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En este blog comparto en primera persona cómo fue mi salida de España, qué me llevó a ello y como conseguí llegar a mi primer destino: Las Islas Maldivas. Tras un par de años de idas y venidas, mil aventuras y muchos sentimientos encontrados, mudarme a Australia se convierte en mi siguiente meta. Mi historia de amor y la superación a mí misma me llevan a concluir una maravillosa etapa en Sydney, y tras pasar por Singapur y España comienzo una nueva vida en Shanghai, China.

Esta es mi historia, es mi propia experiencia, y viajar por todo el mundo se ha convertido en mi día a día. En este blog narro viajes, aventuras y los itinerarios que he seguido, siempre elaborados por mi misma. Espero que os guste mi aventura por el mundo... y recuerda: ¡que no te lo cuenten!
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Dubai parte II: Buena gente, desierto... y vuelta a casa!


Fran me había avisado de que en Dubai la gente se arreglaba mucho para salir a cenar, tomar una copa o cualquier evento social, pero debido a que yo venía de vivir en Maldivas y que hacía bastante que no tenía la necesidad de usar tacones, mi vestuario era escaso para estas situaciones. Llevaba una falda larga y una camiseta de tirantes sin adorno ni maquillaje alguno, sandalias y pelo despeinado, y confié en no desentonar demasiado. Fran había quedado con varios amigos y fuimos al hotel donde se reunirían. En Dubai al ser musulmán el alcohol esta prohibido, y como en Maldivas, su venta solo esta permitida en hoteles a causa del turismo, así que los "expatriados" se reúnen en los clubs de los hoteles para salir y poder beber y bailar con amigos. 

Tengo que decir que el sitio al que me llevó era muy bonito, algo pijo, pero acorde con todo lo que había visto en Dubai hasta el momento... pedimos un vino mientras esperábamos a sus amigos y estuvimos hablando acerca de los viajes que habíamos hecho y los que teníamos en mente hacer. Fran, al igual que su hermana Fátima, es un chico genial, divertido e inteligente, de esta gente que merece la pena conocer.


Sus amigos fueron llegando poco a poco, un chico israelí al que le iba genial en Dubai, dos franceses que acababan de aterrizar y tenían grandes puestos en empresas internacionales y un chico asiático que decía ser de EEUU al que me encantaba escuchar porque había vivido la vida increiblemente al máximo, tenía muchísima experiencia en diferentes partes del mundo, un chico muy sabio. 



La verdad es que lo pasamos genial, practiqué mi inglés y Fran se portó muy bien conmigo, estuvo súper atento todo el tiempo y me cuidó un montón. Al acabar la noche, él y su amigo israelí me llevaron a mi hotel en un cochazo de lujo y aunque fue francamente complicado encontrar el sitio por aquello de que en Dubai las calles no tienen nombre, nos reímos muchísimo hasta que por fin lo conseguimos. 

Al día siguiente tenía pensado hacer una visita por la ciudad, pero al bajar a desayunar, vi una tour-operadora que ofrecían excursiones al desierto bastante bien de precio, así que reservé una plaza para mi y me fui a la aventura. Me recogieron la primera y hubo un momento en el que pensé que estaba loca. Me encontraba en un todoterreno con dos árabes vestidos como tal hasta las cejas, hablando otro idioma y recorriendo las calles de un país que no tenía ni idea de como funcionaba. 

En seguida recogimos a una pareja de otro de los hoteles de la ciudad, eran indios y muy majos. Empezaron a hablar conmigo desde el principio así que hicimos un pequeño grupo también con otro chico que viajaba solo, creo recordar que era de Austria. 

Monté en camello; "surfeamos" con el todoterreno por las dunas del desierto; que fue una experiencia muy emocionante donde pasé miedo pero la adrenalina fue indescriptible, ¡¡¡pensaba que todo el tiempo volcaríamos el coche!!! ; comí comida local mientras veía un espectáculo de danza del vientre; vestí con burcal; me tatué el tobillo con henna; y un sin fin de interesantes cosas con las que disfruté como una enana... Dubai me encantó. 
















Con muchísimas cosas nuevas aprendidas, experiencias inolvidables, mil ideas en la cabeza y un precioso vestido en mis manos, puse fin a mi aventura por el Sudeste Asiático y Emiratos Árabes... ahora me tocaba volver a España, donde me enfrentaría a una situación inexplicable para mí con mi ex, pero con muchas ganas de volver a ver a los míos y disfrutar de todo aquello positivo que España me había privado durante tanto tiempo por haber estado fuera. 


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Ahi te dejo Maldivas ...



