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En este blog comparto en primera persona cómo fue mi salida de España, qué me llevó a ello y como conseguí llegar a mi primer destino: Las Islas Maldivas. Tras un par de años de idas y venidas, mil aventuras y muchos sentimientos encontrados, mudarme a Australia se convierte en mi siguiente meta. Mi historia de amor y la superación a mí misma me llevan a concluir una maravillosa etapa en Sydney, y tras pasar por Singapur y España comienzo una nueva vida en Shanghai, China.

Esta es mi historia, es mi propia experiencia, y viajar por todo el mundo se ha convertido en mi día a día. En este blog narro viajes, aventuras y los itinerarios que he seguido, siempre elaborados por mi misma. Espero que os guste mi aventura por el mundo... y recuerda: ¡que no te lo cuenten!
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Marina Bay Sands - Musical "Jersey Boys" en Singapur

Tengo que decir que de alguna manera, Singapur se había convertido en casi un hogar para mí. Llevaba varios años fuera de España y sola. El hecho de tener a Mike y tenerlo "relativamente cerca" me hacía sentir bien, segura, tenía un apoyo.

El tiempo que pasamos allí hicimos muchas cosas, pero sobre todo aprovechamos el hecho de estar juntos, pues nuestra relación a distancia era muy dura y a veces dolía demasiado estar separados.

Una noche de diciembre, Mike me hizo sentir muy especial, nunca había estado en una situación parecida. Él sabe que me encanta "Dirty Dancing" y el musical acabó apenas unos días antes de mi llegada a Singapur, por lo que decidió comprar entradas para ir a ver "Jersey Boys". Me dijo que la música era parecida y aunque la historia era diferente, estaba seguro que me iba a gustar. Me dijo que me arreglara y me pusiese muy guapa que tenía una sorpresa para mi. 

Me vestí de negro y me puse mis tacones y un colgante bastante elegante que tengo. El tema de la ropa en estos últimos años, no es algo de lo que me sienta muy orgullosa, tanta maleta y tanto clima diferente, no me permitía tener un buen fondo de armario. Aunque tengo que reconocer, que no me salió mal del todo.

Mike me dejó sola para que me arreglase y tardó casi 3 horas en ir a la otra punta de Singapur, donde me había encargado una sorpresa. 

Cuando lo vi no me pudo hacer más ilusión, además de encantarme.


Como americano que es, me regaló la flor que se le da a las chicas en el baile de fin de curso en el instituto. Sólo se de esta tradición por las películas ¡nunca me habían regalado una flor para que me la pusiera como complemento! 

A decir verdad, ni siquiera recuerdo la última vez que me habían regalado flores a excepción de una pareja a los que atendí en Maldivas y quisieron tener un detalle conmigo.

Estaba súper ilusionada, me sentía en una nube y la chica más especial del globo. Cogimos taxi y fuimos hasta "Marina Bay Sands", el lugar donde fuimos por primera vez cuando nos conocimos y donde me ha seguido llevando cada vez que hemos estado juntos.



Esta vez probamos el restaurante "Kudeta", pero nos sentamos dentro en vez de en la terraza que tienen, pues estaba todo reservado a pesar de que Mike había llamado con mucha antelación. El servicio exquisito y la comida deliciosa. Es comida asiática pero con un toque moderno y la verdad es que ¡lo disfrutamos muchísimo!

Después de la cena, fuimos al teatro de Marina Bay Sands, un teatro de más de tres niveles donde caben más de 2000 personas, precioso. Tienen servicio de camareros y nosotros pedimos champán mientras veíamos el musical de "Jersey Boys", que tengo que decir que ME ENCANTÓ. Voces espectaculares, música súper pegadiza, y con ganas de bailar todo el tiempo… muy bien representado.

Aquí os dejo una foto del final de nuestra velada en Marina Bay Sands, una noche muy especial y romántica donde una vez más, me dejé sorprender por mi chico. 




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Mi 28 cumpleaños en Singapur

Volar desde Kuala Lumpur en Malasia hasta Singapur, es muy económico y se tarda apenas una hora de vuelo. Era la tercera vez que viajaba a este destino, además lo hacía con Mike, por lo que fue como cantar y coser. 

