En este blog comparto en primera persona cómo fue mi salida de España, qué me llevó a ello y como conseguí llegar a mi primer destino: Las Islas Maldivas. Tras un par de años de idas y venidas, mil aventuras y muchos sentimientos encontrados, mudarme a Australia se convierte en mi siguiente meta. Mi historia de amor y la superación a mí misma me llevan a concluir una maravillosa etapa en Sydney, y tras pasar por Singapur y España comienzo una nueva vida en Shanghai, China.
Esta es mi historia, es mi propia experiencia, y viajar por todo el mundo se ha convertido en mi día a día. En este blog narro viajes, aventuras y los itinerarios que he seguido, siempre elaborados por mi misma. Espero que os guste mi aventura por el mundo... y recuerda: ¡que no te lo cuenten!
No se si son 5 o son algunos más los años que llevo trabajando para esta gran marca cervecera, pero ser parte del equipo de Mahou - San Miguel, es algo que me encanta.
Trabajamos muy duro y se pasan muchas fatigas, sobre todo siendo la coordinadora de un evento tan importante como es MADRID FUSIÓN.
El primer día lo cogí con fuerzas, el equipo que dirigía era bueno, y la gente respondió casi al 100% como esperaba. Los momentos de tensión en estos eventos siempre forman parte de nuestro día a día, pero me sentí feliz de ser yo la encargada de llevar a cabo la acción de este año.
Después de casi 12 horas de pie, con tacones, con sonrisa, tratando con personalidades varias, y por supuesto, pringada de cerveza hasta los codos... terminó el primer día de trabajo. Quería una espalda nueva, y por supuesto, un par de pies. Cada año al finalizar este tipo de eventos me digo lo mismo ¿como he podido ser capaz de aguantar tanto? Supongo que es lo que me gusta, disfruto con ello.
En Madrid fusión, si vas con Mahou, no desayunas café, desayunas cerveza negra con chocolate preparada por nuestros maestros cerveceros...
¡Toda una experiencia!
Aquellos días hizo tanto frío en Madrid, que incluso un par de mañanas los tacones de camino a Ifema, se me clavaban en la nieve. Por suerte, dentro del pabellón y con tanto trabajo, la temperatura sube.
Como expliqué en otros posts, uno de mis motivos de estar en España estas fechas, era el lanzamiento de mi empresa... y casualmente durante Madrid Fusión, conocí a varios reporteros de la televisión de Madrid, que estaban muy interesados en hacerme una entrevista. Por motivos de marketing y demás, esperamos hasta el último día, y me pasé de acera para estar junto a mi gran amigo incondicional Fernando Mendieta, el que además de apoyarme siempre, ha ido de mi mano a cada paso que he dado.
Fernando Mendieta representa mi otra debilidad, el cava Gramona, para el cual gracias a ellos, también llevo trabajando varios años y al que me siento muy unida.
Decidimos que la entrevista que la televisión me hacía, se llevaría a cabo en el stand de Gramona, rodeada de amigos y gente que me conoce de hace muchos años y apoyan y están conmigo en mi camino. Mi gran amigo Juan Pozuelo, uno de los cocineros más reconocidos de Madrid, presentador y profesor aparte de creador del concepto "Hamburguesa Nostra" ... también estuvo presente en ese momento para mí tan importante, por lo que sólo tengo palabras de agradecimiento y cariño para ellos. Fue muy emocionante.
Esta foto fue de momentos antes de comenzar, junto a Fernando Mendieta... dándome los últimos consejillos antes de la entrevista para la televisión madrileña.
La entrevista salió mejor de lo que me esperaba, estaba nerviosa pero hablé con naturalidad y seguridad en mi misma. Creía en lo que decía, en mi proyecto y en mi trayectoria. Me preguntaron cómo empecé en este mundo de los eventos y el turismo, acerca de todos los avances que he hecho a lo largo de los años, mis experiencias y por supuesto, mis proyectos presentes y futuros.