Anuncié oficialmente que me marchaba a finales de abril, pues en el resort durante la semana santa no damos a basto con el trabajo y a fin de cuentas yo no tenía ninguna prisa, más que las ganas de irme y tener una vida normal donde poder comer, poder tomarme una coca cola con mis amigos, no tener que cubrirme las rodillas y los hombros para salir de casa, y no estar a 10.000 kilómetros de la persona que amaba mas que a mi vida. 

Fueron días de muchísimo trabajo, después de mi jornada de unas diez horas o a veces más trabajando, me iba a cuidar niños, ya que nuestros clientes en su mayoría viajaba en familia por aquellas fechas debido a las vacaciones del colegio. Estaba agotada física y mentalmente, pero a la vez feliz y muy ilusionada porque antes de llegar a España iba a visitar algunos países del sudeste asiático y Emiratos Árabes... todo estaba en marcha y la cuenta atrás había empezado. 

Lo más duro iba a ser despedirme de Kin, mi jefa, de Iryna mi compañera de piso y amiga y de Karen, mi amiga española. Por supuesto que tengo muchos más amigos en las islas pero ellas tres, junto con Alex, el alemán, significan muchísimo para mí y esta experiencia.


A lo largo de la vida he tenido buenos, muy buenos y jefes verdaderamente sorprendentes... pero tengo que decir que Kin es una de las personas mas trabajadoras que he conocido nunca y de una grandísima calidad humana, inteligente, competente y eficiente donde las haya... a la que siempre, le estaré agradecida por todo lo que ha hecho por mí y he aprendido junto a ella.



Recuerdo cuando llegué al principio como ella me explicaba las cosas casi con mímica porque yo no era capaz de hablar nada de inglés. Ella tuvo una paciencia admirable y capacidad para enseñarme prácticamente todo lo que aquí he aprendido. 
Un enorme GRACIAS le regalo y es para mí un placer haber compartido este tiempo con ella. 



Con Karen desde el principio ha sido como una vía de escape. Ambas nos desahogamos mutuamente y nos contábamos nuestras batallas en el trabajo o a nivel personal casi cada día. Al no trabajar en la misma empresa, siempre teníamos cosas que comentar o criticar de unos o de otros porque al final, trabajamos juntos y nos necesitamos mutuamente. 



Ella es la persona con la que probablemente me haya reído más durante mi estancia aquí, con la que siempre me he sentido cerca y apoyada, a la que quiero muchísimo y a la que considero una de las mejores amistades que he hecho en la vida.


Y de Iryna... podría decir mil cosas o quedarme callada. Una chica dulce, de buen corazón, trabajadora y sensible como una rosa... a la que se puede herir muy fácilmente. Confiada e inocente, lista y prudente. 



Ella también tuvo un papel muy importante en mi aprendizaje con el inglés. Gracias a Iryna disfruté mucho de mi trabajo, entendí cosas absurdas de este país y el tiempo libre que teníamos juntas lo pasábamos compartiendo increíbles momentos que me llevaré siempre conmigo. Sin ninguna duda volveré a reencontrarme con ella y ojalá pudiese enseñarle España y hacer que disfrute de nuestro país y nuestras buenas cosas.

Durante las últimas semanas en Maldivas intenté aprovechar al máximo el tiempo que me quedaba después de trabajar, que era prácticamente nulo. Pero aún pude ir a hacer un crucerito donde buscábamos delfines, que dicho sea de paso, no vi ninguno; visité una de las islas locales donde la mayoría de los maldivos tienen a sus familias y donde realmente pude ver como ellos viven de verdad, donde van al colegio, como cocinan o como barren las calles, y un sinfín de detalles curiosos; hice bastante snórkel; pasé tiempo con mis amigos; y me organicé yo solita un viaje de varias semanas por varios países en el cual viajaría sola y tenía que hacerme una guía con muchos detalles para que no dejar nada en manos de la suerte y que me pillara por sorpresa, lo que podría causarme un disgusto. 

Mi ruta iba a ser salir de Male, la capital de Maldivas, hacia Kuala Lumpur en Malasia; después de unos días allí volar hacia Bangkok y Phuket en Thailandia; Visitar Singapur, donde mi ilusión era ver la piscina infinita más larga y alta del mundo situada en Marina Bay; desde allí volar a Dubai; visitar Abu Dhabi; y aterrizar en mi añorada Madrid a finales de mayo, donde tenía preparada varias bienvenidas a manos de mis amigos y familia. Estaba súper contenta, ilusionadísima y eso era lo que transmitía por cada poro de mi piel. 

