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En este blog comparto en primera persona cómo fue mi salida de España, qué me llevó a ello y como conseguí llegar a mi primer destino: Las Islas Maldivas. Tras un par de años de idas y venidas, mil aventuras y muchos sentimientos encontrados, mudarme a Australia se convierte en mi siguiente meta. Mi historia de amor y la superación a mí misma me llevan a concluir una maravillosa etapa en Sydney, y tras pasar por Singapur y España comienzo una nueva vida en Shanghai, China.

Esta es mi historia, es mi propia experiencia, y viajar por todo el mundo se ha convertido en mi día a día. En este blog narro viajes, aventuras y los itinerarios que he seguido, siempre elaborados por mi misma. Espero que os guste mi aventura por el mundo... y recuerda: ¡que no te lo cuenten!
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Buceo en la Gran Barrera de Coral, Cairns (Australia)

Se dice que la Gran Barrera de Coral es tan grande que se puede ver desde el espacio sideral, siendo la única cosa viva que se puede admirar desde tal distancia. Es más grande que la Gran Muralla China midiendo unos 3.000 kilómetros sobre la costa de Queensland y es aquí donde las ballenas jorobadas que migran desde la Antártica se reproducen. En la Gran Barrera de Coral viven muchas especies en extinción, como la tortuga de mar verde. 

Tengo que admitir que como buzo profesional, estaba a punto de hacer realidad uno de mis sueños,  bucear esta maravilla de la naturaleza, que además es Patrimonio Mundial por la UNESCO.

Habíamos elegido la empresa Tusa 6 para hacer salir a bucear ya que tienen 25 años de experiencia en esto y nos dio mucha confianza desde el principio. 

Para Carol era su primera vez, así que contrató introducción al buceo y 2 inmersiones con un profesor, por lo que pagó unos 210€ al cambio. En mi caso al ser "Advance Open Water" no requería de instructor, y pagué unos 180€ por 3 inmersiones incluyendo tanto en su caso como en el mío, seguros y equipos completos de buceo, más por supuesto todos los servicios del barco. 

Llegamos por la mañana al puerto y el barco nos pareció precioso, 24 metros para 120 pasajeros, aunque ellos nunca navegan con más de 60, así es mucho más cómodo para todos teniendo en cuenta los equipos. En ningún momento nos sentimos con demasiada gente, estaba todo muy bien organizado.

El grupo de Carol era el más grande, y había varios instructores para ellos. Ocuparon la planta baja del barco y nosotros nos fuimos a la parte de arriba, donde rellenamos unos formularios y nos explicaron la zona donde iríamos a bucear. Además de estos dos grupos había otro para los que tenían el certificado básico y tenían nociones de buceo, por lo que aunque vayan con instructor, harían buceo recreativo.






Cuando me apunté en la lista para hacer parejas, resulta que me quedé coja y no encontré "buddy" para bucear, por lo que me tocó bajar con el grupo de buzos certificados del nivel básico. A conforme que bajaba me arrepentía más, la gente se tomaba demasiado tiempo en compensar la presión de los oídos y la bajada con cuerda, debido a las corrientes, no agilizaba nada. 
Apenas toqué arena, sólo pude bucear unos minutos detrás de un grupo que me impedía ver gran cosa porque los animales se espantaban. Cuando me quise dar cuenta, ya era hora de subir… ¡terrible! un buceo tirado a la basura, no lo había aprovechado nada. 
Así que con todo mi enfado me fui a hablar con uno de los jefes del barco… y me dijo que me entendía y que lo sentía muchísimo, que intentase convencer a alguien de su grupo para que fuese mi pareja y yo me encargaba del buceo, así lo podía hacer de forma independiente. 
Pero no hizo falta, un chico más o menos de mi edad vino en seguida quejándose del anterior buceo y me dijo que si a mi no me importaba, él se venía conmigo, pero que él no era profesional. No me importó en absoluto, no estaba dispuesta a bucear de nuevo con ese grupo y no poder disfrutar lo más mínimo de la Gran Barrera de Coral. 