Hacer esta entrevista me ha hecho una ilusión infinita, sobre todo por poder transmitir todo aquello que he vivido y que llevo dentro, y las ganas que tengo de seguir adelante.
13 de Enero, Cádiz capital... muchas ganas de carnaval y dos amigas que hacía mucho que no se veían. ¿Resultado? Un día maravilloso en la famosa "Erizá de Cádiz".
Para los que no conozcan lo que es este evento carnavalesco y gastronómico de nuestra tierra, se trata simplemente de salir a la calle, comer y beber por los bares y conocer y hablar con la gente que tienes en el grupo o fuera de él. Todo esto acompañado de chirigotas y comparsas callejeras que aprovechan la multitud para salir a las calles a cantarnos sus coplas...
¡Ay carnaval de mi alma me tienes enamorada!
Lo que más abunda son los erizos, que para quien no sepa lo que es... aquí lo ilustro. Se come así, recién cogidos del mar, partidos por la mitad y con lengua jajaja, a los que le de vergüenza eso de chupar un erizo en público, se les da una cucharita, pero entonces se convertirá en el rarito del grupo.
Para los que no le guste este manjar marinero, por las calles también se venden otras delicias de nuestra tierra gaditana, como cangrejos, camarones, gambas, mojama, langosta, cañaillas, ostiones (ostras para los que no son de Cádiz), y por supuesto... vinos y mostos de la tierra.
Todo ello servido con el más auténtico arte gaditano.
Ya que me avalan años de carnavalera, quedamos con mis amigos de varias agrupaciones conocidas del concurso del Falla para continuar la fiesta, y entonces ya empezamos a DISFRUTAR con letras mayúsculas.
En nuestro grupo venía una pareja de Sevilla y ellos alucinaban claro. Comimos en el Restaurante el Faro (se que ya he dicho que se come y bebe por la calle, pero esto es un picoteo) y de ahí seguimos bebiendo por los bares escuchando grupos y por supuesto viviendo el más auténtico ambiente de Carnaval de Cádiz.
Y claro, tanto cante y tanto baile, al final una acaba medio disfrazada por los escenarios... lo dicho: CARNAVAL DE CADIZ, totalmente recomendables para aficionados y para los no tanto, para los que lo llevamos en la sangre y para los que no lo conocen...
La sensación se sobre volar de nuevo esas paradisiacas islas es indescriptible, tanta belleza, tanta maravilla, tan especial... Sentía que volvía a casa. Sentía que volvía donde fui capaz de recuperar una vez mi sonrisa, donde recuperé mis ganas de seguir luchando, donde casi me recuperé a mi misma. Y esta vez sería definitivo, ahora ya lo tenía todo claro... con las profundas heridas aún en mi corazón, sabía que aquello significaría un paso adelante, esta vez estaba segura que no iba a dejarme pisar más, el daño que sentía, era sencillamente insufrible, aquello tenía que acabar y mi regreso a Maldivas lo haría posible. Llegue dispuesta a centrarme sólo y exclusivamente en mi felicidad... y yo, todo lo que me propongo, es para conseguirlo.
Curiosamente, a los pocos días de llegar, en unas charlas que nos dieron en la compañía para enseñarnos el valor de hacer las cosas diferentes y siempre lo que uno desea, me pusieron un video que describía exactamente como me sentía en aquel momento. Una chica japonesa, sorda, aprendiendo a tocar el violín y su profesora al ver lo difícil que le resultaba, la humillaba, le reprochaba el que no lo hiciera bien y le decía que se dedicara a otra cosa. Y esa chica encontró a un humilde señor que tocaba el violín en la calle, que puso todo su empeño y confianza en ella y en su música, y ella, utilizando como motivación todo ese sentimiento negativo que tenía en su interior, se demostró a ella misma y al resto del mundo de que no sólo era buena tocando el violín, sino que era capaz de conmover al resto con su música, con la manera que ella expresaba la fuerza y el amor que llevaba dentro. Aquí os pongo el enlace de ese video, porque sin duda, es precioso y me hizo aún tener más ganas de intentarlo.
