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En este blog comparto en primera persona cómo fue mi salida de España, qué me llevó a ello y como conseguí llegar a mi primer destino: Las Islas Maldivas. Tras un par de años de idas y venidas, mil aventuras y muchos sentimientos encontrados, mudarme a Australia se convierte en mi siguiente meta. Mi historia de amor y la superación a mí misma me llevan a concluir una maravillosa etapa en Sydney, y tras pasar por Singapur y España comienzo una nueva vida en Shanghai, China.

Esta es mi historia, es mi propia experiencia, y viajar por todo el mundo se ha convertido en mi día a día. En este blog narro viajes, aventuras y los itinerarios que he seguido, siempre elaborados por mi misma. Espero que os guste mi aventura por el mundo... y recuerda: ¡que no te lo cuenten!
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¡¡¡Entramos en un nuevo año!!!

Las fiestas sucedieron sin altibajos, navidades en casa y fin de año en casa de mis tíos en Sevilla porque aunque pensé que eso no pasaba en la vida real ¡a mi tío le tocó un pellizco de la lotería!

Nos fuimos casi toda la familia a celebrarlo a Sevilla con él y el día de año nuevo, el resacón fue monumental... ¡empezamos de nuevo en enero!

Y como tenía mono de los más pequeños de la casa, decidí irme a pasar la semana de reyes a Córdoba con ellos, ya que mi hermana vive en un pueblo de esta provincia. Me apetecía levantarme con los niños, abrir sus regalos, ver sus caras y fotografiarlas... lo disfruté como una enana. Les echaba tanto de menos... 

Yo había traído regalos para todos desde varias partes del mundo, había estado juntando uno a uno y la verdad es que diría que incluso se aburrieron de abrir regalos... cosa que decidí no volver a hacer más, pues aunque yo disfruté muchísimo, hay mejores formas de regalar. 

De Córdoba nos fuimos a Málaga, a la casita de verano que tiene mi hermana y su marido y que aún yo no había visitado... pasamos unos días muy buenos en familia antes de irme a Madrid una temporada para seguir con mi proyecto. 


¡¡¡Parece mentira que fuese enero!!! y es que, que me perdone el resto pero Andalucía da gusto. Concretamente esto es en Benalmádena, Málaga. En la Cala de la Viborilla que llaman la playa que está justo abajo del residencial que muestro en la foto. Precioso y súper tranquilo... perfecto para vacaciones todo el año.

Una cosa que me llamó mucho la atención es que absolutamente todo está en inglés, y es que tienen muchísimo turismo extranjero, se respira un ambiente muy internacional. 



Y después de esta semanita de relax en Málaga, me volvía a mi tierra, a Cádiz... donde empezaban los eventos gastronómicos y carnavaleros, mi fiesta favorita por excelencia. Después de casi 4 años sin carnavales ¡este año lo pienso disfrutar de lleno! 

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De Bondi Beach a Coogee por toda la costa. ¡Estudios finalizados!

Hoy tengo que darme un OLÉ a mí misma... porque todo esfuerzo se recompensa, porque he conseguido un objetivo más y porque yo lo valgo!!! 
TENGO LA NOTA MAS ALTA DE MI CLASE!!!! 
Hasta la semana que viene no es definitivo, pero estoy súper súper feliz!!!!


Así empecé el día 5 de Octubre del pasado 2012, más feliz que ninguna otra persona en aquel país, y es que mis esfuerzos se veían recompensados con una altísima calificación, la más destacada de toda mi clase, lo que me llenaba de un tremendo orgullo, pues sólo yo sabía lo que aquella nota me había costado. 

Estaba deseando entregar los últimos proyectos para confirmarlo y acabar con las clases, pues aunque me gustaban mucho, me había pasado la mayoría de mi estancia en Australia estudiando y trabajando.
Aunque es cierto, que mis escapadas me las daba :p 

Como se acercaba el final de mi experiencia australiana, una noche todas las amigas que vivíamos en la misma casa, hicimos por coincidir libre para poder salir y tomarnos unas copas a gusto, reírnos, bailar y disfrutar juntas, ¡al menos por una vez! 

Fue una noche muy divertida, donde gracias a la loca de Andressa, una brasileña hippie y aventurera , no pudimos parar de reírnos. 
Camila era la otra brasileña, también las risas con ella estaban aseguradas, pero si algo destaco de esta amiga mía es su bondad y fortaleza. Tiene un corazón que no le cabe en el pecho, trabajadora como poca gente he visto y con un espíritu vivo que le mantiene arriba pese a cualquier situación.  
Y la otra parte del grupo era mi amiga Natt, la española de la que llevo hablando desde mi llegada a Sydney... juntas formábamos un gran equipo.


Aquella mezcla de alegría por todo lo que estaba consiguiendo, lo que estaba viviendo en Australia y la tristeza de abandonarlo… me producía una melancolía que me llevó a echar de menos mucho a mi gente, mi tierra, mi comida… había pasado demasiado tiempo sin ir a España, más de año y medio en los que habían pasado muchas cosas, y me sentía muy lejos, necesitaba volver para recargar mi energía, ya que cuando dejé mi país hacía ya 2 años, yo estaba pasando por uno de los peores momentos de mi vida, y el sabor de boca con el que me fui tenía que ser eliminado. 

Aquella semana recibí esta foto de mi chico… desde Singapur, desde su trabajo. 




Nuestra particular cuenta atrás llegaba a su fin… por fin podríamos vernos de nuevo, pasar juntos una temporada, y los planes que teníamos ¡¡¡ eran alucinantes !!!! Estaba deseando verle, mantener una relación a distancia como lo estábamos haciendo no era fácil. Ya "sólo" quedaban 30 días mas.

¡¡¡ Y llegó otro gran día!!!! El día de la graduación, el día en el que nos entregaban los diplomas, el día en el que acababa ¡¡¡mis estudios en Sydney!!! 


