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En este blog comparto en primera persona cómo fue mi salida de España, qué me llevó a ello y como conseguí llegar a mi primer destino: Las Islas Maldivas. Tras un par de años de idas y venidas, mil aventuras y muchos sentimientos encontrados, mudarme a Australia se convierte en mi siguiente meta. Mi historia de amor y la superación a mí misma me llevan a concluir una maravillosa etapa en Sydney, y tras pasar por Singapur y España comienzo una nueva vida en Shanghai, China.

Esta es mi historia, es mi propia experiencia, y viajar por todo el mundo se ha convertido en mi día a día. En este blog narro viajes, aventuras y los itinerarios que he seguido, siempre elaborados por mi misma. Espero que os guste mi aventura por el mundo... y recuerda: ¡que no te lo cuenten!
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De Bondi Beach a Coogee por toda la costa. ¡Estudios finalizados!

Hoy tengo que darme un OLÉ a mí misma... porque todo esfuerzo se recompensa, porque he conseguido un objetivo más y porque yo lo valgo!!! 
TENGO LA NOTA MAS ALTA DE MI CLASE!!!! 
Hasta la semana que viene no es definitivo, pero estoy súper súper feliz!!!!


Así empecé el día 5 de Octubre del pasado 2012, más feliz que ninguna otra persona en aquel país, y es que mis esfuerzos se veían recompensados con una altísima calificación, la más destacada de toda mi clase, lo que me llenaba de un tremendo orgullo, pues sólo yo sabía lo que aquella nota me había costado. 

Estaba deseando entregar los últimos proyectos para confirmarlo y acabar con las clases, pues aunque me gustaban mucho, me había pasado la mayoría de mi estancia en Australia estudiando y trabajando.
Aunque es cierto, que mis escapadas me las daba :p 

Como se acercaba el final de mi experiencia australiana, una noche todas las amigas que vivíamos en la misma casa, hicimos por coincidir libre para poder salir y tomarnos unas copas a gusto, reírnos, bailar y disfrutar juntas, ¡al menos por una vez! 

Fue una noche muy divertida, donde gracias a la loca de Andressa, una brasileña hippie y aventurera , no pudimos parar de reírnos. 
Camila era la otra brasileña, también las risas con ella estaban aseguradas, pero si algo destaco de esta amiga mía es su bondad y fortaleza. Tiene un corazón que no le cabe en el pecho, trabajadora como poca gente he visto y con un espíritu vivo que le mantiene arriba pese a cualquier situación.  
Y la otra parte del grupo era mi amiga Natt, la española de la que llevo hablando desde mi llegada a Sydney... juntas formábamos un gran equipo.


Aquella mezcla de alegría por todo lo que estaba consiguiendo, lo que estaba viviendo en Australia y la tristeza de abandonarlo… me producía una melancolía que me llevó a echar de menos mucho a mi gente, mi tierra, mi comida… había pasado demasiado tiempo sin ir a España, más de año y medio en los que habían pasado muchas cosas, y me sentía muy lejos, necesitaba volver para recargar mi energía, ya que cuando dejé mi país hacía ya 2 años, yo estaba pasando por uno de los peores momentos de mi vida, y el sabor de boca con el que me fui tenía que ser eliminado. 

Aquella semana recibí esta foto de mi chico… desde Singapur, desde su trabajo. 




Nuestra particular cuenta atrás llegaba a su fin… por fin podríamos vernos de nuevo, pasar juntos una temporada, y los planes que teníamos ¡¡¡ eran alucinantes !!!! Estaba deseando verle, mantener una relación a distancia como lo estábamos haciendo no era fácil. Ya "sólo" quedaban 30 días mas.

¡¡¡ Y llegó otro gran día!!!! El día de la graduación, el día en el que nos entregaban los diplomas, el día en el que acababa ¡¡¡mis estudios en Sydney!!! 


Mi amigo y compañero Carlos de Argentina, me acompañó desde por la mañana, vino conmigo al acto de entrega de diplomas y me hizo esta foto, la cual guardo con mucho cariño y como prueba de mi logro: Certificado en EAPB Business en Australian Pacific College, todo un orgullo. Y sí, ¡¡¡saqué la nota más alta de toda mi promoción!!! 


Lo que hice al día siguiente fue pasear por Bondi Beach, a mediados de Octubre ya no hacía tanto frío y con una sudadera se podía estar en la playa súper a gusto. Había escuchado que la ruta por la costa desde Bondi Beach hasta Coogee era preciosa para hacer andando… no lo había preparado, pero me cogí por la mañana temprano el bus hasta allí y empecé a andar. Os dejo las fotos, porque creo que aquí las palabras empiezan a sobrar… 
























Más de 9 Kms de costa en los que atravesé preciosas playas, parques, reservas naturales e incluso un enorme cementerio a pie de playa en lo alto de una colina que llamó toda mi atención. ¡Que preciosidad de paseo! Altamente recomendable para hacerlo a menudo, impresionantes paisajes. 

Por la tarde una ducha y ¡a trabajar! que ya me quedaban pocos días y tenía que avisar de que dejaba el puesto con suficiente antelación. En el siguiente post contaré un poco más las idas y venidas en cada uno de mis trabajos, porque aquello era una locura. 


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Haciendo planes … ¡Manly Beach!

Agosto se acababa y aunque llevaba poco tiempo en Sydney, ya tenía un hueco hecho. Trabajaba, ganaba dinero, estudiaba y me encantaba, tenía mi grupo de amigos, y de vez en cuando hacía alguna actividad extra a todo esto, que me mantenía activa e ilusionada. ¡Me encanta Australia!