Ahí llegaba yo, con mi corazón roto y lleno de tiritas, como aquella chica se presentó en el teatro con su violín hecho pedazos a causa de otro...
Cuando mi barco llegó a la isla donde había vivido antes, estaban mis dos grandísimas amigas Iryna y Karen, a las que no veía el momento de abrazar... y con ellas estaba mi jefa, Kin, a la que admiro y quiero muchísimo. Me dieron una calurosa bienvenida, me llenaron de abrazos y todas coincidían que no se creían que volvía hasta que me vieron... Fue un momento tremendamente bonito que siempre llevaré en mi corazón, el reencuentro con personitas tan especiales como ellas.
Esta vez viviría con Iryna en la misma casa, juntas y solas. Y mi jefa se había encargado de que tuviese un pequeño frigorífico en la habitación porque sabía que venía cargada de comida de España y que para mí era un problema grande lo de la alimentación en aquella isla. La felicidad que sentí aquel día es una de las razones por las que me siento afortunada de tener a la gente que tengo a mi alrededor.
En las mismas clases donde me habían puesto aquel estupendo video, me pidieron que compartiera mi experiencia personal con el resto de asistentes, todos nuevos trabajadores en la empresa venidos de todas partes del mundo. Pensaron que como yo había vuelto, y lo había hecho por decisión propia, tendría algo importante que aportar a aquella gente y sin duda lo fue. Me emocioné muchísimo hablando de lo que aquella empresa, aquellas personas, aquellas islas, significaban para mi. Fueron 20 minutos hablando en inglés donde hice asomar alguna lágrima de gente que me vio llegar el año anterior cuando no hablaba inglés, cuando no podía incluso quejarme de la comida, cuando no tenía amigos y andaba cabizbaja sin querer ni tan siquiera integrarme en aquel entorno. ¡Estaba de vuelta y estaba dispuesta a ser feliz de nuevo!
A la semana de estar trabajando, recibimos un grupo de personas mayores que venían de Barcelona, por lo que ninguno hablaba inglés y muchos de ellos incluso ni hablaban castellano. Una señora de unos 65 años se cayó en frente de uno de nuestros restaurantes y se rompió la cadera, por lo que me pidieron acompañarla hasta el hospital junto con su marido ya que no se podrían comunicar con nadie y la pareja estaba muy asustada. Me puse en lugar de ellos y quise ayudarles lo máximo posible. La señora estaba aterrada, dolorida y quería irse a España a operarse, pero para eso había que inmovilizarla, preparar un sitio para ella de 12 plazas de un avión que volara hasta Barcelona y el seguro tenía que gestionarlo todo. Aquello les llevó una semana, 7 dias que me pase yendo desde mi isla hasta la capital donde esta el hospital a las 6.30 de la mañana y volviendo en el último barco ya bien entrada la noche. Días en los que le cocinaba con lo que podía o encontraba por la ciudad, la escuchaba, la limpiaba, le traducía todo en cuanto decían... fueron días muy difíciles y de mucha tensión. Finalmente María y Antonio pudieron volar a Barcelona, después de unos días duros lejos de los suyos y en una situación crítica. Se pudo operar, me llamaron y agradecieron todo lo que hice por ellos, les mandé un ramo de flores a su casa deseándoles su pronta recuperación y al igual que ellos, yo también les recordaré para siempre.
Y parece que yo no empezaba con buen pie, después de ese grupo, vino otro... gente de todas partes de España que viajaban gracias a un viaje de incentivos que organizaba su empresa. Pasamos unos días estupendos y fue ahí cuando empecé a notar los cambios en sentido negativo que los jefes de mi resort estaban llevando a cabo. Sin querer darle demasiada importancia, me limité a disfrutar de mi trabajo y hacerle a toda esa gente que venía de mi país al que tanto añoro, pasar unas maravillosas vacaciones.