Mi amigo y compañero Carlos de Argentina, me acompañó desde por la mañana, vino conmigo al acto de entrega de diplomas y me hizo esta foto, la cual guardo con mucho cariño y como prueba de mi logro: Certificado en EAPB Business en Australian Pacific College, todo un orgullo. Y sí, ¡¡¡saqué la nota más alta de toda mi promoción!!! 


Lo que hice al día siguiente fue pasear por Bondi Beach, a mediados de Octubre ya no hacía tanto frío y con una sudadera se podía estar en la playa súper a gusto. Había escuchado que la ruta por la costa desde Bondi Beach hasta Coogee era preciosa para hacer andando… no lo había preparado, pero me cogí por la mañana temprano el bus hasta allí y empecé a andar. Os dejo las fotos, porque creo que aquí las palabras empiezan a sobrar… 
























Más de 9 Kms de costa en los que atravesé preciosas playas, parques, reservas naturales e incluso un enorme cementerio a pie de playa en lo alto de una colina que llamó toda mi atención. ¡Que preciosidad de paseo! Altamente recomendable para hacerlo a menudo, impresionantes paisajes. 

Por la tarde una ducha y ¡a trabajar! que ya me quedaban pocos días y tenía que avisar de que dejaba el puesto con suficiente antelación. En el siguiente post contaré un poco más las idas y venidas en cada uno de mis trabajos, porque aquello era una locura. 


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Welcome to Australia!!!

9 de Julio de 2012, aeropuerto de Sydney (Australia).... Esta chipionera comienza otra nueva etapa, una aventura que quizás no haya sido meditada al milímetro, pero siempre he pensado que quien no arriesga no gana, y por que no, aposté todos mis ahorros conseguidos trabajando en Maldivas, en pagarme los estudios que quería hacer en un país al que siempre había querido ir. Me había decidido a estudiar Business en Australian Pacific College, un certificado que me costaba mucho dinero, y probablemente mucho esfuerzo, teniendo en cuenta que había aprendido a hablar inglés, trabajando en Maldivas y ahora me enfrentaba a sacarme un título internacional en este idioma... mmmmmmm sí, seguro que puedo. No hay nada imposible. 

La mezcla de sentimientos que tenía en la puerta de la terminal del aeropuerto esperando a Sharon, era un poco de miedo, de incertidumbre, de felicidad, curiosidad y ansias por empezar a explorar. Estaba nerviosa. 

Cuando Sharon llegó en su coche, la vi súper abrigada y con una amplia sonrisa de oreja a oreja. Apenas la reconocía, pues en Maldivas los atuendos son todo lo contrario. En seguida me dio un tímido abrazo y me acompañó hasta su coche, un Audi que se conducía por el lado contrario al que lo hacemos en España y en que nos pasamos un buen rato hablando de los precios de Sydney, las costumbres o el carácter de la gente. Ella me ofreció además de su casa, su ayuda con el idioma. Me dijo que me corregiría siempre que lo necesitara y que estaba segura que la experiencia iba a ser inolvidable para mí, y que se sentía genial contribuyendo de alguna manera. 

Lo primero que me enseñó Sharon, mi nueva amiga australiana de más de 50 años (o la única), fue la gran pasión que existe en Australia por el café, lo adoran!!!! Así que como no, me llevo a un sitio coqueto, rústico y en medio de la nada donde me pedí una botella de agua. Si, lo se, ridículo, pero a mí no me gusta el café y lo que tenía era mucha sed... para compensar me pedí un delicioso "banana bread", típico de Australia, y tengo que admitir, que estaba delicioso. Mi nueva amiga tenía muy mal carácter y no le sentó muy bien aquello de que yo no amara el café, a decir verdad, que ni siquiera me interesara más que su olor. Me advirtió que tenía que probarlo, y aquella conversación quedó pendiente... 

De camino a casa, ella necesitaba solucionar un problema que tenía con sus pantalones de vestir, pero yo no entendía exactamente lo que necesitaba, así que la acompañé a unos grandes almacenes donde vendían todo tipo de artículos de mercería. Después de estar un buen rato viendo opciones y volviendo loca a la dependienta, entendí que lo que Sharon quería era poner unos botones a sus pantalones, pero como no tenían ojal, tenía que limitarse a ponerle corchetes, cosa que no quedaba muy estético según ella. El caso, es que no sé ni como ni por qué, me ofrecí a ponerle los botones y hacerle los respectivos ojales a no sabía cuantos pantalones... cosa que tendría que hacer a mano, ya que ella no era ama de casa  (según me había contado) y no tenía máquina de coser! El caso es que ella iba muy contenta mientras conducía y yo no paraba de darle vueltas a como iba a hacer aquello, pues siempre he visto a mi madre coser, pero no creo que el saberlo hacer sea algo hereditario. 

Llegamos a su casa, un portal sencillo, una casa a la altura de la calle, individual, no dentro de un edificio. Entramos y era todo de madera y bastante oscuro, pero acogedora, me gustó mucho. Los dormitorios estaban en la planta desde la que entrábamos a la altura de la calle, y al contrario de lo que pudiese pensar, el resto de la casa estaba un piso más abajo, por lo que me pareció muy original. Sharon me dijo que aún no había llegado mi cama, pero que me había puesto una cama hinchable en una de las habitaciones y si no me importaba, podía empezar a instalarme. 
La verdad es que me gustó, tenía terraza dentro de mi habitación. Era pequeña pero bonita, y la zona muy tranquila... al final de la calle Alexandría, a pocas paradas en bus del centro de Sydney, en el distrito de Waterloo... ahí viviría los próximos meses! Quien me lo iba a decir...