Contando que hasta final de año estaría en este país y que luego iba a estar una temporada con mi chico en Singapur, no tenía posibilidad de ir a España hasta las navidades como pronto. Lo que sería más de año y medio sin pasar por casa, lo máximo que he estado hasta ahora. Hablé con Mike y la verdad es que me hubiese encantado pasar las navidades con él, pues se quedaba sólo en Singapur, pero después de una etapa dura en Maldivas, el paso por Australia y Singapur... sentí que me habían pasado demasiadas cosas y había vivido mucho sin haber pasado tiempo en casa. Quería volver a España, y quería estar con mi familia y mis amigos. 

Serían las primeras Navidades que volvería a pasar en casa después de 4 o 5 años, si la memoria no me falla. Mike lo aceptó y decidimos que tendríamos unas pequeñas navidades en Singapur "fuera de fecha" para que él no se sintiera tan sólo y luego yo volaría a casa justo a tiempo por Navidad. Sé que iba a ser duro, sabía lo que era estar sola en Navidades a miles de kilómetros de casa y sin los tuyos, y me dolía mucho dejar a Mike en esa situación. Las ganas de ir a España después de tanto tiempo, por esta vez me pudieron y compré mis billetes para mediados de diciembre... ¡Otra cuenta atrás había comenzado!

En una de esas tardes que podía conseguir libre cada 2 semanas aproximadamente, mi amiga Carolina me propuso ir a tomar algo a Manly Beach y conocer a unas amigas australianas suyas que eran muy majas. Estaba cansada y prefería quedarme en casa, pero si no me apuntaba a estas cosas en los pequeños ratillos que me quedaban, sentía que mi estancia en Sydney se me iba a pasar volando y no habría hecho nada. Así que quedé con Carol en Circular Quay y cogimos el ferry hasta Manly, donde nos esperaba su amiga Sally, un trayecto corto pero precioso…

Lo que más me gusta de Australia es la combinación de verde y azul que hay, me refiero a vegetación y mar... además rocoso. Precioso. 
















Al llegar a Manly, Sally nos esperaba con su prima, ambas súper simpáticas y muy rubias y con ojos azules, perfil totalmente australiano. No paraban de hablar, en todo momento nos contaban mil detalles de Manly, querían que lo viésemos todo, enseñarnos lo que hacen, donde viven, presentarnos a sus amigos… fueron majísimas y me quedo corta.

Fuimos andando desde el puerto, lleno de bares y terrazas, hasta uno de los rincones poco visibles que quedan junto al mar. Allí había un club privado, en el que había que identificarse y rellenar una hojita de papel en la que te comprometes a respetar el orden y demás y ya podíamos entrar, porque íbamos con ellas, claro está.

Dentro había mucha gente, sobre todo gente joven tomando cervezas, vinos… empezaría a atardecer en breve y el paisaje era alucinante, espectacular. Sally escogió una mesa grande y empezó a saludar gente. Unos y otros fueron pasando y saludando, algunos se quedaban, otros se iban… pero todos, y no exagero ni un poco, todos fueron encantadores, simpáticos y la mayoría hasta guapos. Me encantaba aquella sensación, y Carolina y yo nos mirábamos muchas veces para decir: "sí, esto está pasando". La verdad es que fue una tarde maravillosa… y aquello sólo había hecho empezar.

Sally decidió pedir un par de botellas de champán para empezar a tomar algo… Carol y yo alucinábamos, pensé que me dejaría allí el dinero del sueldo de mi semana, pues Australia es un país carísimo en todos los aspectos. De momento, pagaba nuestra amiga, éramos sus invitadas, la siguiente ya era cosa nuestra.











Se nos hizo de noche, y entre presentaciones, risas e historias varias, nuestros nuevos amigos nos llevaron a otro lugar… el caso es que seguíamos la fiesta en otro lado, y esto era ¡un día cualquiera en pleno invierno!

En el grupo había otra chica, amiga de Sally, nuestra anfitriona. Esta chica conoció a Sally a causa de una desgracia. Tras un terrible accidente de tráfico, el hermano de Sally y el marido de esta chica recién casada (tiene nuestra edad) quedaron en una silla de ruedas sin poder hablar, comer, andar, ni nada que implicase acción, por ellos mismos para el resto de sus vidas.

Esta chica tenía la tristeza en su mirada, y proyectaba una fuerza alucinante. No perdían la sonrisa casi en ningún momento, a mi personalmente me impactó bastante la vida que esta chica tenía a diario, recién casada y tan enamorada de su marido como el primer día. Por lo visto la cosa la alargamos debido a que ella nunca podía salir de casa, y era una ocasión especial… que sin duda todos nos unimos a celebrar.




Lo pasamos genial, y estuvimos hasta que el último ferry cruzaba a Sydney City, estiramos al máximo y Sally nos acompañó hasta el puerto. Estábamos agotadas, llegamos a media noche a casa y caí en la cama después de más de media hora andando, como un bebé … disfrutaba mucho aquellos momentos, aquellas escapadas, aquellos descansos… y había tenido la suerte de conocer a un grupo de gente encantadora, con la que hablamos de hacer planes futuros… pero la verdad es que yo tenía muy poco tiempo libre, me encantaría volver a verles.

Y mi amiga Carol me hacía reír mucho, lo pasábamos genial juntas, una personita muy querida, como ella acostumbra a decir, como colombiana que es.