Llegamos el día 1 de Julio por la tarde pero me encontré con un enorme ·HAPPY BIRTHDAY· de brillantes colores colgando del techo. Sí, tengo que reconocer que este hombre es todo detalles. 
Esa noche no pude dormir por algún motivo desconocido, así que me puse a ver la gran final de la Eurocopa entre España e Italia y en cada gol, escuchaba gritos de españoles ubicados en algún lugar del edificio que me hacían sentir de alguna manera, acompañada. 

Empecé a recibir felicitaciones de mi familia y amigos, mensajes de apoyo que me hicieron sonreír y sentirme feliz conforme los leía. Es bonito sentir el cariño de los tuyos aunque haya más de 15.000 Kms de por medio. Además la sensación de cumplir años a la vez que ves que estás cumpliendo metas, hace que me sienta mejor conmigo misma, lo que considero un buen regalo de cumpleaños. 

Me levanté con el ruido de alguien llamando a la puerta, y cuando abrí me encontré con un mensajero que me traía un corazón de rosas rosas y blancas con una nota en español que decía "Feliz cumpleaños cariño" y venía de parte de Mike. A medida que pasaba el tiempo, iba recibiendo más felicitaciones, y me hicieron mucha gracia porque la mayoría de la gente no sabía en qué parte del mundo me encontraba. Teniendo en cuenta que salí de Maldivas un 28 de Junio, pasé en Malasia un fin de semana y estaba en Singapur, donde pasaría una semana antes de mudarme a Sydney en Australia, era algo más que entendible. Hasta yo misma me sentí desorientada. Fue divertido. 

Cuando Mike llegó del trabajo, vino con una botella de champán perfectamente fría y una cajita de fresas para celebrarlo en casa mientras abría mis regalos. Puso en la pequeña mesa de centro, dos cajitas pequeñas envueltas en papel negro con un lazo rosa fucsia, y dos pergaminos encima de las cajas. Me dijo que como me encantaban esos colores, a partir de ahora cada vez que recibiera un regalo, sería envuelto de esta manera que a mí me pareció tan bonita y original. 


Fue un momento muy importante en nuestra relación, ya que él me ofreció todo su apoyo incondicional y me desveló sus sentimientos más profundos de una forma totalmente abierta y sin miedo al rechazo por mi parte, ya que había estado un año siempre ahí pero yo era incapaz de sentir nada, por muy claro que viese las cosas. Fue una tarde muy emotiva, sobretodo para Mike, me atrevería a decir. 

Después de bebernos el champán y arreglarnos para salir a cenar, cogimos un taxi hacia la zona que hizo posible que nuestra historia de amor comenzara, Marina Bay Sands. Recuerdo bajar del taxi, con una elegancia exquisita ambos vestidos de blanco e ir de la mano de Mike por el lujoso hotel y subir en el ascensor hasta la planta 57 donde se encuentra el restaurante "Sky on 57", ofreciendo unas vistas espectaculares de Singapur y el puerto. 



Fue una cena maravillosa, el restaurante todo un lujo, la compañía perfecta y fue así como pusimos broche de oro a uno de los mejores cumpleaños de mi vida... Esta vez en Singapur. 



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Un par de paradas en el camino ... Singapur

Todo listo... decenas de bikinis, ropa de verano, películas y series para ver en inglés, medicamentos básicos, cámaras de fotos y decenas de pequeñas cosas que iba a necesitar allí... y como no, casi 15 kilos de ibéricos y quesos que me ayudarían a pasar mi estancia en Maldivas, donde yo casi no podía comer y se me hacía francamente duro. 












Antes de instalarme en Maldivas, pasaría unos días en Singapur, en casa del amigo de mi amigo, con el que había mantenido el contacto mientras estaba en España, y me había estado ayudando muchísimo en la distancia. Mike es una persona maravillosa a la que le estaba cogiendo mucho cariño, pues se portaba fenomenal conmigo y no se cómo lo hacía pero siempre conseguía que mi sonrisa apareciera una y otra vez de manera que casi resultaba imposible borrarla de mi cara. Sin duda, me apetecía muchísimo volver a verle. 