Como mi vuelo había sido nocturno, estaba muy cansada y decidí dormirme una gran siesta después de colocar mi ropa e instalarme más o menos en el que sería mi cuarto a partir de ahora. Cuando desperté Sharon había traído cena, cocinó chuletas y verduras hervidas y cenamos viendo la televisión como dos viejas amigas. Hablamos de mis planes, de mis estudios, de los lugares que quería visitar en Australia, de la búsqueda de trabajo, de mi antiguo trabajo en Maldivas... hablamos de todo un poco hasta que acabó el día y nos fuimos a descansar.
Habitación con terraza propia que transformamos en mi dormitorio 

Salón - comedor visto desde las escaleras 










Al día siguiente aterrizaba en Sydney Natt, una chica española con la que había mantenido el contacto a través de grupos de Españoles en Sydney. Ella volvía de unas vacaciones en España, y había estado anteriormente en la ciudad, por lo que me venía genial para una primera toma de contacto y que me enseñara los trucos y secretillos que se necesitan cuando te vas a vivir a un país nuevo.

Quedé con ella en Town Hall, muy cerca de Hyde Park, y céntrico. La reconocí al instante, y en seguida empezamos a hablar y contarnos todo de cada una como buenas chicas españolas. Paseamos por el centro, George Street hasta The Rocks y Circular Quay, desde donde vi por primera vez la famosa Opera House, de noche, toda iluminada, preciosa. Y como no, el Sydney Harbour, impresionante.

Las fotos no son muy buenas... pero sólo mirarlas me traslada a aquel instante, en el que Natt me preguntaba ¿No lo encuentras más pequeño de lo que te lo imaginabas?













Después de un largo paseo, nos fuimos a Shark Hotel ... un sitio con música actual en medio de la ciudad, en la calle Liverpool, una de las más conocidas de la city. En Australia la mayoría de los Pub, se llaman "hotel" aún no se por qué, el caso es que Natt y yo nos pedimos unas cuantas de copas de vino blanco mientras charlábamos y charlábamos como si no hubiese mañana.

También vino una amiga de Natt de Madrid, Sarai. Trabajaba en un restaurante español y en no se cuantos sitios más, así que empecé a recopilar algo de información acerca de los trabajos disponibles y los sueldos. Fue una noche divertida, lo pasé muy bien, y debido a que llevaba mucho tiempo sin hablar español, lo disfruté al máximo. Estaba encantada con mi nueva amiga, con la ciudad, y con el hecho de que fuese invierno!!! Pues iba con vaqueros y botas altas todo el tiempo, cosa que agradecía después de estar en Maldivas descalza o con sandalias y sin posibilidad de usar tacones.

Al día siguiente me dediqué a hacer un poco de turismo... paseé por toda la bahía y fui al Chinatown, además de visitar los jardines chinos y ver la Opera House y Sydney Harbour durante el día. Tenía un par de semanas hasta que mis clases empezaran, así que tal como lo había planeado, me disponía a disfrutar la ciudad, conocerla, explorarla y disfrutarla al máximo. Además tendría que buscar trabajo, por supuesto, pero de momento, eso podía esperar.

Jardines Chinos 
Al volver a casa de Sharon después de mi día de turismo por la city, decidí que era hora de coser sus pantalones, abrir los ojales y coserlos además de añadir los respectivos botones. Me pasé en el cuarto cosiendo al menos tres horas, pues lo tenía que hacer a mano, y era mi primera vez (eran cuatro pantalones). Aquello fue todo un reto, quería agradecerle a Sharon lo que estaba haciendo por mí, y me había comprometido a solucionarle su problema. Pues aunque no quedaran como los hubiese dejado un sastre, no quedaron mal, ella estaba muy sorprendida del resultado, y me lo agradeció mucho, aunque como he mencionado antes, Sharon es una mujer seria y de mal carácter, así que tampoco me hizo mucha fiesta. 

Poco a poco... me hacía mi hueco. 


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Ahi te dejo Maldivas ...



Anuncié oficialmente que me marchaba a finales de abril, pues en el resort durante la semana santa no damos a basto con el trabajo y a fin de cuentas yo no tenía ninguna prisa, más que las ganas de irme y tener una vida normal donde poder comer, poder tomarme una coca cola con mis amigos, no tener que cubrirme las rodillas y los hombros para salir de casa, y no estar a 10.000 kilómetros de la persona que amaba mas que a mi vida. 

Fueron días de muchísimo trabajo, después de mi jornada de unas diez horas o a veces más trabajando, me iba a cuidar niños, ya que nuestros clientes en su mayoría viajaba en familia por aquellas fechas debido a las vacaciones del colegio. Estaba agotada física y mentalmente, pero a la vez feliz y muy ilusionada porque antes de llegar a España iba a visitar algunos países del sudeste asiático y Emiratos Árabes... todo estaba en marcha y la cuenta atrás había empezado. 

Lo más duro iba a ser despedirme de Kin, mi jefa, de Iryna mi compañera de piso y amiga y de Karen, mi amiga española. Por supuesto que tengo muchos más amigos en las islas pero ellas tres, junto con Alex, el alemán, significan muchísimo para mí y esta experiencia.


A lo largo de la vida he tenido buenos, muy buenos y jefes verdaderamente sorprendentes... pero tengo que decir que Kin es una de las personas mas trabajadoras que he conocido nunca y de una grandísima calidad humana, inteligente, competente y eficiente donde las haya... a la que siempre, le estaré agradecida por todo lo que ha hecho por mí y he aprendido junto a ella.



Recuerdo cuando llegué al principio como ella me explicaba las cosas casi con mímica porque yo no era capaz de hablar nada de inglés. Ella tuvo una paciencia admirable y capacidad para enseñarme prácticamente todo lo que aquí he aprendido. 
Un enorme GRACIAS le regalo y es para mí un placer haber compartido este tiempo con ella. 



Con Karen desde el principio ha sido como una vía de escape. Ambas nos desahogamos mutuamente y nos contábamos nuestras batallas en el trabajo o a nivel personal casi cada día. Al no trabajar en la misma empresa, siempre teníamos cosas que comentar o criticar de unos o de otros porque al final, trabajamos juntos y nos necesitamos mutuamente. 