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Mi nueva familia en Sydney: Mis amigos

El ritmo que estaba llevando en Sydney era agotador. Dos trabajos y la escuela, no tenía tiempo para absolutamente nada más, incluso me faltaban horas de descanso. Mi semana era una locura: de lunes a miércoles tenía clases de 8:30am a 1:30pm y entraba en el hotel a las 2 pm y salía a las 11:30 de la noche, directa a casa y a estudiar porque jueves y viernes eran días de entregas de trabajos y exámenes en la escuela. Jueves y viernes seguía teniendo clases, pero por la tarde tenía algo de tiempo para estudiar, ya que hasta las 5pm no entraba a trabajar en el restaurante. Y sábados y domingos trabajaba desde las 11 de la mañana hasta que cerrábamos, sobre las 2 de la madrugada... ¡Matador! Todos los días así durante meses, me organizaba para coger un día o una tarde libre cada 2 o 3 semanas. Mi cuerpo me lo pedía de vez en cuando.

En la nueva casa ya vivíamos las 4 chicas, 2 brasileñas y Natt y yo de España. Teníamos muy buen rollo y nos llevábamos súper bien, así que en ese aspecto, fue genial. Poco a poco se incorporaron los chicos, los que habitaron la segunda habitación de la casa, otros 4. Empezamos con un francés del cual ya ni siquiera recuerdo su nombre, parecía majo al principio, pero resultó ser un niñato arrogante sin experiencia alguna en convivir con más gente o vivir fuera de su casa, y se convirtió en un ser molesto. Aunque a mi personalmente no me afectaba para nada porque apenas estaba en casa, sé que incluso llegó a insultar a mis compañer@s. 

Además del francés teníamos en la misma habitación al jefe de nuestra casa, un coreano que iba todo el día en chandal y que era insoportable, ¡que persona más pesada! Intentaba todo el día sacar conversación de cualquier cosa, pero a la vez todo le parecía mal, daba consejos gratuitos y en definitiva, como además era el que recogía el dinero del alquiler, ninguno de nosotros le tenía especial cariño. 
Otro de los chicos era amigo del francés, vino después... un chico muy grande, y muy simpático. Era muy gracioso y buena gente, daba gusto tenerle en casa, respetuoso y siempre dispuesto a echar una mano. Muy trabajador también, apenas paraba en casa. 

Y el último, Nelson. Sólo recordar su nombre se me dibuja una sonrisa. Que chico más majo, más buena persona, y más de todo. Nelson tendría unos 36-37 años, más inocente que un niño de 16 hoy en día, colombiano y rubio de ojos azules. Nelson me llamó a mi móvil una tarde cuando me iba a trabajar, porque no hablaba inglés y no se podía comunicar con nuestro casero, acababa de llegar a Sydney y quería alquilar una habitación, pero el pobre no entendía ni una palabra. Así que le expliqué las condiciones y demás, y a los pocos días, teníamos a Nelson en casa. 

Al conocerle me contó su historia, tenía a su pareja en Colombia y una familia que le quería mucho. Al parecer tienen negocios familiares y les va bien en su país, cosa que me alegraba profundamente. Un chico muy noble y muy religioso, siempre tenía a dios en la boca, y sus acciones eran todo para y por los demás. Un placer tenerle en casa como decía. Nelson había sido víctima de un terrible accidente y tenía bastantes secuelas, de hecho muchas cicatrices hablan por si solas cuando le miras a la cara. al sobrevivir y recuperarse, decidió que quería vivir cosas nuevas, explorar más mundo y si se tenía que ir mañana, al menos irse sabiendo que no se quedó en el rinconcito en el que nació sabiendo lo que le tocaba aprender y no más. Quiso viajar a Australia, aprender otro idioma y crecer como persona y en experiencias... no importaba su edad, la opinión de sus amigos y familia, o si le iba costar mucho trabajo y mucho dinero. Tenía claro que no se quedaría de brazos cruzados ante el aviso que la vida le había dado. Y así es como dejó Colombia a sus espaldas y se vino a Sydney... siendo nosotros los afortunados de compartir con él nuestra casa y al fin y al cabo, nuestra vida. 

Aquí dejo una foto de un lunes o un martes si no recuerdo mal, que fui al restaurante mexicano donde trabajo, para cenar con mis amigos, de izquierda a derecha: Santiago de Colombia, amigo de Carolina, la que está a mi otro lado. Ella es una de mis mejores amigas aquí en Sydney junto a Natt y con la que me fui a Brisbane. Camila es una de las brasileñas con la que comparto habitación y que resultó siendo otra de mis buenas amigas en Sydney, y a la derecha del todo, Nelson, de Colombia.















Estos son algunos de los que forman mi grupo de amigos, mi familia, aquí en Sydney, y a los cuales adoro, por razones diferentes y comparto mi día a día, sea bueno o sea malo. 

Como decía antes, el ritmo de trabajo que llevaba era agotador, y compaginarlo con la escuela me suponía todo un reto. En el nuevo curso superior (EAPB) el nivel era mucho más alto y yo tenía mucho más trabajo que hacer. Tengo que reconocer que a veces Mike, desde Singapur, me resolvía dudas dadas las altas horas en las que yo me podía poner a estudiar. Con mucho esfuerzo y muchas ganas seguía un día y otro día… y lo llevaba tan bien, que decidí arriesgarme y no dejar ningún trabajo. Como no pensaba estar en Australia más de 6 meses, no sería tiempo suficiente para que el gobierno me pillara por trabajar "unas cuantas" horas más de las que me permitían, pues al fin y al cabo, yo pagaba mis impuestos como todo el mundo, y declaraba las horas que trabajaba, pagando por todas y cada una de ellas. 