El día que se fueron los españoles, me caí porque llovía a mares y yo iba corriendo de un lado a otro, así que me pasé unos días en cama con un esguince en el pie derecho. Aquello me sirvió para descansar, pero también tuve tiempo para pensar, reflexionar... y entristecí mucho en aquellos días. Y en seguida llegó la Navidad... y a pesar de que aquel año me habían elegido como Mama Noel para que entregara los regalos a los pequeños por todas las cabañitas que tenemos repartidas por las islas, yo emocionalmente no estaba pasando mi mejor momento.
Disfrute mucho la experiencia y pase muy buenos y entrañables momentos. Eché demasiado de menos a mi familia y amigos, mucho más que el año anterior y como también trabajé el doble, aquellas navidades no estaban siendo agradables precisamente. Ni siquiera pude cenar en noche buena y noche vieja de lo terrible que es allí la comida. ¡Ni siquiera el día de navidad! Es lo que tiene estar en un país musulmán... pero había que adaptarse.
Pasaron días, semanas, meses... y yo me iba recuperando por momentos. Tuvimos un grandísimo evento en febrero donde uno de los hombres más ricos del mundo había alquilado casi 4 de nuestras 5 islas en Maldivas para celebrar su cumpleaños. Trajo cantantes y grupos famosos que actuarían sólo para ellos, cocineros, niñeras, y un sin fin de trabajadores que se dedicarían en cuerpo y alma al cumpleaños de este señor y sus no menos importantes invitados. Fueron unos días de muchísima tensión, demasiado trabajo y donde apenas dormíamos 2 o 4 horas por día. Aquello es algo que me gustó vivir, es algo único e irrepetible y aunque trabajé mucho, también disfruté expectante de tal evento.
Al finalizar aquello, la que era directora de mi hotel, no se sabe bien por qué, nos la jugó con los sueldos y se fue a otro resort. Nos dejó "con el culo al aire" y "tirados como una colilla". Los sueldos se vieron reducidos en un grandísimo porcentaje y las condiciones laborales empeoraron bastante; lo que provocó huelga de los locales que pararon el funcionamiento de las islas, que a su vez hizo que el mismísimo dueño del resort, otra persona multimillonaria, se presentara personalmente allí en su avión y barco privados para solucionar y analizar en profundidad las cuentas y el lío que había con los trabajadores. Es una historia bastante larga, complicada y de la que no quiero dar nombres y detalles, por lo que no ampliaré mucho más. Nos llegó un nuevo Director General y con el, y las no mejoras que se habían prometido, empecé a plantearme el marcharme de allí. Maldivas había dejado de ser un sitio donde quería vivir, el trabajo ya no se nos recompensaba, nos habían engañado y la mitad de la plantilla se estaba marchando, uno detrás de otro. Lo que significó que en un período muy corto de tiempo, perdí a muchos amigos y compañeros.
Yo seguí con mis clases de buceo y me hice buzo avanzado. Era la forma de evadirme de todo, de evitar cabrearme... mi válvula de escape. Pero en seguida se hizo imposible parar mi mente, la idea de irme de aquel lugar... en mi departamento la gente había dejado de trabajar y era insoportable aquella carga sin el pilar que suponía mi jefa, que también se había ido después de dos años luchando contra corrientes.
Como cosas positivas y buenos ratos, tengo que decir que me encantó que mis amigos Ana y David viniesen a Maldivas y aunque no teníamos sitio en nuestro hotel, tuve la oportunidad de irme a cenar con ellos en la capital y pasar un rato muy a gusto aunque yo ya no estaba de tan buen humor porque la idea de irme y escapar de aquello me atormentaba demasiado en la cabeza.