Ella es la persona con la que probablemente me haya reído más durante mi estancia aquí, con la que siempre me he sentido cerca y apoyada, a la que quiero muchísimo y a la que considero una de las mejores amistades que he hecho en la vida.


Y de Iryna... podría decir mil cosas o quedarme callada. Una chica dulce, de buen corazón, trabajadora y sensible como una rosa... a la que se puede herir muy fácilmente. Confiada e inocente, lista y prudente. 



Ella también tuvo un papel muy importante en mi aprendizaje con el inglés. Gracias a Iryna disfruté mucho de mi trabajo, entendí cosas absurdas de este país y el tiempo libre que teníamos juntas lo pasábamos compartiendo increíbles momentos que me llevaré siempre conmigo. Sin ninguna duda volveré a reencontrarme con ella y ojalá pudiese enseñarle España y hacer que disfrute de nuestro país y nuestras buenas cosas.

Durante las últimas semanas en Maldivas intenté aprovechar al máximo el tiempo que me quedaba después de trabajar, que era prácticamente nulo. Pero aún pude ir a hacer un crucerito donde buscábamos delfines, que dicho sea de paso, no vi ninguno; visité una de las islas locales donde la mayoría de los maldivos tienen a sus familias y donde realmente pude ver como ellos viven de verdad, donde van al colegio, como cocinan o como barren las calles, y un sinfín de detalles curiosos; hice bastante snórkel; pasé tiempo con mis amigos; y me organicé yo solita un viaje de varias semanas por varios países en el cual viajaría sola y tenía que hacerme una guía con muchos detalles para que no dejar nada en manos de la suerte y que me pillara por sorpresa, lo que podría causarme un disgusto. 

Mi ruta iba a ser salir de Male, la capital de Maldivas, hacia Kuala Lumpur en Malasia; después de unos días allí volar hacia Bangkok y Phuket en Thailandia; Visitar Singapur, donde mi ilusión era ver la piscina infinita más larga y alta del mundo situada en Marina Bay; desde allí volar a Dubai; visitar Abu Dhabi; y aterrizar en mi añorada Madrid a finales de mayo, donde tenía preparada varias bienvenidas a manos de mis amigos y familia. Estaba súper contenta, ilusionadísima y eso era lo que transmitía por cada poro de mi piel. 

Esos días cuando hablaba con mi ex, le propuse hacer el viaje conmigo, pues los hoteles estaban reservados para dos personas siempre y volar dentro del continente es como volar dentro de Europa, es muy barato, los precios son de risa. Lo único que sería un poco más caro sería el vuelo desde España, pero debido a su trabajo me dijo que no podía unirse. No le notaba muy entusiasmado con mi viaje, es obvio que se alegraba por que yo conociera mundo, pero no se, en aquellos días yo lo que notaba es que cualquier cosa que yo hiciera le molestaba. Había algo que no terminaba de encajar, y a lo que yo no le puse demasiada atención porque estaba con la mente en mi viaje y mi vuelta a España. Lo único que se me ocurre añadir, es que en esta vida todo sucede por alguna razón... y la razón de que mi ex no viniese conmigo a hacer ese viaje, a día de hoy ya la he descubierto.

El último día de trabajo, en la reunión que tenemos en mi departamento a las 15:00 cada día, todos estaban con gesto triste, especialmente mi jefa, por no hablar del mío propio. Cuando se trataron los temas que había que tratar, Kin empezó diciendo que aquella era la última reunión para uno de nosotros, y fue cuando todos mis compañeros clavaron sus miradas en mí. Yo no pude evitar bajarla al suelo y llorar como una niña. Estaba nerviosa, tenía muchas emociones encontradas y hasta aquel momento no había sido consciente de la gente que dejaba atrás y de todo lo que aquello había significado para mi. Me habían comprado un libro artesanal donde colocar fotos y mis recuerdos de Maldivas, y cada uno de ellos había escrito un pequeño mensaje. Cuando mi jefa entre lágrimas me dio el turno para que me pudiese despedir, apenas pude darles las gracias a todos y confesarles que les quería muchísimo y que sentía marcharme así pero que probablemente nos volviésemos a ver porque mi historia con Maldivas yo no la sentía acabada. Iryna lloraba muchísimo, nunca la había visto así antes. La abrace y la intenté animar, a lo que se me quejó de no tener apenas fotos conmigo y las dos nos reímos entre llantos. 

Y sin más... con todo listo y las maletas llenas dejé Maldivas a mis espaldas... no sentía que fuese para siempre, pues no estaba 100% de la decisión que había tomado, pero de momento es lo que estaba haciendo y por si acaso, me impregné de su belleza, de sus hermosos paisajes y del azul turquesa de sus aguas. Triste y feliz al mismo tiempo... las islas lloraron conmigo un dulce adiós y yo empezaba mi viaje a la aventura y mi ansiado regreso a España. 


















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Visita a España ¡me quedo a vivir en Maldivas!

Una vez se fueron los grupos de españoles y el resort recibió los comentarios y opiniones de los clientes, recuerdo que el director de Recursos Humanos me llamó para que le fuese a visitar a su oficina, tenían algo que ofrecerme y después de hablar con Claudia, la Directora General, decidí aceptar un puesto fijo en la empresa, con mejores condiciones económicas, opciones de ascenso y seguir aprendiendo el idioma ya que aunque podía comunicarme, mi nivel de inglés era mínimo. 

Así que en uno de esos momentos de subidón, llamé a mi ex para contárselo, lo había estado pensando mucho y ya lo había decidido, aceptaría el puesto fijo. A él la noticia le sorprendió bastante. Fuera como fuese, le dije que estaría en España en una semana y que estaría unos días recorriéndome todo el país ya que iba con la finalidad de recoger todos los certificados y papeles necesarios para tramitar mi visado de residente en Maldivas.