Hubo gente que me aconsejó que no lo hiciera, pues si me pillaban me cancelaban la visa y tenía que abandonar Australia y no podía volver en no se cuántos años…. y otros me decían que somos unos cuantos en este país y que si no pienso prolongarlo demasiado en el tiempo, el gobierno no tenía manera de ver que yo estaba trabajando más horas de las permitidas. Así que compaginé una empresa y la otra, me conciencié de que tenía que esforzarme mucho más en clase para ir al ritmo de los demás, y supe que no podría dormir más de 5 o 6 horas diarias. Además por supuesto le dije adiós todo tipo de evento social, como salir de fiesta, ir al cine, o pasear por la bahía una tarde de domingo. 


No me pesaba en absoluto, pues a eso había venido a Australia, y me encantaba como lo estaba llevando… Aquí pongo una foto con una compañera de clase, en uno de los descansos.




Y como no todo iba a ser trabajar y estudiar, en los pequeñísimos huecos que me quedaban los jueves y viernes entre la escuela y el restaurante, a veces podía coincidir con mis amigas Natt y Carol y aprovechábamos para darnos un paseo por Ópera House, deleitarnos con los maravillosos paisajes, echarnos unas risas y en definitiva, desconectar un poco antes de ponerme manos a la obra de nuevo. Estos descansos apenas duraban un par de horas ¡pero me sentaban fenomenal!






En el Hotel las cosas cada día eran más complicadas, pues cada vez me daban más información y tenía más responsabilidades. Metí la pata un par de veces y sentía que nadie era majo conmigo. Mis compañeros de trabajo, exceptuando un par de ellos no me gustaban, ni creo que yo les gustara a ellos… lo que lo hacía todo un poco más difícil. 


Mi jefa se llama Christine, una chica físicamente no muy agraciada y creo que también debería tener problemas en su vida sexual, porque todos con lo ella debía estar lidiando  lo estrellaba contra nosotros. No he conocido a nadie más ridículo que esta chica. Pero como al fin y al cabo lo que me importaba era coger experiencia, aprender mucho y ganar dinero… decidí ignorarla, tratar de entenderla y satisfacer al máximo posible sus peticiones, que esto último, es francamente imposible.



Continuará… 

Estudiar,trabajar y vivir en Australia (Parte II)

5 de Agosto, vuelta de nuestras mini vacaciones, aeropuerto de Brisbane. Decido mandarle un mensaje a Sharon, la dueña de la casa donde vivo en Sydney y le confirmo que llego esa misma tarde. Teniendo en cuenta que pocos días antes de irme me había quitado la cama de mi habitación, había dormido en el suelo, tuve que irme a un hotel y las cosas estaban un poco raras en aquella casa, creí conveniente "recordarle" que era ese día cuando ella me dijo que regresara, pues al fin y al cabo, sólo necesitaba mi habitación durante una semana porque recibía visita de unos amigos de Londres. 

Me contestó un simple "ok". En mi mensaje fui bastante cariñosa, y me interesé por ella y por como había ido su semana. La situación me estaba sacando un poco de mis casillas, pues sinceramente no tenía ni idea de lo que pasaba por su mente, pero todas las señales que Sharon emitía, me decían que había cambiado de opinión, y que yo ya no era bienvenida en su casa. Así que hablando con mi amiga Natt, decidí ponerme a buscar un nuevo sitio donde vivir, y tenía que ser lo antes posible, porque la situación me estaba resultando muy incómoda. Además todo aquello me había hecho gastar bastante dinero, y no contaba con ello. Necesitaba encontrar un trabajo cuanto antes, estaba consumiendo mis ahorros. 

Llegamos a Sydney casi de noche, y cogimos un taxi las 3 amigas hasta el centro de la ciudad, pues al ser 3, era más rentable que ir en tren, además de más cómodo. Nos reímos hasta el último momento, pues el taxista nos preguntaba acerca de nosotras y le contestábamos... él nos dijo que era australiano, pero físicamente era claramente chino, y su inglés era muy malo. Nosotras nos reíamos y le intentábamos preguntar por su origen, y fue entonces cuando nos dijo que era de "Parramatta", que es un barrio de Sydney. Lo que nos pudimos reír con la pronunciación de la dichosa palabra... claramente el taxista era chino, y de australiano lo único que tenía era su licencia de taxista (si acaso). Fue súper divertido, al menos para nosotras, porque el señor en cuestión tenía tal cabreo que ni siquiera se bajó del taxi a sacarnos las maletas, y nos quiso cobrar de más. Que risas....!

El lunes después de clases me puse a buscar piso, mandé e-mails a todos los anuncios que me interesaron y llamé a otros tantos. Visité cada suburbio que mejor no mencionar. Y me di cuenta de la mafia tan terrible que hay detrás del alquiler en Sydney (en manos de no australianos, claro está). La búsqueda de piso, se unió a la búsqueda de trabajo, y después de preparar mi currículum al estilo australiano, anduve por todo el centro de la ciudad entrando en cada uno de los hoteles que se cruzaban en mi paso. Rellené formularios, hablé con responsables de departamentos, y me pasé horas y horas detrás del ordenador mandando solicitudes a toda oferta que me interesaba.

Una de las brasileñas amigas de Natt, sus actuales compañeras de piso, me habló de un piso nuevo donde nos podríamos mudar todas, pero ellas tendrían que esperar aún una semana para que su actual casero no se quedara con el depósito al irse antes de tiempo. Fuimos a ver el piso, efectivamente era nuevo, aún no tenía camas, ni luz, ni internet... sólo algunos muebles y la cocina. Hablamos de que nos mudábamos las 4 chicas a una de las habitaciones, pero yo me mudaría justo al día siguiente, aunque en el piso no hubiese nada, pues no aguantaba más la situación en casa de Sharon. Cerramos el trato y aquella noche empaqueté mis cosas, lo dejé todo preparado para que Natt, con la excusa de que yo tenía que ir a la escuela, fuera a recoger mis cosas a la casa, y mudarme al sitio nuevo.