Así que con mi nuevo "buddy" trazamos una ruta a seguir y después de dejar el tiempo estipulado entre un buceo y otro, nos lanzamos al agua por nuestra cuenta. Él me seguía a mi, y los dos nos compenetramos muy bien durante el recorrido, hasta que decidimos desviarnos porque vimos una sepia enorme y estuvimos siguiéndola para hacerle fotos. 
Perdimos la ruta, pero seguimos avanzando, la verdad es que el fondo marino no es gran cosa. Cuando cuento mi opinión a otros buceadores me dicen que es porque tengo mucha experiencia buceando en Las Islas Maldivas y que después de ese paraíso del buceo, cualquier cosa me parecerá poco. 
Yo no creo que sea cierto, que sea ese el motivo, aunque tengan parte de razón. La Gran Barrera de Coral en la actualidad está demasiado visitada, desgastada, no cuidan tanto el fondo ni se preocupan como lo hacen en Maldivas y estoy segura que en muchos otros lugares… todo influye, y por supuesto la zona donde vayas a bucear, que en ese sentido, nosotros elegimos un arrecife muy alejado de la costa, algo positivo. 










Después del segundo buceo, estaba más animada pero aún quería ver mas cosas… no me pareció en absoluto que los arrecifes estuviesen vivos como me los imaginaba. El barco se movió y avanzamos un poco más para que los que teníamos un tercer buceo pendiente, pudiésemos disfrutarlo en una zona aún mas alejada de la costa. Los demás, como era el caso de Carol, se quedaban en el barco o bien podían hacer esnórquel por la zona. 
Aprovechamos para comer algo en el buffet de ensaladas y frutas que ellos mismos ofrecían, y hacernos algunas fotos y tomar algo el sol… la verdad es que disfrutamos mucho el día. 



Y ya en el último buceo Sam y yo, así se llamaba mi "buddy", volvimos a descender casi a 32 metros para disfrutar de nuevo. Es cierto que había un poco de más vida en esta zona, incluso vimos un "Lyon fish", pero aún se encontraba lejos de mis expectativas… 


En este último tramo, tuvimos un problema. Sam tenía perforado su chaleco y empezó a perder aire por el agujero, por suerte estuvimos controlando todo el tiempo en las bombonas, tanto su nivel de aire como el mío y pudimos evitar un mal mayor. 
Comenzamos el ascenso antes de lo previsto y una vez en la superficie, empezamos a nadar dirección al barco. Sam no tenía flotabilidad, ya que su chaleco no se inflaba, por lo que tuve que cargarle en mi espalda, con ambos equipos y empezar a nadar juntos como podíamos. 
Hicimos varias veces la señal de ayuda pero la gente de Tusa 6 no nos veía, así que seguimos nadando como podíamos hasta que una embarcación pequeña, muy muy cutre, se acercó. Llevaba gente para hacer esnórquel y el que lo manejaba era un hombre muy poco agradable. Empezó a decirnos lo que estábamos haciendo mal en vez de dejarnos incluso apoyarnos para que descansáramos. Le dijimos que llamase a nuestro barco, pero el "señor" dijo que no podía desviarse de su ruta y nos deseó suerte. Desde luego que si nuestra vida dependiese de aquel hombre, no estaría hoy escribiendo. 
Después de un buen rato nadando en el que no perdimos la calma ni el sentido del humor, por fin nos vieron los de nuestro barco. Sam estaba avergonzado, decía que una mujer le había estado llevando a cuestas y con los dos equipos de buceo y que él no podía hacer nada. La verdad es que bajo el agua hubo momentos tensos, pero nada preocupante. Todo se solucionó y vivieron a recogernos. 
Esta es la foto que Carol hizo de la lancha antes de ir a rescatarnos. Sin duda una anécdota para contar.






Carol también hizo foto del momento en el que volvimos al barco y al final acabamos riéndonos y todo quedó en una historia más … De regreso a la ciudad estuvimos tomando fruta, charlando y descansando, que había sido un día agotador aunque lo disfrutamos mucho. A mi amiga le encantó su primer contacto con el mundo del submarinismo … así que quizás tenemos aquí a una futura buceadora.













El equipo de Tusa 6 fue increíble en todo momento, sin duda lo recomiendo con los ojos cerrados. Una experiencia fantástica y un servicio exquisito. Son gente joven, experta y muy dinámica. Las instalaciones están genial y en definitiva, ¡son un equipo fabuloso! 




¡¡¡Hasta la próxima!!! 


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¡Bienvenidos a Anantara!