A pesar de lo que mi ex me pudiese haber hecho sentir, el apoyo que recibí de mis amigos fue inmenso. Me llegaron los ánimos de todos ellos, todos querían verme, pasar conmigo aunque sea una hora y charlar sobre mi nueva vida, ponerme al día sobre las suyas, aprovechar cada minuto que me tuvieran cerca porque sabían que me volvería a marchar sin saber por cuanto tiempo. Me sentí muy querida, muy valorada y una vez más mis amigos me demostraron lo afortunada que soy por tenerles en mi vida. Supe que los que creían en mí, lo hicieron incluso cuando yo misma dejé de hacerlo.



Llegué a España un viernes a mediados de Enero... hacía frío, mucho frío y yo no tenía ropa de invierno, tan sólo una chaqueta vaquera que combiné con mis pantalones blancos de lino y mis sandalias a juego. Sentía que me congelaba en el aeropuerto de Barajas. 

Esa semana en España sería una locura... y apenas lo recuerdo con claridad. Estuve con Álvaro, mi amigo al que llamamos "El Chuches", me ayudó con el alquiler de un coche para moverme por el país y me llevó a comer un rico cocido madrileño a un bar muy típico de la ciudad. Sólo pase una noche en Madrid, y la pasé descansando. Y al día siguiente conduje hasta Valencia, donde me encontraría con mi ex. En aquel momento sentimos una mezcla de emociones y sentimientos que no sabria valorar como positivo o negativo. El hecho de que estuviese en España, no significaba que estuviésemos juntos, el hecho de que nos viésemos, no significaba que estuviésemos juntos... solo quería hablar con él en persona, ya que estando en Maldivas nos pasábamos horas al teléfono y maldecíamos estar tan lejos el uno del otro y no poder hablar cara a cara. Quizás yo estaba equivocada, quizás nuestros puntos de vistas no coincidían.



La noche que llegué a Valencia, quedé con mi amiga Mensina y MªPaz para cenar. Me apetecía muchísimo verlas, contarles, que me pusieran al día, reírnos... ¡¡¡como las había echado de menos!!! Fue una noche muy divertida, cenamos en un restaurante italiano, sentadas en la terraza junto a un calentador y bebiendo vino. 


Fue una cena fantástica... y decidimos ir a tomar unas copas a un sitio que Mensina propuso, del cual no recuerdo el nombre.

Estuvimos bebiendo, bailando y riéndonos un larguísimo rato y se unió a nosotros el hermano de mi ex. Yo le aprecio muchísimo, nos llevamos genial y es una persona a la que valoro bastante porque me río mucho con él, y es genial tenerle como amigo. Aquella noche me acompañó al hotel, y me fui a la cama bastante contenta por haber pasado un tiempo genial con mis amigos, y reflexione bastante sobre el poco sentido común que se tiene a veces, y la falta de escrúpulos que tienen algunas personas. Sinceramente me fui a la cama sorprendida y con la intención de despertar al día siguiente sin recordar algunas cosas de las que pasaron aquella noche... en fin. 

Al día siguiente mi ex vino al hotel, le encontré en la recepción y cuando le vi nos sonreímos y le abrace. Estuvimos hablando bastante, hasta que decidió llevarme a visitar a sus padres, cosa que me hizo muy feliz en aquel momento. Adoro a sus padres, les quiero muchísimo y cuando les vi rompí a llorar como una niña pequeña. Les echaba de menos, la forma en la que me había ido de aquella casa unos meses antes, todo lo que había vivido con ellos... cientos de emociones que florecieron con sus abrazos. Fue una comida donde Maldivas y mi nueva vida era el principal tema de conversación. Su padre no paraba de hacer bromas y se reía con cada cosa divertida que yo contaba... me encanta el espíritu de ese hombre. Me encantaría mirar a la vida con sus ojos y reírle con su alma. 

Mi ex decidió acompañarme en mi viaje por España... tenía que ir a Cádiz a ver a mi familia, hacer papeles, ir a Córdoba a visitar a mi hermana y a mis sobrinos y volver a Madrid para coger el vuelo de vuelta a las islas. Yo no se lo impedí, no estaba segura de si sería una buena idea, pero pensé que si en algún momento queríamos arreglar lo nuestro, no era negativo hacer este viaje juntos. Para mi no iba a cambiar nada, pues tenía la ruta trazada, tenía mis ideas en la cabeza y sabía a lo que iba y lo que tenía que hacer. Pero él, se sintió incómodo y me echó en cara que cuando hablaba con mi familia y mis amigos sobre mis próximos planes, no le incluía y pensaba estar lejos por bastante tiempo. Lo que le ponía a él fuera de lugar y le hacía sentir como un idiota, allí plantado a mi lado mientras yo contaba todo lo que tenía en mi mente por hacer y con la felicidad que lo expresaba. 

Ciertamente era así, yo no le incluí en mis planes. No tenía por que. Él me dijo que si teníamos que volver a estar juntos, lo estaríamos y que hiciese mi vida sin contar con él, ya que de otra manera, nunca avanzaría yo como persona. Y tenía toda la razón del mundo. Y eso hice, en eso estuve trabajando en Maldivas, en recuperarme a mí misma. Ahora si él quería estar conmigo, tendría que ser él, el que se sacrificara, mover hilos o montañas para estar a mi lado. Y por supuesto que no era algo fácil... pero para amar a una rosa, hay que aprender a amar sus espinas. 

En el Sur disfruté muchísimo... comí la deseada comida de mi madre, nuestro puchero con su huevo duro, jarrete de jamón y taquitos de pan frito. Pescaíto frito, todo tipos de queso, pan recién hecho... podría pasarme horas recordando cada sabor en aquellos días. ¡Cuánto disfruté el Sur!