Cuando mi amiga fue a la casa, dice que Sharon ni siquiera le abrió la puerta, sino que le dio las bolsas en el porche. Sinceramente no entendía que le pasaba a Sharon, pero estaba contenta de mudarme, de poder tener la tranquilidad y la paz de vivir sin tensión o la preocupación de llegar a casa y que alguien haya decidido quitarte la cama del cuarto y tener que dormir en el suelo.

Las primeras dos noches dormí en el sofá, luego trajeron las literas de la habitación... la ventaja de estar allí la primera fue que pude elegir una de las camas de abajo, y la más alejada de la puerta. Hice algunas compras, iba a la escuela cada día y busqué trabajo sin cesar.

Recibí un e-mail de un hotel al que no recordaba haber ido, y me citaban al día siguiente para una entrevista. Fui después de la escuela, el hotel estaba en York Street, a menos de 5 minutos de donde yo estudiaba, me venía genial y deseé con todas mis fuerzas que me dieran aquel trabajo, así continuaría en la misma línea de lo que venía haciendo en Maldivas: Guest Relations en hoteles de lujo. Iba muy nerviosa y la chica de Recursos Humanos me hizo rellenar un montón de papeles antes de empezar con la entrevista, la burocracia en Australia es impresionante.

Llegó un chico joven de origen indio, alto y muy delgado, poca perilla y una amplia sonrisa. Me extendió su mano y me invitó a pasar a la sala donde me entrevistaría. Me preguntó por mi trabajo en Maldivas, qué es exactamente lo que desempeñaba y qué opinión tenía acerca de mi trabajo. Admitió que era un lujo haber podido trabajar en un resort como en el que trabajé en las islas y me dijo que sintiéndolo mucho, no podrían contratarme debido a mi tipo de visado. Yo tenía visa de estudiante, y por ley sólo me permiten trabajar 20 horas por semana y el puesto que tenían libre requería al menos 48 horas. Se me debió notar la decepción en la cara, pues claramente la entrevista había ido más que bien, el puesto era mío. Salí de la sala, me despedí de aquel chico tan agradable y de la chica que me dio todo el papeleo al llegar... salí del hotel y me fui a mi casa, a mi casa vacía. 

Al llegar recibí un mensaje de una chica llamada Jessie, preguntando si podría ir aquella misma tarde a hacer una prueba a su restaurante, pues se había ido uno de sus camareros y necesitaba a alguien con urgencia. Jamás había trabajado de camarera antes, pero yo obviamente dije que sí, todo el mundo usa estas "mentiras piadosas" una vez en la vida. Yo ya iba por un par de ellas, jajaja. Quedamos en que empezaría a las 6 de la tarde, tenía que llevar ropa negra, me dijo que era un restaurante mexicano y que si lo hacía bien, empezaría al día siguiente a trabajar. Miré la ubicación del restaurante y ... ¡BINGO! a 5 minutos al lado de mi casa, justo después de Hyde Park.

Eran más de las 2 de la tarde y tenía que buscar ropa negra, sinceramente no sabía como ir. Busqué en el armario y cogí leggings, falda y camiseta de manga corta, recuerdo que mi amiga Rosa me dijo que un camarero no puede ir con tirantes. Me presenté en el restaurante con mi abrigo y mi bufanda (aún me resulta raro usar ropa de invierno en Agosto y más viniendo de pasar mis últimos 2 años en Maldivas), Jessie me recibió con una sonrisa, y los chicos de la cocina miraban a través de las rejillas para observar a "la nueva", podía oír las bromas. Me senté con Jessie, tenía un fuerte acento francés, y me explicó el menú del restaurante y como funcionaba todo. Al ser comida mexicana, todo me sonaba bastante, aquello no sería difícil, excepto porque los clientes serían australianos y poco a poco descubrí que tenía que explicar una y otra vez en qué consistían los platos. Fue divertido.

Al parecer no lo hice mal, pues Jessie me dijo que me esperaba al día siguiente y me felicitó por como lo había hecho. Fue genial... y ¡Tenía trabajo!

De regreso a mi casa vi que tenía un par de llamadas perdidas, las devolví y me habían llamado del Hotel donde había hecho la entrevista aquella misma tarde, cosa que me extrañó. Al ser horario fuera de oficina, volví a llamar por la mañana. Realmente no podía creer lo que estaba sucediendo, les gusté tanto que me ofrecieron trabajar como Guest Relations en el hotel, a pesar de no necesitar a nadie. El sueldo era casi el doble de lo que ganaba en el restaurante, y me contrataría las 20 horas que el gobierno me permite trabajar con mi visado, empezaba al lunes siguiente, y tenía que ir a probarme el uniforme y firmar el contrato. Me pasé después de la escuela... estaba muy feliz, pero tenía que decidir qué hacer con el restaurante.

Viernes noche, empiezo a trabajar y cada vez me sentía más cómoda. El chef del restaurante es mexicano, se llama Gustavo y es bastante majo. Joven y muy mexicano, jajaja. En la cocina también trabajaba Joe, que mas tarde me enteré que era el novio de Jessie, la jefa. Ambos franceses y de unos 22 o 23 años. También estaba Oskan, un chico turco serio, inocente y reservado, pero a la vez muy gracioso y muy buena persona. Me gustaba aquel sitio, me lo pasaba bien... no quería irme. Trabajé todo el fin de semana y el sábado incluso fui a una fiesta española que unos amigos de Carolina (la colombiana) hacían en una casa.