Uno a uno se fueron bajando de los barcos, saludando a la fila de managers que les esperaban en el embarcadero de nuestra preciosa isla y recibiendo una toallita fría con olor a limón para que se refrescaran de las altas temperaturas que teníamos en Maldivas por esas fechas. ¡Bienvenidos a Anantara! Y tras pronunciar esas palabras, se quedaban parados a mi lado, ¿hablas español? a lo que contestaba, "soy española". Estaba feliz, mi sonrisa venía directamente del corazón, sinceramente disfrutaba con aquello. Tener tantos españoles en aquel diminuto lugar del mundo era como traer un poco de mi hogar a donde tan lejos me había ido.


Pasaportes, llaves para las habitaciones, explicación sobre la isla donde iban  a pasar los siguientes días, el itinerario que tenían preparado y contestar muchas preguntas fue lo que hicimos en los primeros treinta minutos. Acto seguido se fueron acercando uno a uno a hacerme la obligada pregunta: ¿De donde eres? ¿Y que hace una gaditana en Maldivas? 


No soy capaz de describir la sensación que tenía, pero me gustaba, me sentía muy cercana a ellos y fueron unos días fabulosos para ambas partes. Trabajé duro, pues me iba a la cama cuando el último decidía que ya era hora, después de tomarse unas copas en el bar de la piscina, y me levantaba cuando el primero quería ver amanecer mientras desayunaba junto al mar en nuestro restaurante de la playa. Españoles, que gran cultura la que propagamos por allá donde vamos. 


Es divertido ver como se ve desde fuera el tipo de persona que damos a entender que somos los españoles. En mi resort, he aprendido algo muy importante y con lo que disfruto muchísimo y es a identificar los rasgos de personalidad de cada nacionalidad. Podría deciros como son la mayoría de los rusos, árabes, turcos, indios, americanos, canadienses, franceses, griegos, italianos, suecos, australianos, alemanes... y un sin fin de nacionalidades que pasan por nuestras playas de coral. Eso me encanta. Sencillamente me parece fascinante poder identificar el carácter de una persona tan solo con mirarles e saber de donde son. Me ayuda a saber como tratarles, a anticiparme a los hechos, a hacerles sentir mejor entendidos en un sitio tan alejado de sus hogares. Y eso, también nos pasa a los españoles...

Tenemos fama de fiesteros, es nuestra etiqueta por excelencia, y de habladores. Gente simpática y gran amantes del fútbol. Muy resumidamente, así es como nos ven fuera de España. ¡Que grandes somos!

Fueron unos días de mucho trabajo, de pocos días de sueño, de correr de un lado a otro y de hacer avances con el inglés... Durante los días que nuestro resort estuvo lleno de españoles apenas tuve tiempo para nada, pero lo disfruté muchísimo. Todos me decían que era muy valiente habiéndome venido tan lejos de casa a empezar esta aventura, me deseaban lo mejor y juntos disfrutamos de unos días estupendos en las Islas Maldivas. Viví historias de amor que empezaban en ese viaje, a manos de los más jóvenes del grupo, conocí matrimonios perfectamente compenetrados que disfrutaban de una vida juntos, vi como parejas fingían ser felices en un entorno de hipocresía, familias unidas que disfrutaban de las vacaciones... y todo aquello me hizo pensar inevitablemente en mi situación personal. Quería ser feliz, quería tener una persona a mi lado con la que compartir mis alegrías, con la que apoyarme en los momentos difíciles, con la que fuese posible disfrutar de los momentos que nos brinda el día a día... empezaba a echar de menos mi vida en España, empecé a echarle mucho de menos a él. 

El contacto con mi ex seguía vivo, hablábamos a menudo, no se si era bueno o malo, pero lo hacíamos. Me sentía como si supiese que no tenía sentido pero como si no pudiese parar de hacerlo. En el fondo siempre deseé que todo cambiase, que todo mejorara, que no me hiciese más daño y que pudiésemos ser felices algún día. Sinceramente creía en ello.


Mientras los días pasaban en Maldivas, los españoles vieron pequeños tiburones de punta negra por todo el atolón, cogían kayac y rodeaban las diferentes playas para hacer esnórquel y disfrutar de los cientos de peces de colores que habitan en el mar, se tostaron bajo un sol abrasador sobre playas de coral, disfrutaron de un agua cristalina y de unas temperaturas envidiables. En definitiva, disfrutaron de las maravillas de las Islas Maldivas, y yo me sentí muy feliz de compartirlo con ellos. 