Después de pasar un día fabuloso con mis sobrinos, disfrutar de sus abrazos y sus besos todo el tiempo y saborear la rica comida de mi hermana, nos pusimos en marcha para volver a Valencia. Tenía que hacer algunas compras y habíamos decidido pasar el máximo tiempo posible juntos. Recuerdo que a la mañana siguiente cuando me despedí de él, lo hice llorando, subida a mi coche alquilado y sin poder dejar de temblar para empezar a conducir. Me dijo que me cuidara... y que me quería, y me alejé. 

Paré el coche unos metros más hacia delante, no podía dejar de llorar. Él significaba demasiado para mi y me estaba volviendo a alejar de su lado. Pero esta vez lo hacía feliz, lo hacía porque yo quería, no huía de nada, me sacrificaba porque la oportunidad que me habían ofrecido en Maldivas era algo que no podía rechazar y donde aprendería muchísimo a nivel personal y profesional. Y de corazón, él no se merecía que yo siguiera sacrificando mi vida por aparentar compartir la suya. 

Cuando llegué a Madrid, hubo un problema con mi visado y no me enteré hasta que no estaba en la ventanilla de la compañía aérea para embarcar. Recursos Humanos en mi empresa, funciona así de bien. No me habían notificado que mi visa iba con retraso y me quedaba en España una semana más. Por lo que estaba contenta, pero no tenía la necesidad de haber corrido tanto y darme la paliza de viaje que me di para poder hacerlo todo en esos pocos días. Tomé un tren de vuelta a Valencia y me quedé unos días más. 

Antes de volverme a Maldivas fui a ver a mi amiga Belén, mi adorable Belén. Ella tenía unas pulseras que para mi significaban mucho y quería tenerlas conmigo. Tenía muchas ganas de verla, y fui a su oficina, y a almorzar juntas a un sitio donde servían comida casera de Madrid y donde nos pusimos al día de todo y compartimos nuestras inquietudes y planes en común. Ella es una niña con la que me siento bastante identificada, tenemos gustos similares y compartimos afición por muchas cosas. La encontré bellísima como siempre y trabajando, contenta y feliz.


Me encantó verla aunque fuese por poco tiempo... siempre es un placer compartir momentos con gente con la que estas a gusto. 

Y después de casi dos semanas en España... tomé mi vuelo con destino a Maldivas, la maleta cargada de ilusiones y contenta. Cosa casi imposible en los últimos años para mi.  


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¡Bienvenidos a Anantara!

Uno a uno se fueron bajando de los barcos, saludando a la fila de managers que les esperaban en el embarcadero de nuestra preciosa isla y recibiendo una toallita fría con olor a limón para que se refrescaran de las altas temperaturas que teníamos en Maldivas por esas fechas. ¡Bienvenidos a Anantara! Y tras pronunciar esas palabras, se quedaban parados a mi lado, ¿hablas español? a lo que contestaba, "soy española". Estaba feliz, mi sonrisa venía directamente del corazón, sinceramente disfrutaba con aquello. Tener tantos españoles en aquel diminuto lugar del mundo era como traer un poco de mi hogar a donde tan lejos me había ido.


Pasaportes, llaves para las habitaciones, explicación sobre la isla donde iban  a pasar los siguientes días, el itinerario que tenían preparado y contestar muchas preguntas fue lo que hicimos en los primeros treinta minutos. Acto seguido se fueron acercando uno a uno a hacerme la obligada pregunta: ¿De donde eres? ¿Y que hace una gaditana en Maldivas? 


No soy capaz de describir la sensación que tenía, pero me gustaba, me sentía muy cercana a ellos y fueron unos días fabulosos para ambas partes. Trabajé duro, pues me iba a la cama cuando el último decidía que ya era hora, después de tomarse unas copas en el bar de la piscina, y me levantaba cuando el primero quería ver amanecer mientras desayunaba junto al mar en nuestro restaurante de la playa. Españoles, que gran cultura la que propagamos por allá donde vamos. 


Es divertido ver como se ve desde fuera el tipo de persona que damos a entender que somos los españoles. En mi resort, he aprendido algo muy importante y con lo que disfruto muchísimo y es a identificar los rasgos de personalidad de cada nacionalidad. Podría deciros como son la mayoría de los rusos, árabes, turcos, indios, americanos, canadienses, franceses, griegos, italianos, suecos, australianos, alemanes... y un sin fin de nacionalidades que pasan por nuestras playas de coral. Eso me encanta. Sencillamente me parece fascinante poder identificar el carácter de una persona tan solo con mirarles e saber de donde son. Me ayuda a saber como tratarles, a anticiparme a los hechos, a hacerles sentir mejor entendidos en un sitio tan alejado de sus hogares. Y eso, también nos pasa a los españoles...

Tenemos fama de fiesteros, es nuestra etiqueta por excelencia, y de habladores. Gente simpática y gran amantes del fútbol. Muy resumidamente, así es como nos ven fuera de España. ¡Que grandes somos!

Fueron unos días de mucho trabajo, de pocos días de sueño, de correr de un lado a otro y de hacer avances con el inglés... Durante los días que nuestro resort estuvo lleno de españoles apenas tuve tiempo para nada, pero lo disfruté muchísimo. Todos me decían que era muy valiente habiéndome venido tan lejos de casa a empezar esta aventura, me deseaban lo mejor y juntos disfrutamos de unos días estupendos en las Islas Maldivas. Viví historias de amor que empezaban en ese viaje, a manos de los más jóvenes del grupo, conocí matrimonios perfectamente compenetrados que disfrutaban de una vida juntos, vi como parejas fingían ser felices en un entorno de hipocresía, familias unidas que disfrutaban de las vacaciones... y todo aquello me hizo pensar inevitablemente en mi situación personal. Quería ser feliz, quería tener una persona a mi lado con la que compartir mis alegrías, con la que apoyarme en los momentos difíciles, con la que fuese posible disfrutar de los momentos que nos brinda el día a día... empezaba a echar de menos mi vida en España, empecé a echarle mucho de menos a él. 