Fue un buen fin de semana. El miércoles en la escuela hacía por fin la prueba para pasar de nivel y acceder a un curso superior. Estudié lo que pude, pero tengo que reconocer que no me salió muy bien. Aún así estaba contenta por haberlo intentado, y tendría que esperar a la semana siguiente para obtener los resultados. Aquello me produjo insomnio durante toda la semana, fue bastante molesto, y añadiendo el tiempo tan malo que nos estaba haciendo en Sydney, no fue una semana fácil.

El jueves, cuando volvía al restaurante me dijeron que querían que trabajara en el puesto de Hostess, que en vez de ser camarera, lo que haría sería recepcionar a los clientes, explicarles el menú, tomar nota de lo que piden y una vez se hayan marchado, asegurarme de que me cuentan su opinión del restaurante, que se van contentos y que hayan pagado. Empecé a pasármelo realmente bien en aquel trabajo, pues hablaba con nuevos clientes cada día, y me alegraba mucho de los que repetían, fue fantástico y con el equipo en general me llevaba genial.

Y tras el fin de semana ¡se acercaba un gran lunes! En la escuela me dieron los resultados de mi prueba de acceso al curso superior y ¡¡¡me habían aceptado!!! no daba crédito a lo que me estaba pasando y estaba súper orgullosa de mí misma... realmente feliz.

A las 2 de la tarde empezaba a trabajar en el hotel y salía a las 11:30 de la noche. Mi primer día fue duro, pues el volumen de trabajo que hay es tremendo, no se para desde que entras hasta que sales, ni siquiera para beber agua. Al ser un Business Hotel los clientes son muy exigentes y la mayoría vienen de dentro de Australia, el acento que tienen es muy muy fuerte y me encuentro con muchas dificultades para seguir el ritmo.

La chica que me enseña a desempeñar mi trabajo es una alemana llamada Sina, muy maja pero seria y estricta, como buen alemán. Excepto por ella y otra chica llamada Jo-Jo de Nueva Zelanda, no me siento muy a gusto con el resto de compañeros, muy serios y nada de compañerismo. Lo opuesto al ambiente del restaurante, pero el sueldo era el doble... así que estaba en una situación complicada donde tenía que elegir, y tenía que pensarlo muy bien.

Os dejo una foto del primer día de trabajo en el hotel, con mi uniforme nuevo y otra en la escuela, con un snack de Corea que uno de mis compañeros me ofreció en clase. 



Continuará ... 


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Escapada a Brisbane "Surfers Paradise"


Mientras el dilema de donde iba a dormir en mi estancia en Sydney, se resolvía, yo seguía descubriendo la ciudad, explorando cada rincón y disfrutando del tiempo libre que tenía, a sabiendas que era limitado. 

Natt (mi amiga de Madrid), Carol (mi amiga de Medellín, Colombia) y yo, nos hicimos casi inseparables. Me encantaba el grupito que habíamos formado y nos reíamos mucho, lo que ayudó a llevar con alegría la tensa situación en la que me encontraba. 

Teníamos el viaje a Brisbane a la vuelta de la esquina, así que en nuestras continuadas quedadas preparábamos todo mientras nos tomábamos algún que otro capricho. 

Aquí pongo foto de mi debilidad en Sydney, "Pancakes on the Rocks", aún se me saltan las lágrimas cuando pienso en el sabor tan delicioso de aquellas merendolas junto al puerto marítimo de Sydney. 



1 de Agosto.... y Mike empieza un juego tonto en nuestras redes sociales que inconscientemente acabó involucrando a parte de nuestros amigos y familia. La cuenta atrás hasta el día en el que nos volvíamos a ver, empezó por 99 días y con positivismo. 
Nunca he sido amiga de las relaciones a distancia, de hecho no las he entendido jamás... pero con Mike, simplemente fue así, ninguno lo elegimos, no fue una decisión que tomamos, simplemente éramos pareja y no podíamos estar físicamente juntos, aquello era temporal y los dos lo sabíamos. 

Muchos me preguntaron si es difícil, otros dudaban de nuestra lealtad, otros directamente se reían... y yo, en la postura que me caracteriza, ni caso a las opiniones ajenas. Lo cierto es que no es fácil, pero tampoco es de las cosas más duras que se viven en esta vida. Hablábamos cada día constantemente, nos contábamos todo y confiábamos el uno en el otro, así de sencillo. Aunque tengo que reconocer que a medida que se iba acercando el día se hacía más difícil la espera y que hubo algunos momentos muy complicados. 

2 de Agosto, ¡día en que nos vamos de viaje! Llevábamos poco equipaje, pues eran pocas noches, así que no teníamos que facturar maletas en el aeropuerto... Natt y yo nos fuimos primero y estuvimos investigando todo en el aeropuerto doméstico de Sydney, que tengo que decir que está genial. Fue aquí donde me compré otra de las "bolas" que forman mi pulsera de PANDORA. 


Esta vez elegí 3 libros que simbolizaban lo que había venido a hacer a Australia, y teniendo en cuenta que mi pulsera llevaría una bolita de cada país que visitaba desde que la compré en Malasia, me pareció una idea genial. 


Entre ropa interior de Victoria Secret, maquillajes de MAC y golosinas varias de Belros, mi amiga y yo nos pasamos casi 2 horas entretenidas antes de volar a Brisbane, donde nos esperaba la tercera parte del grupo, Carolina. 