Momentos con mi amiga Karen y con mi amiga Iryna han hecho que mi estancia allí fuera más que placentera... disfrutamos todo en cuanto pudimos y con los límites que teníamos... y después de varias duras despedidas, llegó el momento de decidirme yo... porque si me iba de Maldivas... ¿qué es lo que iba a hacer? En España la crisis se estaba convirtiendo en algo demoledor, y todo lo que me llegaba de allí eran palabras para que no volviera, la cosa estaba mucho más complicada de lo que yo apartada del mundo podía leer en las noticias y además en España no estaría a salvo de volver a caer en redes sentimentales que no me llevarían a ningún buen puerto. Tenía que pensar el siguiente paso, pero lo que tenía claro es que no quería estar allí por mucho tiempo más.
Y mientras me lo pensaba y analizaba las diferentes opciones teniendo en cuenta el dinero que había podido ahorrar, las ventajas de cada opción que me planteaba y el tiempo de estar lejos de casa que cada idea suponía, amigos y más compañeros seguían marchándose de las islas, aquella situación no la aguantaron más que los locales, los propios maldivos porque no les quedaba otra.
Viví un golpe de Estado; una alerta de tsunami en la que evacuamos en barcos a más de 1000 personas entre los que había unos 100 bebés viviendo momentos de verdadero pánico; varias huelgas generales e internas que debido a que la gente de allí no puede salir de las islas, fueron violentas... ¿Que más señales quería? Fijé una fecha de salida, hablé con la agencia con la que estuve planeando mi marcha a Australia al principio de mi salida de España hacía ya casi dos años y me puse en marcha...
Evacuación de las 5 islas... más de 1000 personas
Después de hablar con la que había sido mi jefa, con directores de diferentes departamentos, amigos y familia, lo tenía decidido. Tenía en mente desde hacía tiempo montar algo yo misma relacionado con el turismo, algo de lo que aún no daré detalles, pero quería perfeccionar mi inglés, adquirir un vocabulario más técnico y aprender los diferentes formas de negocio a nivel internacional. Así que hice mis números, pensé los pros y los contras, y me lancé a la aventura. Arriesgaría todo el dinero que había ganado durante mi tiempo trabajando en Maldivas para invertirlo en una formación que creía muy valiosa para mi, y por supuesto en la experiencia de vivir en un país súper desarrollado como es Australia, cumpliendo además uno de mis sueños visitando el continente de los canguros y koalas, aprendería sobre una nueva cultura y sin duda la experiencia merecería la pena, estaba segura.
Había llegado el momento de ser yo la que dijese adiós a Maldivas, agradecida por todo lo que ha significado en mi vida, por la gente tan maravillosa que he conocido allí, por la cantidad de cosas que he aprendido (entre ellas el idioma) y sin duda la increíble experiencia que me llevaré siempre conmigo.
Me llevó un mes casi tener todo listo para mi marcha a Maldivas de nuevo... y viajé por todo el país despidiéndome de amigos y familia porque esta vez iba a ser una larga temporada la que estaría sin pisar mi país. Me fui a Madrid, a casa de mi amigo Migui, que me acogió sin condiciones y me hizo sentir como en casa... disfruté de mis amigas de allí y trabajé en varios eventos con mis amigos de Gramona.
La primera noche que llegué Migui y yo nos dimos un homenaje culinario en un restaurante de Madrid en el que nos pusimos las botas a carne a la piedra y langostinos a la plancha. Hice compras de todo tipo, ya que en Maldivas no hay gran cosa en cuanto a primeras necesidades... Disfruté Madrid como si fuese la primera vez e incluso trabajando me lo pasé como una enana rodeada de mis dos grandes amigos Fernando Mendieta y Juan Pozuelo a los que adoro y quiero muchísimo.
Cuando acabé la jornada, mi gran amigo David, al que conozco desde hace años de Madrid, me invitó a ver el partido Atlético de Madrid - Sevilla en el Calderón. Fui cansadísima pero me apetecía muchísimo... El partido en sí no fue gran cosa, pero lo pasamos genial.