El contacto con mi ex seguía vivo, hablábamos a menudo, no se si era bueno o malo, pero lo hacíamos. Me sentía como si supiese que no tenía sentido pero como si no pudiese parar de hacerlo. En el fondo siempre deseé que todo cambiase, que todo mejorara, que no me hiciese más daño y que pudiésemos ser felices algún día. Sinceramente creía en ello.


Mientras los días pasaban en Maldivas, los españoles vieron pequeños tiburones de punta negra por todo el atolón, cogían kayac y rodeaban las diferentes playas para hacer esnórquel y disfrutar de los cientos de peces de colores que habitan en el mar, se tostaron bajo un sol abrasador sobre playas de coral, disfrutaron de un agua cristalina y de unas temperaturas envidiables. En definitiva, disfrutaron de las maravillas de las Islas Maldivas, y yo me sentí muy feliz de compartirlo con ellos. 




El último día, madrugué bastante, apenas había salido el sol cuando tenía puesto mi uniforme y estaba sentada en el ferry de las 6 de la mañana para cruzar a Dhigu, la isla donde yo trabajaba. La recepción del resort se fue llenando poco a poco y todos empezaron con las despedidas. ¿Quieres que llevemos algo a España? Pero lo que de verdad necesitaba es que me hubiesen traído algo de nuestro país, como echaba de menos el queso, el pan, el jamón, la tortilla de patatas... No, gracias. Disfrutad de España ¡vosotros que podéis! Volvimos a hacer la fila de managers en el embarcadero y uno a uno fuimos colocándolos en los barcos con destino al aeropuerto. Sinceramente empezaba a gustarme mucho la que sería mi función aquí... empezaba a sentirme muy a gusto con lo que hacía. 

Y pensaba: Gracias por esta oportunidad, la pienso aprovechar al máximo. 

A partir de ahí tenía unas semanas hasta que el siguiente grupo de españoles viniese, así que aprovechaba para estudiar inglés, me pasaba las horas en la "oficina" traduciendo palabras e intentando memorizarlas, le preguntaba a mis compañeros que si podían leerlas, así anotaba como sonaban... apuntaba cada cosa nueva que me decían y su significado. Cuando llegaba a casa, repasaba todas esas notas una y otra vez y siempre con la televisión en inglés de fondo. 


Cuando iba a la cantina con alguno de mis compañeros, simplemente les escuchaba, apenas entendía nada, y ellos intentaban que yo hablase, me pedían que lo intentara, que era la única forma de que pudiese empezar a comunicarme y así lo hice, poco a poco empecé a hablar, a preguntar cosas, incluso a ser yo la que comentaba lo que ellos decían. Fueron tiempos difíciles, pero que ahora los recuerdo con una sonrisa. 

Un día mi compañera Iryna me preguntó con quién me pasaba tanto tiempo hablando en español, y siempre parecía enfadada y que a veces incluso lloraba. Le dije que era difícil de explicarle por mi escaso nivel en el idioma, pero me convenció y me dedicó un larguísimo café en nuestra cantina hasta que le conté el verdadero motivo por el que necesitaba cambiar de aires, poner tierra y agua de por medio y que fuese tal la distancia que aunque tuviese la tentación de volver, me resultara francamente complicado hacerlo.  

Aquella noche lloré mucho, muchísimo, me daba mucha pena todo. Conseguí explicarle como me sentía y las enormes dudas que tenía en mi cabeza. Fue entonces cuando recibí mi primer abrazo, el abrazo que tanto necesitaba en aquel momento. 

Me pasaba noches enteras hablando con él, discutiendo nuestras diferencias, tratando de entendernos, de llegar a un punto de entendimiento, pero no había forma de conseguirlo, éramos demasiado diferentes y nuestras prioridades en la vida parece que eran totalmente opuestas. 

Así fueron mis primeras semanas en Maldivas, estudiando, trabajando, llorando y aprendiendo de un lugar tan maravilloso como son estas islas. Había noches que me pasaba muchísimo tiempo mirando el cielo, nunca he visto más estrellas y con tal brillo como las que veo en el cielo de Maldivas. La luna aquí parece que ilumina tres veces más, tanto es, que hay noches que la única luz es la de la luna y parece que pasee por una avenida sin gente pero con las farolas blancas encendidas. 


Hay algo que me llamó mucho la atención una noche en la playa de Dhigu, cuando ya teníamos el segundo grupo de españoles aquí, y fue que desde el bar de la piscina, veía como una línea muy poco definida, dibujaba la línea de la orilla. Pensaba que me fallaba la vista pero después de un largo rato mirando aquella línea me acerqué a comprobar de cerca de que se trataba: Plancton. Diminutos puntos de luz que se acercaban a la orilla y dibujaban la línea que llamaba mi atención. Las noches son tan cerradas, que cualquier luz parece aún mas fuerte de lo que puede ser... Era plancton, me acercaba a tocar alguna de estas diminutas lucecitas y desaparecían en el inmenso mar... Maldivas, todo un descubrimiento natural. 


Piscina del hotel, de fondo el mar y la hamaca


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Recopilando información, ubicándome


Cuando la Directora General del hotel vino a saludarme, me sentí bastante privilegiada, le acompañaba el Subdirector General y el Director de Restauración del resort. Claudia, la Directora General es una mujer holandesa de unos 40 años, muy alta, rubia y ojos azules, bastante activa y cercana. Patrick, su segundo, sin embargo es bastante más introvertido y tímido. También muy alto, rubio y ojos azules. Patrick es muy atractivo, y su aire misterioso aún le hacía más interesante. El Director de Restauración se llama Alexander, también alemán, alto y con gafas. Un chico serio pero cercano, bastante estricto y profesional. Fueron primeras impresiones... ¿Seguiría pensando así pasadas unas semanas?