Cada visita a Singapur hacía que aquel sitio me gustara más... ¡que preciosidad de ciudad! Sus edificios altos rodando el río le dan una magnitud impresionante y es que Singapur es diferente a todo el resto de Asia, en Singapur todo es posible, incluso importan arena de países de alrededores para crecer en suelo.

Como no podía faltar fuimos a visitar por segunda vez la increíble piscina de Marina Bay Sands... y disfruté una vez más como una enana de aquellas vistas. La verdad es que los días en Singapur fueron geniales. 





Una tarde fuimos a una fiesta en la playa, que se hacía en la Isla de Sentosa y fuimos con compañeros del máster de Mike, así que nos juntamos gente de todas partes. Las chicas en seguida me trataron como una más del grupo, me sentía súper cómoda con ellas, y lo pasé genial. Estuvimos bebiendo y bailando en uno de los clubs de la playa donde se mezclaban gente de todas partes del mundo. Algunos estaban de vacaciones, otros por trabajo, otros simplemente vivían allí ... y la mezcla era muy divertida. 


Yo conocí a una chica, Enma, con la cual no sé por qué, desde el principio estuvimos hablando un montón. Ella estaba con un par de amigos y yo con el grupo de Mike, pero cada ratito yo iba a saludarla y a decirte cualquier tontería. En definitiva me lo pasé genial. 





En aquel viaje aproveché para conocer mejor las zonas que no había dado tiempo a ir anteriormente, como China Town o Little India. Sitios que me descolocaron un poco dentro de lo europeizada que está Singapur. En el barrio de Little India, había suciedad y mal olor por todos lados, fruta y comida por cada rincón y gente de la India a doquier. No es que no me guste, porque India es un país de los que más me llaman la atención y que quiero conocer algún día, pero aquello estaba demasiado desordenado, por describirlo de alguna manera. Lo que me llamó la atención en el lado positivo fue todo el colorido que existían en aquellas calles, la cantidad de especias para cocinar que se podían encontrar y la henna. Podías comprar henna baratísima en cualquier parte, o bien hacerte los tatuajes allí mismo súper barato. Eso me encantó y por supuesto, que me hice con un par de cartuchitos de henna para alguna ocasión que me apeteciera llevar este tipo de decoración en el cuerpo. 

Mike me tenía preparada una sorpresa, una escapada de fin de semana para la cual me dijo que necesitaría bañador, ropa cómoda y algo más arreglado por si acaso. Para ser sincera no me acuerdo muy bien de exactamente lo que me dijo que tenía que llevar, pero no tenía mucho sentido. En cualquier caso, él fue el que se encargó de coger mis cuatro trapos y meterlos en su mochila para adentrarnos en la aventura. La noche anterior recuerdo que me enfadé muchísimo porque aquella incertidumbre se estaba haciendo insoportable y yo volaba a Maldivas en 3 días, por lo que no me quería arriesgar y presioné tanto como pude para obtener la información de a donde me llevaba, pero no hubo manera. 

Llegamos al aeropuerto e hicimos cola frente a un mostrador que ponía "CEBU". A saber donde estaba aquello... ¡ni idea! El caso es que pasamos el control de pasaportes, y una vez sentados en el avión ya me enteré que íbamos al país de Filipinas, aterrizábamos en Cebu, pero de allí cogeríamos un barco hasta una de las cientos de islas filipinas a pasar un increíble fin de semana en la playa.... ¿Que había hecho yo para merecer aquello? No lo se, pero sinceramente... estaba contentísima con mi sorpresa y me disponía a disfrutarla ¡¡¡al máximo!!! 


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Singapur Parte I : The princess Pool

Sobre volar Malasya viniendo de Thailandia fue precioso, hectáreas de palmeras atravesadas por riachuelos que desembocan en el gran océano que sujeta la isla de Singapur... tengo vagos recuerdos de esa imagen pues iba adormilada en el avión, pero fue algo impresionante que siempre guardaré en mi retina. Singapur... allá vamos!