Como nos habíamos preparado genial el viaje, sabíamos que número de autobús nos dejaba cerca de la casa que habíamos alquilado. En principio este viaje era sólo para 2, y luego fuimos 3... pero como ya no encontramos una casa tan chula como la que habíamos reservado, pues decidimos hacer trampa y esconder a la tercera chica. ¡Fue súper divertido!

Primero entramos Natt y yo, el edificio era nuevo y estaba todo controlado por dispositivos electrónicos, todo tecnología. Nos recibió un chico de unos 45 años, alto y muy bien conservado. Ojos grandes y azules, una amplia sonrisa y una rebosante amabilidad. ¡Me encanta el carácter de los australianos! En seguida nos enseñó nuestra habitación y empezamos a cambiarnos rápidamente, pues no podíamos olvidar q Carol estaba abajo esperando para ir a cenar y tomar algo. Teníamos toallas limpias, y geles individuales en la cama, todo un detalle. Y ¡la cama era enorme! todo estaba saliendo genial.


Después de cenar fuimos a Melba´s Night CLub, un sitio que encontramos cerca de la playa, siguiendo a la gente y que parecía estar bastante animado. No paramos de reirnos en toda la noche, fue fantástico. En el club había un concurso de belleza, y además regalaban pizza, lo sé, no tiene sentido ninguno, pero así fue. Uno de los momentos más surrealistas fue cuando vinieron unos chicos a nuestra mesa a compartir la pizza, unas cervezas y a comentar a las concursantes aspirantes a Miss algo. ¡Me sentí totalmente como un chico!





Entre risas, brindis y un no parar de conocer gente y cambios de club continuamente, se nos fue la noche volando. Lo habíamos pasado francamente bien, y al final acabamos con un piloto de avión español y toda su tropa tomando copas y bailando en un sitio bastante raro, ya que las peleas eran frecuentes y la gente estaba bastante en tensión, decidimos irnos. 

Las tres amigas agarradas, andando por una calle iluminada, riéndonos sin parar y planeando el día siguiente... aún tengo la imagen en mi retina... y no puedo parar de reírme. Nos llama un chico, que parece perdido, aunque no mucho más que nosotras. Un chico joven, atractivo y muy muy simpático... empieza a bromear con nosotras... que al estar perdido, se quería unir a nuestro grupo. No siendo muy amigas de darle bola a chicos que aparentemente quieren ligar, fuimos más bordes que simpáticas y lo esquivábamos para continuar con nuestro camino. ¿El resultado? Aún comentamos entre nosotras, que lo mejor de la noche fue cuando conocimos a Jay Jay... jajaja ese es su nombre artístico, y resulta que el chico era un humorista no sabemos si muy conocido o no, pero aquello puso el broche de oro a una noche que ya había sido maravillosa. 



Entramos en la casa en silencio y nos acostamos las 3 en la cama grande y dormimos como princesas. Lo realmente impresionante fue a la mañana siguiente cuando nos despertamos y descubrimos las vistas desde la terraza de la casa. La zona donde nos alojamos aquella noche, se llama "Surfers Paradise" y es todo verde y azul... espectacular. 

Carol salió a hurtadillas de la casa mientras el dueño nos preparaba café... pasamos momentos de tensión para que no descubriera nuestra mentira, pero al mismo tiempo nos divertimos mucho. Incluso a la hora de la ducha se metió conmigo en el baño y sin cerrar el grifo, se duchó primero una y luego la otra, de aquella manera, parecería que yo había tomado una ducha larga. Lo que nos pudimos reír. 



Le dijimos al casero que venía una amiga a visitarnos y Carol llamó a la puerta... y volvió a subir como si viniera de la calle a recogernos y nos ayudaba a bajar maletas, que era la suya, claro está. La verdad es que el chico fue muy amable y nos trató súper bien en todo momento... Luego nos sentimos mal por haberle engañado, pero ya era tarde... 

Os dejo con las fotos que nos hicimos en la terraza de la casa antes de salir a desayunar y explorar este precioso lugar: "Surfers Paradise", altamente recomendado. 







































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Continuará... 

Estudiar,trabajar y vivir en Australia (Parte I)

Aquella noche después de hacer la entrevista y cenar con Natt un bocata en un bar, dimos un paseo hasta su casa. Ella había hablado con sus compañeras y no habían puesto ningún problema porque yo me quedara allí las 2 o 3 noches en las que yo no tenía lugar para dormir, hasta que nos fuésemos de viaje y yo pudiese volver a casa de Sharon.

Sinceramente, no me encontraba bien. Las chicas hicieron todo lo posible por hacerme sentir como en casa y que no había ningún problema. Ellas eran brasileñas, y dos de ellas hablaban español, unas chicas muy divertidas y graciosas, la verdad es que me facilitaron mucho las cosas.

Ahora bien, para poneros en situación tengo que decir que el alquiler de vivienda en Australia es un mundo. Los precios son tan elevados que obliga a los jóvenes a vivir en apartamentos compartidos con 8, 12 incluso 25 personas! En este caso, las 4 chicas compartían una habitación con baño y en el otro dormitorio vivían 4 chicos. A esto le añadimos otras 2 personas que vivían en el salón... y echarle imaginación. Los precios oscilan entre 200 y 300 Euros como mínimo por semana, cada persona, dependiendo de las condiciones. Hablando en este caso, del centro de la ciudad, que al final con lo que cuesta el transporte público, si trabajas o estudias en el centro, la mejor opción es vivir en el centro.