En seguida yo era objeto de bromas entre mi jefa y la Secretaria General, Pam,  que es una chica tailandesa, de unos 40 años con pinta de no estar muy centrada mentalmente. Bromeaban acerca de que yo entendía más o menos a todos los que me daban la bienvenida, siempre y cuando utilizasen un lenguaje sencillo y hablasen despacio, pero que a Patrick, el Subdirector General no había sido capaz tan siquiera de entenderle el saludo. Y es que ese chico habla muy bajo y apenas vocaliza... no era la única que tuvo problemas para entenderle y eso a ellas les hacía gracia. Esto ha sido motivo de bromas casi hasta el final de mi estancia en Maldivas. 

Todos estaban muy agradecidos con mi apresurada incorporación, pues buscaban a un hispanohablante que se pudiese incorporar inmediatamente y que además tuviese bastante experiencia en clientes de un nivel adquisitivo alto. Preferían que hablase inglés, pero dada la situación aceptaron un "voy a poner todo de mi parte por aprender el idioma cuanto antes". Sabían que en España tenía casi 10 años de experiencia trabajando en la organización de importantes eventos de golf, hípica, tenis, vela, ferias gastronómicas, etc. y siempre con marcas y/o clientes de muy alto nivel, así que eso jugaba a mi favor. El voto de confianza fue más que agradecido por mi parte, y tenía que responderles, tenía que hablar inglés cuanto antes, porque empezaba a pasarlo mal por la falta de entendimiento. 

Después de toda una mañana en la oficina con mi portátil, traduciendo cuanta pregunta me formulaba el Director de Recursos Humanos y por lo tanto las respuestas a cada una de ellas, una de las becarias chinas me acompañó a comer a la cantina de Bushi, la isla donde vivimos. 

Ahí empezaron de verdad los escalofríos... ¿De verdad que tendría que comer eso cada día? Houston, tenemos un problema. Todo era comida de India, Bangladesh, o de cualquier país de alrededor, basada en curry, arroz, todo tipo de especias y picantes y atún, mucho atún. No recuerdo que tomé, puede que nada, pero cada vez que visualizo nuestra cantina, tengo la misma sensación de querer salir corriendo.

Ya tenía el uniforme de becaria, porque el contrato que me habían hecho era de tres meses de prueba, tenía que aprender todo, y por supuesto cumplir la función para la que me habían contratado: Asistir a dos grupos de españoles de unas 150 personas cada uno durante su estancia en nuestro resort. En lo que acababa mi contrato, los españoles ya se habrían ido, así que sería entonces cuando entraría en juego la capacidad o validez por mi parte para el puesto. 

Staff Island, mi nuevo hogar

Los primeros días de trabajo se me pasaron volando, porque tenía que familiarizarme con todo el sistema informático, en inglés por supuesto, saber las diferentes tareas que se llevan a cabo, la función de cada persona de cada departamento, ya que desde el mío se recibe la petición o queja del cliente y es nuestra responsabilidad resolver el problema o proporcionar lo que sea que se demanda, gestionándolo con el resto de departamentos. Y todo eso, teniendo en cuenta que era la nueva, y todo el mundo venía a saludar y a presentarse con un acento inglés diferente y yo les miraba con cara de poker, por lo que debían pensar que era tonta. 

Los primeros días, fueron para prepararme para el primer gran grupo, un viaje de empresa por incentivos. Kin, mi jefa con una paciencia infinita me explicó donde estaba cada restaurante, el tipo de comida que servían y sus horarios, el modo de hacer las reservas, el modo de transporte entre una isla y otra, lo que se puede hacer y no por seguridad y por normas del hotel, lo que van a encontrar en las habitaciones, el funcionamiento de todo, lo que tenían incluido y lo que no, y un larguísimo etcétera que aunque yo asentía todo el tiempo, estaba completamente segura que metería la pata porque no entendía ni la mitad de lo que me contaba. 

El día antes de que llegaran el grupo de españoles para el que me habían solicitado en Maldivas, me lo pasé traduciendo los menús de los restaurantes de inglés a español, haciendo cartelitos para que ellos también lo entendieran y metiendo en el sistema informático de la empresa los datos personales de unos 130 clientes que venían de todas partes de España. 

Trabajé como 12 o 14 horas diarias y apenas comía... lo de la comida me preocupaba seriamente. Tanto que cuando hablé con mi hermana fue lo único negativo que le conté de este lugar. En seguida mi hermana se lo dijo a mi madre y así sucesivamente hasta que toda mi familia pensaba que yo no comía y que me iba a quedar en los huesos y no tenía necesidad ninguna de haberme ido tan lejos cuando tengo mi casa y mi gente y podía estar muy a gusto en Cádiz... "Cosas de casa"

Y por fin llegó el día esperado, me dieron una tarjeta para el teléfono, ya que tenía que estar 24 horas localizada y yo aún estaba sin móvil. Me llamaban de los restaurantes, luego me llamaban de recepción, acto seguido la Directora General, y después la Directora de Ventas, que ya hablaré de ella en algún momento, y al final tenía que estar en todas partes al mismo tiempo porque era la única persona en todo el resort que hablaba español, y eso que somos unos 600 trabajadores. 

Me sentí importante, era importante.

Eran 130 personas, que vinieron en 6 barcos uno detrás de otro. Gente que venía cansada de un largo viaje, que tenían mil preguntas básicas que hacer y que ya les habían dicho que SANDRA era la persona que les iba a atender en todo momento y que para cualquier cosa, podían contactar conmigo a cualquier hora. A mi eso no me importaba, siendo sincera me gustaba, me encanta este trabajo, pero lo que sinceramente me preocupaba era como iba a resolver cualquier necesidad por muy básica que fuese  teniendo que reportar a cualquier departamento en inglés. En fin... ¡Vamos allá!



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