Al día siguiente quedé con mi amiga María Mesa... siempre vamos a comer o cenar a Vips, y nuestros encuentros son muy divertidos porque nos ponemos al día de todo y siempre tenemos novedades interesantes que contarnos. Me encantan los reencuentros con María.
De Madrid planeé pasar unos días en Córdoba, en el pueblo de mi hermana, disfrutando de los enanos y de ellos. Los días en casa de mi hermana son geniales, el cariño que siento estando con ellos es infinito. Esta vez mi amiga Rosa se vino conmigo, así que quedamos las dos en la estación de Córdoba y mi hermana pasó a recogernos con los niños.
Hubo risas desde el primer momento, pasamos unos días maravillosos. Comimos, bebimos, paseamos, hablamos... ¡incluso bailamos! Uno de los días Rosa y yo acompañamos a mi hermana a su colegio, donde recién había empezado como maestra de inglés, lo cual me hacía sentir profundamente orgullosa de mi hermana. Entré a su clase, y me presentó a sus alumnos, fue muy divertido y a mi se me caía la baba. Rosa y yo estuvimos bromeando con ella durante un buen rato y luego cogimos su coche y nos fuimos a Ronda, a visitar la ciudad... no nos dio tiempo a ver gran cosa, pero pasamos un buen día.
En el pueblo de mi hermana era feria, así que salimos con ellos varias noches. Sacaban a los santos en procesión y disfrutaban del tiempo juntos con amigos y compañeros.
Aunque es un pueblo pequeño y no hay muchas cosas que hacer, a mi me gusta de vez en cuando la tranquilidad y la cercanía que se encuentra allí. Todo el mundo te conoce y sabe de ti, y aunque de sobra se que esto tiene más parte negativa que positiva, debido a mi vida de los últimos años, es algo que echaba de menos. Así que disfruté mucho hablando con las señoras que veía de un año a otro y que me preguntaban casi de todo.
Y de Córdoba nos dirigimos a Madrid... donde celebraríamos el cumpleaños de nuestro amigo gallego Adri y aprovecharíamos la ocasión para salir todos juntos. En Madrid siempre voy a la Posada de las Ánimas, una discoteca pequeña muy de moda que aunque hay opiniones de todos los colores, a mi me gusta porque la música es mi estilo y el dueño es súper amigo mío y me trata genial a mí y a todos los que vienen conmigo. Siempre me lo paso genial cuando vamos a la Posada, así que... allí que fuimos.
Aquella noche dio para mucho, viendo la foto recuerdo que hubo enfados, risas, bailes, muestras de cariño, confesiones, momentos de tensión... incluso nació una historia de "amor".
Intenté disfrutar de cada minuto con todos ellos, si algo tenía claro es que no desaprovecharía nunca mas ni un momento con la gente a la que quiero y tengo la oportunidad de tener cerca.
Al siguiente día llegaba la hora de la verdad. Coger la furgoneta del padre de Rosa y cargarla hasta los topes con todas mis cosas que hacía justo un año dejaba en un trastero de Madrid por salir corriendo a Maldivas en busca de una oportunidad.
El viaje fue sin duda alguna movidito. Adri, Rosa y yo cargamos todo y nos pusimos en marcha por la Vía de la Plata rumbo a Cádiz, nuestra tierra querida, donde nos esperaban unos días de despedidas, ordenar mis cosas y disfrutar en los ratos libres de de nuestra maravillosa tierra.
Por el camino pinchamos 2, 3 veces? no lo recuerdo, pero al final volvimos a casa en taxi, con la furgoneta remolcada por una grúa y a las tantas de la noche. Manolo, el padre de Rosa y al que siento en parte como mío propio, nos recogió y nos llevó a comer pescaíto frito y beber manzanilla a un bar propio de Sanlúcar... fue divertidísimo y lo disfrutamos un montón.