Los suelos de las casas normalmente tienen moqueta, debido al frío del invierno, pero viviendo tanta gente como viven en estas casas, no es nada limpio. Si, efectivamente ahí es donde me volvió tocar dormir, en el suelo. Y es que aunque las chicas me ofrecieran su casa, no había más espacio físico que el trozo de moqueta que quedaba libre entre las dos literas. Camila, una de las brasileñas, me prestó su saco de dormir y allí me metí con mi móvil para escribirle a Mike como había ido mi día antes de dormirme, ya que la diferencia horaria entre Australia y Singapur (donde él vive) no nos daba mucho tiempo para hablar.

Mientras le escribía, me vinieron unas ganas tremendas de llorar... empecé a sentirme fatal porque veía que mis planes de venirme a Australia a estudiar y buscar trabajo, no era lo que yo pensaba, y encontrarme allí, durmiendo en el suelo por segunda noche consecutiva, no ayudaba en absoluto. Decidí apartar cualquier pensamiento triste que me desanimara o me quitara fuerzas para seguir y me esforcé mucho por intentar dormirme. Pero entonces, el "jefe" de la casa, el que lleva la gestión de los alquileres de unos y otros, entró en la habitación y me vio en el suelo... por lo que empezó a gritarle a las chicas que eran unas mentirosas y que tenían que haberle avisado. Me dijo que aquella noche me dejaría dormir allí, y me dio un colchón pequeño, cosa que agradecí muchísimo, pero al día siguiente no podía quedarme, por lo que tenía que reservar un hotel y buscar desesperadamente una casa donde poder vivir. Fue una noche movidita, en la que por razones obvias, no pegué ojo. Cada una se despierta o llega a una hora diferente, y yo estaba en el paso de las 4 camas... mejor no entrar en detalles.

Al día siguiente me fui a clase. Por la prueba de nivel que hice me aceptaron en EAPC-Business y me propuse pasar de nivel para exigirme más y aprovechar al máximo la experiencia y mi estancia en Australia. Así que me informé de como era esa prueba, me puse una fecha límite y empecé a estudiar como nadie para poder pasar cuanto antes al siguiente nivel. Mi profesora era rusa, y mis compañeros de todas partes del mundo, había coreanos, chinos, turcos, tailandeses, colombianos y un largo etc. La verdad es que el ambiente era bueno, la dinámica de la clase era divertida y como en todos lados, siempre es uno mismo el que decide si ser activo o pasivo. Yo decidí ser una de las estudiantes más activas, por lo que disfruté mucho del curso. 

Por la tarde me quedé en la sala de estudio para utilizar los ordenadores y poder reservar un hotel donde dormir aquella noche. Pasando por alto la posibilidad de dormir en un backpacker (habitaciones de 6, 10 o 24 camas pudiendo ser mixto o separado por sexos), la mejor opción que encontré ajustándose a mi bolsillo, fue el hotel Aarons Sydney, en el que pagué 200€ por dormir 3 noches. Un hotel cerca de mi escuela, que aunque era muy sencillo, me permitiría dormir en una cama y poder descansar al menos por unos días.  El personal no era muy amable, ni la habitación tenía calefacción con el frío que hacía, pero estaba limpio y no había ruido que me impidiese dormir. Aquí os dejo una foto de la habitación. 


Aarons Sydney Hotel

Como mi amiga Natt había discutido con el "jefe" de su casa y la situación se había vuelto incómoda para ella también, se vino a dormir conmigo al hotel, cosa que agradecí, pues así no estaba sola, no me encontraba precisamente muy animada. Aquella semana antes de irnos de viaje a Brisbane, Natt y yo tuvimos que hacer nuestros currículum al estilo de Australia, para ello nos ayudaron en Info Planet, la agencia con la que ambas gestionamos muchas cosas y nos estaba resultando de tanta ayuda allí. 

Yo hasta me decidí a hacer un cursillo que ellos impartían de manera gratuita para aprender a "ser camareros" jajaja o al menos a pasar la primera prueba y tener opción a que te contraten. Cosas sencillas que para quienes nunca antes hemos trabajado como camareros, nos venía como anillo al dedo. Necesitaba trabajo, y como de lo que yo quería, que era cuidar niños, no me salía nada, me había propuesto que al volver de nuestras mini vacaciones, buscaría trabajo como camarera. También intentaría buscar trabajo en hoteles de lujo y continuar lo que hacía en Maldivas, pero como en Sydney recién empezaba el invierno, era mala época para ello. Al volver de nuestro viaje me pondría manos a la obra.

En aquellos días descubrimos el "Spanish Club", mi sitio favorito de Sydney. Comida española, música española, lugar donde se reunían españoles y traían a sus amigos de todas partes del mundo. En definitiva, un lugar donde sentirse como en casa. 

Natt, Carolina y yo en el Spanish Club de Sydney


















Tomar un vino blanco, escuchar flamenquito, escuchar música con letra en español, hablar en nuestro idioma, tomar unas tapas o incluso bailar nuestra música, es lo que se hace en este lugar. A mí personalmente el Spanish Club me encanta... y siempre conocíamos a gente nueva. Ojalá hubiese podido ir más veces. 

En Sydney siempre se hacen eventos, siempre hay alguna fiesta o feria de algo... y durante aquellos días tenía lugar el "Aroma Festival", una feria donde podíamos probar los mejores cafés, chocolates, dulces, golosinas y otros placeres culinarios de esta tierra. Nos fuimos las 3 chicas, a cual más golosa, y allí entre tanto dulce y tanto capricho, nos volvimos locas, disfrutamos muchísimo de todo aquello, haciéndonos fotos y probando lo que podíamos, pues como todo en Australia, los precios que tenían se elevaban hasta las nubes.







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