El último día, madrugué bastante, apenas había salido el sol cuando tenía puesto mi uniforme y estaba sentada en el ferry de las 6 de la mañana para cruzar a Dhigu, la isla donde yo trabajaba. La recepción del resort se fue llenando poco a poco y todos empezaron con las despedidas. ¿Quieres que llevemos algo a España? Pero lo que de verdad necesitaba es que me hubiesen traído algo de nuestro país, como echaba de menos el queso, el pan, el jamón, la tortilla de patatas... No, gracias. Disfrutad de España ¡vosotros que podéis! Volvimos a hacer la fila de managers en el embarcadero y uno a uno fuimos colocándolos en los barcos con destino al aeropuerto. Sinceramente empezaba a gustarme mucho la que sería mi función aquí... empezaba a sentirme muy a gusto con lo que hacía. 

Y pensaba: Gracias por esta oportunidad, la pienso aprovechar al máximo. 

A partir de ahí tenía unas semanas hasta que el siguiente grupo de españoles viniese, así que aprovechaba para estudiar inglés, me pasaba las horas en la "oficina" traduciendo palabras e intentando memorizarlas, le preguntaba a mis compañeros que si podían leerlas, así anotaba como sonaban... apuntaba cada cosa nueva que me decían y su significado. Cuando llegaba a casa, repasaba todas esas notas una y otra vez y siempre con la televisión en inglés de fondo. 


Cuando iba a la cantina con alguno de mis compañeros, simplemente les escuchaba, apenas entendía nada, y ellos intentaban que yo hablase, me pedían que lo intentara, que era la única forma de que pudiese empezar a comunicarme y así lo hice, poco a poco empecé a hablar, a preguntar cosas, incluso a ser yo la que comentaba lo que ellos decían. Fueron tiempos difíciles, pero que ahora los recuerdo con una sonrisa. 

Un día mi compañera Iryna me preguntó con quién me pasaba tanto tiempo hablando en español, y siempre parecía enfadada y que a veces incluso lloraba. Le dije que era difícil de explicarle por mi escaso nivel en el idioma, pero me convenció y me dedicó un larguísimo café en nuestra cantina hasta que le conté el verdadero motivo por el que necesitaba cambiar de aires, poner tierra y agua de por medio y que fuese tal la distancia que aunque tuviese la tentación de volver, me resultara francamente complicado hacerlo.  

Aquella noche lloré mucho, muchísimo, me daba mucha pena todo. Conseguí explicarle como me sentía y las enormes dudas que tenía en mi cabeza. Fue entonces cuando recibí mi primer abrazo, el abrazo que tanto necesitaba en aquel momento. 

Me pasaba noches enteras hablando con él, discutiendo nuestras diferencias, tratando de entendernos, de llegar a un punto de entendimiento, pero no había forma de conseguirlo, éramos demasiado diferentes y nuestras prioridades en la vida parece que eran totalmente opuestas. 

Así fueron mis primeras semanas en Maldivas, estudiando, trabajando, llorando y aprendiendo de un lugar tan maravilloso como son estas islas. Había noches que me pasaba muchísimo tiempo mirando el cielo, nunca he visto más estrellas y con tal brillo como las que veo en el cielo de Maldivas. La luna aquí parece que ilumina tres veces más, tanto es, que hay noches que la única luz es la de la luna y parece que pasee por una avenida sin gente pero con las farolas blancas encendidas. 


Hay algo que me llamó mucho la atención una noche en la playa de Dhigu, cuando ya teníamos el segundo grupo de españoles aquí, y fue que desde el bar de la piscina, veía como una línea muy poco definida, dibujaba la línea de la orilla. Pensaba que me fallaba la vista pero después de un largo rato mirando aquella línea me acerqué a comprobar de cerca de que se trataba: Plancton. Diminutos puntos de luz que se acercaban a la orilla y dibujaban la línea que llamaba mi atención. Las noches son tan cerradas, que cualquier luz parece aún mas fuerte de lo que puede ser... Era plancton, me acercaba a tocar alguna de estas diminutas lucecitas y desaparecían en el inmenso mar... Maldivas, todo un descubrimiento natural. 


Piscina del hotel, de fondo el mar y la hamaca


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