En esos días disfruté mucho de mi familia y mis amigos de Chipiona, y de mi comida! Es curioso como entre mis amigos, por norma general todos estaban contentos y apoyaban mi idea de irme, pero en mi familia, supongo que por ser más antiguos o mayores en cierto modo, sentí como que me echaban en cara mi marcha. Cosa que traté de explicar y hacerles ver el lado positivo, la verdad es que era algo muy bueno para mí y aunque tenían razón y yo estaría muy lejos y me perdería muchas cosas, siendo egoísta, era algo que debía hacer, era una gran oportunidad. Quizás no es tan bueno ser egoísta de vez en cuando.
En fin, vuelta a Madrid y a trabajar. Jajajaja, si, algunos piensan que estoy loca, pero estuve trabajando hasta el último momento. Disfruto mucho con lo que hago, y esta vez era un evento gastronómico importantísimo que se hace cada año en Madrid: Milessime. Fernando, mi amigo de Gramona me pidió que asistiera como un favor personal y la verdad es que disfruté mucho con su compañía y del evento en sí. Aunque tengo que decir que tuve un percance con una innombrable que acaba de incorporarse a la empresa y se cree que viene de la pata del Cid y no soportaba el buen trato que desde Gramona tienen para conmigo. Omito aquello.
La última noche del evento conocí a unos chicos que no solo desprendían glamour sino que uno de ellos había literalmente, bloqueado cualquier actividad que yo estuviese haciendo. Era el chico más guapo y elegante que había visto en muchísimo tiempo (por no decir en toda mi vida), y hasta Fernando me los señaló... yo estaba nerviosísima... ¿pero de donde habían salido semejantes hombres? El caso es que cuando estábamos recogiendo se acercaron a invitarme a una copa, cosa que ni acepté ni rechacé. Cogí la tarjeta del chico en cuestión y me fui a hablar con mi amigo Fernando a decirle que el Ángel había bajado a la tierra, nos estuvimos riendo durante un buen rato y luego decidimos ir a la presentación de una revista que se hacía en una sala de la Gran Vía, la revista ESQUIRE.
Después de varios mojitos y viendo que yo no iba preparada para aquel evento, pues venía de trabajar y todo nuestro alrededor eran modelos y gente muy bien presentada. Decidí hacer bomba de humo e irme a mi hotel.
Tengo que decir que aquella noche me desvié, y acabé en un restaurante cenando con los susodichos ángeles caídos del cielo y más amigos, luego unas copas y en definitiva pasando una noche de ensueño.
Y como no podía despedirme de España sin visitar a un gran amigo y una bellísima persona como es mi amigo Andoni, me fui a Bilbao a pasar el penúltimo fin de semana de mi estancia en España.
Eso sí que fue disfrutar de la gastronomía española con letras grandes. Qué pasada de Bilbao, que sitio más bonito y ¡que bien se come!
Es evidente que cuando volé a Maldivas llevaba unos quilitos de más, pero por razones obvias no me importó demasiado. Tampoco se demoraron en abandonarme.
Y después de Bilbao y unos días estupendos... volví a Madrid a conocer a la princesita Alejandra, que tuvo el detalle de nacer pocos días antes de que yo me marchara y pude tenerla en mis brazos y quererla durante un corto período de tiempo, en el que pude disfrutar de ella y su mama Graciela.
Sabía que la siguiente vez que la viese estaría incluso andando, y no me quise separar de ella en toda la tarde...
Y ya si, llegó la hora... la última despedida con mis amigos en Madrid, de la cual disfruté muchísimo, y les agradezco todo lo que cada uno de manera individual hicieron por mi (los que no están en Madrid por supuesto que también), y rumbo a Maldivas, sin fecha de regreso... y dispuesta a recuperar mi felicidad. Dispuesta a recuperar a la Sandra que tiene toda esta buena gente a su alrededor, la Sandra feliz y divertida, apasionada por la vida y que adora viajar, aprender cosas nuevas y estar con su gente.