Esos días cuando hablaba con mi ex, le propuse hacer el viaje conmigo, pues los hoteles estaban reservados para dos personas siempre y volar dentro del continente es como volar dentro de Europa, es muy barato, los precios son de risa. Lo único que sería un poco más caro sería el vuelo desde España, pero debido a su trabajo me dijo que no podía unirse. No le notaba muy entusiasmado con mi viaje, es obvio que se alegraba por que yo conociera mundo, pero no se, en aquellos días yo lo que notaba es que cualquier cosa que yo hiciera le molestaba. Había algo que no terminaba de encajar, y a lo que yo no le puse demasiada atención porque estaba con la mente en mi viaje y mi vuelta a España. Lo único que se me ocurre añadir, es que en esta vida todo sucede por alguna razón... y la razón de que mi ex no viniese conmigo a hacer ese viaje, a día de hoy ya la he descubierto.

El último día de trabajo, en la reunión que tenemos en mi departamento a las 15:00 cada día, todos estaban con gesto triste, especialmente mi jefa, por no hablar del mío propio. Cuando se trataron los temas que había que tratar, Kin empezó diciendo que aquella era la última reunión para uno de nosotros, y fue cuando todos mis compañeros clavaron sus miradas en mí. Yo no pude evitar bajarla al suelo y llorar como una niña. Estaba nerviosa, tenía muchas emociones encontradas y hasta aquel momento no había sido consciente de la gente que dejaba atrás y de todo lo que aquello había significado para mi. Me habían comprado un libro artesanal donde colocar fotos y mis recuerdos de Maldivas, y cada uno de ellos había escrito un pequeño mensaje. Cuando mi jefa entre lágrimas me dio el turno para que me pudiese despedir, apenas pude darles las gracias a todos y confesarles que les quería muchísimo y que sentía marcharme así pero que probablemente nos volviésemos a ver porque mi historia con Maldivas yo no la sentía acabada. Iryna lloraba muchísimo, nunca la había visto así antes. La abrace y la intenté animar, a lo que se me quejó de no tener apenas fotos conmigo y las dos nos reímos entre llantos. 

Y sin más... con todo listo y las maletas llenas dejé Maldivas a mis espaldas... no sentía que fuese para siempre, pues no estaba 100% de la decisión que había tomado, pero de momento es lo que estaba haciendo y por si acaso, me impregné de su belleza, de sus hermosos paisajes y del azul turquesa de sus aguas. Triste y feliz al mismo tiempo... las islas lloraron conmigo un dulce adiós y yo empezaba mi viaje a la aventura y mi ansiado regreso a España. 


















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¿Como ha llegado una gaditana a vivir en las Islas Maldivas?



País peculiar donde los haya. La República de Maldivas está situada en el Océano Índico, formada por unas 1.190 islas agrupadas en 26 atolones, de las cuales sólo unas 200 están habitadas, y la mitad son resorts donde gente de todo el mundo hacen realidad sus sueños. Un gran desconocido que me acababa de abrir sus puertas para que comenzara una nueva aventura.

La pregunta que la mayoría de nuestros visitantes me hacen cuando hablan conmigo es ¿Como ha llegado una gaditana a vivir en las Islas Maldivas? La respuesta, la misma cada vez que llega alguien nuevo y nunca se me hace pesada de repetir, pues en estas islas he aprendido a ser feliz por mí misma, a valorar cuanto tengo. 





He aprendido tantísimas cosas sobre el ser humano y a nivel profesional que cada vez que cuento cómo llegué a Maldivas, me siento un poquito más orgullosa de la oportunidad que tuve el pasado mes de octubre de 2010. 

Por fin me había decidido a poner punto y final a una relación que casi acaba con mi esencia, donde nunca era capaz de reunir las fuerzas suficientes para decir BASTA, una relación que sin duda, ha marcado un antes y un después en mi vida. El día que me decidí a coger mis cosas y abandonarlo todo, fue francamente duro, una experiencia que me duele recordar. Con una furgoneta cargada hasta los topes y rumbo a casa de una de mis mejores amigas, mi cabeza intentaba asimilar lo que estaba sucediendo y a plantearme posibles caminos que tomar para empezar de nuevo. 

Después de muchas horas conduciendo, un gran esfuerzo físico tras mover todas mis cosas y un largo día a mis espaldas, llegué a casa de Lucía, mi dulce Lucía. No hicieron falta palabras para que entendiera lo que estaba pasando, me ofreció su casa, su hospitalidad, sus oídos y sus consejos. Aquellos consejos que en ese momento no eran más que palabras y que empezaron a revolotear por mi cabeza hasta que me hicieron tomar la decisión que tome. Aprovechar la oportunidad... Irme lejos y aprender un idioma, estar sola y volver a creer en mí. 

Fue entonces cuando me invitó a acompañarla a unas conferencias que daban en Madrid sobre estudiar en el extranjero, en principio me planteaba irme un mes, quizás tres, mantener la mente ocupada hasta que me encontrara mejor y después volver a casa y retomar mi vida. 

