 personas
Después de hablar con la que había sido mi jefa, con directores de diferentes departamentos, amigos y familia, lo tenía decidido. Tenía en mente desde hacía tiempo montar algo yo misma relacionado con el turismo, algo de lo que aún no daré detalles, pero quería perfeccionar mi inglés, adquirir un vocabulario más técnico y aprender los diferentes formas de negocio a nivel internacional. Así que hice mis números, pensé los pros y los contras, y me lancé a la aventura. Arriesgaría todo el dinero que había ganado durante mi tiempo trabajando en Maldivas para invertirlo en una formación que creía muy valiosa para mi, y por supuesto en la experiencia de vivir en un país súper desarrollado como es Australia, cumpliendo además uno de mis sueños visitando el continente de los canguros y koalas, aprendería sobre una nueva cultura y sin duda la experiencia merecería la pena, estaba segura.
Había llegado el momento de ser yo la que dijese adiós a Maldivas, agradecida por todo lo que ha significado en mi vida, por la gente tan maravillosa que he conocido allí, por la cantidad de cosas que he aprendido (entre ellas el idioma) y sin duda la increíble experiencia que me llevaré siempre conmigo.
Se acerca la navidad... el hotel esta lleno de gente de todas partes del mundo que viene a disfrutar de las vacaciones en un clima tropical y siendo sincera, me apetecía vivir esa experiencia. No estaba triste, y aunque echase de menos a mi familia y amigos, aquí también tenía una vida, por lo que simplemente me adapté a la nueva situación y quise formar parte al máximo de lo que sería pasar estas fechas tan señaladas en las Islas Maldivas, fuera del ruido y la aglomeración de las ciudades, del frío y el síntoma de comprar de forma descontrolada como característica principal de las navidades. Nuestro árbol de Navidad estaba hecho a base de cocos de nuestra isla y estaba situado en el camino a la playa, sobre la blanca arena de coral, y mi vestido de gala era una toalla de playa de color turquesa enrollada en el cuerpo.
Por aquellas fechas yo ya había empezado a cuidar a los más pequeños del resort. Trabajaba en mi tiempo libre como niñera de muchos clientes para que ellos pudiesen disfrutar de sus vacaciones de una manera mas tranquila. Y fue algo que me encantaba hacer, estar con niños me transmitía su dulzura, su simplicidad, su autenticidad... pensaba que las cosas podían ser sencillas si nosotros así lo veíamos.
Había que elegir a Mamá Noel para que ayudara a Santa Claus con el reparto de regalos la noche de nochebuena. Me ofrecí voluntaria, era algo que me hacía mucha ilusión, quería formar parte directa de esta experiencia. Pero Patrick, el Subdirector General del resort, le dijo a mi jefa que debido a mi escaso nivel de inglés no podía desempeñar esa función.
Aquello me entristeció por un momento, pues me apetecía muchísimo, pero en seguida lo acepté y anime a mi compañera de casa, Assel con todos los preparativos... Estaba guapísima vestida de Mamá Noel.
Pusimos un gran árbol de Navidad en recepción y lo llenamos de regalos, los niños venían a pedir sus juguetes y los padres a ayudarnos con aquella tarea. Fueron días largos y de mucho trabajo, pero los disfruté al muchísimo.
En Navidades no tenía mucha relación con mi ex, pues había sido después de una de esas largas discusiones en las que le pedí tener menos contacto, ya que aquello me hacía daño. Ojos que no ven, corazón que no siente, eso parecía ser lo correcto en aquel momento.
Todos los que habíamos participado de manera directa en la celebración de la Navidad en el resort, recibimos una invitación para cenar en el restaurante de la playa de Dhigu. Yo había estado trabajando vestida de payaso en todo lo que habíamos preparado para los pequeños durante el día de Nochevieja. Pusimos en recepción muchísimos juegos y actividades y todo el departamento de reservas y algunos de recepción estuvimos trabajando con los niños mientras los padres cenaban la noche de nochevieja. Fue muy divertido, no sabría decir si los mayores lo pasamos mejor que los pequeños o viceversa. Sin duda, fue una experiencia muy bonita de la que disfruté bastante.
Mi ex me llamó antes de que empezaran a cenar, para decirme que se acordaba mucho de mí y que le daba mucha pena que pasara estas fechas sola y tan lejos de los míos. Hable con toda su familia, les deseé unas muy felices fiestas y seguí con nuestra celebración. Me había encargado de mandarles flores y champagne tanto a ellos como a mi familia, de esa manera, me sentirían un poco más presente. Sinceramente sentía a la familia de mi ex como si fuese también parte de la mía. Sus padres siempre me trataron como una hija y les quiero muchísimo, son unas personas con muy buen corazón a las que siempre les estaré agradecida por todo lo que han hecho por mi.
En mi casa, recibieron las flores, y el champagne, se hicieron fotos con mis regalos y me las enviaron para que supiese que estaba presente con ellos. A mi madre le encantaron los tulipanes rojos que le envié, y el hecho de que ellos lo disfrutasen tanto, para mi fue el mejor regalo de Navidad.
Pasados estos días, tuvimos la cena que mencioné antes, en la que gocé de la comida, de la compañía y del paraíso donde me encontraba. Habían sido unas navidades estupendas en compañía de todos mis nuevos amigos y nos disponíamos a dar la bienvenida al nuevo año. Todo estaba preparado, muchos de nosotros estábamos juntos... empezaba la cuenta atrás. Con toda la gente alrededor de la piscina y unas letras ardiendo en medio del mar que indicaban la salida del año, contamos los últimos segundos, brindamos con champagne y compartimos nuestros mejores deseos, con los que estábamos allí y cada uno de manera individual con los que teníamos lejos.
El 2010 había sido un año de cambios para mí, duro sin duda alguna y deseaba con todas mis fuerzas que el 2011 fuese todo lo contrario. Por eso me limité a disfrutar de todo en cuanto tenía y dar gracias por ello.
Nosotros no teníamos permiso para estar en el bar de la piscina, donde se daba lugar la fiesta, pues los trabajadores en esta empresa tenemos muy restringido el acceso a las zonas donde están los clientes en nuestro tiempo fuera de jornada. Pero aquella noche fue una excepción y disfrutamos de un par de hora juntos, en las que bailamos, bebimos y reímos hasta que tomamos el ferry de vuelta a nuestra isla, donde no había fiesta, no había ningún tipo de celebración y todo parecía ser un día cualquiera. Y es que celebrar las navidades en un país musulmán, para los que siempre hemos tenido como especiales estos días, se hace cuanto menos extraño y triste.
Cuando crucé a nuestra isla eran casi las 3 de la madrugada en Maldivas, en España las 11 de la noche y todo el mundo estaba acabando de cenar para tomarse las uvas y dar la entrada al nuevo año 2011. Yo llamé a mi familia, y a algunos amigos. Tenía una lata con 12 uvas que unos españoles me habían regalado para que pudiese entrar en el nuevo año como la tradición manda en España, así que coincidí con mi amiga Rosa de Sanlúcar que estaba trabajando en ese momento, y en Skype, sin video porque la señal no era suficiente y mientras ella me decía los últimos segundos, nos tomamos las uvas a la vez, 4 de la mañana en Maldivas, 12 de la noche en España, vosotros empezabais la fiesta y yo me iba a la cama.