Una tarde de invierno en Valencia, viendo la televisión después de comer vi un reportaje de como construían ¨Marina Bay Sands" en Singapur. Tres torres de 55 pisos que sostienen la piscina elevada mas larga del mundo, algo impresionante que captó toda mi atención y recuerdo decir en voz alta: "tengo que ir ahí, no puedo morir sin ver tal maravilla". Y allí estaba, sentada en un avión de Malasya Airlines camino de ver tal obra de arte. Iba súper contenta e ilusionada, pues además mi amigo Louis, el hijo de la que ha sido mi profesora de Sociales y Matemáticas en el colegio cuando era una niña y al que considero como mi hermano mayor, me había puesto en contacto con un amigo suyo de California que vivía en Singapur y que me podría no solo enseñar la ciudad sino además meterme dentro de la piscina a la que luego bautizamos "The princess pool". 





















El alojamiento en Singapur es carísimo, a diferencia con lo que puedes encontrar en el resto de Asia, es una de las ciudades mas caras del mundo, y por eso decidí estar solo unos días. El amigo de Louis, Mike, me había ofrecido su casa pero como ni le conocía ni estaba de humor como para compartir con alguien parte de mi viaje, decidí quedarme en el hotel. Y tengo que decir que accedí a quedar con él ¡porque tenía la forma de llevarme a la piscina! Si, lo reconozco, fui una interesada, pero la noche de hotel en una de esas torres cuesta unos 400€ y para poder subir a la piscina tenías que ser cliente del hotel. Mike conocía a una chica que trabajaba allí y me prometió la visita. Estaba súper entusiasmada, como un niño la noche de Los Reyes Magos. 

Llegué de noche y muy cansada, cogí un taxi desde el aeropuerto y por el camino ya vi de lejos la monumental piscina y una noria gigante que cuando yo la vi aún era la mas grande del mundo, hasta que construyeron la de Pekín en el 2012. Singapur es precioso, me encantó desde que puse mis pies en tierra. 

Me alojaba en el Hotel BLP, céntrico y un precio pagable aunque carísimo comparado con lo que venía pagando en mi viaje. Al llegar a la habitación, llamé a Mike, no había hablado con él por teléfono antes por lo que me daba un poco de cosa de que como es americano, no entendiese mi inglés de pacotilla. Una voz desenfadada y amigable contestó el teléfono y me dijo que me pasaría a recoger al hotel para llevarme a cenar que debía estar hambrienta. El chico tenía razón, mi estómago lo pedía a gritos, así que me metí en la ducha y tal y como me metí di un grito y salí corriendo. Al desdoblar mi toalla salieron dos cucarachas gigantes de dentro y caminaron cerca de mis pies a toda velocidad mas asustadas que yo. Me quise morir del asco, así que llamé a recepción indignada para que me cambiaran de habitación o lo que era mejor, que me devolviesen el dinero que me marchaba. El chino de recepción se negó a hacerme el reembolso pero subió a darme las llaves de la habitación de en frente, me pidió disculpas y como tenía prisa, pues estuve utilizando ambas habitaciones esa noche. 


Me puse unos vaqueros, unos tacones y una camiseta negra y me bajé a la calle donde había quedado con este chico. Le esperaba en la acera cuando unas manos me saludaban desde detrás de una columna sin mostrar su cara. Hizo varias gracias antes de salir de detrás de la columna y se acercó hasta mi diciendo: "Hi! I´m Mike". Un chico enorme, alto y fuerte, con una cara de buena persona que me dio muy buena sensación y sonriendo todo el tiempo. Hablamos cuatro cosas y empezamos a andar hacia un sitio que era como una iglesia antigua donde había varios restaurantes y pubs. 


Me pedí una Pizza y un Gin Martini y mientras cenaba, Mike me pidió mi cámara de fotos y me dijo que se la quedaría él para hacerme muchas fotos en Singapur, ya que como viajaba sola, imaginaba que esto había estado siendo un problema en mis anteriores destinos. Me pareció todo un detalle por su parte, la verdad. Y yo por supuesto, accedí encantada. 


Después de cenar, Mike me llevó a "New Asia Bar" a tomar una copa. Este sitio estaba en el piso 71 de uno de los edificios más altos de la ciudad, las vistas eran impresionantes, y el pub estaba acristalado por todos lados, así que se podía disfrutar del paisaje. New Asia Bar está considerado uno de los 50 mejores pubs del mundo. Sin duda era una pasada aquel lugar.