No tenía apenas ahorros, así que eso dificultaba aún más la situación. Esperé a Lucía en la recepción del Hotel donde se daban las conferencias y no podía parar de llorar. Era una incapacidad terrible, estaba totalmente destrozada y no veía salida por ningún lado, me dolía el alma, y mi llanto no hacía nada por aliviarla.

Estando en aquel sillón se me acercó un hombre, de unos 60 años... con acento latino y cara de buena persona. Insistió mucho en saber qué me pasaba, por qué lloraba de aquella manera e intentó animarme sin éxito alguno. Me preguntó por el motivo por el que estaba allí, pero apenas pude articular palabra. Me insistió en que asistiera a una charla que daba su hija, me apuntó la hora y la sala donde sería en una pieza de papel, y me dijo que quizás podían ayudarme. Fue muy amable, pero no creí que pudieran hacer nada por mi. 

Aquellas charlas iban sobre todo de Australia, lugar que llamó toda mi atención en el acto. Empecé a analizar las diferentes opciones, fechas, dinero... y en la búsqueda de algo posible, me acordé de aquel señor y de la charla de su hija, mi amiga Lucía aún no había llegado, así que fui sola. 


La chica habló de la vida en Australia, del coste, de las opciones de estudios y las áreas donde hay posibilidad de encontrar trabajo. Todo muy específico y alejado de mi perfil. Pero al final de su charla, dijo que tenía un par de ofertas que quizás nos resultaran interesantes, fuera de Oceanía y me llamó por mi nombre para que fuese a verla antes de compartirlo con el resto de asistentes de aquella pequeña sala de reuniones del Hotel Princesa. 

Me sentí especial, y entendí que su padre le pidió que me lo ofreciera a mí antes que a los demás y si me interesaba, esta sería la forma que ellos tendrían de ayudarme. Aquello no era gratis, pues su empresa se lleva una alta comisión por reclutar a los candidatos perfectos (o casi perfectos en este caso), pero fuera como fuese, tenía ahí una oportunidad que si encajaba en el perfil de lo que buscaban, sería justo lo que necesitaba en aquellos momentos. Irme. 

Me ofreció un puesto de Relaciones Públicas, Guía turístico... un Guest Relation Officer, en un resort de lujo en las Islas Maldivas donde no necesitaban un alto nivel de inglés y solicitaban disponibilidad inmediata, un trabajo de 3 meses. Acepté como candidata a pesar de que no sabía inglés y empezaron las entrevistas... había más gente aplicando al mismo puesto, gente de otros puntos de España, pero aquello había sido una clara señal de que era mi oportunidad. 


Lucía me ayudó muchísimo a entender lo que desde Maldivas me decían, mentí sobre mi nivel de inglés pues ganas no me faltaron... tres días después y con un sin fin de miedos y emociones, estaba en la recta final, todo estaba en sus manos. ¿Me acabaría yendo a unas islas en medio del Océano Índico de las cuales apenas había leído que es uno de los destinos más lujosos y románticos donde los más privilegiados van a pasar su luna de miel?

Era lunes, apenas las 7 de la tarde cuando salía del cine con uno de mis mejores amigos en Madrid. Una persona que vivió algunos de los peores momentos de mi relación conmigo, al que le agradezco tantas cosas que le convierten en un amigo muy importante para mi. Salíamos de ver la película de Facebook en los cines de Callao, nos había encantado y lo estábamos comentando, cuando recibí una llamada de la agencia que estaba llevando todo el tema del trabajo en Maldivas... "Vuelas el próximo 31 de Octubre, te esperan el día 1 en tu nuevo trabajo, eres la seleccionada". 

Me dijeron que aunque mi nivel de inglés era casi nulo, mi experiencia en eventos de alto standing durante varios años en grandes ciudades de España y mi capacidad de coordinar grupos, les había convencido totalmente, pues a mi corta edad, tener 10 años de experiencia en la industria del ocio y entretenimiento, era sin duda un valor a tener muy en cuenta.

Mi amigo y yo saltamos de alegría, no daba crédito a lo que había escuchado, la Gran Vía de Madrid se me hizo diminuta de lo grande que me sentía en aquel instante... y teniendo en cuenta que tenía apenas unos días para prepararlo todo, me puse manos a la obra. Preparar papeles, dejar mi casa en buenas manos, mis cosas guardadas, informar a mi familia de todo en cuanto había pasado, informarme de donde iba a vivir y volar, marcharme... Empezaba mi primera toma de contacto con Maldivas. 


Tengo que decir que nunca más volví a ver a aquel señor ni a su hija, aunque he seguido manteniendo el contacto con ellos primero por los pagos que tenía que hacerles y gestiones varias con su empresa a cuenta del trabajo y luego a nivel personal, vía e-mail siempre se han preocupado por mi. Me gasté todos mis ahorros en aquella aventura, que confié en que sería una gran oportunidad y que merecería la pena.