Fue una noche genial pero como estaba tan cansada del viaje y habíamos bebido unos cuantos Gin Martini, me fui al hotel a dormir... al día siguiente por la mañana Mike vendría a recogerme para ir a la piscina ¡¡¡mi sueño iba a hacerse realidad!!! 

Al día siguiente llegamos a Marina Bay Sands sobre las 11 de la mañana y Mike fue a ver a su amiga y recogió la tarjeta con la que accederíamos a la piscina. Me estaba poniendo nerviosa por momentos. Los edificios sosteniendo la piscina ya son impresionantes desde fuera, las vistas desde la piscina tenían que ser indescriptibles. En todo el complejo hay un casino, un hotel, un centro comercial, centro de convecciones, un museo, dos teatros, seis restaurantes y dos pabellones flotantes. Es uno de los sitios más espectaculares que he visto en mi vida. Y allí estaba yo, dispuesta a pasar un día maravilloso en aquella piscina. 

Al llegar, una chica muy simpática nos trajo dos albornoces blancos y nos dijo que se llamaba Cristina y que ella iba a estar a nuestra disposición para lo que quisiésemos durante nuestra visita. Elegimos dos camas donde dejar nuestras cosas y miré al frente... como sospechaba, una maravilla, una maravilla que no tenía palabras para describir. 

Una piscina elevada sobre 200 metros del suelo con un borde invisible con vistas a la hermosa ciudad de Singapur. La capacidad de aquella piscina: 3900 personas, imaginad como de grande es aquello... siento repetirme, pero es que es ESPECTACULAR. 

































Pedimos la comida: unos gigantescos Sandwich Club y un Margarita de fresa. Aquel día la sonrisa de mi cara era parte de mi, no podía dejar de sonreír y estaba feliz, como en muchísimo tiempo no lo había estado. Recuerdo que dije que me sentía como una princesa y entonces Mike me dijo que yo lo era, y que aquella era la piscina de la princesa, literalmente: "The Princess Pool". 

Quizás parezca una tontería pero estar en aquel sitio maravilloso, el cual había soñado tiempo atrás y encontrándome tan llena de fuerzas y energía para conseguir cualquier cosa que me propusiera, me hacía sentirme viva, más viva que nunca. Era feliz. 

Y para muestra un botón!!! 



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...¿ y si me vuelvo a tu lado?

Con temperaturas altísimas en Maldivas y riéndome con mis amigos en España por el frío que estaban pasando en los primeros meses del año, me sentía una persona afortunada. Pues tenía mucha gente que me quería y me apoyaba en esta aventura y que sentía que disfrutaban conmigo cada una de las maravillas que aquí yo viví, y a la misma vez sufrían conmigo el lado negativo de estar viviendo en un sitio como este y en las circunstancias que todo sucedió. Me encantaba aprender cada día, ese era el propósito de haber aceptado el puesto de trabajo... y estaba dispuesta aprovechar la oportunidad. 



Mis escapadas a bucear cada vez eran más frecuentes y me certifiqué como buzo, no todo el mundo puede tener esa licencia emitida en las Islas Maldivas, y cada una de las inmersiones las he disfrutado muchísimo. 




Barcos hundidos, corales de infinidad de colores, cientos de peces de muchas clases, sensaciones tensas cuando veía tiburones, y un largo etcétera que no voy a detallar más porque creo que es algo que se tiene que vivir en primera persona. Alucinante. 

Una mañana me convocaron para una charla que nos daban a todos los empleados sobre sexualidad y enfermedades de transmisión. El tener sexo en un sitio como el que yo me encontraba, para los que vivíamos allí era algo casi impensable. La charla la dieron dos chicas de Sri Lanka, tapadas hasta los tobillos ya que eran musulmanas y en inglés. Me parecía bastante surrealista, los temas que se trataron eran los mismos que a nosotros nos enseñan cuando aún vas al colegio, y es increíble ver como reciben y asimilan cada uno de ellos, la información que se les daba. Cuanto menos, fue una experiencia curiosa.

Volviendo al tema de mi ex... nuestras conversaciones cada vez eran más frecuentes y más agradables. Apenas discutíamos y aunque tuvimos un par de fuertes encontronazos debido a algunas cosas que me llegaron desde España, que él me negaba y la impotencia de estar a 10.000 Kms de donde está el problema, nosotros seguíamos con la idea de volver a estar juntos en algún momento. La provisión de ibéricos que me traje de España empezaba a acabarse y las ganas de estar con él aumentaban cada día. Así que la idea de abandonar mi puesto y volver a casa era algo que se me pasaba bastante a menudo por la cabeza. 

Es cierto que creí que había un cambio en él, es cierto que pensé que esta vez todo iba a ser diferente y es cierto que confié en que el amor que yo sentía no podía ser en vano, es la persona que más había amado en mi vida, con la que he compartido momentos maravillosos y francamente terribles. Él es la persona que me ha hecho sentir el amor más grande que jamás había sentido. Y en ningún momento creí que algo tan grande y tan fuerte, se pudiese no valorar, o tirar por la borda sin mas. 

Puede que la sensación que tenía de que todo iba a salir bien no fuese mas que un falso espejismo de lo que mi corazón deseaba que pasase. Fuera como fuese, las ganas de estar juntos incrementaban por día y el malestar que tenía en las islas también. Se me había acabado la reserva de comida, ya no tenía otra alternativa a comer en la cantina, por lo que empecé a no comer regularmente y aquello me influenció en el carácter, en los ánimos y por supuesto en mi forma física. 

Después de pensarlo mucho, fui a la oficina de mi jefa, Kin. Ella me notó nerviosa, preocupada y en seguida se sintió igual. Le conté que tenía fuertes motivos personales para irme de Maldivas y que aunque aún iba a esperar algo más de tiempo para estar segura sobre mi decisión, quería informarle de lo que estaba pensando. Ella se sorprendió muchísimo, no se lo esperaba, fue un jarro de agua fría y recuerdo su mirada clavada en la mía, triste pero acusadora al mismo tiempo, mientras permanecía sentada frente a mi esperando alguna explicación por aquella noticia que le acaba de soltar sin más. 

Sabía que me iba a ir, conozco mi manera de ser y soy una persona de impulsos. No me sentía bien allí, y además seguía con la esperanza de arreglar todo con mi ex y finalmente poder disfrutar de una vida juntos como aquella que ideamos al principio de estar juntos tumbados en la cama mirando al vacío, donde pasábamos horas abrazados hablando de lo feliz que éramos y lo mucho que nos queríamos. 

No puedo evitar llorar cada vez que pienso en nuestra historia. El nudo que me presiona la garganta esta siempre presente cuando pienso en él. Ahora todo me parece absurdo... Pero para mantener un orden en la historia, sigo contando que efectivamente lo había decidido y me marchaba y se lo tenía que decir. Voy a intentar que la parte de mi que está herida por todo lo que paso a partir de entonces, no hable más que mi cabeza, y que el débil de mi corazón no tome protagonismo en estas palabras. 

Le llamé esa misma tarde y le comenté sin darle ninguna razón clara que estaba pensando en marcharme de allí. Su reacción fue de sorpresa y a pesar de que me había repetido numerosas veces que contaba los días para que estuviésemos juntos y felices de nuevo, no parecía muy contento. Me dijo que me pensara bien las cosas, que ante todo por supuesto que lo más importante era mi felicidad, y que si no estaba bien allí pues que por supuesto me volviese y una serie de comentarios entre los que no pude encontrar el que yo ansiosamente esperaba de... ¡Por fin vuelves a mi lado! Incluso me preguntó varias veces si era seguro que no dejaba todo aquello por él, que él no quería ser la razón de mi marcha. Y yo lo entendí, no quería que hiciese nada más por él y que empezara a pensar en mí... pero lo hacía por mi, sinceramente creía que sería mas feliz a su lado que en Maldivas trabajando y aprendiendo todo aquello que no había tenido la oportunidad de aprender antes.

Aquella noche apagué la luz de mi cuarto, cerré los ojos y deseé apagar mi mente aunque fuese por unas horas... 












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